Cómo educar la inteligencia emocional.

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La inteligencia emocional es una cuestión esencial en el desarrollo de una persona, y muy especialmente de un niño/a. Los niños/as con capacidades emocionales adecuadas serán más competentes para manejar el estrés y podrán desenvolverse mejor en la vida y ser más felices. Si una vida agitada y apresurada ha vuelto a su hijo/a propenso a la irritabilidad y a la ira, podrás enseñarle a reconocer y controlar estos sentimientos, así como a enfrentarse y superar las nuevas situaciones que se va a encontrar a lo largo de su crecimiento. Es tarea de los padres y madres constituirse como un modelo de madurez emocional para poder ayudar a sus hijos/as a reconocer y gestionar sus emociones de manera adecuada y así lograr un equilibrio personal y unas buenas relaciones con su entorno.  El conocimiento, comprensión y control de las emociones son básicos para que los niños/as se desenvuelvan de forma adecuada en la sociedad, de ahí la importancia de que desarrollen su inteligencia emocional.

¿Podemos entrenar a nuestros hijos/as para que tengan inteligencia emocional?

Totalmente. Algunos niños/as de forma instintiva son más capaces de manejar sus emociones y están preparados para hacer frente a situaciones nuevas y enfrentarse a nuevas personas con mayor facilidad. Otros/as desde el principio tienen más dificultades a la hora de reconocer y controlar sus emociones, y por tanto, les cuenta más adaptarse a situaciones nuevas, requiriendo más apoyo por parte de los adultos para regular su mundo emocional a medida que van creciendo.

El sistema educativo, desde siempre se ha centrado de forma prioritaria en el desarrollo de las capacidades intelectuales de los alumnos/as. No es hasta la aparición del concepto de inteligencia emocional difundido por Daniel Goleman en 1996, cuando se le empezó a dar la importancia que requiere esta faceta del desarrollo humano, y muchas escuelas comenzaron a establecer programas educativos para enseñar a los alumnos/as a identificar sus propias emociones y a percibir y tener en cuenta  las emociones de los demás. A pesar de ello, aún queda un largo camino por recorrer en el ámbito educativo y es tarea de los padres y madres, teniendo en cuenta el papel fundamental que desempeñan en la educación de sus hijos/as, fomentar su inteligencia emocional.

¿Cómo conseguir que nuestros hijos/as desarrollen su inteligencia emocional?.

   1. Enseñando a reconocer sus propias emociones.

El primer paso es ayudar a tus hijos/as a identificar y nombrar sus propias emociones, ya sean de ira, decepción, miedo o alegría, para que empiecen a ser conscientes de sus diferentes sensaciones y aprendan a reconocerlas. Aquí no solo les vas a explicar lo que están experimentando sino también cómo sus reacciones emocionales afectan a las personas que están alrededor. Cuándo estén molestos o desanimados, pedirles que expresen lo que están sintiendo, incluso que lo escriban o hagan un dibujo, es una buena idea para enseñarlos a examinar y aceptar sus emociones. Es importante no olvidar hacerlo también con las emociones positivas. Así, ayudas a tus hijos/as a reflexionar sobre su experiencia y lo que desencadena sus sentimientos. Para los más pequeños, el hecho de saber que hay una palabra para nombrar sus sentimientos es una buena herramienta para aprender a manejar las emociones que les inundan.

     2. Hablando de forma abierta sobre las emociones.

La mejor manera de fomentar la inteligencia emocional es mostrándola. Diles a menudo a tus hijos/as cómo te sientes y no solo cuando se trate de emociones intensas y difíciles de gestionar, como cuando estás decepcionado, triste o enfadado. Demostrar a tus hijos que haces frente a tus emociones y las resuelves de forma eficaz, siendo capaz de superar la ira o el enfado, es una de las formas más poderosas de enseñarles inteligencia emocional. Cuando te sientas feliz y estés alegre, házselo saber a tus hijos/as y háblales del porqué. Como padres, muchas de nuestras emociones son provocadas por algo que nuestro hijo/as han hecho, ya sea bueno o malo. Aquí es importante recordar que no debemos de culparlos de las emociones negativas que nos han provocado su comportamiento. Si algo tienen que corregir ,  es el comportamiento negativo, no la emoción que éste ha despertado en ti. No hay ninguna razón para la culpa o el castigo, sólo debes de poner un límite claro utilizando la empatía.

