Coaching Familiar

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La convivencia familiar a veces no es fácil, y surgen problemas que hay que resolver. Gestionar una buena dinámica familiar requiere tiempo, paciencia y a veces ayuda profesional.

Las sesiones de coaching familiar están diseñadas para facilitar a las familias las herramientas y técnicas necesarias para resolver conflictos, llegar a compromisos y aprender a transformar las etapas del ciclo vital con más dificultades, en situaciones más cómodas y llevaderas.

¿Qué es el coaching familiar?

El Coaching es un método de entrenamiento a través un gran conjunto de herramientas para guiar a las persona desde dónde están ahora, a dónde quieren estar. Durante un proceso de coaching familiar, el entrenador o coach entrará  en el hogar para trabajar con todos los miembros de la familia, localizar el foco de los problemas y acompañarlos en los cambios que les posibilitarán alcanzar una convivencia funcional y armónica.

Las sesiones de coaching están planificadas para poner las situaciones problemáticas en perspectiva,  y que todos puedan ver la situación como un todo y aprender a aceptar y asumir la parte que juegan. Una vez que cada miembro de la familia acepta que las cosas necesitan cambiar, todos comenzarán a explorar nuevas formas de relacionarse más positivas que propiciarán una convivencia mucho más feliz.

A diferencia de la psicoterapia, el coaching familiar no trata de llegar a la raíz de los problemas. La idea es que el entrenamiento sirva para no culparse unos a los otros por lo ocurrido, ni entrar en discusiones eternas sin salida, sino avanzar configurando una nueva dinámica familiar, desarrollando nuevos patrones de interacción entre sus miembros y nuevos hábitos de conducta y vínculos compartidos.

A través del coaching se entrenan también las emociones, ayudando a las personas a entender sus emociones y aprender cómo estas podrían estar afectando a todos los demás. Todo ello procura una mejora de la comunicación, que permite aclarar malentendidos y comportarse de forma más justa los unos con los otros. Durante las sesiones de coaching todos tendrán la oportunidad de dar su opinión, de ser escuchados y tenidos en cuenta, propiciando el caldo de cultivo para la adopción y mantenimiento  de un compromiso duradero.

Recuerda: La vida familiar feliz y pacífica sólo puede lograrse realmente con la combinación perfecta de compromiso, orden, respeto mutuo y comprensión.

Francisco Góngora.

Mediación familiar en situaciones de dependencia.

Aplicaciones de la mediación familiar a los conflictos derivados de la atención a situaciones de dependencia.

Artículo publicado en Revista de Mediación Volumen 9 Nº 1. Por Inmaculada Asensio Fernández y Francisco Góngora Gómez

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Resumen:  

A lo largo de este artículo se presentan los profundos cambios sociales que se han producido en las últimas décadas y que están afectando a la gestión familiar de los cuidados a las personas en situación de dependencia. Esta circunstancia está provocando importantes conflictos y desavenencias en las redes naturales de apoyo necesarias para la normalización de los cauces de ayuda fundados en los vínculos de afecto que caracterizan a las sociedades. Se exponen, así mismo, los beneficios de la mediación a través de la ejemplificación de situaciones de conflicto habituales relacionadas con el ámbito de la dependencia, poniendo especial hincapié en las herramientas y técnicas que la persona mediadora ha de emplear para la resolución pacífica de las mismas.

Para leer el texto completo pincha este enlace directo al artículo en la revista: https://revistademediacion.com/articulos/aplicaciones-la-mediacion-familiar-los-conflictos-derivados-la-atencion-situaciones-dependencia/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La perspectiva de género en mediación familiar

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El género impregna la dinámica de nuestras interacciones personales diarias. Los conceptos de género van más allá de las diferencias biológicas de ser hombre o mujer. Los términos femenino y masculino implican características psicológicas y conductuales que definen los roles culturales de cada uno. Estos roles diferenciados, se asignan a las personas en función de su sexo y se conocen como estereotipos de género. Se trata de modelos o patrones de conducta que definen cómo deben ser, actuar, pensar y sentir los hombres y las mujeres en una sociedad y representan un conjunto de atributos o características que las personas asumen como propios, trasmitiéndose de generación en generación. Esta diferenciación de funciones se ha instaurado tan sólidamente en nuestra forma de interactuar que aquellos que se salen fuera de sus patrones son vistos de manera negativa. En este sentido, es parte de la función del mediador, actuar como un facilitador neutral, ayudando a que las partes no se relacionen por medio de patrones estereotipados, sino a través de reconocer los puntos de vita diferentes y reflexionar sobre las acciones y responsabilidades de cada uno.

