Errores que no debes cometer en la educación de tus hijos-as.

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Hay varios errores en que los padres y madres caen con mucha frecuencia. Uno de los más extendidos es la falta de consistencia.

Es importante actuar de manera sistemática y consistente en el tiempo. Es decir, si queremos eliminar las conductas inadecuadas de nuestros hijos/as, debemos estar dispuestos a invertir en ese objetivo tiempo y esfuerzo.

Los progenitores han de tener claro y ponerse de acuerdo entre si, sobre que comportamientos de sus hijos son adecuados y cuáles no. Las normas que se establezcan deben ser públicas y duraderas.

Por otro lado,no basta con eliminar conductas inadecuadas, hay que sustituirlas por otras adecuadas.

La manera de reforzar el comportamiento que se desea en el niño/a es sencillo, lo mismo que se le regaña cuando lo hace mal, hay que elogiarle cuando lo haga bien. Los progenitores deben transmitir su alegría ante los cambios positivos, valorarlos de forma comunicativa y cariñosa. No hay que racanear con los elogios ante una meta alcanzada. De lo contrario , el niño hará sus cálculos y decidirá que portarse bien “ no merece la pena”.

En los casos más complicados la valoración positiva de los padres y las madres debe complementarse con algo material. Por ejemplo, quizá haya que poner precio a los regalos, juegos o actividades de ocio que ahora se conceden sin más; para conseguir esos premios, los chavales tienen que ganárselos a base de acumular puntos por su buen comportamiento. Es lo que en terapia de modificación de conducta se llama Economía de fichas.

Aunque el castigo nunca debe convertirse en el centro de las relaciones paterno- filiales, si los niños tienen conductas graves puede ser necesario. Eso si, siempre proporcionado y consistente.

Es importante no recurrir al castigo físico ya que no es adecuado para tu hijo. No soluciona sus malas conductas e incluso las puede empeorar a largo plazo.Debes evitar castigar a tu hijo cuando estés exasperado, porque la situación se te puede ir de las manos y puede entrar en una escalada de violencia.

El refuerzo de las conductas deseadas y la eliminación de las indeseadas tiene uno de sus mejores ejemplos en las rabietas, un comportamiento que suelen practicar los más pequeños. La rabieta es una conducta que la mayor parte de las veces al niño le funciona como una manera de controlar el entorno.Por eso la reacción de los padres debe ser firme y no ceder al chantaje y mostrarse impasibles. En general los padres deben ignorar este comportamiento y potenciar otro positivo; cuando el niño nos pida las cosas de forma educada y acorde a las normas de convivencia , debemos hacerle caso.

Todos los críos son impulsivos, está en su naturaleza. Pero se puede esperar de ellos que, conforme cumplan años, desarrollen su autocontrol y vayan integrando a su comportamiento diario las normas de relación.

En la convivencia familiar tiene mucha importancia la organización. El encargo de tareas domésticas a los menores es fuente de enfrentamiento entre progenitores e hijos durante años, agravándose esta situación durante la adolescencia. Muchos padres fallan a la hora de exigir y supervisar. A veces dan muchas órdenes seguidas, difíciles de cumplir, y luego no se quedan para comprobar lo que hace el menor. Dicen con razón que cuesta más trabajo supervisar que hacer ellos mismos las cosas, pero si ellos siguen haciendo las tareas, los niños nunca se responsabilizarán.

En muchas familias padres, madres e hijos no pasan suficiente tiempo juntos. Y en muchas más ese tiempo juntos no se aprovecha para establecer una buena comunicación. A veces la relación se resume en castigos, órdenes, llamadas de atención… Y cuando el niño/a está tranquilo, no se le hace caso.

A parte de dar órdenes, hay que establecer las normas, negociar ciertos aspectos de la convivencia y dar más participación en los asuntos de la casa a medida que avanza la edad de los hijos.

Por otro lado,es importante que las madres y padres mantengan una comunicación fluida con el centro educativo de sus hijos. Casa y colegio no pueden considerarse dos mundos paralelos y estancos. Si los menores también se comportan mal en el colegio los padres tienen que tenerlo en cuenta y atender las peticiones de colaboración de los profesores.

Cuando el estilo educativo se ha caracterizado por la ocurrencia a lo largo del tiempo de los errores que hemos expuesto anteriormente, se da la posibilidad de que cuando llegue la etapa de la adolescencia, especialmente complicada  por los numerosos cambios, tanto a nivel físico como emocional y social a los que se ve expuesto el/la menor, no se hayan establecido la bases que posibiliten una convivencia familiar positiva. Los progenitores se encuentran con que son incapaces de controlar la educación de sus hijos/as y sienten que la situación se les va de las manos. Es recomendable en estos casos acudir a un profesional que nos oriente, siendo la Mediación Intergeneracional de gran utilidad en este tipo de situaciones. Toda la familia, con ayuda de un Mediador, trabajará para reorganizar su convivencia familiar y llegar a acuerdos que posibiliten una mejora de la comunicación y un establecimiento de normas dentro del hogar.

En próximos posts comentaremos con detalle en que consiste este tipo de intervención y cuales son sus ventajas frente a la clásica intervención psicológica en la que suele ser el adolescente el sujeto de la intervención.

El equipo de Resuelve ahora.

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