La perspectiva de género en mediación familiar

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El género impregna la dinámica de nuestras interacciones personales diarias. Los conceptos de género van más allá de las diferencias biológicas de ser hombre o mujer. Los términos femenino y masculino implican características psicológicas y conductuales que definen los roles culturales de cada uno. Estos roles diferenciados, se asignan a las personas en función de su sexo y se conocen como estereotipos de género. Se trata de modelos o patrones de conducta que definen cómo deben ser, actuar, pensar y sentir los hombres y las mujeres en una sociedad y representan un conjunto de atributos o características que las personas asumen como propios, trasmitiéndose de generación en generación. Esta diferenciación de funciones se ha instaurado tan sólidamente en nuestra forma de interactuar que aquellos que se salen fuera de sus patrones son vistos de manera negativa. En este sentido, es parte de la función del mediador, actuar como un facilitador neutral, ayudando a que las partes no se relacionen por medio de patrones estereotipados, sino a través de reconocer los puntos de vita diferentes y reflexionar sobre las acciones y responsabilidades de cada uno.

En mediación familiar, resulta fundamental conocer y entender la evolución y los cambios que se han producido en las familias a lo largo del tiempo y entender el papel que el género ha jugado en dichos cambios. La mediación familiar, como disciplina basada en la filosofía del pacto, la tolerancia y la equidad, debe de cuestionar los roles tradicionales y las limitaciones que los mismos imponen en todos los miembros de la familia, e integrar en su teoría y en su práctica un instrumento tan poderoso para cambiar y entender la realidad familiar como es la perspectiva de género. Sin dicha perspectiva seguiremos manteniendo situaciones de discriminación en la estructura familiar que nos impedirá ver formas diferentes de abordar los conflictos.

Uno de los puntos en los que suele haber controversia, es en el relativo a la asunción de una crianza basada en la igualdad, en la que el padre y la madre admitan de forma equitativa la responsabilidad en el cuidado de los hijos/as. Durante la mediación de asuntos relacionados con la coparentalidad , es a veces difícil evitar los problemas asociados con los roles de género que traen las partes y que impregnan su forma de concebir sus experiencias de vida y sus interacciones dentro de la familia y la comunidad. Siempre teniendo en cuenta su papel neutral e imparcial, el mediador deberá de hacer un esfuerzo  a lo largo de su intervención para contrarrestar los efectos negativos de la diferenciación de roles basados en estereotipos, evitando en su  lenguaje y su discurso los prejuicios de género y facilitando a través de la formulación de preguntas y el empleo de técnicas, un cambio positivo en la mentalidad de los participantes que les posibilite alcanzar acuerdos desde una posición de igualdad de condiciones.

 La mediación tiene el potencial de crear un ambiente acogedor para los participantes de ambos sexos, para ello los mediadores deben de ser conscientes de los problemas que pueden ocasionar los sesgos de género y facilitar el equilibrio en el proceso de negociación. Resulta  necesario poner de manifiesto la conexión que tienen los problemas de la familia con los estereotipos culturales relativos a los papeles asignados a los hombres y mujeres y con las relaciones de poder.

El objetivo de este post es concienciar sobre la importancia de contemplar el enfoque de género en los procesos de negociación, evitando los estereotipos y posibilitando una resolución neutral y equitativa. Abordar los asuntos familiares desde una perspectiva de género es esencial para ofrecer soluciones que tengan en cuenta las realidades de todos los miembros de la familia de un modo más justo.

Francisco Góngora.

 

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El interés superior del menor en mediación familiar.

El interés superior del menor tras la separación. 

Los progenitores son esenciales para el desarrollo de los niños. Les proporcionan cariño, apoyo emocional, toman decisiones importantes para su educación y cubren todas sus necesidades básicas. En las familias “intactas”, son ambos progenitores de forma conjunta, los que toman las decisiones que repercuten en la vida de sus hijos. Normalmente no suele haber problema a la hora de decidir asuntos relacionados con las pautas educativas y de crianza que van a implantar, ya que conviven juntos y fácilmente pueden establecer las directrices que van a seguir en el cuidado de los hijos.

Sin embargo, esto no ocurre con muchas familias, cuyos padres se han separado y viven en domicilios diferentes. Aunque el hecho de no compartir vivienda no imposibilita la toma de decisiones sobre los asuntos relacionados con la crianza de los hijos, en muchas ocasiones las relaciones entre los progenitores quedan muy deterioradas tras el divorcio y son incapaces de ponerse de acuerdo para crear un  plan de crianza que  refleje los intereses y las necesidades de los menores.

El método tradicional para resolver los conflictos de los padres tras la separación, es el proceso judicial. Los progenitores contendientes ponen en manos de un juez la toma de decisiones acerca de los arreglos de custodia y educación de sus hijos, posteriores a la separación o el divorcio. En este contexto, el principio general que suele emplear el juez para resolver y  determinar el convenio regulador de las relaciones paternas filiales, es el interés superior del menor.

¿Qué significa el “interés superior del niño”?

Podemos determinar que “el interés superior del menor”, es la guía que se debe de tener en cuenta para disponer los arreglos de crianza después de la separación. Los elementos que se van a tomar en consideración para delimitar  el interés superior del menor a la hora de tomar decisiones sobre custodia y visitas, se basan en aspectos relacionados con el vínculo existente entre cada padre y su hijo, fruto de la participación positiva de ambos en la vida del niño y de la capacidad de satisfacer sus necesidades biológicas, psicológicas y sociales.

Aunque los factores en los que se basan los jueces para determinar el interés superior del menor son razonables, se trata de aspectos generales que en muchas ocasiones son difíciles de predecir a la hora de ser aplicados a una familia en particular. En relación a las pruebas que aportan las partes , en la mayoría de los casos fundamentadas en eventos pasados, el tribunal tiene que realizar una predicción sobre qué aspectos van a ser más beneficiosos para el futuro del menor. Aunque la Psicología  proporciona un marco general sobre las pautas de crianza que son más positivas para los niños después del divorcio, el pronostico sobre cómo va a evolucionar la vida de la  familia tras la separación es difícil de precisar. Estando de acuerdo en el principio general de que el interés superior del menor debe de ser determinante a la hora de tomar decisiones, los jueces no siempre podrán establecer una predicción precisa para cada situación concreta. A consecuencia de ello, en muchas ocasiones, las medidas adoptadas por los tribunales no responden de forma adecuada a la satisfacción de las necesidades de los menores, en el cumplimiento de sus derechos.  

A pesar de no poder determinar con exactitud qué arreglos de crianza son los más convenientes para cada situación particular, conocemos que determinados  aspectos, cómo son el hecho de que los menores no formen parte del conflicto de los progenitores, que les proporcionen una estabilidad emocional y una crianza adecuada, que el menor tenga una relación significativa con ambos padres y que reciba apoyo económico, van a resultar beneficiosos para los niños.

En la actualidad, sabemos que son los padres las personas más idóneas para determinar por si mismos qué arreglos de crianza van a ser más favorables para sus hijos, en lugar de depender de un juez, ajeno totalmente al sistema familiar, para que tome estas decisiones. Aún queda mucho por avanzar en este sentido, y es necesario que se produzca un cambio hacia una sociedad en la que los asuntos de índole familiar relacionados con la toma de decisiones relativas a los planes de crianza tras la separación o divorcio,  no tengan que ser dirimidos en los tribunales, quedando estos reservados para los casos en los que la seguridad y protección del menor se ven comprometidas.

 La disciplina que aboga por este cambio y que introduce el principio de la conciliación en la resolución de conflictos  derivados de la separación o divorcio, es la mediación familiar, que proporciona el espacio idóneo para que sean los padres los que de forma conjunta elaboren un plan de educación para sus hijos, en el que quede totalmente garantizado el interés superior de los mismos. Se ha demostrado que los padres son mucho más propensos a adherirse a los acuerdos de crianza cuando éstos han sido decididos por ellos mismos, ya que en definitiva reflejan las necesidades reales de la familia.

Las decisiones que incumben a la organización familiar tras la ruptura, suponen una gran complejidad, y lograr la mayor eficacia posible es vital para garantizar el interés superior de los menores. En este sentido, la mediación ha demostrado ser el instrumento idóneo para crear el espacio de diálogo necesario en el que los progenitores puedan solucionar sus controversias, salvaguardando en todo momento el bienestar de sus hijos. Es fundamental que los niños que pasan por esta situación sigan recibiendo el cariño y la seguridad que necesitan para que su desarrollo no se vea afectado negativamente.

