Mediación familiar en situaciones de dependencia.

Aplicaciones de la mediación familiar a los conflictos derivados de la atención a situaciones de dependencia.

Artículo publicado en Revista de Mediación Volumen 9 Nº 1. Por Inmaculada Asensio Fernández y Francisco Góngora Gómez

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Resumen:  

A lo largo de este artículo se presentan los profundos cambios sociales que se han producido en las últimas décadas y que están afectando a la gestión familiar de los cuidados a las personas en situación de dependencia. Esta circunstancia está provocando importantes conflictos y desavenencias en las redes naturales de apoyo necesarias para la normalización de los cauces de ayuda fundados en los vínculos de afecto que caracterizan a las sociedades. Se exponen, así mismo, los beneficios de la mediación a través de la ejemplificación de situaciones de conflicto habituales relacionadas con el ámbito de la dependencia, poniendo especial hincapié en las herramientas y técnicas que la persona mediadora ha de emplear para la resolución pacífica de las mismas.

Para leer el texto completo pincha este enlace directo al artículo en la revista: https://revistademediacion.com/articulos/aplicaciones-la-mediacion-familiar-los-conflictos-derivados-la-atencion-situaciones-dependencia/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La perspectiva de género en mediación familiar

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El género impregna la dinámica de nuestras interacciones personales diarias. Los conceptos de género van más allá de las diferencias biológicas de ser hombre o mujer. Los términos femenino y masculino implican características psicológicas y conductuales que definen los roles culturales de cada uno. Estos roles diferenciados, se asignan a las personas en función de su sexo y se conocen como estereotipos de género. Se trata de modelos o patrones de conducta que definen cómo deben ser, actuar, pensar y sentir los hombres y las mujeres en una sociedad y representan un conjunto de atributos o características que las personas asumen como propios, trasmitiéndose de generación en generación. Esta diferenciación de funciones se ha instaurado tan sólidamente en nuestra forma de interactuar que aquellos que se salen fuera de sus patrones son vistos de manera negativa. En este sentido, es parte de la función del mediador, actuar como un facilitador neutral, ayudando a que las partes no se relacionen por medio de patrones estereotipados, sino a través de reconocer los puntos de vita diferentes y reflexionar sobre las acciones y responsabilidades de cada uno.

En mediación familiar, resulta fundamental conocer y entender la evolución y los cambios que se han producido en las familias a lo largo del tiempo y entender el papel que el género ha jugado en dichos cambios. La mediación familiar, como disciplina basada en la filosofía del pacto, la tolerancia y la equidad, debe de cuestionar los roles tradicionales y las limitaciones que los mismos imponen en todos los miembros de la familia, e integrar en su teoría y en su práctica un instrumento tan poderoso para cambiar y entender la realidad familiar como es la perspectiva de género. Sin dicha perspectiva seguiremos manteniendo situaciones de discriminación en la estructura familiar que nos impedirá ver formas diferentes de abordar los conflictos.

Uno de los puntos en los que suele haber controversia, es en el relativo a la asunción de una crianza basada en la igualdad, en la que el padre y la madre admitan de forma equitativa la responsabilidad en el cuidado de los hijos/as. Durante la mediación de asuntos relacionados con la coparentalidad , es a veces difícil evitar los problemas asociados con los roles de género que traen las partes y que impregnan su forma de concebir sus experiencias de vida y sus interacciones dentro de la familia y la comunidad. Siempre teniendo en cuenta su papel neutral e imparcial, el mediador deberá de hacer un esfuerzo  a lo largo de su intervención para contrarrestar los efectos negativos de la diferenciación de roles basados en estereotipos, evitando en su  lenguaje y su discurso los prejuicios de género y facilitando a través de la formulación de preguntas y el empleo de técnicas, un cambio positivo en la mentalidad de los participantes que les posibilite alcanzar acuerdos desde una posición de igualdad de condiciones.

 La mediación tiene el potencial de crear un ambiente acogedor para los participantes de ambos sexos, para ello los mediadores deben de ser conscientes de los problemas que pueden ocasionar los sesgos de género y facilitar el equilibrio en el proceso de negociación. Resulta  necesario poner de manifiesto la conexión que tienen los problemas de la familia con los estereotipos culturales relativos a los papeles asignados a los hombres y mujeres y con las relaciones de poder.

El objetivo de este post es concienciar sobre la importancia de contemplar el enfoque de género en los procesos de negociación, evitando los estereotipos y posibilitando una resolución neutral y equitativa. Abordar los asuntos familiares desde una perspectiva de género es esencial para ofrecer soluciones que tengan en cuenta las realidades de todos los miembros de la familia de un modo más justo.

Francisco Góngora.

 

Mediación en contextos interculturales.