   3. Empatizando con tu hijo/a.

Cuando el malestar de tu hijo/a parece estar fuera de proporción con la situación, empatizar con él/ella le ayudará a calmarse y liberarse de sus emociones perturbadoras. Debes de recordar que todos/as alguna vez hemos acumulado emociones hasta darles rienda suelta una vez que nos encontramos en un refugio seguro. Ser empáticos con nuestro hijo/a en una situación así no significa que le estemos dando la razón ni que aprobemos su comportamiento, sino que le hacemos ver que entendemos cómo se está sintiendo en ese momento. Aunque tu hijo/a finalmente tenga que hacer lo que le dices, tiene derecho a tener su propia perspectiva, a que sea reconocida y a no sentirse frustrado. Si le envías a tu hijo/a mensajes como -“Sé que te gustaría seguir jugando más rato, pero ha llegado la hora de la cena y tienes que sentarte a la mesa”-, le estarás haciendo ver que entiendes su malestar. Sentirse comprendido desencadena sustancias bioquímicas que le ayudan a calmarse, y esta vía neurológica saldrá fortalecida cada vez que se sienta aliviado y utilizará la misma estrategia para calmarse a sí mismo/a a medida que va creciendo.

    4. Permitiendo la expresión de las emociones.

Si desaprobamos los sentimientos de miedo e ira que puedan experimentar nuestros hijos/as, estaremos impidiendo que los expresen y es posible que acaben por reprimirlos. Los sentimientos que son reprimidos y no se han gestionado de manera adecuada, no desaparecen como los que han sido expresados libremente, sino que quedan atrapados y buscan una salida. Debido a que este tipo de emociones no están bajo control consciente, podrán aparecer en forma de pesadillas, fobias o algún tic nervioso. Es fundamental explicarles que todas las emociones son legítimas y forman parte de nuestra naturaleza. Tenemos que enseñarles a controlarlas  y para ello debemos de ponerles límites a sus acciones. Aceptar las emociones de ira y miedo de tu hijo, le ayudará a su vez a aceptar el mismo sus propias emociones y por tanto a resolverlas y seguir adelante, haciéndolo cada vez más capaz de regular sus estados emocionales.Los niños/as necesitan expresar sus emociones sin ser censurados, pero también necesitan adquirir herramientas para solucionar los problemas, y para ello necesitan entrenamiento y un buen modelado por nuestra parte.

Para concluir, decir que la inteligencia emocional es una habilidad que su hijo/a va a ir desarrollando con el tiempo a través de su interacción con la familia y con el mundo. Como progenitores, tenemos el deber de educar a nuestros hijos/as para que desarrollen su inteligencia emocional y contribuir a formar personas más sociables, felices y responsables.

El medio mejor para hacer buenos a los niños/as es hacerlos felices.

Francisco Góngora.

Educar a los menores en el uso seguro de las TIC.

Seguridad Tic y menores de edad

En la actualidad nadie pone en duda las excelentes oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías para toda la sociedad, incluidos los niños y los jóvenes. Cada vez se desarrollan más experiencias e investigaciones que demuestran la utilidad de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como herramientas pedagógicas. Todas las escuelas cuentan con dispositivos con acceso a Internet, a través del cual el alumnado prepara sus asignaturas, hace trabajos de investigación, participa en cursos, comunidades y foros, como parte de su proceso de aprendizaje. Hoy, el uso de Internet y las nuevas tecnologías, se ha convertido en una de las más importantes habilidades que todos/as tenemos que dominar para ser miembros exitosos de la sociedad. Las herramientas tecnológicas son uno de los medios más importantes con los que contamos para ayudar a nuestros hijos/as a aprender las competencias que van a necesitar en el futuro para desenvolverse en el mercado laboral.