La mediación, supone también una herramienta que permite a los menores ejercer su derecho a expresar sus opiniones libremente y conforme a sus capacidades, en los asuntos que les conciernen, sin verse afectados por los riesgos derivados de encontrarse sometidos a participar en un proceso judicial, que puede incrementar las situación estresante por la que están pasando.

El objetivo último es lograr que los  padres tomen conciencia sobre la necesidad de continuar ejerciendo la coparentalidad a pesar de la ruptura y provocar un cambio en sus actitudes y comportamientos, que los ayuden a enfrentar su situación, sin perder de vista el bienestar de sus hijos.

Francisco Góngora.

 

 

 

 

 

 

 

Mediación en contextos interculturales.

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En tanto que herramienta de resolución y pacificación de conflictos, la mediación se emplea en muchos ámbitos para responder a distintas necesidades. El conflicto es consustancial a la naturaleza humana y, por tanto, está presente en todas las situaciones habituales de la convivencia y las relaciones entre las personas. Uno de los contextos en los que se aplica la mediación es, en la gestión de los conflictos surgidos en entornos multiculturales. En este sentido, la mediación intercultural es definida como, “un recurso profesionalizado que pretende contribuir a una mejora de la comunicación, relación e integración entre personas o grupos presentes en un territorio y pertenecientes a una o varias culturas” (Desenvolupament  comunitari y Andalucia Acoge, 2002:101). Atendiendo a aspectos relacionados con la prevención de los conflictos y el establecimiento de una mejor comunicación e interacción, Carlos Giménez  (1997) defiende una definición más amplia de mediación, que no se limita a la resolución de conflictos sino a mejorar las relaciones humanas entre los grupos culturalmente distintos.

España en la actualidad es una sociedad plural y multicultural, en la que conviven personas de muy diversas culturas. Esta realidad social, en la que existen diferencias culturales y lingüísticas, influye de manera significativa en la integración y convivencia de las personas que coexisten en un mismo territorio. Los inmigrantes que llegan a un país de acogida, en el que pretenden establecerse, se encuentran con muchos obstáculos que tienen que sortear, como son el desconocimiento de la sociedad  y su entramado, las limitaciones de acceso a los servicios públicos por desconocimiento de su funcionamiento o las limitaciones lingüísticas.  En este contexto surge la mediación intercultural, como un servicio especializado cuyo objetivo es compensar estas desigualdades, que afectan de manera crucial a la adaptación e integración de las personas inmigrantes.

Por otro lado, la mediación intercultural facilita  la comunicación entre grupos con culturas diferentes, contribuyendo al conocimiento mutuo de las normas y costumbres. Ayuda a nativos e inmigrantes a comprenderse mejor , no solo en cuestiones idiomáticas, sino en sus particularidades culturales, con el fin de conseguir una interacción más efectiva y significativa. La mediación se constituye en una herramienta de gran valor, suponiendo un factor clave de conexión en situaciones en las que la comunicación está fuertemente influenciada por características culturales, construyendo un “puente” de unión necesario para el entendimiento. Con ello limita el afloramiento de conflictos, reduciendo el peso de los estereotipos y prejuicios que componen una de las principales barreras para la aproximación entre culturas y favorece actitudes de apertura, compromiso social y neutralidad en el abordaje de las disputas.

La persona mediadora deberá de estar constituida por un profesional con conocimientos teóricos y técnicos que le posibiliten orientar de la mejor manera posible su actuación. Para ello, deberá de haber superado  los estereotipos y prejuicios que le impiden aceptar a las personas como diferentes, en sus múltiples facetas y culturas. “El agente de mediación intercultural ha de ser una persona sin fronteras, que sabe reconocer y extraer de los “márgenes” lo más significativo para la construcción de seres plurales” (Accem, 2009:49)

Para el ejercicio ético y competente de la mediación, el mediador intercultural deberá de cumplir los siguientes principios:

  • Respetar la privacidad de los individuos con los que colabora.
  • Tiene que ser imparcial en cuanto a género, religión, origen étnico, nivel educativo y socioeconómico de las personas involucradas en la mediación.
  • El mediador ayudará a ambas partes a interpretar correctamente el comportamiento del otro, tanto verbal como no verbal, contribuyendo a generar un clima de confianza.
  • Asumirá un papel de asesoramiento si se le solicita, en el sentido de proporcionar información o ayudar en la cumplimentación de formularios, sin verter en esta tarea opiniones personales.
  • No tiene derecho a ocultar información durante una traducción.
  • Fomentará en la persona la toma de decisiones propias después de haber sido correctamente informada.
  • No ejercerá funciones de psicólogo o médico, ya que no entran dentro de sus cometidos.
  • Si observa que la persona inmigrantes es víctima de alguna situación injusta, deberá de ayudarlo a entender sus derechos con el fin de poder reivindicarlos.

A medio y largo plazo, la mediación intercultural aporta beneficios significativos en las siguientes áreas:

  • Facilita el acceso de los inmigrantes a los servicios públicos y los recursos comunitarios.
  • Contribuye a la lucha contra la discriminación, el racismo y la xenofobia.
  • Es un factor clave dentro de una estrategia de integración coherente de personas inmigrantes en nuestra sociedad.
  • Favorece la creación de conciencia social.
  • Promueve el desarrollo de capital humano y el enriquecimiento de la sociedad.

 

La falta de curiosidad o inapetencia por las culturas ajenas es, a mi entender, un índice de decadencia y pasividad, porque la cultura afectada por este síndrome se convierte en mero objeto de contemplación”. (Juan Goytisolo).

 

Por Francisco Góngora.

 

Mediación laboral en casos de acoso sexual.

Mediación en casos de acoso sexual laboral

En España el ámbito laboral sigue estando muy masculinizado en sus prácticas, esquemas de organización y modelos de profesionalidad. Los hombres siguen viviendo la incorporación de las mujeres al trabajo como una situación de riesgo, percepción que se ha incrementado en la actualidad  debido a la escasez de puestos de trabajo disponibles en el mercado laboral, como resultado de la ardua crisis económica y la mala gestión gubernamental que está sufriendo nuestro país. Todo ello ocasiona el caldo de cultivo en el que se asienta la violencia sexista o acoso sexual en el trabajo. Podemos considerar el acoso sexual más como un abuso de poder, que como una conducta sexual, pues aunque tenga la forma de acercamiento sexual, su finalidad no es otra que el ejercicio de poder.

Dada la naturaleza delicada de las denuncias por acoso sexual, los profesionales de Recursos Humanos, que son normalmente los encargados de recoger las quejas por acoso que se producen en la organización, a menudo se encuentran con el problema de cómo investigar la situación de forma rápida y por otro lado mantener la neutralidad. Una opción que ofrece el cumplimiento de estos criterios sería el uso de un mediador externo. Inclinarse por la alternativa de la mediación para resolver los casos de acoso que se producen en las empresas, además de los beneficios que aportaría de reducción del litigio, eximiría al empresario de la obligación de tomar la decisión del tipo de medidas a adoptar para resolver la situación, ya que en el proceso de mediación son las propias partes las que toman estas decisiones, llegando a acuerdos sobre comportamientos futuros, cambios de puesto de trabajo para que haya menos interacción entre ambos, compromisos de detener los comportamientos de acoso y disculpas por el perjuicio provocado a la víctima, entre muchos otros.

Las denuncias de acoso sexual deben de ser mediadas por profesionales que cuenten con una sólida experiencia en mediación de conflictos y con conocimientos en derecho laboral, derechos civiles, gestión de personal y en las leyes que prohíben el acoso sexual y la discriminación por razón de sexo.  Por otro lado, para conocer exactamente en qué terreno vamos a mediar, es imprescindible tener una visión clara del tipo de comportamientos que caracterizan el acoso. Dos definiciones de este fenómeno, diferenciando entre acoso sexual y acoso por razón de sexo que han sido extraídas de la legislación vigente en materia de igualdad serían las siguientes:

“Constituye acoso sexual cualquier comportamiento verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo.” (Art 7.1 LOIEMH).

“Constituye acoso por razón de sexo cualquier comportamiento realizado en función del sexo de una persona, con el propósito o el efecto de atentar contra su dignidad y de crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo” (Art. 7.2 LOIEMH)

Los intereses de las partes.

