Psicología del divorcio para mediadores.

Psicología del divorcio para mediadores.

Para poder ayudar a las parejas a negociar de forma eficaz la ruptura de su relación, resulta esencial que el profesional encargado de ello, conozca la dinámica que subyace a la familia y cómo la crisis provocada por el proceso de separación y divorcio, repercute en las emociones de las personas involucradas. Es importante indicar que después del divorcio una familia no deja de existir, ya que aunque la relación conyugal haya terminado, las relaciones familiares continúan, sobre todo cuando hay niños/as involucrados.

El divorcio legal es un evento que ocurre cuando el juez emite la sentencia de disolución del matrimonio, sin embargo en la esfera emocional se trata de un proceso que ocurre a lo largo de varios años. Según la literatura sobre divorcio, en  un gran porcentaje de matrimonios que se separan, uno quiere la separación y el otro no, teniendo ésto importantes implicaciones en el proceso. El cónyuge que ha tomado la decisión comienza el proceso emocional mucho antes que el otro, lo que conlleva una discrepancia en los estados emocionales de ambos que va a tener una gran repercusión tanto en la duración del transcurso de la separación, como en el nivel de conflictividad que se produce y en las diferentes tácticas y estrategias que cada uno va a utilizar en las negociaciones para llegar a acuerdos fundamentales sobre la reestructuración de la nueva vida familiar.

Los investigadores en temas de divorcio, lo definen como un proceso que discurre por una serie de etapas que las familias van superando conforme se van adaptando a las nuevas situaciones que se van generando en sus vidas, y la mayoría de las personas en una situación similar pasan por este periodo de transición emocional.

Cómo profesionales dedicados a la mediación familiar, es realmente importante que pongamos un contexto a la naturaleza de la crisis y los conflictos que traen las partes a mediación, y para ello es necesario tener una visión sobre las etapas y las emociones que manifiestan las personas durante el desarrollo del divorcio. Antes de proceder a enumerar las fases características que experimentan las personas durante el divorcio, es importante señalar que se trata de una clasificación general, no lineal y que puede variar en función de muchos factores. Por ejemplo, mientras una pareja puede no pasar por alguna de las etapas o pasar por ella en un momento posterior, otras pueden tener sentimientos y comportamientos  característicos de dos etapas al mismo tiempo.

Etapas del proceso de divorcio.

1. Predivorcio o etapa de deliberación.

Esta etapa tiene lugar antes de la separación y se caracteriza porque uno de los cónyuges comienza a experimentar sentimientos de insatisfacción, de soledad y de desesperación. Esta fase puede durar un largo periodo, incluso años, en los que la persona delibera sobre cómo resolver sus sentimientos negativos acerca de su relación matrimonial. Antes de tomar la decisión de separarse, tratará de lidiar con estos sentimientos y estos intentos de afrontamiento pueden incluir confrontaciones, peleas con la pareja con la esperanza de hacerle cambiar, mal humor, incomunicación e intentos de evitar estar cerca de la pareja evadiéndose en el trabajo o con los amigos/as o manteniendo relaciones extramaritales. Como ninguna de estas tácticas funciona y los sentimientos negativos son cada vez más fuertes, finalmente termina tomando la decisión de separarse y se la comunica a su pareja. Esta declaración desencadena la primera reacción emocional  de la otra parte, que inicialmente puede responder con la negación, pero también puede retirarse emocionalmente para autoprotegerse. En esta etapa se produce un desfase entre el cónyuge que ha tomado la decisión y que ha avanzado emocionalmente en la transición que supone el proceso de divorcio, y el cónyuge que acaba de iniciar el recorrido. Esto va a tener importantes implicaciones en la manera que tienen ambos de afrontar la nueva situación y cómo se van a enfrentar a la negociación sobre la reestructuración familiar que implica la separación.

2. Negación.

Los sentimientos y comportamientos en esta etapa varían en función de si la persona ha iniciado el divorcio o no. El que toma la decisión de divorciarse, en esta etapa lo que busca es alivio tras una situación estresante y también experimenta sentimientos de culpa por haber tomado la determinación. El no iniciador sigue negando que la relación haya terminado y que sea algo definitivo. Pasa por un periodo de incredulidad al que le sigue una negación de la realidad de la separación. Suele experimentar impotencia y falta de control al sentir que él/ella no ha participado en la decisión de romper el matrimonio.