En mediación familiar, resulta fundamental conocer y entender la evolución y los cambios que se han producido en las familias a lo largo del tiempo y entender el papel que el género ha jugado en dichos cambios. La mediación familiar, como disciplina basada en la filosofía del pacto, la tolerancia y la equidad, debe de cuestionar los roles tradicionales y las limitaciones que los mismos imponen en todos los miembros de la familia, e integrar en su teoría y en su práctica un instrumento tan poderoso para cambiar y entender la realidad familiar como es la perspectiva de género. Sin dicha perspectiva seguiremos manteniendo situaciones de discriminación en la estructura familiar que nos impedirá ver formas diferentes de abordar los conflictos.

Uno de los puntos en los que suele haber controversia, es en el relativo a la asunción de una crianza basada en la igualdad, en la que el padre y la madre admitan de forma equitativa la responsabilidad en el cuidado de los hijos/as. Durante la mediación de asuntos relacionados con la coparentalidad , es a veces difícil evitar los problemas asociados con los roles de género que traen las partes y que impregnan su forma de concebir sus experiencias de vida y sus interacciones dentro de la familia y la comunidad. Siempre teniendo en cuenta su papel neutral e imparcial, el mediador deberá de hacer un esfuerzo  a lo largo de su intervención para contrarrestar los efectos negativos de la diferenciación de roles basados en estereotipos, evitando en su  lenguaje y su discurso los prejuicios de género y facilitando a través de la formulación de preguntas y el empleo de técnicas, un cambio positivo en la mentalidad de los participantes que les posibilite alcanzar acuerdos desde una posición de igualdad de condiciones.

 La mediación tiene el potencial de crear un ambiente acogedor para los participantes de ambos sexos, para ello los mediadores deben de ser conscientes de los problemas que pueden ocasionar los sesgos de género y facilitar el equilibrio en el proceso de negociación. Resulta  necesario poner de manifiesto la conexión que tienen los problemas de la familia con los estereotipos culturales relativos a los papeles asignados a los hombres y mujeres y con las relaciones de poder.

El objetivo de este post es concienciar sobre la importancia de contemplar el enfoque de género en los procesos de negociación, evitando los estereotipos y posibilitando una resolución neutral y equitativa. Abordar los asuntos familiares desde una perspectiva de género es esencial para ofrecer soluciones que tengan en cuenta las realidades de todos los miembros de la familia de un modo más justo.

Francisco Góngora.

 

El interés superior del menor en mediación familiar.

El interés superior del menor tras la separación. 

Los progenitores son esenciales para el desarrollo de los niños. Les proporcionan cariño, apoyo emocional, toman decisiones importantes para su educación y cubren todas sus necesidades básicas. En las familias “intactas”, son ambos progenitores de forma conjunta, los que toman las decisiones que repercuten en la vida de sus hijos. Normalmente no suele haber problema a la hora de decidir asuntos relacionados con las pautas educativas y de crianza que van a implantar, ya que conviven juntos y fácilmente pueden establecer las directrices que van a seguir en el cuidado de los hijos.

Sin embargo, esto no ocurre con muchas familias, cuyos padres se han separado y viven en domicilios diferentes. Aunque el hecho de no compartir vivienda no imposibilita la toma de decisiones sobre los asuntos relacionados con la crianza de los hijos, en muchas ocasiones las relaciones entre los progenitores quedan muy deterioradas tras el divorcio y son incapaces de ponerse de acuerdo para crear un  plan de crianza que  refleje los intereses y las necesidades de los menores.