En un proceso de mediación por acoso sexual en el trabajo, cada parte involucrada trae a la mesa diferentes asuntos a abordar. Normalmente los participantes en el proceso son la persona demandante, la persona acusada y el empresario/a. Es útil incluir al empresario ya que al estar familiarizado con las políticas de la organización en materia de acoso sexual y otras conductas inapropiadas, será capaz de supervisar cualquier acuerdo hecho en la mediación.

Entre las cuestiones que van a aparecer en el proceso y tienen que ser debidamente abordadas, están la necesidad de la persona demandante de exponer los sentimientos que le han generado la situación de abuso, por otro lado la necesidad de que ese comportamiento se detenga y el miedo a sufrir represalias, poniendo en peligro su carrera profesional. Su deseo es que cese el comportamiento de acoso y poder seguir haciendo su trabajo. La mayoría de la veces, las personas que denuncian una situación de acoso sexual, lo que más desean es que la situación se detenga. El objetivo que se persigue con la denuncia no es castigar o hacer que despidan al acosador, sino que la situación deje de producirse.

El acusado quiere proteger la confidencialidad de los cargos de los que se le acusa y poder mantener su trabajo. A menudo el acusado, cuando el acoso no ha sido perpetrado de forma intencionada,  desea saber lo que hizo mal y tener la oportunidad de reparar el daño.

El empresario normalmente quiere evitar las responsabilidades derivadas del asunto. Quiere mantener la productividad y el compromiso de su empresa y pagar lo menos posible para rectificar la situación.

Beneficios de la mediación en casos de acoso sexual.

Podemos afirmar que la mediación es menos hostil que los procesos más formales de resolución de conflictos. Al tratarse de un proceso voluntario, no contencioso, de naturaleza no coercitiva, ofrece la oportunidad de explorar las preocupaciones y problemáticas de cada parte, y les permite trabajar conjuntamente para llegar a una solución que satisfaga las necesidades de ambos. Brinda una mayor flexibilidad en lo que respecta a los temas a tratar y las posibilidades de acuerdo. Las partes pueden centrarse en aclarar lo que realmente ocurrió, cómo cada uno se sentía, lo que podrían haber hecho de otra manera, y lo que pueden hacer para resolver la situación, desarrollando soluciones que respondan a sus preocupaciones. A menudo, las soluciones que se imponen por un tercero son vistas como injustas, inútiles, ambiguas, o simplemente inaceptables. De este modo se cumplen la mayor parte de los objetivos que pretenden los participantes y los intereses del empresario también se ven favorecidos.

Es importante señalar que el proceso de mediación permite a la víctima expresar su frustración y elaborar una solución que le permita restituir el daño causado por la situación de acoso.  Normalmente las soluciones acordadas en mediación tenderán a centrarse más en la corrección de las desigualdades que han provocado la situación de acoso y menos en la asignación de una suma de dinero a la víctima. La mediación puede proporcionar el espacio ideal para que el demandante pueda lograr su objetivo principal de detener el comportamiento no deseado.

La mediación también cumple con los objetivos del acusado. El acusado a través del proceso tendrá la oportunidad de aclarar su versión de los hechos. La confidencialidad del procedimiento permite que pueda resolver la situación sin hacerse pública. Si la denuncia se debió a un malentendido, la mediación es el espacio idóneo para resolver esa falta de comunicación sin que las posiciones de las partes se polaricen y no se pueda llegar a un entendimiento. La mediación también permite que el acosador pueda descubrir como su comportamiento ha afectado a la otra parte, aprenda de sus errores y repare el daño causado. La mediación le ofrece la oportunidad de pedir disculpas por su comportamiento, aclarar sus intenciones, y comprometerse al cumplimiento del acuerdo. Si finalmente no se llega a un acuerdo, deberá de aceptar la acción disciplinaria apropiada dictada por la empresa.

La mediación ofrece a la persona demandante un contexto seguro y confidencial en el que poder lograr el objetivo de detener el comportamiento de acoso y al acusado un contexto en el que poder corregir su comportamiento injurioso y humillante. Ambas partes tiene la oportunidad de crear acuerdos sobre la naturaleza de su relación de trabajo en el futuro.

Para los empresarios también es más ventajosa la resolución de los conflictos que se producen en su empresa a través del proceso de mediación, ya que es mucho menos costoso que la resolución por la vía judicial. Debido a la confidencialidad del proceso, la armonía y la productividad del lugar de trabajo en la empresa no se verán afectadas. Normalmente un proceso de mediación no implica la asistencia de testigos, evitando comprometer en el asunto a otros trabajadores/as, que no tendrán que tomar partido. Un proceso de mediación es un espacio más cordial, más personal y mucho menos estresante que tener que asistir a los juzgados. Al preservarse la situación de forma privada y confidencial, las partes y sus compañeros de trabajo no tienen que batallar con las repercusiones negativas de una investigación formal. Si finalmente la mediación no tiene éxito y no se llega a ningún acuerdo favorable para ambas partes, las otras opciones siguen estando disponibles.

La resolución del conflicto en los juzgados es mucho más costosa que la mediación. Una vez que las partes se han enfrentado en los juzgados, la relación de trabajo ha quedado destruida, y el empresario es probable que pierda a uno o a los dos empleados. El resto de los compañeros es probable que tomen partido, creándose una atmósfera en el centro de trabajo que puede perjudicar la productividad y el trabajo en equipo.

¿Cuándo no es aconsejable la mediación en una situación de acoso sexual?

Aunque la mediación es una buena opción como alternativa a un proceso judicial para resolver muchas de las situaciones de acoso sexual que se dan en los lugares de trabajo, existen algunas situaciones en las que la mediación no sería conveniente. Por ejemplo, si tras una investigación se revela que en el lugar de trabajo se dan muchas situaciones de desigualdad y la actividad de acoso sexual implica a un elevado número de víctimas, la mediación no proporcionaría la forma más apropiada de solución.

Como cualquier otro proceso de resolución de conflictos, no es adecuado para aplicar en todas las situaciones. Cuándo una persona se siente amenazada físicamente, forzada o es incapaz de expresar sus preocupaciones y negociar una solución para resolver el problema, participar en la mediación la haría estar en una situación clara de desventaja e inseguridad. Es por ello que los mediadores a los que les llegan casos de acoso sexual laboral deben de ser prudentes a la hora de determinar si hay circunstancias que justifiquen que la mediación es inapropiada.

La mediación también falla como una opción cuando una de las partes se niega a participar de forma voluntaria. Tampoco es aconsejable cuando existen grandes desequilibrios de poder entre los implicados, aunque es cierto que un buen mediador debe de ser capaz de superar estos desequilibrios mediante la asignación de asesores para cada parte y el uso de herramientas claves para equilibrar posiciones entre ambos.

Cuando la persona que ha sido demandada no está dispuesta a hacer concesiones o asumir la responsabilidad de la conducta hostil, es probable que la mediación no sea la alternativa, ya que no es apropiada cuando el acosador trivializa sus acciones o cree que no debe haber consecuencias para su conducta de acoso o existe algún indicio de que pueda utilizar el proceso para humillar a la otra parte en cualquier forma.

En resumen, cuando el acoso sexual es un fenómeno generalizado dentro de la empresa, una o las dos partes se niegan a participar, o existen grandes desequilibrios de poder, la mediación no supondría una alternativa factible.

¿Cuándo es adecuada la mediación para resolver una disputa por acoso sexual?

Si el denunciante es capaz de negociar con la persona  que la acosó sin temor a represalias o a perder su trabajo, el proceso de mediación pueden ofrecer una poderosa oportunidad para describir lo que pasó, cómo se sentía en ese momento y después, y lo que necesita para poder resolver el daño que le ha provocado la situación. Uno de los aspectos más humillantes del acoso sexual y otras formas de acoso es que las personas que lo sufren no tienen oportunidades seguras para expresar su humillación, ira, vergüenza, decepción o miedo.

Para poder determinar si un caso es apropiado para la mediación, el mediador debe de revisar el protocolo o políticas en materia de acoso sexual que existen en la empresa. Debe de investigar si el demandado ha estado involucrado en un incidente aislado o si tiene una historia de acoso sexual, evaluar la capacidad de la persona demandante para negociar sin medio, si ha habido una contra acusación por parte del demandado y si la organización ha informado a todos/as sus empleados sobre las políticas de acoso sexual y los protocolos existentes en la empresa.

