¿Qué factores inciden en el comportamiento delictivo de un menor?

Delincuencia juvenil.

Mi post anterior en Resuelve Ahora, trata sobre  la mediación como una herramienta de gran utilidad para intervenir con menores que han cometido algún delito y son juzgados por ello. Aquí nos vamos a centrar en exponer cuales son los factores que están presentes en el núcleo familiar y aumentan las probabilidades de que el menor tenga problemas de comportamiento ( factores de riesgo), así como los factores protectores, es decir, las pautas que deben de seguir los progenitores para disminuir esta probabilidad. Resuelta   fundamental conocer estas causas, ya que nos aportan material para poder así adoptar un enfoque preventivo en el área de intervención con familias en la que se centra nuestro principal ámbito de actuación.

Las investigaciones apuntan a varias circunstancias entre las determinantes del alcance de los problemas de conducta y la delincuencia que se manifiesta en un menor de edad. Las relaciones familiares, los deberes, las responsabilidades y los privilegios, y la cantidad de control que se ejerce sobre los menores, juegan un importante papel en la formación del carácter e influyen de un modo determinante en el comportamiento. Las actitudes y acciones de los progenitores influyen de manera decisiva en las actitudes y comportamientos de los hijos/as. Cualquier perturbación grave en uno o ambos padres puede producir un impacto negativo devastador en un joven. Los roles y las normas que los jóvenes siguen, las aprenden a través de las experiencias individuales que les brinda su pertenencia a una familia, suponiendo uno de los pilares básicos de su proceso de socialización. Cuando falla la familia, otros agentes socializadores asumirán un papel cada vez mayor en la vida de un niño, como puede ser un grupo de iguales que ejerzan una mala influencia.

A veces las familias tienen una tendencia a contribuir a la conducta problemática y posteriormente  delictiva de los jóvenes. El conflicto prolongado entre los padres que demuestran  ideas opuestas o un  modelado negativo del tipo “No hagas lo que yo hago; pero haz lo que yo digo”, puede enseñar indirectamente lecciones completamente opuestas a las previstas. Esta forma de aprendizaje indirecto mediante la observación de modelos parentales negativos es uno de los principales factores que puede causar comportamientos infractores. Varios estudios explican el considerable impacto sobre el menor de un rol parental negativo.

La disciplina es otro de los elementos claves en la interrelación entre progenitores e hijos, que puede ser un factor de riesgo para comportamientos problemáticos o delictivos. Una supervisión inadecuada por  parte de los padres, el  establecimiento de una disciplina errática ( a veces estricta y otras veces laxa) o demasiado estricta o extremadamente laxa, y también la falta de coherencia entre los progenitores a la hora de aplicar pautas y normas disciplinarias, convierte a los menores en víctimas de fallas graves educativas. La consistencia y la persistencia en la aplicación de las normas son necesarias para que el menor aprenda a comportarse de forma conveniente. Las situaciones y los métodos de control y de aplicación de pautas educativas, deben de ocurrir con regularidad suficiente para que el menor sea capaz de distinguir entre el comportamiento adecuado y el inadecuado.

Las investigaciones demuestran que el comportamiento violento o agresivo a menudo se aprende temprano en la vida. Sin embargo, los padres, familiares o cuidadores pueden enseñar a los niños/as a lidiar con las emociones sin usar la violencia e ir adquiriendo autocontrol e inteligencia emocional. Al igual que la mala práxis educativa de los progenitores puede provocar en los hijos/as comportamientos delictivos a temprana edad, también tienen el poder de jugar un papel principal en la reducción de la violencia y comisión de infracciones, adoptando un modelo educativo coherente y basado en valores para la convivencia.

Orientaciones para padres.

A continuación expondré algunas sugerencias para padres o cuidadores que funcionan como factores protectores en la prevención del comportamiento violento y delictivo.

  • Aporta a tus hijos amor y atención constantes.