Aunque los beneficios educativos son muchos, no podemos perder de vista, los peligros a los que se pueden exponer los menores con el uso de las TIC, es por ello que al igual que educamos a nuestros hijos/as sobre cuestiones relacionadas con el comportamiento, los modales y la seguridad en el mundo real, debemos de hacer lo mismo con el uso de las tecnologías. Es cierto que en este aspecto, existe una brecha digital generacional, y muchos padres no se sienten capacitados para gestionar los riesgos a los que se exponen sus hijos/as en el mundo digital, de la misma manera que lo hacen en el mundo real. Muchas veces se muestran inseguros en el conocimiento y la experiencia sobre las potencialidades de la red, a la vez que sus hijos/as manifiestan cada vez más habilidades en el uso de Internet, a pesar de que pueden no tener la madurez suficiente para hacerlo de modo fiable.

Los menores se conectan tanto desde casa cómo en el centro educativo e incluso en cualquier lugar a través de los teléfonos móviles, y todo ello en muchas ocasiones sin la supervisión de un adulto. Con frecuencia los padres entregan a sus hijos/as teléfonos móviles por motivos que van desde “todos sus amigos tienen uno” hasta “para contactar con ellos cuando están fuera de casa”, y la mayoría de las veces no les dan ninguna orientación sobre cómo usarlos de manera segura y responsable.

Enseñarlos a pensar y analizar de forma crítica su comportamiento en las redes, lo que dicen, lo que hacen y lo que comparten, resuelta esencial en la realidad presente. Con el incremento de los riesgos que se pueden encontrar los menores online, como son el ciberbullying, el grooming, el sexting, la exposición a contenidos sexuales inapropiados o el acceso a comunidades virtuales que pueden promover comportamientos dañinos, las familias se tienen que enfrentar cada vez más al reto de educar a sus hijos/as para que se desenvuelvan de forma segura en el mundo digital. Tienen un papel clave que desempeñar en el aprendizaje de los menores de las habilidades necesarias para navegar de forma segura. Todos los progenitores deberán de preguntarse, ¿Qué estamos haciendo para preparar a nuestros hijos/as para la vida en la era 2.0?. Con la tecnología totalmente arraigada en nuestras vidas, no podemos permitirnos ignorar esto. Si algún padre piensa que no tiene que informarse e involucrarse en cómo sus hijos/as están utilizando la tecnología, tiene que saber que  los está dejando desprotegidos en una parcela que está totalmente integrada en su día a día.

Una mayor información y educación que proporcione a los padres las habilidades necesarias para medir y gestionar los peligros a los que se enfrentan sus hijos/as, es necesaria. El gobierno, las autoridades, las escuelas y los servicios de atención a las familias, juegan un papel clave en la promoción y fomento de proyectos  destinados a prevenir y solucionar esta problemática.

Un ejemplo de este tipo de recursos a los que puede acceder cualquier progenitor interesado en adquirir conocimientos en materia de Seguridad TIC es el curso online “Seguridad TIC y menores de edad para educadores”. Esta acción formativa está incluida dentro del programa de “Capacitación en materia de seguridad en el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información para padres, madres, tutores y educadores de menores de edad” puesto en marcha por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo a través de Red.es. Esta iniciativa tiene como objetivo dotar de destrezas a los progenitores y educadores, de modo que sean capaces de acompañar a los menores de edad en el uso de las TIC de una forma responsable. A través de diferentes plataformas en la red podemos encontrar abundante material y recursos relacionados con la prevención, control e intervención en cuestiones vinculadas con la seguridad en el uso de las TIC por parte de menores de edad. Os facilito el enlace de algunos de estos sitios web especializados:

  • Chaval.es– Portal web de referencia centrado en el buen uso de las TIC.
  • Pantallas amigas– Iniciativa cuya misión es la promoción del uso seguro y saludable de las TIC.
  • Ciberbullying.com– Portal web especializado en ciberacoso.

Las Tic por si solas no conducen a ningún riesgo, es el uso que hacemos de ellas lo que puede ocasionar los peligros. La mejor herramienta con la que contamos para garantizar un uso adecuado por parte de los menores es la educación. Educar es proteger.

Francisco Góngora.

Cómo influyen los estilos educativos en el desarrollo social y psicológico de los hijos/as.

