Coaching Familiar

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La convivencia familiar a veces no es fácil, y surgen problemas que hay que resolver. Gestionar una buena dinámica familiar requiere tiempo, paciencia y a veces ayuda profesional.

Las sesiones de coaching familiar están diseñadas para facilitar a las familias las herramientas y técnicas necesarias para resolver conflictos, llegar a compromisos y aprender a transformar las etapas del ciclo vital con más dificultades, en situaciones más cómodas y llevaderas.

¿Qué es el coaching familiar?

El Coaching es un método de entrenamiento a través un gran conjunto de herramientas para guiar a las persona desde dónde están ahora, a dónde quieren estar. Durante un proceso de coaching familiar, el entrenador o coach entrará  en el hogar para trabajar con todos los miembros de la familia, localizar el foco de los problemas y acompañarlos en los cambios que les posibilitarán alcanzar una convivencia funcional y armónica.

Las sesiones de coaching están planificadas para poner las situaciones problemáticas en perspectiva,  y que todos puedan ver la situación como un todo y aprender a aceptar y asumir la parte que juegan. Una vez que cada miembro de la familia acepta que las cosas necesitan cambiar, todos comenzarán a explorar nuevas formas de relacionarse más positivas que propiciarán una convivencia mucho más feliz.

A diferencia de la psicoterapia, el coaching familiar no trata de llegar a la raíz de los problemas. La idea es que el entrenamiento sirva para no culparse unos a los otros por lo ocurrido, ni entrar en discusiones eternas sin salida, sino avanzar configurando una nueva dinámica familiar, desarrollando nuevos patrones de interacción entre sus miembros y nuevos hábitos de conducta y vínculos compartidos.

A través del coaching se entrenan también las emociones, ayudando a las personas a entender sus emociones y aprender cómo estas podrían estar afectando a todos los demás. Todo ello procura una mejora de la comunicación, que permite aclarar malentendidos y comportarse de forma más justa los unos con los otros. Durante las sesiones de coaching todos tendrán la oportunidad de dar su opinión, de ser escuchados y tenidos en cuenta, propiciando el caldo de cultivo para la adopción y mantenimiento  de un compromiso duradero.

Recuerda: La vida familiar feliz y pacífica sólo puede lograrse realmente con la combinación perfecta de compromiso, orden, respeto mutuo y comprensión.

Francisco Góngora.

El interés superior del menor en mediación familiar.

El interés superior del menor tras la separación. 

Los progenitores son esenciales para el desarrollo de los niños. Les proporcionan cariño, apoyo emocional, toman decisiones importantes para su educación y cubren todas sus necesidades básicas. En las familias “intactas”, son ambos progenitores de forma conjunta, los que toman las decisiones que repercuten en la vida de sus hijos. Normalmente no suele haber problema a la hora de decidir asuntos relacionados con las pautas educativas y de crianza que van a implantar, ya que conviven juntos y fácilmente pueden establecer las directrices que van a seguir en el cuidado de los hijos.

Sin embargo, esto no ocurre con muchas familias, cuyos padres se han separado y viven en domicilios diferentes. Aunque el hecho de no compartir vivienda no imposibilita la toma de decisiones sobre los asuntos relacionados con la crianza de los hijos, en muchas ocasiones las relaciones entre los progenitores quedan muy deterioradas tras el divorcio y son incapaces de ponerse de acuerdo para crear un  plan de crianza que  refleje los intereses y las necesidades de los menores.

El método tradicional para resolver los conflictos de los padres tras la separación, es el proceso judicial. Los progenitores contendientes ponen en manos de un juez la toma de decisiones acerca de los arreglos de custodia y educación de sus hijos, posteriores a la separación o el divorcio. En este contexto, el principio general que suele emplear el juez para resolver y  determinar el convenio regulador de las relaciones paternas filiales, es el interés superior del menor.

¿Qué significa el “interés superior del niño”?

Podemos determinar que “el interés superior del menor”, es la guía que se debe de tener en cuenta para disponer los arreglos de crianza después de la separación. Los elementos que se van a tomar en consideración para delimitar  el interés superior del menor a la hora de tomar decisiones sobre custodia y visitas, se basan en aspectos relacionados con el vínculo existente entre cada padre y su hijo, fruto de la participación positiva de ambos en la vida del niño y de la capacidad de satisfacer sus necesidades biológicas, psicológicas y sociales.

