La historia de un divorcio, contada 20 años después

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Víctor acude a nosotros para solicitar información acerca del servicio de mediación, pues tiene un hijo de 30 años con el que mantiene un grave conflicto, prácticamente desde que éste hijo llegó a la etapa de la adolescencia. Le gustaría mejorar la relación con él sobre todo porque no entiende cómo se le ha podido ir la situación de las manos hasta este punto, llegando a semejante nivel de deterioro.

Víctor nos comenta que estuvo casado durante 15 años y fruto de ese matrimonio tuvo 3 hijos, una chica y dos chicos. Se separó de su esposa hace más de 20 años, aunque la sentencia de divorcio data de 2006.

Las relaciones con sus hijos no han sido fáciles. La guarda y custodia la ha tenido la madre, mientras él ha acudido a visitarlos siempre que podía, aunque reconoce que dadas las disputas que tenía con su ex mujer, y por circunstancias económicas y laborales, no los ha visitado tanto como le hubiera gustado. Señala haber sufrido mucho por esta circunstancia y haber tenido depresiones.

La separación de la pareja supuso un brusco antes y después en la relación entre el padre y los hijos, así como en la dinámica familiar establecida. La pareja no se separó de mutuo acuerdo. Ella no aceptaba la separación, en un principio, y quería a toda costa forzar a su marido a continuar con ella, por los niños y por los años compartidos. El caso es que la convivencia era insostenible y además Víctor reconoce que ya no estaba enamorado, por tanto quería romper y encaminarse en otra dirección.

Para Víctor fue muy difícil tomar la decisión, pues amaba a sus hijos y no quería separarse de ellos, pero por su estilo de vida y por los roles educaciones que había recibido, no se planteaba compartir la custodia, con la clara idea de que sus hijos estarían mejor conviviendo con la madre; sin embargo siempre tuvo claro que él se haría cargo de su manutención y los visitaría cada vez que pudiera.

En el momento que Victor abandona el domicilio, la vida de sus hijos cambia por completo. Apenas ven a su padre, y la madre cae en depresión; llora y habla mal de él todo el tiempo, utilizando expresiones del tipo:: “papá nos ha abandonado”, “vuestro padre no me quiere”, “me ha engañado”… y así un largo etcétera. Su ex mujer sufríó mucho también y el impacto de todo este dolor lo recibieron directa o indirectamente los hijos.

Los hijos siempre han hecho de intermediarios entre su padre y su madre (con el consiguiente desgaste para ellos), y además han hecho frente al padre en nombre de la madre por cuestiones económicas, lo han culpado de la desdicha de su madre y de la gran cantidad de problemas y sinsabores con los que se han criado desde muy pequeños.

Con el paso del tiempo, las relaciones entre padre e hijos se van tornando cada vez más distantes, pero existe una relación. Víctor siempre ha ayudado a sus hijos en todo lo que ha podido, sobre todo a nivel económico. Les ha facilitado estudiar y les apoyado para acceder al mundo laboral en todo lo que ha podido.

Sin embargo, con uno de sus hijos la relación es muy mala desde que éste entró en la etapa de la adolescencia, de manera que para Víctor la comunicación con su hijo siempre ha sido una lucha.

Víctor no sabe reconocer con exactitud donde está el punto de inflexión en el que la relación con su hijo se fue al garete, pero si que tiene recuerdos positivos con su hijo cuando era niño. Jugaba con él y se divertían juntos, pero la marcha de Víctor marcó una barrera importante entre ellos. En general, los hijos de Víctor le reprochan que no se ha portado bien con ellos, ni con su madre. Tienen mucha rabia. Los hijos han desarrollado muchas carencias y problemas psicológicos (todos han acudido a servicios psicológicos en algún momento) y señalan que por culpa de sus padres sus infancias han sido infelices.

El hijo mayor es agresivo, es el único que sigue viviendo en casa de su madre y no es capaz de aceptar normas ni reglas, así como no acepta el mantener responsabilidad alguna. La hija que le sigue en edad sufre ansiedad desde los 15 años, circunstancia ésta de salud que le ha impedido llevar una vida con normalidad. El hijo menor está trabajando en una empresa hortofrutícola. Sin embargo, tiene frecuentes depresiones y no es capaz de mantener relación de pareja estable.

Ninguno de los hijos siente verdadero apego por la familia, de hecho apenas hay contactos familiares, aunque si que mantienen algún tipo de relación. Digamos que la historia familiar está cargada de dolor y sufrimiento, sobre todo por la guerra abierta que durante más de 20 años han tenido los padres, y cuyo impacto han recibido directamente los hijos.

Víctor reconoce que la relación con su ex mujer ha sido muy conflictiva, durante toda la vida, pero sobre todo tras separarse. Se divorciaron formalmente en 2006 y no mantienen relación alguna entre ellos, ni para bien ni para mal. Por lo menos la guerra no está activa ahora -asegura, pero las relaciones son inexistentes y sus hijos presentan muchos problemas de los que él, en alguna medida, se siente responsable. Reconoce que si le volviera a ocurrir de nuevo, o si pudiera volver atrás con lo que ahora sabe de la vida, intentaría por todos los medios que su separación afectara lo menos posible a sus hijos, recurriendo a los profesionales que hiciera falta. Señala que ahora hay mucha más información que antes, y que esto es una gran ventaja para las nuevas generaciones que se hayan en conflicto.

La historia de Víctor es el vivo retrato de las consecuencias de una crisis familiar no resuelta. Cuando los padres no son capaces de mantener a sus hijos al margen de sus conflictos, las consecuencias pueden ser demoledoras para todos los miembros de la familia, así como perdurar largamente en el tiempo.

Esta es la experiencia que Víctor ha compartido con nosotros, y sobre la cual vamos a intentar trabajar conjuntamente, para apoyarlo en la resolución pacífica de sus conflictos. Parece ser, según nos comenta, que su hijo está dispuesto a asistir a un proceso de mediación que los ayude a dejar atrás el pasado y a mejorar su relación.

Espero que este post os sirva para tomar conciencia de la importancia de pacificar las crisis y problemas familiares, de manera que los hijos puedan quedar al margen y ser protegidos de los asuntos de sus padres, que para nada son de su incumbencia, en cuanto a ámbito de decisión.

Los adultos son los que toman las decisiones, y las comunican de la manera más tranquila y cercana posible, así como resuelven sus conflictos entre ellos, no apoyándose en los hijos. Afortunadamente hoy día hay muchos profesionales que nos dedicamos a ayudar a las parejas y/o familias en estas situaciones.

Y os dejo con una pregunta para la reflexión:

¿Si los padres se apoyan en los hijos…. sobre quién se apoyan los hijos?”

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