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1. Introducción.

 La familia cumple un papel muy importante en el desarrollo físico, social y psicológico de las personas. Es uno de los contextos más importantes, donde se realizan los aprendizajes básicos que serán necesarios para el desenvolvimiento autónomo dentro de la sociedad. Es en el contexto familiar donde se construye la identidad personal de los hijos/as y su carácter, donde se transmiten las normas y los valores y en definitiva donde se moldean las características psicológicas futuras del individuo. Posteriormente, conforme va creciendo el niño/a para llegar a adolescente, luego a joven y por último a adulto, se van ampliando los contextos de socialización externos al hogar familiar, cobrando estos una importancia creciente. Cómo se desenvuelva el adolescente, el joven y el adulto dentro del entramado social, va a depender de la base educativa que ha recibido en la familia. Por tanto esta en manos de los padres y madres ofrecer a sus hijos un entorno educativo lo más valioso posible, lleno de experiencias enriquecedoras que le ayuden a adquirir una buena competencia social.

2. ¿Qué es el estilo educativo?

– Es el conjunto de maneras de interactuar con los hijos/as.

– Las formas de transmitir las normas y los valores.

– Es la impronta que los padres/madres dejan en sus hijos/as.  Las intensas relaciones de intimidad, reciprocidad y dependencia que se establecen en el seno familiar dejan una huella.

La educación de los hijos/as se asienta sobre dos pilares básicos:

–         El apoyo incondicional que consiste en la aceptación, en la comunicación y el dialogo y en las muestras de amor y respeto.

–         Disciplina y control. Se refiere al grado de control que ejercemos sobre ellos, y al establecimiento de límites y normas.

Los estilos educativos se miden teniendo en cuenta estas dos dimensiones:

Por un lado el grado de control y exigencia de los padres hacia sus hijos/as y por otro  el afecto y la comunicación que les muestren. En función de esto podemos establecer cuatro estilos: El estilo autoritario, el permisivo, el negligente y el democrático.

Aunque seguramente ningún padre/madre encajará solo en uno de ellos, si es cierto que su actuación educativa predominante se corresponderá más con uno u otro de estos estilos. El objetivo de hacer esta clasificación es que resulte mas fácil de entender y podamos así extraer cuales son las consecuencias para nuestros hijos/as de mantener un estilo u otro. El uso de un patrón u otro en la educación puede tener un efecto importante, no solo en el comportamiento del niño/a, sino también en aspectos como la relación entre padres e hijos/as y en el rendimiento escolar.

ESTILO AUTORITARIO.

  • Grado de control y exigencia-

Los padres/madres ejercen un alto grado e control y exigencia sobre sus hijos/as. Dedican muchos esfuerzos en influir, controlar y evaluar el comportamiento y actitudes de sus hijos/as. Establecen normas que están basadas en la idea de que ellos saben lo que es mejor para sus hijos y no dan ninguna explicación. Ejercen un control del comportamiento en base a su autoridad como padres/madres. Exigen obediencia plena, poniendo el énfasis en el valor de la obediencia a su autoridad. Son partidarios del castigo y de medidas disciplinarias rígidas y enérgicas., con el fin de eliminar los comportamientos negativos de los hijos/as. Hacen un uso excesivo de órdenes, hay más castigos que premios. La conducta positiva no es reforzada ya que dan por hecho que portarse bien es lo adecuado. Son muy críticos, centrándose más en hacer críticas hacia la persona del hijo/a que hacia su mal comportamiento.

  • Grado de comunicación y afecto-

La comunicación suele ser muy escasa, tendiendo a interesarse poco por sus vidas, deseos e intereses. No utilizan la negociación para establecer los límites y las normas y no facilitan el dialogo.

Suelen expresar poco afecto hacia sus hijos/as. No hay muestras de cariño explicitas.

  • Ejemplos: “Muy mal. Eres un inútil”, “No me gusta tu nota, has sacado solo un 8 y tienes que sacar un 10”, “No haces nada bien, siempre me tienes que poner de los nervios”, “Esto se hace porque lo digo yo”, “Yo soy el/la que manda aquí”, “ Si no impongo normas severas harán lo que les da la gana”, “ Si no haces lo que te digo ya sabes donde está la puerta”.
  • Consecuencias en los hijos/as.