El método tradicional para resolver los conflictos de los padres tras la separación, es el proceso judicial. Los progenitores contendientes ponen en manos de un juez la toma de decisiones acerca de los arreglos de custodia y educación de sus hijos, posteriores a la separación o el divorcio. En este contexto, el principio general que suele emplear el juez para resolver y  determinar el convenio regulador de las relaciones paternas filiales, es el interés superior del menor.

¿Qué significa el “interés superior del niño”?

Podemos determinar que “el interés superior del menor”, es la guía que se debe de tener en cuenta para disponer los arreglos de crianza después de la separación. Los elementos que se van a tomar en consideración para delimitar  el interés superior del menor a la hora de tomar decisiones sobre custodia y visitas, se basan en aspectos relacionados con el vínculo existente entre cada padre y su hijo, fruto de la participación positiva de ambos en la vida del niño y de la capacidad de satisfacer sus necesidades biológicas, psicológicas y sociales.

Aunque los factores en los que se basan los jueces para determinar el interés superior del menor son razonables, se trata de aspectos generales que en muchas ocasiones son difíciles de predecir a la hora de ser aplicados a una familia en particular. En relación a las pruebas que aportan las partes , en la mayoría de los casos fundamentadas en eventos pasados, el tribunal tiene que realizar una predicción sobre qué aspectos van a ser más beneficiosos para el futuro del menor. Aunque la Psicología  proporciona un marco general sobre las pautas de crianza que son más positivas para los niños después del divorcio, el pronostico sobre cómo va a evolucionar la vida de la  familia tras la separación es difícil de precisar. Estando de acuerdo en el principio general de que el interés superior del menor debe de ser determinante a la hora de tomar decisiones, los jueces no siempre podrán establecer una predicción precisa para cada situación concreta. A consecuencia de ello, en muchas ocasiones, las medidas adoptadas por los tribunales no responden de forma adecuada a la satisfacción de las necesidades de los menores, en el cumplimiento de sus derechos.  

A pesar de no poder determinar con exactitud qué arreglos de crianza son los más convenientes para cada situación particular, conocemos que determinados  aspectos, cómo son el hecho de que los menores no formen parte del conflicto de los progenitores, que les proporcionen una estabilidad emocional y una crianza adecuada, que el menor tenga una relación significativa con ambos padres y que reciba apoyo económico, van a resultar beneficiosos para los niños.

En la actualidad, sabemos que son los padres las personas más idóneas para determinar por si mismos qué arreglos de crianza van a ser más favorables para sus hijos, en lugar de depender de un juez, ajeno totalmente al sistema familiar, para que tome estas decisiones. Aún queda mucho por avanzar en este sentido, y es necesario que se produzca un cambio hacia una sociedad en la que los asuntos de índole familiar relacionados con la toma de decisiones relativas a los planes de crianza tras la separación o divorcio,  no tengan que ser dirimidos en los tribunales, quedando estos reservados para los casos en los que la seguridad y protección del menor se ven comprometidas.

 La disciplina que aboga por este cambio y que introduce el principio de la conciliación en la resolución de conflictos  derivados de la separación o divorcio, es la mediación familiar, que proporciona el espacio idóneo para que sean los padres los que de forma conjunta elaboren un plan de educación para sus hijos, en el que quede totalmente garantizado el interés superior de los mismos. Se ha demostrado que los padres son mucho más propensos a adherirse a los acuerdos de crianza cuando éstos han sido decididos por ellos mismos, ya que en definitiva reflejan las necesidades reales de la familia.

Las decisiones que incumben a la organización familiar tras la ruptura, suponen una gran complejidad, y lograr la mayor eficacia posible es vital para garantizar el interés superior de los menores. En este sentido, la mediación ha demostrado ser el instrumento idóneo para crear el espacio de diálogo necesario en el que los progenitores puedan solucionar sus controversias, salvaguardando en todo momento el bienestar de sus hijos. Es fundamental que los niños que pasan por esta situación sigan recibiendo el cariño y la seguridad que necesitan para que su desarrollo no se vea afectado negativamente.