Esta etapa es la más complicada debido a los profundos cambios que aparecen en la vida de las personas y suelen manifestarse sentimientos de perdida y de miedo a lo desconocido. La crianza de los hijos/as se suele ver perjudicada ya que los cónyuges están inmersos en sus propios sentimientos y no están en condiciones de atender bien sus necesidades. En esta etapa no es aconsejable acudir a mediación , ya que el cónyuge que no ha tomado la decisión puede utilizar el proceso para recuperar al cónyuge perdido y negarse a colaborar en el desarrollo de las negociaciones, ya que aún no ha asumido la separación.

3. Duelo por la pérdida.

El objetivo de esta etapa es reconocer y asimilar que la relación ha finalizado. En esta fase las personas experimentan una intensa sensación de pena y pasan por un profundo duelo. El futuro se ve sin esperanza y sin sentido. La identidad de la persona puede quedar afectada , al verse dañado el rol que ejercía dentro de la relación, ya que cada uno de nosotros construimos nuestra identidad a través de los roles que desempeñamos en nuestra vida.

Durante esta etapa se suele necesitar apoyo emocional. Los individuos con frecuencia tienen dificultades para concentrarse en las tareas, ya que están inmersos en un mundo de sensaciones. La parentalidad aún se ve afectada, ya que los progenitores están más preocupados por sus propios sentimientos. En esta etapa la participación en mediación es más aconsejable que en la anterior ya que las partes han asimilado la ruptura y la ven como algo definitivo.

4. Ira.

La ira o el enfado en una emoción secundaria que aparece asociada a otros sentimientos más primarios como el dolor, el miedo, la humillación, la pérdida o el desamparo. El cónyuge rechazado suele experimentar ira y enfado asociados a sus sentimientos de abandono, que manifiesta en ocasiones a través de amenazas. Teniendo en cuenta que el divorcio es uno de los eventos más estresantes en la vida de una persona, es importante que los profesionales que intervienen en los procesos de separación sepan analizar los comportamientos de ira como reacciones comprensibles a la multitud de sentimientos primarios que puede estar experimentando la persona. Aunque la ira aparece en casi todas las etapas del proceso , en esta etapa es la emoción protagonista. La ira normalmente es dirigida hacia el otro cónyuge, al que culpa de todos sus males. Los mediadores tienen que estar preparados para tratar con las manifestaciones de ira de los protagonistas, utilizando estrategias para canalizar las emociones negativas y redireccionar esa energía en los aspectos concretos y específicos de los acuerdos.

En esta etapa las habilidades de crianza han mejorado y los padres son más capaces de atender las necesidades de los hijos/as. El nivel de energía del individuo es más alto y ha mejorado también la autoestima. Este es un buen momento para asistir a mediación ya que las partes tienen la fuerza suficiente para participar activamente.

5. Construyendo una nueva identidad.

Uno de los cambios más significativos que se experimentan en esta etapa es la sensación de ser una persona completa e independiente que no necesita al cónyuge para hacer su vida. Las personas comienzan a confiar en si mismas, a tomar sus propias decisiones y su autoestima y control emocional ha mejorado mucho. La parentalidad durante esta fase ha quedado reestablecida. Las personas son capaces de tomar decisiones con mayor facilidad y el nivel de energía es alto en comparación con las etapas anteriores. Este es el momento ideal para acudir a mediación, ya que las partes están en una buena situación para tomar parte activa en las negociaciones, principalmente debido a la actitud positiva que tienen hacia el cambio y hacia sí mismos. Puesto que el individuo se encuentra en una fase relativamente buena emocionalmente, la mediación es más eficiente y menos dolorosa.

6. Etapa final de reestructuración.

La emoción predominante en esta etapa es la sensación de tener de nuevo el control sobre sus vidas. Son capaces de hacer planes y adoptar compromisos a largo plazo. Si ambas partes se encuentran en esta etapa, es difícil que tomen la decisión de acudir a un proceso contencioso ya que normalmente han llegado a acuerdos satisfactorios para ambos. La mediación será relativamente suave en este punto, ya que el individuo está involucrado en una nueva vida y siente deseos de finalizar con el proceso de separación. Si uno de los cónyuges aún sienta fuertes sentimientos hacia el otro y estas sensaciones le estén afectando, el proceso de mediación le puede ayudar en este punto a aceptar el fin del matrimonio y seguir adelante con su nueva vida..

Para finalizar, decir que  las partes pueden acudir a mediación en cualquier momento durante el proceso de separación, por ello, es conveniente que el mediador entienda en que fase se encuentran cada uno de ellos y cuales son los sentimientos y comportamientos típicos durante estas etapas. El mediador utilizará las herramientas y habilidades adecuadas para facilitar la expresión de las emociones de forma constructiva y crear un marco para el debate que posibilite el logro de acuerdos beneficiosos para ambos.

Francisco Góngora.

 

 

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2 thoughts on “Psicología del divorcio para mediadores.

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