Los niños/as que reciben una educación autoritaria suelen tener una autoestima baja y dependen en gran medida del control de los padres, de forma que, cuando no están estos presentes, suelen tener mal comportamiento. No han aprendido a interiorizar las normas, sino tan solo a cumplirlas por miedo al castigo, dado que estos padres no explican a sus hijos/as por qué está bien o mal hacer algo. Se sienten culpables por no cumplir las expectativas de los padres/madres, sienten que sus esfuerzas no son recompensados y siempre les van a exigir más.

Pueden mostrarse agresivos, impulsivos y hostiles, sobre todo cuando están con sus grupo de iguales o introvertidos e inhibidos.

Suelen adoptar una actitud de huida o engaño hacia sus padres para evitar las críticas y los castigos. No confían en sus padres y no suelen acudir a ellos cuando tienen algún problema. Cuando llegan a la adolescencia se suelen rebelar contra la imposición de los padres/madres, sintiendo estos que están perdiendo el control que antes tenían sobre sus hijos/as, su estilo dictatorial ya no les funciona y se  generan  situaciones conflictivas y de lucha de poderes que pueden alterar gravemente la convivencia familiar.

ESTILO PERMISIVO.

  • Grado de control y exigencia-

Bajos niveles de exigencia y control. Tienen una actitud general positiva hacia el comportamiento de los hijos/as, aceptando sus conductas, sus deseos e impulsos.

Usan muy poco el castigo y cuando lo usan no llega a cumplirse por tanto no es efectivo y además les resta credibilidad. Son los padres de los típicos niños “consentidos”. Tienden a adaptarse ellos a sus hijos/as. Apenas les imponen normas y supervisan poco su cumplimiento. Les dejan hacer todo lo que quieren. Cuando se produce algún conflicto, los hijos/as siempre acaban ganando. No les exigen responsabilidad, ni orden. No existen a menudo normas que estructuren la vida cotidiana (tiempo para ver la TV, hora de acostarse, horario de las comidas, horario de los deberes). Están principalmente preocupados por satisfacer las necesidades de sus hijos/as y darles todo lo que necesiten.

  • Grado de comunicación y afecto-

Suelen razonar bastante con ellos y consultarles todas las decisiones que les afectan (a menudo más de las necesarias). Suelen ser muy afectivos y cariñosos con sus hijos/as.

Ejemplos:

“Es muy pequeño, como le voy a pedir que recoja sus jugotes”, “Si no le doy lo que me pide pensará que no lo quiero” ” Todos sus amigos tienen uno y mi hijo no va ser menos” ”Si lo castigo le voy a provocar un trauma””Para mis hijos/as lo mejor”

  • Consecuencias en los hijos/as.

Dado que para el correcto desarrollo de los niños/as es muy importante que tengan una disciplina adecuada y unas normas claras que cumplir que estructuren sus vidas y les ayuden a adquirir un control interno de su comportamiento, estos niños/as también van a presentar problemas.

Tienen dificultades para tolerar la frustración y para postergar la satisfacción de sus deseos. Son caprichosos, les cuesta controlar sus impulsos, no suelen persistir en las tareas sino que tienden a abandonarlas con facilidad, esperan que todo sea fácil para ellos y pueden mostrarse furiosos si no es así. Pueden llegar a ser déspotas y tiranos con sus padres. Cuando llegan a la adolescencia suelen crear muchos conflictos ya que no aceptan un no por respuesta, son muy exigentes y quieren conseguirlo todo de inmediato. Pueden ver a sus padres como esclavos a merced de sus deseos.

ESTILO NEGLIGENTE.

  • Grado de control y exigencia

Muy bajo control. Los padres y madres negligentes, no controlan las conductas de sus hijos/as. No poseen habilidades para controlar los comportamientos de los hijos/as.