Aunque los factores en los que se basan los jueces para determinar el interés superior del menor son razonables, se trata de aspectos generales que en muchas ocasiones son difíciles de predecir a la hora de ser aplicados a una familia en particular. En relación a las pruebas que aportan las partes , en la mayoría de los casos fundamentadas en eventos pasados, el tribunal tiene que realizar una predicción sobre qué aspectos van a ser más beneficiosos para el futuro del menor. Aunque la Psicología  proporciona un marco general sobre las pautas de crianza que son más positivas para los niños después del divorcio, el pronostico sobre cómo va a evolucionar la vida de la  familia tras la separación es difícil de precisar. Estando de acuerdo en el principio general de que el interés superior del menor debe de ser determinante a la hora de tomar decisiones, los jueces no siempre podrán establecer una predicción precisa para cada situación concreta. A consecuencia de ello, en muchas ocasiones, las medidas adoptadas por los tribunales no responden de forma adecuada a la satisfacción de las necesidades de los menores, en el cumplimiento de sus derechos.  

A pesar de no poder determinar con exactitud qué arreglos de crianza son los más convenientes para cada situación particular, conocemos que determinados  aspectos, cómo son el hecho de que los menores no formen parte del conflicto de los progenitores, que les proporcionen una estabilidad emocional y una crianza adecuada, que el menor tenga una relación significativa con ambos padres y que reciba apoyo económico, van a resultar beneficiosos para los niños.

En la actualidad, sabemos que son los padres las personas más idóneas para determinar por si mismos qué arreglos de crianza van a ser más favorables para sus hijos, en lugar de depender de un juez, ajeno totalmente al sistema familiar, para que tome estas decisiones. Aún queda mucho por avanzar en este sentido, y es necesario que se produzca un cambio hacia una sociedad en la que los asuntos de índole familiar relacionados con la toma de decisiones relativas a los planes de crianza tras la separación o divorcio,  no tengan que ser dirimidos en los tribunales, quedando estos reservados para los casos en los que la seguridad y protección del menor se ven comprometidas.

 La disciplina que aboga por este cambio y que introduce el principio de la conciliación en la resolución de conflictos  derivados de la separación o divorcio, es la mediación familiar, que proporciona el espacio idóneo para que sean los padres los que de forma conjunta elaboren un plan de educación para sus hijos, en el que quede totalmente garantizado el interés superior de los mismos. Se ha demostrado que los padres son mucho más propensos a adherirse a los acuerdos de crianza cuando éstos han sido decididos por ellos mismos, ya que en definitiva reflejan las necesidades reales de la familia.

Las decisiones que incumben a la organización familiar tras la ruptura, suponen una gran complejidad, y lograr la mayor eficacia posible es vital para garantizar el interés superior de los menores. En este sentido, la mediación ha demostrado ser el instrumento idóneo para crear el espacio de diálogo necesario en el que los progenitores puedan solucionar sus controversias, salvaguardando en todo momento el bienestar de sus hijos. Es fundamental que los niños que pasan por esta situación sigan recibiendo el cariño y la seguridad que necesitan para que su desarrollo no se vea afectado negativamente.

La mediación, supone también una herramienta que permite a los menores ejercer su derecho a expresar sus opiniones libremente y conforme a sus capacidades, en los asuntos que les conciernen, sin verse afectados por los riesgos derivados de encontrarse sometidos a participar en un proceso judicial, que puede incrementar las situación estresante por la que están pasando.

El objetivo último es lograr que los  padres tomen conciencia sobre la necesidad de continuar ejerciendo la coparentalidad a pesar de la ruptura y provocar un cambio en sus actitudes y comportamientos, que los ayuden a enfrentar su situación, sin perder de vista el bienestar de sus hijos.

Francisco Góngora.

 

 

 

 

 

 

 

Cómo educar la inteligencia emocional.