La mediación es más eficaz cuando forma parte integral del sistema de resolución de conflictos y cuando la empresa tiene unas claras políticas que indican que la organización no tolerará ninguna forma de acoso, incluido el acoso sexual. Estas políticas deben de precisar que un supervisor o mando superior que acosa o solicita favores sexuales a cambio de una promoción, el aumento de salarios, la seguridad en el empleo o cualquier otro motivo, será sancionado o cesado de su puesto. También deben indicar que las proposiciones sexuales no deseadas o comportamiento hostil o amenazante entre compañeros de equipo constituyen acoso y no será tolerada. El mediador también necesita saber si esta política se aplica de forma consistente y llega a todos los niveles de la organización, ya que en caso contrario, sería imposible que el acuerdo al que se ha llegado tras el proceso de mediación se aplique y cuente con el apoyo de los responsables.

Herramientas para el mediador durante el proceso.

En la entrevista inicial que el mediador mantiene con la persona demandante, este deberá de plantear preguntas abiertas para descubrir la naturaleza y el grado de acoso. Se deberá de garantizar en todo momento un ambiente confidencial y la seguridad que permita a la víctima hablar con libertad de su situación. Es necesario que hable sobre lo ocurrido y que exprese sus sentimientos de vergüenza, ira y miedo.

A lo largo de todo el proceso el mediador pondrá el énfasis en guiar a las partes para que puedan enfocarse en resolver sus diferencias y en desarrollar un conjunto de reglas de trabajo que les permita seguir colaborando juntos y avanzar más allá de la disputa.

El caucus, que implica la realización de reuniones privadas con cada una de las partes, es útil durante la mediación ya que antes de determinar si el caso es apropiado, el mediador puede evaluar la voluntad y la capacidad de negociación de cada parte. También durante el proceso, las reuniones privadas pueden ser una herramienta apropiada para hacer frente a los altos niveles de emoción o la integración de información inesperada. Si una de las partes está teniendo problemas para defender una propuesta, en el caucus el mediador está en mejor posición para entrenarlo en la forma en la que debe de presentar esa propuesta.

La mediación por separado se usa con frecuencia en casos de acoso. Las partes están en habitaciones separadas y el mediador se mueve entre ellos, escuchando y transmitiendo las propuestas entre ambos. Finalmente el mediador redacta un acuerdo de mediación cuando ambos están satisfechos con el acuerdo, cada uno recibe una copia y el proceso finaliza. El inconveniente es que las partes no se comunican entre sí de forma directa. Este método puede ser útil cuando las partes no están dispuestas a sentarse cara a cara y cuando la relación de trabajo entre los dos ha finalizado. Sin embargo, normalmente las partes continúan trabajando en la misma empresa, en ese caso la negociación cara a cara es la más recomendable, ya que supone también un proceso educativo en el que las partes aprenden a comunicarse de forma efectiva.

Cuando los implicados llegan a un punto muerto en sus negociaciones, se puede hacer una mediación de asesoramiento, en la que los mediadores pueden emitir una opinión consultiva respecto a cómo la disputa podría resolverse de una manera justa y razonable. Las partes pueden utilizar esta recomendación como base para futuras negociaciones, o rechazarla de plano y acudir a otro recurso para resolver sus diferencias. Esta recomendación solo puede realizarse al final del proceso ya que el mediador al emitirla, corre el riesgo de ser visto como menos imparcial y neutral.

Para finalizar, cuando la mediación está incluida cómo una opción dentro del sistema de resolución de disputas, puede satisfacer la responsabilidad de la empresa para responder de forma rápida y efectiva a cualquier queja sobre acoso sexual. Por ejemplo, la mediación puede contemplarse como una opción dentro del protocolo para la prevención y tratamiento del acoso sexual y por razón de sexo en las empresas. Para ello, es importante que la sociedad en general y el mundo empresarial en particular, entiendan lo que es la mediación, cómo funciona y cómo se relaciona con las otras opciones de resolución de conflictos disponibles.

Autor: Francisco Góngora.

Un ejemplo práctico y real de mediación familiar en una situación de dependencia

httpfabulas.infofabula-la-vieja-y-el-medico.html
Imagen tomada de http://goo.gl/9iVzNj

Nota previa: para asegurar el anonimato y confidencialidad respecto a los hechos relatados, se han utilizado nombres ficticios, tanto en las personas descritas como en las localizaciones geográficas mencionadas.

Presentación del caso

Cayetana (53) y María (44) son dos hermanas que se encargan de atender a su madre Josefina (80), que se encuentra en situación de gran dependencia: encamada y dependiente para todas las actividades básicas de la vida diaria (ABVD). Josefina es atendida por sus hijas en el domicilio de éstas; Cayetana vive en Almería-centro, y María en la localidad de Fiñana. Las hijas se turnan en los cuidados de manera que cada 2 meses trasladan a su madre para atenderla en sus casas.

La atención que recibe Josefina por parte de sus hijas es inmejorable. Hay lazos de afecto muy fuertes entre madre e hijas, con lo que el nivel de compromiso en los cuidados es muy alto.

A pesar de que todas las circunstancias son favorables para los cuidados a la madre, Cayetana y María no tienen buena relación, y en ocasiones ésto general malestar a Josefina, quién no sabe cómo apoyar a sus hijas en sus desavenencias y falta de acuerdo en algunos aspectos relacionados con la organización de los traslados de un domicilio a otro, así como en gestión de sus ingresos económicos, en especial de la ayuda económica que percibe Josefina a través de la conocida como “Ley de Dependencia“, por encontrarse atendida en su entorno familiar.

Cayetana considera que al no estar ella trabajando ni percibiendo ningún tipo de subsidio económico (al contrario que María, que trabaja como maestra en un colegio) ella tiene más derecho a percibir la totalidad de la citada ayuda por cuidar a su madre. Por esta cuestión de percepción de legitimidad, Cayetana se ha dirigido a la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia para realizar un cambio de número de cuenta, de manera que sea ella la que reciba el dinero en una cuenta que ha abierto con su madre, figurando ella como autorizada y la persona en situación de dependencia como titular.

María, al enterarse de que su hermana ha realizado un cambio de número de cuenta sin contar con ella, que también es cuidadora, acude a la citada Agencia de Servicios Sociales y Dependencia y realiza otro cambio de número de cuenta, en la que sólo aparecen la persona dependiente y esta hija -María- como única autorizada. Al siguiente mes, al comprobar Cayetana que no le ingresan el dinero, acude a la Agencia de Servicios Sociales para preguntar qué ha pasado, y detecta que su hermana ha realizado un cambio de número de cuenta.

Ambas hermanas y cuidadoras son guardadoras de hecho de su madre, por este motivo pueden actuar en su representación para este tipo de gestiones, como lo es el cambio de un número de cuenta. En este sentido, Cayetana vuelve a realizar un cambio de cuenta sin tratar el tema con la hermana, y el personal técnico de la Agencia comienza a sospechar que las relaciones familiares son tensas, y que merece la pena realizar un trámite de audiencia a ambas cuidadoras para valorar lo que está sucediendo, lo cual puede llevar aparejada la revisión de la propuesta individual de atención de Josefina, y un cambio de modalidad de intervención o recurso.

Las hermanas acuden a la cita programada y son recibidas por dos trabajadoras sociales, ambas formadas como mediadoras familiares. Durante el transcurso de la entrevista, se percibe claramente que la relación entre ambas está deteriorada, y que ésta circunstancia podría afectar a Josefina. Sin embargo, también se percibe que para las hermanas la madre es lo primero, de manera que incluso anteponen su atención y cuidados a sus propias necesidades personales y familiares.

El proceso de mediación

Estudiado el caso, previa consulta con el Jefe de Servicio correspondiente, se les ofrece la posibilidad de ser objeto de un proceso de mediación -gratuito- para alcanzar una serie de acuerdos mínimos respecto a todo lo relacionado con la atención a Josefina, a lo que ambas acceden de buen grado.

A este respecto se debe dejar claro que no existe ningún servicio de mediación a este fin en la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía; por tanto no existe la intención de generar la expectativa en la población para acceder a este tipo de servicio, pues no está contemplado dentro de la cartera de servicios de la citada Agencia. Sin embargo el buen hacer de las personas profesionales y el deseo de apoyar a la familia, facilitaron que dos profesionales se ofrecieran para realizar esta intervención.

Cuando se comienza a trabajar en esta línea, se percibe que el núcleo del conflicto se relaciona con el hecho de que ambas hermanas están casadas con dos hermanos, y Cayetana se ha divorciado de su marido en una situación muy conflictiva (ha habido una denuncia por malos tratos por parte de Cayetana). El marido de María, hermano del anterior, está muy enfadado por la denuncia que Cayetana ha interpuesto contra su hermano, y la considera totalmente injusta.