No existen normas y en general suelen ser bastante permisivos, siempre que el hijo/a no les cause molestias. Pueden tener reacciones violentas generalmente motivadas porque el comportamiento del hijo/a les crea algún inconveniente. Son manipuladores y emplean el chantaje afectivo para conseguir lo que quieren de sus hijos/as “si no haces lo que te digo es porque no me quieres”

  • Grado de comunicación y afecto-

Se comunican con sus hijos/as pero no tiene en cuenta sus opiniones y sentimientos. Apenas se implican con ellos, no muestran afecto, y su sensibilidad hacia las necesidades de sus hijos/as es muy baja o nula. Son en general distantes y fríos. Este caso es común en familias desestructuradas.

  • Consecuencias en los hijos/as.

Estos niños/as son los que presentan más problemas. Tienen una baja autoestima y problemas de identidad., problemas y conflictos en sus relaciones con los demás y problemas de autocontrol. Pueden tener problemas emocionales y afectivos. En la adolescencia suelen ser muy inseguros e influenciables.

ESTILO DEMOCRÁTICO

  • Grado de control y exigencia

Exigen un nivel alto de control. Ponen normas claras que los niños/as deben cumplir y que están adaptadas a sus posibilidades, así como horarios y rutinas. Estas normas se mantienen a lo largo del tiempo y se explican a los hijos/as siempre que sea necesario. Se exige el cumplimiento de dichas normas de manera firme pero no totalmente rígida. Son flexibles en determinadas circunstancias y pueden alterar las rutinas siempre llegando a acuerdos previos con los hijos/as.

Ante el mal comportamiento, los padres les explican por qué han actuado mal y cuál es el modo correcto de comportarse. No se rinden a los caprichos de sus hijos/as, sobre todo cuando se comunican a través de llantos, gimoteos o impertinencias. Su exigencia está acorde con las capacidades del niño/a y al nivel de madurez para su edad. Premian más el esfuerzo que el resultado.

  • Grado de comunicación y afecto-

Demuestran afecto, son sensibles a sus necesidades, se interesan por sus asuntos y sus vidas, hablan con ellos, promueven el dialogo en la familia y se detienen en explicar a los hijos/as las cosas.

Saben pedir perdón cuando se equivocan y es posible que cambien de postura después de escuchar los argumentos del hijo/a. Tiene muestras habituales de afecto y de cariño hacia sus hijos/as. Refuerzan y estimulan con frecuencia el comportamiento positivo del niño/a y elogian sus cualidades de forma realista.

  • Ejemplos:

“Está muy bien, te has esforzado mucho”, “Esto es mejorable, yo sé que tu sabes hacerlo mejor”,” Eres un chico/a estupendo/a y te quiero mucho”, A ver, cuéntame, que te ha ocurrido para llegar media hora más tarde de lo acordado”

  • Consecuencias en los hijos/as-

Autoestima alta. Muestran una mayor competencia social, tienen más capacidad de autocontrol y toleran mejor la frustración. Son más capaces de posponer la satisfacción inmediata de sus deseos y son más independientes. Suelen tener también un mejor rendimiento escolar.

Errores que no debes cometer en la educación de tus hijos-as.

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Hay varios errores en que los padres y madres caen con mucha frecuencia. Uno de los más extendidos es la falta de consistencia.

Es importante actuar de manera sistemática y consistente en el tiempo. Es decir, si queremos eliminar las conductas inadecuadas de nuestros hijos/as, debemos estar dispuestos a invertir en ese objetivo tiempo y esfuerzo.

Los progenitores han de tener claro y ponerse de acuerdo entre si, sobre que comportamientos de sus hijos son adecuados y cuáles no. Las normas que se establezcan deben ser públicas y duraderas.

Por otro lado,no basta con eliminar conductas inadecuadas, hay que sustituirlas por otras adecuadas.

La manera de reforzar el comportamiento que se desea en el niño/a es sencillo, lo mismo que se le regaña cuando lo hace mal, hay que elogiarle cuando lo haga bien. Los progenitores deben transmitir su alegría ante los cambios positivos, valorarlos de forma comunicativa y cariñosa. No hay que racanear con los elogios ante una meta alcanzada. De lo contrario , el niño hará sus cálculos y decidirá que portarse bien “ no merece la pena”.