La mediación, supone también una herramienta que permite a los menores ejercer su derecho a expresar sus opiniones libremente y conforme a sus capacidades, en los asuntos que les conciernen, sin verse afectados por los riesgos derivados de encontrarse sometidos a participar en un proceso judicial, que puede incrementar las situación estresante por la que están pasando.

El objetivo último es lograr que los  padres tomen conciencia sobre la necesidad de continuar ejerciendo la coparentalidad a pesar de la ruptura y provocar un cambio en sus actitudes y comportamientos, que los ayuden a enfrentar su situación, sin perder de vista el bienestar de sus hijos.

Francisco Góngora.

 

 

 

 

 

 

 

Mediación en contextos interculturales.

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En tanto que herramienta de resolución y pacificación de conflictos, la mediación se emplea en muchos ámbitos para responder a distintas necesidades. El conflicto es consustancial a la naturaleza humana y, por tanto, está presente en todas las situaciones habituales de la convivencia y las relaciones entre las personas. Uno de los contextos en los que se aplica la mediación es, en la gestión de los conflictos surgidos en entornos multiculturales. En este sentido, la mediación intercultural es definida como, “un recurso profesionalizado que pretende contribuir a una mejora de la comunicación, relación e integración entre personas o grupos presentes en un territorio y pertenecientes a una o varias culturas” (Desenvolupament  comunitari y Andalucia Acoge, 2002:101). Atendiendo a aspectos relacionados con la prevención de los conflictos y el establecimiento de una mejor comunicación e interacción, Carlos Giménez  (1997) defiende una definición más amplia de mediación, que no se limita a la resolución de conflictos sino a mejorar las relaciones humanas entre los grupos culturalmente distintos.

España en la actualidad es una sociedad plural y multicultural, en la que conviven personas de muy diversas culturas. Esta realidad social, en la que existen diferencias culturales y lingüísticas, influye de manera significativa en la integración y convivencia de las personas que coexisten en un mismo territorio. Los inmigrantes que llegan a un país de acogida, en el que pretenden establecerse, se encuentran con muchos obstáculos que tienen que sortear, como son el desconocimiento de la sociedad  y su entramado, las limitaciones de acceso a los servicios públicos por desconocimiento de su funcionamiento o las limitaciones lingüísticas.  En este contexto surge la mediación intercultural, como un servicio especializado cuyo objetivo es compensar estas desigualdades, que afectan de manera crucial a la adaptación e integración de las personas inmigrantes.

Por otro lado, la mediación intercultural facilita  la comunicación entre grupos con culturas diferentes, contribuyendo al conocimiento mutuo de las normas y costumbres. Ayuda a nativos e inmigrantes a comprenderse mejor , no solo en cuestiones idiomáticas, sino en sus particularidades culturales, con el fin de conseguir una interacción más efectiva y significativa. La mediación se constituye en una herramienta de gran valor, suponiendo un factor clave de conexión en situaciones en las que la comunicación está fuertemente influenciada por características culturales, construyendo un “puente” de unión necesario para el entendimiento. Con ello limita el afloramiento de conflictos, reduciendo el peso de los estereotipos y prejuicios que componen una de las principales barreras para la aproximación entre culturas y favorece actitudes de apertura, compromiso social y neutralidad en el abordaje de las disputas.

La persona mediadora deberá de estar constituida por un profesional con conocimientos teóricos y técnicos que le posibiliten orientar de la mejor manera posible su actuación. Para ello, deberá de haber superado  los estereotipos y prejuicios que le impiden aceptar a las personas como diferentes, en sus múltiples facetas y culturas. “El agente de mediación intercultural ha de ser una persona sin fronteras, que sabe reconocer y extraer de los “márgenes” lo más significativo para la construcción de seres plurales” (Accem, 2009:49)

Para el ejercicio ético y competente de la mediación, el mediador intercultural deberá de cumplir los siguientes principios:

  • Respetar la privacidad de los individuos con los que colabora.
  • Tiene que ser imparcial en cuanto a género, religión, origen étnico, nivel educativo y socioeconómico de las personas involucradas en la mediación.
  • El mediador ayudará a ambas partes a interpretar correctamente el comportamiento del otro, tanto verbal como no verbal, contribuyendo a generar un clima de confianza.
  • Asumirá un papel de asesoramiento si se le solicita, en el sentido de proporcionar información o ayudar en la cumplimentación de formularios, sin verter en esta tarea opiniones personales.
  • No tiene derecho a ocultar información durante una traducción.
  • Fomentará en la persona la toma de decisiones propias después de haber sido correctamente informada.
  • No ejercerá funciones de psicólogo o médico, ya que no entran dentro de sus cometidos.
  • Si observa que la persona inmigrantes es víctima de alguna situación injusta, deberá de ayudarlo a entender sus derechos con el fin de poder reivindicarlos.

A medio y largo plazo, la mediación intercultural aporta beneficios significativos en las siguientes áreas:

  • Facilita el acceso de los inmigrantes a los servicios públicos y los recursos comunitarios.
  • Contribuye a la lucha contra la discriminación, el racismo y la xenofobia.
  • Es un factor clave dentro de una estrategia de integración coherente de personas inmigrantes en nuestra sociedad.
  • Favorece la creación de conciencia social.
  • Promueve el desarrollo de capital humano y el enriquecimiento de la sociedad.

 

La falta de curiosidad o inapetencia por las culturas ajenas es, a mi entender, un índice de decadencia y pasividad, porque la cultura afectada por este síndrome se convierte en mero objeto de contemplación”. (Juan Goytisolo).

 

Por Francisco Góngora.

 

Cómo educar la inteligencia emocional.

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La inteligencia emocional es una cuestión esencial en el desarrollo de una persona, y muy especialmente de un niño/a. Los niños/as con capacidades emocionales adecuadas serán más competentes para manejar el estrés y podrán desenvolverse mejor en la vida y ser más felices. Si una vida agitada y apresurada ha vuelto a su hijo/a propenso a la irritabilidad y a la ira, podrás enseñarle a reconocer y controlar estos sentimientos, así como a enfrentarse y superar las nuevas situaciones que se va a encontrar a lo largo de su crecimiento. Es tarea de los padres y madres constituirse como un modelo de madurez emocional para poder ayudar a sus hijos/as a reconocer y gestionar sus emociones de manera adecuada y así lograr un equilibrio personal y unas buenas relaciones con su entorno.  El conocimiento, comprensión y control de las emociones son básicos para que los niños/as se desenvuelvan de forma adecuada en la sociedad, de ahí la importancia de que desarrollen su inteligencia emocional.

¿Podemos entrenar a nuestros hijos/as para que tengan inteligencia emocional?

Totalmente. Algunos niños/as de forma instintiva son más capaces de manejar sus emociones y están preparados para hacer frente a situaciones nuevas y enfrentarse a nuevas personas con mayor facilidad. Otros/as desde el principio tienen más dificultades a la hora de reconocer y controlar sus emociones, y por tanto, les cuenta más adaptarse a situaciones nuevas, requiriendo más apoyo por parte de los adultos para regular su mundo emocional a medida que van creciendo.

El sistema educativo, desde siempre se ha centrado de forma prioritaria en el desarrollo de las capacidades intelectuales de los alumnos/as. No es hasta la aparición del concepto de inteligencia emocional difundido por Daniel Goleman en 1996, cuando se le empezó a dar la importancia que requiere esta faceta del desarrollo humano, y muchas escuelas comenzaron a establecer programas educativos para enseñar a los alumnos/as a identificar sus propias emociones y a percibir y tener en cuenta  las emociones de los demás. A pesar de ello, aún queda un largo camino por recorrer en el ámbito educativo y es tarea de los padres y madres, teniendo en cuenta el papel fundamental que desempeñan en la educación de sus hijos/as, fomentar su inteligencia emocional.

¿Cómo conseguir que nuestros hijos/as desarrollen su inteligencia emocional?.