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La inteligencia emocional es una cuestión esencial en el desarrollo de una persona, y muy especialmente de un niño/a. Los niños/as con capacidades emocionales adecuadas serán más competentes para manejar el estrés y podrán desenvolverse mejor en la vida y ser más felices. Si una vida agitada y apresurada ha vuelto a su hijo/a propenso a la irritabilidad y a la ira, podrás enseñarle a reconocer y controlar estos sentimientos, así como a enfrentarse y superar las nuevas situaciones que se va a encontrar a lo largo de su crecimiento. Es tarea de los padres y madres constituirse como un modelo de madurez emocional para poder ayudar a sus hijos/as a reconocer y gestionar sus emociones de manera adecuada y así lograr un equilibrio personal y unas buenas relaciones con su entorno.  El conocimiento, comprensión y control de las emociones son básicos para que los niños/as se desenvuelvan de forma adecuada en la sociedad, de ahí la importancia de que desarrollen su inteligencia emocional.

¿Podemos entrenar a nuestros hijos/as para que tengan inteligencia emocional?

Totalmente. Algunos niños/as de forma instintiva son más capaces de manejar sus emociones y están preparados para hacer frente a situaciones nuevas y enfrentarse a nuevas personas con mayor facilidad. Otros/as desde el principio tienen más dificultades a la hora de reconocer y controlar sus emociones, y por tanto, les cuenta más adaptarse a situaciones nuevas, requiriendo más apoyo por parte de los adultos para regular su mundo emocional a medida que van creciendo.

El sistema educativo, desde siempre se ha centrado de forma prioritaria en el desarrollo de las capacidades intelectuales de los alumnos/as. No es hasta la aparición del concepto de inteligencia emocional difundido por Daniel Goleman en 1996, cuando se le empezó a dar la importancia que requiere esta faceta del desarrollo humano, y muchas escuelas comenzaron a establecer programas educativos para enseñar a los alumnos/as a identificar sus propias emociones y a percibir y tener en cuenta  las emociones de los demás. A pesar de ello, aún queda un largo camino por recorrer en el ámbito educativo y es tarea de los padres y madres, teniendo en cuenta el papel fundamental que desempeñan en la educación de sus hijos/as, fomentar su inteligencia emocional.

¿Cómo conseguir que nuestros hijos/as desarrollen su inteligencia emocional?.

   1. Enseñando a reconocer sus propias emociones.

El primer paso es ayudar a tus hijos/as a identificar y nombrar sus propias emociones, ya sean de ira, decepción, miedo o alegría, para que empiecen a ser conscientes de sus diferentes sensaciones y aprendan a reconocerlas. Aquí no solo les vas a explicar lo que están experimentando sino también cómo sus reacciones emocionales afectan a las personas que están alrededor. Cuándo estén molestos o desanimados, pedirles que expresen lo que están sintiendo, incluso que lo escriban o hagan un dibujo, es una buena idea para enseñarlos a examinar y aceptar sus emociones. Es importante no olvidar hacerlo también con las emociones positivas. Así, ayudas a tus hijos/as a reflexionar sobre su experiencia y lo que desencadena sus sentimientos. Para los más pequeños, el hecho de saber que hay una palabra para nombrar sus sentimientos es una buena herramienta para aprender a manejar las emociones que les inundan.

     2. Hablando de forma abierta sobre las emociones.

La mejor manera de fomentar la inteligencia emocional es mostrándola. Diles a menudo a tus hijos/as cómo te sientes y no solo cuando se trate de emociones intensas y difíciles de gestionar, como cuando estás decepcionado, triste o enfadado. Demostrar a tus hijos que haces frente a tus emociones y las resuelves de forma eficaz, siendo capaz de superar la ira o el enfado, es una de las formas más poderosas de enseñarles inteligencia emocional. Cuando te sientas feliz y estés alegre, házselo saber a tus hijos/as y háblales del porqué. Como padres, muchas de nuestras emociones son provocadas por algo que nuestro hijo/as han hecho, ya sea bueno o malo. Aquí es importante recordar que no debemos de culparlos de las emociones negativas que nos han provocado su comportamiento. Si algo tienen que corregir ,  es el comportamiento negativo, no la emoción que éste ha despertado en ti. No hay ninguna razón para la culpa o el castigo, sólo debes de poner un límite claro utilizando la empatía.