Desde este punto, todo lo que se ha venido generando entre las hermanas y los respectivos maridos han sido malos entendidos y desavenencias que han derivado en un distanciamiento de ambas hermanas, en el que ninguna de las dos sabe determinar dónde está el punto de inflexión.

El Objetivo común

Desde el objetivo común de ambas hermanas, que es la perfecta atención a su madre, se trata de mejorar la comunicación y la coordinación respecto a todo lo concerniente a la atención a la madre, de manera que ésta no reciba el impacto del conflicto.

La mediación facilita que cada una de las hermanas se pueda poner en el lugar de la otra, y averiguar lo que siente, desde el lugar que proporciona la escucha activa y abierta, cosa que sin la mediación no son capaces de conseguir.

Las Posiciones

Cayetana se siente no apoyada por su hermana, quién no se ha enfrentado al hermano de su marido y le sigue permitiendo la entrada a su casa. Se siente profundamente incomprendida por su hermana, incluso no respetada y no querida por ella.

A María le duele que su hermana no comprenda que ella no puede impedir a su marido que siga manteniendo una relación cercana con su hermano, ya que además ninguno de los dos hermanos tiene conciencia de que se hayan producido tales malos tratos. Reconoce abiertamente que quiere a su hermana, pero tampoco quiere que su conflicto matrimonial le cueste a ella su propio matrimonio, en el que lleva más de 18 años casada y tiene dos hijos.

Los intereses

Cayetana quiere que su hermana impida la entrada a su domicilio de su exmarido, que no vuelva a tener ningún tipo de relación con él y que la apoye de manera contundente.

Quiere que su hermana se haga cargo de sus dificultades económicas y que le permita disponer de la ayuda económica que percibe Josefina por ser atendida por sus hijas en su entorno a través de “Dependencia”, pues su ex marido no le pasa ningún dinero, a pesar de tener un hijo menor de edad en común, y tiene verdaderos apuros para cubrir las necesidades básicas los meses que Josefina se traslada al domicilio de María.

María quiere que su hermana reconozca que le está generando un grave conflicto matrimonial con su conducta; No quiere intromisiones en su hogar. Quiere que entienda que ella no puede enfrentarse al hermano de su marido, porque eso le puede costar el matrimonio.
Quiere que su hermana consulte con ella todo lo relacionado con la atención a la madre, y que la tenga más en cuenta en este sentido.

Las necesidades

Cayetana afirma que ella ha cuidado siempre de su hermana cuando eran pequeñas. De hecho afirma que ella renunció a estudiar para que pudiera hacerlo María, pues en la casa no había dinero para que estudiaran las dos. Se siente no reconocida por ella, y ésto le duele muchísimo. Necesita que su hermana expresamente le reconozca todo lo que ha hecho por ella, y que la quiere y la apoya a ella y a su hijo pequeño en el tema de los malos tratos. Quiere que se interese por su hijo, ya que a nivel psicológico está muy afectado por la separación de sus padres y por el tema de los malos tratos, estando incluso comenzando a somatizar (tartamudez, timidez extrema, inseguridad, pánicos nocturnos…).

Necesita, igualmente, que su hermana le permita hacer uso de la “ayuda de dependencia” hasta que encuentre un empleo.

María necesita que su hermana le dé tiempo para gestionar el tema de la entrada de su cuñado a casa, pues también quiere que comprenda que su propio matrimonio está en la cuerda floja. Necesita que entienda que -a pesar de que la quiere y que sufre por ella y su situación- toda la problemática que Cayetana ha tenido con su marido ha salpicado a su propio matrimonio, y ella también lo está pasando muy mal.
María se sorprende por los problemas que presenta su sobrino; señala que no tenía ni la menor idea de esta situación, y le comenta a su hermana que lamenta mucho todo lo que están sufriendo, dando muestras verbales de comprensión y apoyo.

El Acuerdo

El resultado final del proceso ha sido alcanzar una serie de acuerdos para mejorar la comunicación y coordinación en los cuidados a su madre, así como un acuerdo en el tema de la gestión de la ayuda económica que percibe Josefina a través de “Dependencia”.

A María no le importa que su hermana Cayetana haga uso del dinero hasta que encuentre un empleo, pues se hace cargo de su situación y dificultades -al no percibir ningún dinero por parte del padre de su hijo; sin embargo, no se compromete a impedir la entrada de su cuñado a su casa, por respeto a la relación de parentesco que lo une a su marido.

Cayetana se compromete a buscar activamente empleo, así como a comunicar a su hermana cualquier asunto de especial interés relacionado con la atención a su madre; sin embargo, asegura que una relación afectuosa y cercana como la que tuvieron no la va a tener en la actualidad, mientras su hermana permita la entrada de su exmarido en su casa.

El resultado

A los 4 meses se realizó una visita domiciliaria -sin previo aviso, detectando que la relación entre ambas hermanas había mejorado, de manera que -aunque no era especialmente cercana ni afectuosa, sí que había un mayor respeto entre ambas, y Josefina era completamente participe de esta mejora en las relaciones, lo que provocó que ella misma valorara positivamente nuestra intervención.

La atención a Josefina, como siempre, inmejorable.

*** Esto son sólo retazos de una intervención desde el ámbito social, a través de la mediación familiar.

Autora y mediadora interviniente en el proceso: Inmaculada Asensio Fernández    –     http://inmaculadasol.com/

Mediación escolar en casos de Bullying.

bullying

En los últimos años estamos asistiendo a un aumento en el número de casos de acoso escolar. Según los datos recogidos en el informe Acoso escolar y ciberacoso: propuestas para la acción, llevado a cabo por la organización Save the Children en el año 2014,  un porcentaje muy alto de niños han sido víctimas de acoso escolar (en torno al 40%) y más de la mitad han observado alguna situación de este tipo. El acoso escolar y el ciberacoso representan formas de violencia que viven millones de niños en España y en el mundo, y que tienen repercusiones negativas en su bienestar, su desarrollo y el ejercicio de sus derechos. El caso de  la menor de 16 años que recientemente decidió quitarse la vida tras sufrir ‘bullying’ en su instituto, nos hace plantearnos qué medidas se deben de adoptar para que en nuestros centros educativos dejen de ocurrir episodios tan lamentables. En este espacio quiero aportar algunas conclusiones sobre si es factible o no emplear la mediación escolar en situaciones de acoso o violencia.

El acoso escolar (también denominado bullying), es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. En términos generales, se trata de la asunción de poder a través del uso de la agresión, la amenaza y el chantaje, en un intento de hacer daño de forma deliberada. La persona que está siendo intimidada, en general siente que no puede hacer nada para  que se detenga el abuso y existe un claro desequilibrio de poder entre el autor y la víctima.

Este polémico videoclip del grupo de música Indochine, refleja de forma explicita una situación de acoso escolar.

El comportamiento de intimidación puede tomar varias formas, incluyendo ataques psíquicos, amenazas verbales, insultos, agresión física, rechazo, extorsión, exclusión y una gama de conductas que atentan contra de la autonomía y la libertad de la víctima. Este comportamiento también adquiere formas más sofisticadas y en la actualidad muchos escolares son intimidados y  acosados a través de las redes sociales o por mensajería móvil, lo que se conoce como ciberacoso o acoso a través de Internet.

La Mediación escolar o mediación entre pares es una estrategia común que se emplea en los centros escolares para hacer frente a los conflictos que surgen entre el alumnado, y que forman parte de la cotidianidad en todas las escuelas. Para enseñar a los jóvenes las habilidades de resolución de conflictos y darles la posibilidad de resolverlos, los educadores de todo el mundo implantan programas de mediación. Décadas de investigación han demostrado la eficacia de estos programas y los beneficios que proporcionan a los estudiantes y al clima general de la escuela.

A pesar de los efectos positivos que tiene la implantación de programas de mediación para la resolución de los conflictos que surgen en los centros escolares, la gravedad que suelen llevar asociados los casos de acoso, nos hace preguntarnos acerca de la idoneidad de emplear la mediación en el abordaje de este tipo de problemáticas.