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En tanto que herramienta de resolución y pacificación de conflictos, la mediación se emplea en muchos ámbitos para responder a distintas necesidades. El conflicto es consustancial a la naturaleza humana y, por tanto, está presente en todas las situaciones habituales de la convivencia y las relaciones entre las personas. Uno de los contextos en los que se aplica la mediación es, en la gestión de los conflictos surgidos en entornos multiculturales. En este sentido, la mediación intercultural es definida como, “un recurso profesionalizado que pretende contribuir a una mejora de la comunicación, relación e integración entre personas o grupos presentes en un territorio y pertenecientes a una o varias culturas” (Desenvolupament  comunitari y Andalucia Acoge, 2002:101). Atendiendo a aspectos relacionados con la prevención de los conflictos y el establecimiento de una mejor comunicación e interacción, Carlos Giménez  (1997) defiende una definición más amplia de mediación, que no se limita a la resolución de conflictos sino a mejorar las relaciones humanas entre los grupos culturalmente distintos.

España en la actualidad es una sociedad plural y multicultural, en la que conviven personas de muy diversas culturas. Esta realidad social, en la que existen diferencias culturales y lingüísticas, influye de manera significativa en la integración y convivencia de las personas que coexisten en un mismo territorio. Los inmigrantes que llegan a un país de acogida, en el que pretenden establecerse, se encuentran con muchos obstáculos que tienen que sortear, como son el desconocimiento de la sociedad  y su entramado, las limitaciones de acceso a los servicios públicos por desconocimiento de su funcionamiento o las limitaciones lingüísticas.  En este contexto surge la mediación intercultural, como un servicio especializado cuyo objetivo es compensar estas desigualdades, que afectan de manera crucial a la adaptación e integración de las personas inmigrantes.

Por otro lado, la mediación intercultural facilita  la comunicación entre grupos con culturas diferentes, contribuyendo al conocimiento mutuo de las normas y costumbres. Ayuda a nativos e inmigrantes a comprenderse mejor , no solo en cuestiones idiomáticas, sino en sus particularidades culturales, con el fin de conseguir una interacción más efectiva y significativa. La mediación se constituye en una herramienta de gran valor, suponiendo un factor clave de conexión en situaciones en las que la comunicación está fuertemente influenciada por características culturales, construyendo un “puente” de unión necesario para el entendimiento. Con ello limita el afloramiento de conflictos, reduciendo el peso de los estereotipos y prejuicios que componen una de las principales barreras para la aproximación entre culturas y favorece actitudes de apertura, compromiso social y neutralidad en el abordaje de las disputas.

La persona mediadora deberá de estar constituida por un profesional con conocimientos teóricos y técnicos que le posibiliten orientar de la mejor manera posible su actuación. Para ello, deberá de haber superado  los estereotipos y prejuicios que le impiden aceptar a las personas como diferentes, en sus múltiples facetas y culturas. “El agente de mediación intercultural ha de ser una persona sin fronteras, que sabe reconocer y extraer de los “márgenes” lo más significativo para la construcción de seres plurales” (Accem, 2009:49)

Para el ejercicio ético y competente de la mediación, el mediador intercultural deberá de cumplir los siguientes principios:

  • Respetar la privacidad de los individuos con los que colabora.
  • Tiene que ser imparcial en cuanto a género, religión, origen étnico, nivel educativo y socioeconómico de las personas involucradas en la mediación.
  • El mediador ayudará a ambas partes a interpretar correctamente el comportamiento del otro, tanto verbal como no verbal, contribuyendo a generar un clima de confianza.
  • Asumirá un papel de asesoramiento si se le solicita, en el sentido de proporcionar información o ayudar en la cumplimentación de formularios, sin verter en esta tarea opiniones personales.
  • No tiene derecho a ocultar información durante una traducción.
  • Fomentará en la persona la toma de decisiones propias después de haber sido correctamente informada.
  • No ejercerá funciones de psicólogo o médico, ya que no entran dentro de sus cometidos.
  • Si observa que la persona inmigrantes es víctima de alguna situación injusta, deberá de ayudarlo a entender sus derechos con el fin de poder reivindicarlos.

A medio y largo plazo, la mediación intercultural aporta beneficios significativos en las siguientes áreas:

  • Facilita el acceso de los inmigrantes a los servicios públicos y los recursos comunitarios.
  • Contribuye a la lucha contra la discriminación, el racismo y la xenofobia.
  • Es un factor clave dentro de una estrategia de integración coherente de personas inmigrantes en nuestra sociedad.
  • Favorece la creación de conciencia social.
  • Promueve el desarrollo de capital humano y el enriquecimiento de la sociedad.

 

La falta de curiosidad o inapetencia por las culturas ajenas es, a mi entender, un índice de decadencia y pasividad, porque la cultura afectada por este síndrome se convierte en mero objeto de contemplación”. (Juan Goytisolo).

 

Por Francisco Góngora.

 

La Mediación como instrumento de conciliación familiar.

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En el año 1981 se vuelve a admitir de forma legal en España el fin del matrimonio, tras ser derogada la primera ley de divorcio en 1932. En 2005, entraba en vigor la Ley del divorcio express y las cifras de parejas que interponen una demanda judicial de separación o divorcio según el Instituto Nacional de Esatadistica, se disparan en un 42% con respecto al periodo anterior.