   3. Empatizando con tu hijo/a.

Cuando el malestar de tu hijo/a parece estar fuera de proporción con la situación, empatizar con él/ella le ayudará a calmarse y liberarse de sus emociones perturbadoras. Debes de recordar que todos/as alguna vez hemos acumulado emociones hasta darles rienda suelta una vez que nos encontramos en un refugio seguro. Ser empáticos con nuestro hijo/a en una situación así no significa que le estemos dando la razón ni que aprobemos su comportamiento, sino que le hacemos ver que entendemos cómo se está sintiendo en ese momento. Aunque tu hijo/a finalmente tenga que hacer lo que le dices, tiene derecho a tener su propia perspectiva, a que sea reconocida y a no sentirse frustrado. Si le envías a tu hijo/a mensajes como -“Sé que te gustaría seguir jugando más rato, pero ha llegado la hora de la cena y tienes que sentarte a la mesa”-, le estarás haciendo ver que entiendes su malestar. Sentirse comprendido desencadena sustancias bioquímicas que le ayudan a calmarse, y esta vía neurológica saldrá fortalecida cada vez que se sienta aliviado y utilizará la misma estrategia para calmarse a sí mismo/a a medida que va creciendo.

    4. Permitiendo la expresión de las emociones.

Si desaprobamos los sentimientos de miedo e ira que puedan experimentar nuestros hijos/as, estaremos impidiendo que los expresen y es posible que acaben por reprimirlos. Los sentimientos que son reprimidos y no se han gestionado de manera adecuada, no desaparecen como los que han sido expresados libremente, sino que quedan atrapados y buscan una salida. Debido a que este tipo de emociones no están bajo control consciente, podrán aparecer en forma de pesadillas, fobias o algún tic nervioso. Es fundamental explicarles que todas las emociones son legítimas y forman parte de nuestra naturaleza. Tenemos que enseñarles a controlarlas  y para ello debemos de ponerles límites a sus acciones. Aceptar las emociones de ira y miedo de tu hijo, le ayudará a su vez a aceptar el mismo sus propias emociones y por tanto a resolverlas y seguir adelante, haciéndolo cada vez más capaz de regular sus estados emocionales.Los niños/as necesitan expresar sus emociones sin ser censurados, pero también necesitan adquirir herramientas para solucionar los problemas, y para ello necesitan entrenamiento y un buen modelado por nuestra parte.

Para concluir, decir que la inteligencia emocional es una habilidad que su hijo/a va a ir desarrollando con el tiempo a través de su interacción con la familia y con el mundo. Como progenitores, tenemos el deber de educar a nuestros hijos/as para que desarrollen su inteligencia emocional y contribuir a formar personas más sociables, felices y responsables.

El medio mejor para hacer buenos a los niños/as es hacerlos felices.

Francisco Góngora.

Educar a los menores en el uso seguro de las TIC.

Seguridad Tic y menores de edad

En la actualidad nadie pone en duda las excelentes oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías para toda la sociedad, incluidos los niños y los jóvenes. Cada vez se desarrollan más experiencias e investigaciones que demuestran la utilidad de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como herramientas pedagógicas. Todas las escuelas cuentan con dispositivos con acceso a Internet, a través del cual el alumnado prepara sus asignaturas, hace trabajos de investigación, participa en cursos, comunidades y foros, como parte de su proceso de aprendizaje. Hoy, el uso de Internet y las nuevas tecnologías, se ha convertido en una de las más importantes habilidades que todos/as tenemos que dominar para ser miembros exitosos de la sociedad. Las herramientas tecnológicas son uno de los medios más importantes con los que contamos para ayudar a nuestros hijos/as a aprender las competencias que van a necesitar en el futuro para desenvolverse en el mercado laboral.