   1. Enseñando a reconocer sus propias emociones.

El primer paso es ayudar a tus hijos/as a identificar y nombrar sus propias emociones, ya sean de ira, decepción, miedo o alegría, para que empiecen a ser conscientes de sus diferentes sensaciones y aprendan a reconocerlas. Aquí no solo les vas a explicar lo que están experimentando sino también cómo sus reacciones emocionales afectan a las personas que están alrededor. Cuándo estén molestos o desanimados, pedirles que expresen lo que están sintiendo, incluso que lo escriban o hagan un dibujo, es una buena idea para enseñarlos a examinar y aceptar sus emociones. Es importante no olvidar hacerlo también con las emociones positivas. Así, ayudas a tus hijos/as a reflexionar sobre su experiencia y lo que desencadena sus sentimientos. Para los más pequeños, el hecho de saber que hay una palabra para nombrar sus sentimientos es una buena herramienta para aprender a manejar las emociones que les inundan.

     2. Hablando de forma abierta sobre las emociones.

La mejor manera de fomentar la inteligencia emocional es mostrándola. Diles a menudo a tus hijos/as cómo te sientes y no solo cuando se trate de emociones intensas y difíciles de gestionar, como cuando estás decepcionado, triste o enfadado. Demostrar a tus hijos que haces frente a tus emociones y las resuelves de forma eficaz, siendo capaz de superar la ira o el enfado, es una de las formas más poderosas de enseñarles inteligencia emocional. Cuando te sientas feliz y estés alegre, házselo saber a tus hijos/as y háblales del porqué. Como padres, muchas de nuestras emociones son provocadas por algo que nuestro hijo/as han hecho, ya sea bueno o malo. Aquí es importante recordar que no debemos de culparlos de las emociones negativas que nos han provocado su comportamiento. Si algo tienen que corregir ,  es el comportamiento negativo, no la emoción que éste ha despertado en ti. No hay ninguna razón para la culpa o el castigo, sólo debes de poner un límite claro utilizando la empatía.

   3. Empatizando con tu hijo/a.

Cuando el malestar de tu hijo/a parece estar fuera de proporción con la situación, empatizar con él/ella le ayudará a calmarse y liberarse de sus emociones perturbadoras. Debes de recordar que todos/as alguna vez hemos acumulado emociones hasta darles rienda suelta una vez que nos encontramos en un refugio seguro. Ser empáticos con nuestro hijo/a en una situación así no significa que le estemos dando la razón ni que aprobemos su comportamiento, sino que le hacemos ver que entendemos cómo se está sintiendo en ese momento. Aunque tu hijo/a finalmente tenga que hacer lo que le dices, tiene derecho a tener su propia perspectiva, a que sea reconocida y a no sentirse frustrado. Si le envías a tu hijo/a mensajes como -“Sé que te gustaría seguir jugando más rato, pero ha llegado la hora de la cena y tienes que sentarte a la mesa”-, le estarás haciendo ver que entiendes su malestar. Sentirse comprendido desencadena sustancias bioquímicas que le ayudan a calmarse, y esta vía neurológica saldrá fortalecida cada vez que se sienta aliviado y utilizará la misma estrategia para calmarse a sí mismo/a a medida que va creciendo.

    4. Permitiendo la expresión de las emociones.

Si desaprobamos los sentimientos de miedo e ira que puedan experimentar nuestros hijos/as, estaremos impidiendo que los expresen y es posible que acaben por reprimirlos. Los sentimientos que son reprimidos y no se han gestionado de manera adecuada, no desaparecen como los que han sido expresados libremente, sino que quedan atrapados y buscan una salida. Debido a que este tipo de emociones no están bajo control consciente, podrán aparecer en forma de pesadillas, fobias o algún tic nervioso. Es fundamental explicarles que todas las emociones son legítimas y forman parte de nuestra naturaleza. Tenemos que enseñarles a controlarlas  y para ello debemos de ponerles límites a sus acciones. Aceptar las emociones de ira y miedo de tu hijo, le ayudará a su vez a aceptar el mismo sus propias emociones y por tanto a resolverlas y seguir adelante, haciéndolo cada vez más capaz de regular sus estados emocionales.Los niños/as necesitan expresar sus emociones sin ser censurados, pero también necesitan adquirir herramientas para solucionar los problemas, y para ello necesitan entrenamiento y un buen modelado por nuestra parte.