Si tenemos en cuenta los siguientes factores podemos llegar a la conclusión de que la mediación en casos de intimidación o acoso escolar no siempre es recomendable:

  • La intimidación y el acoso no es un conflicto, es una forma de victimización. Al igual que los menores que sufren abuso infantil o violencia doméstica, los niños que son intimidados o acosados, son victimizados.
  • El empleo de la mediación para abordar el acoso puede transmitir un mensaje erróneo tanto a la victima como al agresor. La propia naturaleza de la mediación implica el establecimiento de puentes en común para resolver una situación conflictiva, y mediante su uso  se correría el riesgo de que la víctima entienda que ambos (agresor y victima) tienen parte de razón y parte de culpa y que los dos tienen que trabajar para solucionar el problema, cuando el mensaje real que tiene que recibir es que en ningún caso merece ser intimidado y que se hará todo posible para detener el acoso. Por otro lado, el mensaje contundente que tiene que recibir el agresor es que su comportamiento es intolerable y debe de interrumpirlo.
  • La mediación puede resultar muy molesta para el menor víctima de acoso. El tener que enfrentarse con su agresor durante el proceso puede hacerle sentir peor.

En conjunto, las características de las situaciones que involucran acoso, como son los potenciales problemas legales y disciplinarios que conllevan, la necesidad de evitar una revictimización y los desequilibrios de poder que existen entre agresor y víctima, hacen que la mediación no sea recomendable en estos casos. Teniendo en cuenta los factores que hemos mencionado, es necesario estudiar cuidadosamente los casos y evaluar si una disputa o controversia  es apropiada para tratarse en mediación o no.

Las cuestiones relacionadas con la idoneidad o no de tratar un posible caso a través de la mediación, por lo general no están claras antes de realizar la entrevista de admisión al programa. Los coordinadores siempre deben de evitar sacar conclusiones precipitadas sobre un caso hasta que ambas partes sean entrevistadas. Es en esta reunión inicial cuando se hace evidente si una de las partes está acosando y la otra es principalmente la víctima.

Cuando el coordinador o la persona responsable del programa es consciente de que se trata de un “conflicto de acoso” debe de proceder rápidamente activando el protocolo de actuación en casos de acoso o violencia escolar. Al haber tenido la oportunidad de establecer una relación con la victima, el coordinador intervendrá a través de tres ejes fundamentales:

  • Proporcionándole apoyo, demostrándole confianza y asegurándole que la situación que está padeciendo va a terminar. Hacerle ver que no es culpable de lo que le está pasando y que a cualquier persona podría sucederle lo mismo.
  • Darle información sobre cuáles son sus derechos y los procedimientos que tiene que seguir para iniciar una reclamación en el sistema escolar o presentar una demanda.
  • Es esencial que las víctimas sientan que su situación se puede resolver y también que aunque la  mediación puede que no sea el método más idóneo para ello y que probablemente no solucione el problema, siempre existe la posibilidad, si ambas partes se muestran de acuerdo y colaboradoras y siempre que el experto lo considere conveniente, de iniciar un proceso de mediación antes de iniciar procesos disciplinarios formales.

Desde un enfoque preventivo, podemos decir que a través de la mediación escolar, la participación en la resolución de conflictos se convierte en una oportunidad de aprendizaje, ya que el alumnado entrenado adquiere formación en resolución de disputas y la experiencia necesaria para reconocer las situaciones de gravedad que requieren la intervención de un adulto.

Los alumnos mediadores adquieren conocimientos de su formación y la posterior aplicación de las habilidades que han adquirido, y los alumnos que participan en el proceso de mediación, aprenden a cómo resolver los conflictos de forma pacífica.Todo ello hace que si se dan casos de acoso escolar en un centro, estos sean más fácilmente detectables y no se produzca el fenómeno de los espectadores o testigos pasivos ante el bullying, ya que el alumnado cuenta con más herramientas para poder denunciar y hacer frente a este tipo de situaciones.

Francisco Góngora.

¿Qué factores inciden en el comportamiento delictivo de un menor?

Delincuencia juvenil.

Mi post anterior en Resuelve Ahora, trata sobre  la mediación como una herramienta de gran utilidad para intervenir con menores que han cometido algún delito y son juzgados por ello. Aquí nos vamos a centrar en exponer cuales son los factores que están presentes en el núcleo familiar y aumentan las probabilidades de que el menor tenga problemas de comportamiento ( factores de riesgo), así como los factores protectores, es decir, las pautas que deben de seguir los progenitores para disminuir esta probabilidad. Resuelta   fundamental conocer estas causas, ya que nos aportan material para poder así adoptar un enfoque preventivo en el área de intervención con familias en la que se centra nuestro principal ámbito de actuación.

Las investigaciones apuntan a varias circunstancias entre las determinantes del alcance de los problemas de conducta y la delincuencia que se manifiesta en un menor de edad. Las relaciones familiares, los deberes, las responsabilidades y los privilegios, y la cantidad de control que se ejerce sobre los menores, juegan un importante papel en la formación del carácter e influyen de un modo determinante en el comportamiento. Las actitudes y acciones de los progenitores influyen de manera decisiva en las actitudes y comportamientos de los hijos/as. Cualquier perturbación grave en uno o ambos padres puede producir un impacto negativo devastador en un joven. Los roles y las normas que los jóvenes siguen, las aprenden a través de las experiencias individuales que les brinda su pertenencia a una familia, suponiendo uno de los pilares básicos de su proceso de socialización. Cuando falla la familia, otros agentes socializadores asumirán un papel cada vez mayor en la vida de un niño, como puede ser un grupo de iguales que ejerzan una mala influencia.

A veces las familias tienen una tendencia a contribuir a la conducta problemática y posteriormente  delictiva de los jóvenes. El conflicto prolongado entre los padres que demuestran  ideas opuestas o un  modelado negativo del tipo “No hagas lo que yo hago; pero haz lo que yo digo”, puede enseñar indirectamente lecciones completamente opuestas a las previstas. Esta forma de aprendizaje indirecto mediante la observación de modelos parentales negativos es uno de los principales factores que puede causar comportamientos infractores. Varios estudios explican el considerable impacto sobre el menor de un rol parental negativo.

La disciplina es otro de los elementos claves en la interrelación entre progenitores e hijos, que puede ser un factor de riesgo para comportamientos problemáticos o delictivos. Una supervisión inadecuada por  parte de los padres, el  establecimiento de una disciplina errática ( a veces estricta y otras veces laxa) o demasiado estricta o extremadamente laxa, y también la falta de coherencia entre los progenitores a la hora de aplicar pautas y normas disciplinarias, convierte a los menores en víctimas de fallas graves educativas. La consistencia y la persistencia en la aplicación de las normas son necesarias para que el menor aprenda a comportarse de forma conveniente. Las situaciones y los métodos de control y de aplicación de pautas educativas, deben de ocurrir con regularidad suficiente para que el menor sea capaz de distinguir entre el comportamiento adecuado y el inadecuado.

Las investigaciones demuestran que el comportamiento violento o agresivo a menudo se aprende temprano en la vida. Sin embargo, los padres, familiares o cuidadores pueden enseñar a los niños/as a lidiar con las emociones sin usar la violencia e ir adquiriendo autocontrol e inteligencia emocional. Al igual que la mala práxis educativa de los progenitores puede provocar en los hijos/as comportamientos delictivos a temprana edad, también tienen el poder de jugar un papel principal en la reducción de la violencia y comisión de infracciones, adoptando un modelo educativo coherente y basado en valores para la convivencia.

Orientaciones para padres.

A continuación expondré algunas sugerencias para padres o cuidadores que funcionan como factores protectores en la prevención del comportamiento violento y delictivo.

  • Aporta a tus hijos amor y atención constantes.

Cada niño/a necesita establecer una fuerte relación con un padre, madre u otro adulto para sentirse seguro y desarrollar un sentido de confianza. Los problemas de conducta y delincuencia se desarrollan con menos frecuencia en los menores cuyos padres participan de forma activa y consciente en sus vidas, especialmente a una edad temprana.

  • Proporciona a tus hijos/as control y supervisión.

Los niños/as dependen de sus padres y miembros de la familia para su desarrollo, protección y apoyo, a medida que aprenden a pensar por sí mismos y se van haciendo autónomos. Sin supervisión adecuada, no reciben la orientación y la guía que necesitan. Los estudios indican que sin un control adecuado a menudo tienen problemas de comportamiento que pueden derivar posteriormente en delincuencia.

  • Sé constante con las normas y la disciplina.