Aunque los beneficios educativos son muchos, no podemos perder de vista, los peligros a los que se pueden exponer los menores con el uso de las TIC, es por ello que al igual que educamos a nuestros hijos/as sobre cuestiones relacionadas con el comportamiento, los modales y la seguridad en el mundo real, debemos de hacer lo mismo con el uso de las tecnologías. Es cierto que en este aspecto, existe una brecha digital generacional, y muchos padres no se sienten capacitados para gestionar los riesgos a los que se exponen sus hijos/as en el mundo digital, de la misma manera que lo hacen en el mundo real. Muchas veces se muestran inseguros en el conocimiento y la experiencia sobre las potencialidades de la red, a la vez que sus hijos/as manifiestan cada vez más habilidades en el uso de Internet, a pesar de que pueden no tener la madurez suficiente para hacerlo de modo fiable.

Los menores se conectan tanto desde casa cómo en el centro educativo e incluso en cualquier lugar a través de los teléfonos móviles, y todo ello en muchas ocasiones sin la supervisión de un adulto. Con frecuencia los padres entregan a sus hijos/as teléfonos móviles por motivos que van desde “todos sus amigos tienen uno” hasta “para contactar con ellos cuando están fuera de casa”, y la mayoría de las veces no les dan ninguna orientación sobre cómo usarlos de manera segura y responsable.

Enseñarlos a pensar y analizar de forma crítica su comportamiento en las redes, lo que dicen, lo que hacen y lo que comparten, resuelta esencial en la realidad presente. Con el incremento de los riesgos que se pueden encontrar los menores online, como son el ciberbullying, el grooming, el sexting, la exposición a contenidos sexuales inapropiados o el acceso a comunidades virtuales que pueden promover comportamientos dañinos, las familias se tienen que enfrentar cada vez más al reto de educar a sus hijos/as para que se desenvuelvan de forma segura en el mundo digital. Tienen un papel clave que desempeñar en el aprendizaje de los menores de las habilidades necesarias para navegar de forma segura. Todos los progenitores deberán de preguntarse, ¿Qué estamos haciendo para preparar a nuestros hijos/as para la vida en la era 2.0?. Con la tecnología totalmente arraigada en nuestras vidas, no podemos permitirnos ignorar esto. Si algún padre piensa que no tiene que informarse e involucrarse en cómo sus hijos/as están utilizando la tecnología, tiene que saber que  los está dejando desprotegidos en una parcela que está totalmente integrada en su día a día.

Una mayor información y educación que proporcione a los padres las habilidades necesarias para medir y gestionar los peligros a los que se enfrentan sus hijos/as, es necesaria. El gobierno, las autoridades, las escuelas y los servicios de atención a las familias, juegan un papel clave en la promoción y fomento de proyectos  destinados a prevenir y solucionar esta problemática.

Un ejemplo de este tipo de recursos a los que puede acceder cualquier progenitor interesado en adquirir conocimientos en materia de Seguridad TIC es el curso online “Seguridad TIC y menores de edad para educadores”. Esta acción formativa está incluida dentro del programa de “Capacitación en materia de seguridad en el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información para padres, madres, tutores y educadores de menores de edad” puesto en marcha por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo a través de Red.es. Esta iniciativa tiene como objetivo dotar de destrezas a los progenitores y educadores, de modo que sean capaces de acompañar a los menores de edad en el uso de las TIC de una forma responsable. A través de diferentes plataformas en la red podemos encontrar abundante material y recursos relacionados con la prevención, control e intervención en cuestiones vinculadas con la seguridad en el uso de las TIC por parte de menores de edad. Os facilito el enlace de algunos de estos sitios web especializados:

  • Chaval.es– Portal web de referencia centrado en el buen uso de las TIC.
  • Pantallas amigas– Iniciativa cuya misión es la promoción del uso seguro y saludable de las TIC.
  • Ciberbullying.com– Portal web especializado en ciberacoso.

Las Tic por si solas no conducen a ningún riesgo, es el uso que hacemos de ellas lo que puede ocasionar los peligros. La mejor herramienta con la que contamos para garantizar un uso adecuado por parte de los menores es la educación. Educar es proteger.

Francisco Góngora.

Interacción familiar y generación de conflictos.