Para concluir, decir que la inteligencia emocional es una habilidad que su hijo/a va a ir desarrollando con el tiempo a través de su interacción con la familia y con el mundo. Como progenitores, tenemos el deber de educar a nuestros hijos/as para que desarrollen su inteligencia emocional y contribuir a formar personas más sociables, felices y responsables.

El medio mejor para hacer buenos a los niños/as es hacerlos felices.

Francisco Góngora.

Derecho de Familia para Mediadores.

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La resolución de conflictos en materia de familia, a través de la vía judicial, provoca en muchos casos la agudización del conflicto interpersonal de los adultos, el deterioro de las relaciones paterno- filiales, y numerosos incumplimientos de las sentencias dictadas en los juicios, y todo ello a consecuencia del papel tradicional que genera la dinámica del proceso civil contencioso de victima/culpable, ganador/perdedor. Los procesos judiciales, suelen generar una profunda insatisfacción en las personas que los protagonizan, que en la mayoría de los casos no ven cumplidas sus expectativas.

La mediación viene a salvar estos inconvenientes y desde el ámbito del Derecho de Familia, la podemos definir cómo “un proceso de construcción y reconstrucción del vínculo familiar sobre los ejes de la autonomía y de la responsabilidad de las partes afectadas por un conflicto, en cuyo proceso interviene un tercero imparcial, independiente y neutral, para facilitar, la reanudación de la comunicación entre las partes y la autogestión del conflicto dentro del ámbito privado familiar, teniendo en consideración la peculiaridad de las situaciones, su diversidad e idiosincrasia”.

Una pareja en proceso de ruptura que acude a mediación familiar, no sólo debe de gestionar los aspectos patrimoniales de la separación, sino que han de gestionar sus relaciones futuras con los hijos/as y todo lo que ello conlleva. Uno de los derechos básicos de los menores que forman parte de la familia en la que se produce la ruptura, es no verse obligados a romper el vínculo con ninguno de sus progenitores o cuidadores, ni sufrir las consecuencias negativas de la separación. En mediación, el bienestar de los menores tiene que protegerse y el mediador velará siempre porque los acuerdos a los que lleguen las partes no vulneren su derechos fundamentales.

En este artículo voy a exponer de forma breve  la normativa que regula las relaciones paterno filiales en casos de separación y divorcio y que recogen los distintos ámbitos de actuación que deben de ser tenidos en cuenta en el proceso de negociación de la mediación familiar, es decir, los diferentes acuerdos a los que tienen que llegar los progenitores y que responden a los derechos que adquieren los hijos/as tras la ruptura familiar.

La patria potestad – En el art. 154 del Código Civil se estipula textualmente que “los hijos no emancipados estarán bajo la potestad de los progenitores” y se ejercerá siempre en beneficio de los menores, de acuerdo con su personalidad y con respeto a su integridad física y psicológica.

La patria potestad es ejercida por los dos progenitores tras el cese de la convivencia en los casos de separación o divorcio. Esto conlleva que una de las funciones del ejercicio de la misma, enumerada en el art. 154 del C.C, relativa a tener en su compañía a los hijos/as, se establezca en función de que se le atribuya a uno de ellos la guarda y custodia o se le asigne  a los dos si se acuerda que la custodia sea compartida. Otro de los aspectos a regular es el establecimiento de un régimen de comunicaciones, visitas y estancias, que permita a los menores estar con ambos progenitores.

Las medidas sobre el cuidado de los hijos/as siempre se adoptarán en beneficio de estos, y es aconsejable que sean los propios progenitores los que propongan el régimen de custodia. La mediación familiar se convierte por tanto en el mejor escenario para llegar a un consenso sobre la adopción de estas medidas, siendo la familia la protagonista de estructurar su convivencia tras la separación.

