El impacto del divorcio en niños/as y adolescentes.

Afrontar el divorcio El divorcio supone un cambio enorme en la vida de un niño o niña sin importar la edad. Ser testigo de la pérdida del amor entre los padres, de la ruptura del matrimonio, ajustarse a ir y venir entre dos hogares diferentes y la ausencia diaria de un padre mientras vive con el otro, suponen múltiples alteraciones que crean una nueva circunstancia familiar que conlleva un desafío para la vida del niño/a. En la historia personal del menor, el divorcio de los padres implica un acontecimiento decisivo. A partir de este momento, la vida que sigue cambia significativamente de cómo era antes.

Se producen diferentes respuestas a este acontecimiento en función de si el niño/a está todavía en la infancia  o ha entrado en la adolescencia . La propensión  general es que el divorcio tienda a intensificar la dependencia del niño y tienda a acelerar la independencia del adolescente. A menudo provoca una respuesta más regresiva en el niño/a y una respuesta más agresiva en el adolescente. Esto se debe a que  los/as niño/as están estrechamente vinculados a los progenitores, dependiendo fuertemente del cuidado de estos, y tienen a la familia como núcleo principal de su vida social. Los adolescentes son más independientes, suelen estar más separados y distantes de los padres, son más autosuficientes, los/as amigos/as son sus referentes y se han convertido en el núcleo principal de su vida social.

Para los/as niños/as  pequeños, el divorcio sacude la confianza en la protección que les proporcionan los progenitores, que ahora se comportan de una manera poco segura. La unidad familiar se divide en dos hogares diferentes, entre los que el niño/a debe aprender a ir y venir. No poder estar con uno de los padres sin tener que estar lejos del otro les genera inestabilidad e inseguridad. Convencer a un niño pequeño de la permanencia del divorcio, de que es algo definitivo y no hay vuelta atrás, puede ser difícil ya que suelen fantasear con que de alguna manera, mamá y papá van a vivir juntos de nuevo algún día. Se trata de una ilusión para ayudar a aliviar el dolor de la pérdida. El adolescente es mucho más rápido en aceptar el carácter definitivo de este cambio.

La reacción a corto plazo  va a depender de cómo los progenitores gestionen el proceso de divorcio. Las investigaciones demuestran que en las familias que han tenido muchos conflictos antes y después de la separación y han involucrado a sus hijos/as en ellos, la evolución de la adaptación psicológica y emocional de los hijos/as es bastante más negativa, que en aquellas familias que gestionan la separación de manera pacifica. Lo normal es que ante todos los cambios y los nuevos acontecimientos que se producen en esta situación, el niño/a se muestre ansioso ante lo desconocido y se empiece a hacer preguntas acerca de lo que va a suceder a continuación, quién va a cuidar de el/ella, con cuál de los padres va a vivir, cuándo va a poder ver al otro/a…etc.  Todo ello les genera temor y preocupación y la respuesta se puede manifestar a través de comportamientos regresivos. El niño/a desea volver a su vida anterior y puede manifestar ansiedad de separación, volver a no controlar esfínteres, tener lloriqueos y rabietas constantes y pérdida de las habilidades de autocuidado establecidas. La regresión a la dependencia anterior puede ser en parte un esfuerzo para provocar preocupación de los padres, e intentar acercarlos. Todo ello requiere de una especial atención por parte de los progenitores, que en demasiadas ocasiones están enfrascados en su propio dolor, intentando encajar la separación.

El adolescente es más independiente y tiende a reaccionar de manera más agresiva al divorcio, a menudo responden con rebeldía , ignorando la disciplina familiar y cuidando de sí mismos, ya que los padres no han podido mantener los compromisos con la familia que se hicieron originalmente. Ahora el adolescente puede actuar de forma agresiva para tomar el control de su vida comportándose aún más distante y desafiante, más decididos a vivir su vida a su manera, y más dedicado a su propio interés que antes. Se siente cada vez más autónomo de una situación familiar de la que se encentra desconectado.

¿Qué debo hacer?

Para los padres que se divorcian, la prioridad es establecer un sentido de orden familiar y previsibilidad. La relación de un niño/a con sus padres después de un divorcio es fundamental para su adaptación. Aunque la angustia de no estar con ambos padres es una de las partes más dolorosas del divorcio, es la relación continuada que tienen los niños con sus progenitores lo que resulta esencial para su adaptación a largo plazo.

Los/as niños/as tienen un mejor ajuste cuando las visitas con el padre no custodio son regulares, predecibles y ocurren en un ambiente “libre de conflictos”. La calidad de la relación es más importante que la cantidad. Si el contacto frecuente se da en circunstancias adversas, el niño puede tener problemas de adaptación. El ajuste del menor al divorcio será mejor cuando los padres logran establecer una rutina y la vida del niño/a se ve interrumpida lo menos posible.

Los progenitores con hijos/as adolescentes, deben de ser conscientes de los posibles problemas que la inestabilidad del divorcio puede ocasionar y deben de estar preparados  para dar a sus hijos el apoyo que necesitan para desarrollarse de manera saludable en su camino a la edad adulta. Las investigaciones demuestran que una educación basada en el apoyo sostenido de los progenitores, puede ayudar a reducir el impacto psicológico y emocional  negativo del divorcio en los adolescentes.

Es importante que los especialistas puedan transmitir a los progenitores que acuden en busca de asesoramiento, la necesidad de gestionar el divorcio de manera que afecte lo menos posible a la vida de sus hijos/as. Una de las herramientas más valiosas para tratar este tipo de asuntos familiares es la mediación , un incomparable espacio en el que con la ayuda de un profesional especializado podrán discutir y llegar a un consenso sobre cómo van a reconstruir su nueva vida familiar tras la separación, y digo su nueva vida familiar, porque aunque su relación sentimental ha finalizado, lo que sigue perdurando es su relación como progenitores. En próximas entradas seguiremos profundizando en aspectos relativos a cómo separarse de la manera más ecológica posible para la vida de todos los integrantes de la familia.

Francisco Góngora.

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