Cada niño/a necesita establecer una fuerte relación con un padre, madre u otro adulto para sentirse seguro y desarrollar un sentido de confianza. Los problemas de conducta y delincuencia se desarrollan con menos frecuencia en los menores cuyos padres participan de forma activa y consciente en sus vidas, especialmente a una edad temprana.

  • Proporciona a tus hijos/as control y supervisión.

Los niños/as dependen de sus padres y miembros de la familia para su desarrollo, protección y apoyo, a medida que aprenden a pensar por sí mismos y se van haciendo autónomos. Sin supervisión adecuada, no reciben la orientación y la guía que necesitan. Los estudios indican que sin un control adecuado a menudo tienen problemas de comportamiento que pueden derivar posteriormente en delincuencia.

  • Sé constante con las normas y la disciplina.

Los niños/as necesitan una estructura, en la que cuenten con  expectativas claras acerca de las consecuencias de su comportamiento. Es conveniente establecer normas y hacer que se cumplan de manera constante y firme. Establecer reglas y luego no hacerlas cumplir es confuso y configura en  los niños la imagen de que finalmente pueden salirse con la suya. Una buena idea es involucrar a los niños en el establecimiento de normas siempre que sea posible. Explique a sus hijos/as lo que usted espera, y cuales son  las consecuencias de no seguir las reglas. Esto les ayudará a aprender a comportarse de manera correcta y a ir adquiriendo control sobre su conducta.

  • Incentiva la realización de actividades saludables.

Anime a sus hijos en edad escolar o mayores a participar en actividades monitorizadas después de la escuela, tales como pertenecer a equipos deportivos u otras actividades de ocio que les gusten y les motiven. Es importante que acompañe a sus hijos/as en estas actividades de juego y ver cómo se comportan con su grupo de iguales. Enséñelos a responder adecuadamente cuando otros utilizan insultos, amenazas o agresiones físicas. Explique a sus hijos que no se trata de conductas apropiadas y como resolver esas situaciones de forma adecuada, utilizando otro tipo de comportamientos como el diálogo.

  • No incite a su hijo a tener comportamientos violentos.

En ocasiones algunos padres alientan la conducta agresiva sin saberlo. Por ejemplo, algunos padres piensan que es bueno para un niño/a que aprenda a defenderse empleando la fuerza física. Enseñe a sus hijos que es mejor resolver los problemas utilizando el diálogo y no con puñetazos, amenazas o armas.

  • Mantenga la violencia fuera de su hogar

La violencia en el hogar puede ser muy  perjudicial para los niños. Estos necesitan un hogar seguro y afectuoso. Un niño que ha visto la violencia en su casa no siempre se convierte en violento, pero tiene más probabilidades de tratar de resolver los conflictos con violencia. Tenga en cuenta también que las discusiones hostiles y agresivas entre los padres son mal ejemplo para ellos.

  • Enseña a tu hijo/a a respetar y a ser honesto.

A menudo los niños aprenden con el ejemplo. Los comportamientos, valores y actitudes de los padres y hermanos tienen una fuerte influencia en ellos. Los valores del respeto, la honestidad, la tolerancia y la solidaridad, pueden ser fuentes importantes de ejemplo para ellos, especialmente si se enfrentan a la presión negativa de los compañeros en el colegio o en el vecindario. Ayude a sus hijos a aceptar y llevarse bien con las personas de diversos orígenes raciales y étnicos. Enséñeles que criticar a la gente porque son diferentes puede hacer daño, y que los insultos son inaceptables. Asegúrate que entiendan que el uso de las palabras para incitar a la violencia – o aceptar en silencio el comportamiento violento – es perjudicial. Advierta a su hijo que el acoso y las amenazas hacia otros puede tener consecuencias muy graves. La mayoría de los niños a veces actúan de forma agresiva y pueden golpear a otra persona. Sea firme con sus hijos/as sobre los posibles peligros de un comportamiento violento. Recuerde también elogiarlos cuando resuelvan los  problemas de forma constructiva y sin agresividad. Son más propensos a repetir las buenas conductas cuando son recompensados con atención y elogios.

  “La educación es la vacuna contra la violencia” Olmos, Edward James

Francisco Góngora.

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