Los niños/as necesitan una estructura, en la que cuenten con  expectativas claras acerca de las consecuencias de su comportamiento. Es conveniente establecer normas y hacer que se cumplan de manera constante y firme. Establecer reglas y luego no hacerlas cumplir es confuso y configura en  los niños la imagen de que finalmente pueden salirse con la suya. Una buena idea es involucrar a los niños en el establecimiento de normas siempre que sea posible. Explique a sus hijos/as lo que usted espera, y cuales son  las consecuencias de no seguir las reglas. Esto les ayudará a aprender a comportarse de manera correcta y a ir adquiriendo control sobre su conducta.

  • Incentiva la realización de actividades saludables.

Anime a sus hijos en edad escolar o mayores a participar en actividades monitorizadas después de la escuela, tales como pertenecer a equipos deportivos u otras actividades de ocio que les gusten y les motiven. Es importante que acompañe a sus hijos/as en estas actividades de juego y ver cómo se comportan con su grupo de iguales. Enséñelos a responder adecuadamente cuando otros utilizan insultos, amenazas o agresiones físicas. Explique a sus hijos que no se trata de conductas apropiadas y como resolver esas situaciones de forma adecuada, utilizando otro tipo de comportamientos como el diálogo.

  • No incite a su hijo a tener comportamientos violentos.

En ocasiones algunos padres alientan la conducta agresiva sin saberlo. Por ejemplo, algunos padres piensan que es bueno para un niño/a que aprenda a defenderse empleando la fuerza física. Enseñe a sus hijos que es mejor resolver los problemas utilizando el diálogo y no con puñetazos, amenazas o armas.

  • Mantenga la violencia fuera de su hogar

La violencia en el hogar puede ser muy  perjudicial para los niños. Estos necesitan un hogar seguro y afectuoso. Un niño que ha visto la violencia en su casa no siempre se convierte en violento, pero tiene más probabilidades de tratar de resolver los conflictos con violencia. Tenga en cuenta también que las discusiones hostiles y agresivas entre los padres son mal ejemplo para ellos.

  • Enseña a tu hijo/a a respetar y a ser honesto.

A menudo los niños aprenden con el ejemplo. Los comportamientos, valores y actitudes de los padres y hermanos tienen una fuerte influencia en ellos. Los valores del respeto, la honestidad, la tolerancia y la solidaridad, pueden ser fuentes importantes de ejemplo para ellos, especialmente si se enfrentan a la presión negativa de los compañeros en el colegio o en el vecindario. Ayude a sus hijos a aceptar y llevarse bien con las personas de diversos orígenes raciales y étnicos. Enséñeles que criticar a la gente porque son diferentes puede hacer daño, y que los insultos son inaceptables. Asegúrate que entiendan que el uso de las palabras para incitar a la violencia – o aceptar en silencio el comportamiento violento – es perjudicial. Advierta a su hijo que el acoso y las amenazas hacia otros puede tener consecuencias muy graves. La mayoría de los niños a veces actúan de forma agresiva y pueden golpear a otra persona. Sea firme con sus hijos/as sobre los posibles peligros de un comportamiento violento. Recuerde también elogiarlos cuando resuelvan los  problemas de forma constructiva y sin agresividad. Son más propensos a repetir las buenas conductas cuando son recompensados con atención y elogios.

  “La educación es la vacuna contra la violencia” Olmos, Edward James

Francisco Góngora.

El impacto del divorcio en niños/as y adolescentes.

Afrontar el divorcio El divorcio supone un cambio enorme en la vida de un niño o niña sin importar la edad. Ser testigo de la pérdida del amor entre los padres, de la ruptura del matrimonio, ajustarse a ir y venir entre dos hogares diferentes y la ausencia diaria de un padre mientras vive con el otro, suponen múltiples alteraciones que crean una nueva circunstancia familiar que conlleva un desafío para la vida del niño/a. En la historia personal del menor, el divorcio de los padres implica un acontecimiento decisivo. A partir de este momento, la vida que sigue cambia significativamente de cómo era antes.

Se producen diferentes respuestas a este acontecimiento en función de si el niño/a está todavía en la infancia  o ha entrado en la adolescencia . La propensión  general es que el divorcio tienda a intensificar la dependencia del niño y tienda a acelerar la independencia del adolescente. A menudo provoca una respuesta más regresiva en el niño/a y una respuesta más agresiva en el adolescente. Esto se debe a que  los/as niño/as están estrechamente vinculados a los progenitores, dependiendo fuertemente del cuidado de estos, y tienen a la familia como núcleo principal de su vida social. Los adolescentes son más independientes, suelen estar más separados y distantes de los padres, son más autosuficientes, los/as amigos/as son sus referentes y se han convertido en el núcleo principal de su vida social.

Para los/as niños/as  pequeños, el divorcio sacude la confianza en la protección que les proporcionan los progenitores, que ahora se comportan de una manera poco segura. La unidad familiar se divide en dos hogares diferentes, entre los que el niño/a debe aprender a ir y venir. No poder estar con uno de los padres sin tener que estar lejos del otro les genera inestabilidad e inseguridad. Convencer a un niño pequeño de la permanencia del divorcio, de que es algo definitivo y no hay vuelta atrás, puede ser difícil ya que suelen fantasear con que de alguna manera, mamá y papá van a vivir juntos de nuevo algún día. Se trata de una ilusión para ayudar a aliviar el dolor de la pérdida. El adolescente es mucho más rápido en aceptar el carácter definitivo de este cambio.

La reacción a corto plazo  va a depender de cómo los progenitores gestionen el proceso de divorcio. Las investigaciones demuestran que en las familias que han tenido muchos conflictos antes y después de la separación y han involucrado a sus hijos/as en ellos, la evolución de la adaptación psicológica y emocional de los hijos/as es bastante más negativa, que en aquellas familias que gestionan la separación de manera pacifica. Lo normal es que ante todos los cambios y los nuevos acontecimientos que se producen en esta situación, el niño/a se muestre ansioso ante lo desconocido y se empiece a hacer preguntas acerca de lo que va a suceder a continuación, quién va a cuidar de el/ella, con cuál de los padres va a vivir, cuándo va a poder ver al otro/a…etc.  Todo ello les genera temor y preocupación y la respuesta se puede manifestar a través de comportamientos regresivos. El niño/a desea volver a su vida anterior y puede manifestar ansiedad de separación, volver a no controlar esfínteres, tener lloriqueos y rabietas constantes y pérdida de las habilidades de autocuidado establecidas. La regresión a la dependencia anterior puede ser en parte un esfuerzo para provocar preocupación de los padres, e intentar acercarlos. Todo ello requiere de una especial atención por parte de los progenitores, que en demasiadas ocasiones están enfrascados en su propio dolor, intentando encajar la separación.

El adolescente es más independiente y tiende a reaccionar de manera más agresiva al divorcio, a menudo responden con rebeldía , ignorando la disciplina familiar y cuidando de sí mismos, ya que los padres no han podido mantener los compromisos con la familia que se hicieron originalmente. Ahora el adolescente puede actuar de forma agresiva para tomar el control de su vida comportándose aún más distante y desafiante, más decididos a vivir su vida a su manera, y más dedicado a su propio interés que antes. Se siente cada vez más autónomo de una situación familiar de la que se encentra desconectado.

¿Qué debo hacer?

Para los padres que se divorcian, la prioridad es establecer un sentido de orden familiar y previsibilidad. La relación de un niño/a con sus padres después de un divorcio es fundamental para su adaptación. Aunque la angustia de no estar con ambos padres es una de las partes más dolorosas del divorcio, es la relación continuada que tienen los niños con sus progenitores lo que resulta esencial para su adaptación a largo plazo.

Los/as niños/as tienen un mejor ajuste cuando las visitas con el padre no custodio son regulares, predecibles y ocurren en un ambiente “libre de conflictos”. La calidad de la relación es más importante que la cantidad. Si el contacto frecuente se da en circunstancias adversas, el niño puede tener problemas de adaptación. El ajuste del menor al divorcio será mejor cuando los padres logran establecer una rutina y la vida del niño/a se ve interrumpida lo menos posible.

Los progenitores con hijos/as adolescentes, deben de ser conscientes de los posibles problemas que la inestabilidad del divorcio puede ocasionar y deben de estar preparados  para dar a sus hijos el apoyo que necesitan para desarrollarse de manera saludable en su camino a la edad adulta. Las investigaciones demuestran que una educación basada en el apoyo sostenido de los progenitores, puede ayudar a reducir el impacto psicológico y emocional  negativo del divorcio en los adolescentes.