En los casos más complicados la valoración positiva de los padres y las madres debe complementarse con algo material. Por ejemplo, quizá haya que poner precio a los regalos, juegos o actividades de ocio que ahora se conceden sin más; para conseguir esos premios, los chavales tienen que ganárselos a base de acumular puntos por su buen comportamiento. Es lo que en terapia de modificación de conducta se llama Economía de fichas.

Aunque el castigo nunca debe convertirse en el centro de las relaciones paterno- filiales, si los niños tienen conductas graves puede ser necesario. Eso si, siempre proporcionado y consistente.

Es importante no recurrir al castigo físico ya que no es adecuado para tu hijo. No soluciona sus malas conductas e incluso las puede empeorar a largo plazo.Debes evitar castigar a tu hijo cuando estés exasperado, porque la situación se te puede ir de las manos y puede entrar en una escalada de violencia.

El refuerzo de las conductas deseadas y la eliminación de las indeseadas tiene uno de sus mejores ejemplos en las rabietas, un comportamiento que suelen practicar los más pequeños. La rabieta es una conducta que la mayor parte de las veces al niño le funciona como una manera de controlar el entorno.Por eso la reacción de los padres debe ser firme y no ceder al chantaje y mostrarse impasibles. En general los padres deben ignorar este comportamiento y potenciar otro positivo; cuando el niño nos pida las cosas de forma educada y acorde a las normas de convivencia , debemos hacerle caso.

Todos los críos son impulsivos, está en su naturaleza. Pero se puede esperar de ellos que, conforme cumplan años, desarrollen su autocontrol y vayan integrando a su comportamiento diario las normas de relación.

En la convivencia familiar tiene mucha importancia la organización. El encargo de tareas domésticas a los menores es fuente de enfrentamiento entre progenitores e hijos durante años, agravándose esta situación durante la adolescencia. Muchos padres fallan a la hora de exigir y supervisar. A veces dan muchas órdenes seguidas, difíciles de cumplir, y luego no se quedan para comprobar lo que hace el menor. Dicen con razón que cuesta más trabajo supervisar que hacer ellos mismos las cosas, pero si ellos siguen haciendo las tareas, los niños nunca se responsabilizarán.

En muchas familias padres, madres e hijos no pasan suficiente tiempo juntos. Y en muchas más ese tiempo juntos no se aprovecha para establecer una buena comunicación. A veces la relación se resume en castigos, órdenes, llamadas de atención… Y cuando el niño/a está tranquilo, no se le hace caso.

A parte de dar órdenes, hay que establecer las normas, negociar ciertos aspectos de la convivencia y dar más participación en los asuntos de la casa a medida que avanza la edad de los hijos.

Por otro lado,es importante que las madres y padres mantengan una comunicación fluida con el centro educativo de sus hijos. Casa y colegio no pueden considerarse dos mundos paralelos y estancos. Si los menores también se comportan mal en el colegio los padres tienen que tenerlo en cuenta y atender las peticiones de colaboración de los profesores.

Cuando el estilo educativo se ha caracterizado por la ocurrencia a lo largo del tiempo de los errores que hemos expuesto anteriormente, se da la posibilidad de que cuando llegue la etapa de la adolescencia, especialmente complicada  por los numerosos cambios, tanto a nivel físico como emocional y social a los que se ve expuesto el/la menor, no se hayan establecido la bases que posibiliten una convivencia familiar positiva. Los progenitores se encuentran con que son incapaces de controlar la educación de sus hijos/as y sienten que la situación se les va de las manos. Es recomendable en estos casos acudir a un profesional que nos oriente, siendo la Mediación Intergeneracional de gran utilidad en este tipo de situaciones. Toda la familia, con ayuda de un Mediador, trabajará para reorganizar su convivencia familiar y llegar a acuerdos que posibiliten una mejora de la comunicación y un establecimiento de normas dentro del hogar.

En próximos posts comentaremos con detalle en que consiste este tipo de intervención y cuales son sus ventajas frente a la clásica intervención psicológica en la que suele ser el adolescente el sujeto de la intervención.

El equipo de Resuelve ahora.