La vivienda familiar: El art. 96 del Código Civil contiene que “en defecto de acuerdo de los cónyuges aprobado por el juez, el uso de la vivienda familiar y de los objetos de uso ordinario en ella, corresponde a los hijos/as y al cónyuge en cuya compañía queden. Este artículo establece un uso limitado de la vivienda familiar ya que llegará un momento en el que los hijos/as alcancen la mayoría de edad y con ello una independencia económica.

Este es un campo de trabajo importante, ya que la atribución de la vivienda familiar o los derechos sobre la misma a uno de los cónyuges suele provocar un agravamiento del conflicto. La mediación familiar ofrece la posibilidad de que sean  las partes las que adopten un acuerdo que sea beneficioso para ambos y no provoque situaciones desigualitarias.

La pensión  alimenticia: El art. 154 del C.C incluye entre otras, la obligación de los progenitores de velar por sus hijos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral. Se entiende por alimentos todo lo indispensable para el sustento, habitación, vestido, asistencia médica y educación e instrucción del menor de edad.

El art. 146, habla de la proporcionalidad entre las cantidades establecidas como pensión de alimentos y las posibilidades económicas del progenitor que ha de abonarla. La pensión normalmente se fija mediante una cuantía periódica mensual que debe de satisfacer el progenitor que no tiene la custodia. En el supuesto de custodia compartida también se fijara una cantidad que irá destinada al menor y que proporcionarán ambos padres. La cuantía dada como pensión de alimentos es provisional, ya que es susceptible de modificación si cambia alguna de las circunstancias tenida en cuenta a la hora de establecerla.

Son los progenitores los que mejor conocen su poder adquisitivo, cuales son sus ingresos y los gastos que les producen sus hijos/as, estando en mejor situación para determinar la cantidad atribuida a la pensión que mejor se ajuste a sus circunstancias y a las necesidades del menor. Una vez más la mediación adopta aquí un papel fundamental para ayudar a las partes a tomar decisiones y llegar a acuerdos a la hora de determinar la pensión alimentaria de sus hijos/as.

Aspectos patrimoniales del divorcio: Los mayores conflictos surgen en relación a la división del patrimonio adquirido durante el matrimonio. Debido a las dificultades que puede causar esta cuestión, sería aconsejable que las partes reciban asesoramiento jurídico sobre cómo hacer la liquidación del reparto de bienes. El proceso de mediación admite la colaboración de otros profesionales para aconsejar a las partes a la hora tomar sus propias decisiones.

El derecho de visita de los abuelos a sus nietos: Los abuelos tienen derecho a un régimen de visitas con sus nietos, independientemente de las relación que puedan tener con los padres de estos. El régimen de visitas de los nietos con los abuelos, venía siendo reconocido por la jurisprudencia, pero fue expresamente introducido en el C.C por la Ley 42/2003, de 21 de noviembre, de modificación del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de relaciones familiares de los nietos con los abuelo.

La mediación se erige como un sistema eficaz para establecer un sistema de visitas entre abuelos y nietos que garantice un contacto mutuo, e impida la interrupción de las relaciones de los menores con sus familiares. En mediación se trabajará en todo momento para disolver las hostilidades, evitar las confrontaciones y orientar a los interesados hacia un horizonte de colaboración que resulte en beneficio del desarrollo y estabilidad del menor, evitando que sean los tribunales los que decidan.

Tras analizar brevemente los asuntos que tienen que resolver las partes tras la separación, llegamos a la conclusión de que son los progenitores los más capacitados para tomar decisiones acerca de como estructurar su vida familiar. Para ello, estimamos necesario que la mediación sea considerada como una alternativa de orden prioritario para ayudar a las familias a aclarar sus problemas, posibilitando acudir a los juzgados con el conflicto personal resuelto, o al menos parcialmente, sin perjuicio de que se le pueda someter al juzgador algún asunto puntual, por un verdadero desacuerdo que ha sido imposible solucionar.

Hagamos de la Familia el mejor lugar para crecer.

Francisco Góngora.