Es importante que los especialistas puedan transmitir a los progenitores que acuden en busca de asesoramiento, la necesidad de gestionar el divorcio de manera que afecte lo menos posible a la vida de sus hijos/as. Una de las herramientas más valiosas para tratar este tipo de asuntos familiares es la mediación , un incomparable espacio en el que con la ayuda de un profesional especializado podrán discutir y llegar a un consenso sobre cómo van a reconstruir su nueva vida familiar tras la separación, y digo su nueva vida familiar, porque aunque su relación sentimental ha finalizado, lo que sigue perdurando es su relación como progenitores. En próximas entradas seguiremos profundizando en aspectos relativos a cómo separarse de la manera más ecológica posible para la vida de todos los integrantes de la familia.

Francisco Góngora.

Cómo elaborar un plan de crianza de los hijos/as tras la separación

cuentos-e-emocional

Un plan de crianza es un documento escrito que describe de forma detallada cómo los progenitores van a educar a sus hijos/as tras la separación o el divorcio. Este documento se centra en la descripción de las pautas educativas y de crianza que van a establecer los progenitores, dejando de lado terminologías jurídicas.

En el plan de crianza se van a considerar los siguientes aspectos:

  1. Acuerdos de  vivienda y horarios para los progenitores.
  • Arreglos residenciales. Decidir si el niño/a va a vivir principalmente en una residencia  o se irá trasladando de casa.
  • Las consideraciones geográficas. Considerar la distancia a la que viven los progenitores.
  • El movimiento del menor entre los hogares. Cuáles son los detalles acerca de dejar y recoger. Se deberá de considerar este aspecto,  especificando horas, días, la ubicación y la persona responsable de la recogida y regreso.
  • Acordar el servicios de guardería y cuidado de niños
  • Cómo se van a comunicar los con los hijos/as cuando están con el otro progenitor. Establecer el modo de comunicación y el horario.
  • Cambios en los horarios .Tener en cuenta circunstancias que podrían requerir cambios de horario como  enfermedad, retrasos, eventos sociales, ocasiones especiales, acontecimientos imprevistos. Dejar claro cómo se van a gestionar estos cambios.
  • Pertenencias del niño/a . Si el menor tendrá las mismas pertenencias o diferentes pertenencias en casa de cada uno de los progenitores.
  • La vida social del niño/a. Aquí se determinarán aspectos relacionados con las actividades sociales del menor. Cómo va el niño/a a pasar tiempo con amigos,  quién va a llevar al niño/a a eventos sociales como fiestas de cumpleaños o cuándo va a poder dormir fuera de casa.
  1. Vacaciones, días de fiesta, días especiales.
  • Los arreglos para fiestas (Considerar las vacaciones escolares, las vacaciones de verano, vacaciones de navidad, días festivos…)
  • Medidas relativas a otros días importantes (Considerar los cumpleaños, día de la Madre, día del Padre, y otros eventos, como bodas, graduaciones, funerales, etc.)
  1. Cuidado de la salud
  • Las decisiones sobre la atención médica o dental. Precisar cómo se tomarán las decisiones sobre el tratamiento médico o dental y acerca de las vacunas u otros tratamientos preventivos.
  • Acordar como van a gestionar las necesidades especiales que pueda tener el menor (considerar el tratamiento de ortodoncia, asesoramiento psicológico, fisioterapia,las gafas, los medicamentos con receta).
  1. Educación Escolar.
  • Las decisiones acerca de cualquier elección o cambio en la escuela, programa escolar, necesidades educativas especiales, tutorías, etc. Establecer criterios para tomar este tipo de decisiones.
  • La asistencia a las conferencias de padres y maestros y eventos de la escuela. Determinar quién va a asistir.
  • Los viajes escolares (considerar la firma de los formularios de permiso, el pago para los viajes, la asistencia de los padres)
  • Ausencias escolares ( avisar cuando el menor se tenga que ausentar del colegio y en que circunstancias).
  1. Pautas educativas.
  • Acordar cuales van a ser los métodos educativos a adoptar, la disciplina y el estilo de vida. Los asuntos relativos a las normas, horarios para dormir, hacer las tareas escolares, colaboración en las tareas domésticas..etc.
  • Considerar los asuntos relacionados con el uso del ordenador, incluyendo redes sociales, u otros dispositivos electrónicos tales como teléfonos móviles, tabletas, o sistemas de juego (establecer qué tipo de normas van a adoptar)
  1. Las actividades extraescolares
  • Acordar las actividades extraescolares a las que van a acudir los menores (tener en cuenta los horarios, cómo lo van a pagar..etc.)
  • Tomar decisiones sobre eventos culturales, la educación y las actividades que el menor realiza en la comunidad.
  • La enseñanza de idiomas.
  1. Religión
  • Tomar decisiones acerca de la educación religiosa y las actividades religiosas familiares como bautizo, comunión.
  1. Los abuelos y la familia extensa.
  • Determinar con qué frecuencia y cuándo van a visitar a la familia extensa y las labores de cuidado que esta puede ejercer con los niños/as.

       9. Viajes.

  • Avisar al otro progenitor de viajes con los hijos/as ( ¿Qué tipo de información se va a compartir? ¿Si deben de avisar antes de programar el viaje? ¿Cómo se van a comunicar con los hijos/as durante su estancia fuera?)
  • ¿El consentimiento por escrito para que el niño/a viaje fuera del país puede ser necesario?
  1. La comunicación entre los padres
  • Tipo de información que debe de ser comunicada (considerar la información médica, información escolar, cambio de dirección, números de teléfono, planes de viaje).
  • Si van a comunicarse información relativa a comportamiento, premios y sanciones de los hijos/as.
  • Qué medio van a utilizar para comunicarse (considerar el correo electrónico, mensajes de texto, teléfono…)
  • Frecuencia de la comunicación.
  • Cuando se produzca una situación de emergencia, ¿cómo lo comunican?
  1. Hacer cambios en el plan de crianza
  • Determinar cómo van a gestionar el proceso para realizar cambios en el horario de crianza de los hijos o de otras cuestiones relativas al cuidado de los mismos. Considerar la necesidad en el futuro de hacer una revisión de los acuerdos al cambiar las circunstancias de los progenitores e hijos/as.

Lo principal es que el plan de crianza refleje los intereses y las necesidades de los hijos/as. Por otro lado, es un documento de bastante utilidad, ya que puede ayudar a reducir los conflictos entre los progenitores al establecer directrices y expectativas claves que pueden evitar malentendidos en el futuro.

Las investigaciones demuestran que las posibilidades de que los hijos/as afronten con éxito el divorcio o separación de los progenitores son mas elevadas si estos cooperan entre si.  La reducción de los conflictos por parte de los adultos va a suponer una garantía para el bienestar de los menores.

Un plan de crianza debe de tener el suficiente detalle para ser útil y a la vez ser lo suficientemente flexible para ser realista. Una de las consideraciones a tener en cuenta a la hora de elaborarlo va a ser la edad de los hijos/as y lo capacitados que estén los progenitores para colaborar mutuamente.

Si existe acuerdo y una buena comunicación, el plan de crianza se puede elaborar de forma conjunta. En otros casos, van a necesitar ayuda para llegar a acuerdos a la hora de establecer cuales son las pautas educativas que van a seguir y cómo van a llevarlas a cabo y la mediación familiar puede ser la herramienta más útil para ello.

Recuerda, lo mejor que podéis hacer por vuestros hijos/as es respetaros mutuamente.

Francisco Góngora.

 

 

Pautas de actuación con los/as hijos/as en una situación de ruptura

separación padres hijos

Cuándo se produce una situación de ruptura los más vulnerables suelen ser los menores, por este motivo, los progenitores deben de tener claro cómo deben de actuar con sus hijos/as. Para ello, exponemos ocho sencillas pautas que pueden servir de guía a  todas las personas que se encuentren inmersas en una etapa similar.

  1. Deben de permitirles expresar sus sentimientos.
  2. Dejar claro cuales son los cambios que se van a producir y que estos son de carácter permanente.
  3. Eliminar los sentimientos de culpa, ya que a veces pueden sentir que son ellos/as los culpables de la separación.
  4. No discutir en presencia del niño/a, y mucho menos sobre custodia, visitas o manutención.
  5. No introducir más cambios que los necesarios ( vivienda, colegio, amigos)
  6. No separarle de hermanos, abuelos u otros familiares importantes para ellos/as.
  7. Informar al colegio de la nueva situación.
  8. No expresar sentimientos de tristeza delante de ellos/as, ya que no tienen que percibir la situación como algo negativo.

Francisco Góngora.