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En todas las familias es frecuente y normal atravesar dificultades y tener problemas, en algún momento de su desarrollo y evolución. Una situación de tensión en la familia mantenida en el tiempo requiere de ciertos cambios y ajustes que ayuden a encontrar ese equilibrio perdido, con lo que será necesario revisar el sistema de relaciones entre los miembros (probablemente habrá que redefinirlo), así como los valores, roles y los objetivos del sistema familiar. Una cosa es lo que los miembros de la familia perciben como problema, y la otra es el problema en sí, los obstáculos reales, pues los más importantes y decisorios por lo general permanecen ocultos, y es con la ayuda de un profesional que pueden salir a flote, pues él será el encargado de llegar hasta la raíz del conflicto.

Es bastante común sentirse perdido, incluso desorientado en estas situaciones, y fruto de esta confusión es más difícil ver las diferentes opciones que se presentan ante nosotros… pues siempre hay opciones. La cuestión está en verlas y en saber aprovecharlas.

La vida en familia es un medio educativo para todos sus miembros. Todos los cambios pueden permitir a la familia crecer y madurar en su conjunto, así como preparar a sus miembros para afrontar, tanto en grupo como individualmente, los conflictos que le depare esta maravillosa experiencia que es la vida.  Sigue leyendo “Interacción familiar y generación de conflictos.”

¿ Influyen las expectativas de los padres/madres en el desempeño escolar de los hijos/as?

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Si usted espera que su hijo/a triunfe en la escuela, sus posibilidades de éxito aumentarán considerablemente. Tenga bajas expectativas, y seguro que él fracasará.

Los niños/as por lo general son muy conscientes de cómo los perciben sus padres y es común que ellos ajusten sus acciones a esa percepción. Por ello es importante tener buenas expectativas hacia el logro de nuestros hijos/as y comunicárselas y también es importante que esas expectativas estén basadas en las aptitudes y capacidades de su hijo/a.

El efecto Pygmalion

En 1964, Roshental y Jacobson realizaron un experimento en una pequeña escuela Californiana, que produjo lo que ellos denominaron el “Efecto Pygmalión”.

Se platearon la siguiente cuestión. Las expectativas favorables del maestro ¿Inducen por si mismas, un aumento significativo en el rendimiento escolar de los alumnos? Para demostrar esta hipótesis, se realizó el siguiente experimento:

Se les hizo un test de inteligencia a todos los alumnos de la escuela. Se les dijo a los profesores que aquel test era capaz de identificar los alumnos que en los próximos meses destacarían claramente sobre el resto de la clase. Una vez realizado el test, se les dio a los profesores una lista con el nombre de los alumnos “especiales”, los que supuestamente gozaban de una capacidad extraordinaria para el aprendizaje y la creatividad. Lo que no se le comunico a los profesores, es que la lista se había hecho al azar, sin tener en cuenta las puntuaciones del test. Transcurridos 6 meses se les volvió a pasar a los alumnos el mismo test y los resultados demostraron que los alumnos especiales habían aumentado en sus puntuaciones. Este experimento nos viene a demostrar el poder que tienen las expectativas de los adultos significativos en el desempeño escolar de los niños/as.

A continuación relatamos una historia real que viene a constatar el enorme impacto que tienen las expectativas positivas y realistas sobre el comportamiento y en este caso, sobre el desempeño escolar.

Juan, un estudiante mediocre y vago de 4 de la Eso, fue sometido junto con sus compañeros a un test de inteligencia. Debido a un fallo en el ordenador que iba a procesar su test y que paso inadvertido, el coeficiente de Juan resulto imprevisiblemente alto. Al saberlo los profesores comenzaron a mirar a Juan con otros ojos y a tratarlo como un chico con altas posibilidades. En respuesta a esta nueva situación, Juan comenzó a creer en sí mismo, en su capacidad intelectual, descubrió recursos propios que ignoraba poseer, en definitiva, se afianzo su autoestima y concluyó brillantemente sus estudios.

Aunque mediante este experimento se vino a demostrar el poder que tienen los maestros en el aula para motivar y potenciar las capacidades de sus alumnos, igualmente los padres y madres en el entorno familiar, tienen una poderosa influencia sobre sus hijos/as .Como hemos expuesto anteriormente, cuanto más positivas sean nuestras expectativas sobre su capacidad para aprender y mejorar día a día, más motivados y mejor autoestima van a tener ellos.