En la actualidad, el número de parejas que deciden separarse va en aumento. Las demandas de disolución matrimonial crecieron el 6,9% en 2014 con respecto a 2013. Los últimos datos del Consejo general del poder Judicial (CGPJ), muestran que los divorcios, separaciones y nulidades pasaron de 124.975 en el año 2013 a 133.643 en el año 2014. Aunque no es la primera vez que la cifra sube de un año a otro, sí es la más alta desde 2007, justo antes del inicio de la crisis económica en España, cuando se registraron 141.280 demandas de disolución.

La separación o divorcio en la mayoría de los casos supone una ruptura de la unidad familiar establecida y una reorganización de la vida de las personas implicadas. Si este proceso, que suele ser largo y doloroso, no se realiza de forma adecuada, puede tener consecuencias muy negativas, sobre todo para la vida de los hijos/as menores.

El sistema tradicional, el juridico-legal, que se ha venido empleando para resolver este tipo de litigios familiares ha demostrado sobradamente su ineficacia y las razones que podemos exponer son las siguientes:

  • Existe una clara inadecuación entre el instrumento que se emplea (proceso contencioso) y el problema a resolver (conflicto familiar) y ello se manifiesta en una agudización del conflicto interpersonal de los adultos, deterioro de las relaciones paterno- filiales, y en numerosos incumplimientos de la sentencia, consecuencia del papel tradicional que genera la dinámica del proceso civil contencioso de victima/culpable, ganador/perdedor.
  • Todo ello origina una profunda insatisfacción con el resultado final de los procesos litigantes en las personas que los protagonizan, que en la mayoría de los casos no ven cumplidas las expectativas que habían depositado en él.
  • Por otro lado, la naturaleza del conflicto en si, es incompatible con este tipo de procedimiento, ya que tienen como base relaciones de carácter muy personal con una fuerte carga emocional y su desconocimiento hace incurrir en soluciones irreales, que no se ajustan a las características o idiosincrasia de la familia a la que va destinada, por no mencionar el impacto que tiene en los hijos el hecho de que sus padres no puedan resolver sus desavenencias mediante la vía del dialogo, que es más pacífica y ofrece mayores alternativas dada su flexibilidad.
  • Los conflictos familiares tienen como singularidad que se van modificando a lo largo del tiempo en función de los cambios que se van produciendo en las personas implicadas y por tanto se dan numerosos casos de resoluciones judiciales que en el momento de ser dictadas, nada tienen que ver con la realidad del conflicto al que se refieren.

Atendiendo a esta perspectiva, desde hace varios años y cada vez con más fuerza, se esta estableciendo la Mediación Familiar cómo un método alternativo para la resolución consensuada de los conflictos, que viene a mejorar la calidad de la respuesta jurídico-legal a los ciudadanos, planteando como objetivo último la pacificación de las disputas familiares.

En este ámbito, la mediación se ha mostrado especialmente eficaz sobre todo en el diseño de mecanismos tendentes a evitar la ruptura familiar o a que ésta se lleve a cabo con el menor dolor posible para todos los implicados.

Para ello se establecen en España diferentes Leyes Autonómicas como la Ley 1/2009, de 27 de febrero, reguladora de la Mediación Familiar en la Comunidad Autónoma de Andalucía, que regula esta práctica, con el fin de reducir las consecuencias negativas derivadas de la separación o divorcio para todos los miembros de la familia, de mantener una comunicación y un dialogo provechoso y en especial garantizar el interés primordial de los hijos, y que estos puedan integrar el cambio y adaptarse a la nueva situación de manera adecuada.

Creemos totalmente en el poder de la Mediación como un instrumento social de inestimable valor y por ello vamos a exponer los beneficios que supone la elección de esta vía en la resolución de los litigios familiares derivados del proceso de separación o divorcio.

  • La mediación tiene como esencia la participación activa y responsable en la toma de decisiones de los implicados, ya que permite que sean ellos mismos los que resuelvan sus diferencias. Durante la misma se cimentaran las bases para que las partes se sientan protagonistas tanto del proceso como de los resultados.
  • Supone una mejora de la comunicación entre las partes. Con la ayuda del mediador que reconduce la comunicación, los participantes pueden volver a hablarse y escucharse. El proceso de mediación permite que todas las personas del núcleo familiar puedan hablar y se escuchadas, incluso los hijos si se considera conveniente.
  • Permite generar acuerdos creativos, ya que el mediador trabaja con las partes para producir todas las soluciones posibles, buscando y proponiendo acuerdos que solucionen el problema planteado. Con esto, no solo nos referimos a los acuerdos que quedarán recogidos posteriormente en el convenio regulador de separación, como son, el tipo de custodia o el régimen de visitas que se va a establecer , sino acuerdos que también consideramos de vital importancia, como son el establecimiento de pautas comunes en la educación de los hijos/as, cómo va a ser la necesaria comunicación que se va a establecer entre los progenitores, y en definitiva todos aquellos aspectos importantes que giran en torno a la vida de sus hijos/as y que sean necesarios determinar. Supone por tanto la posibilidad de elaborar un plan de coparentalidad que les permita ejercer su labor como progenitores en igualdad de condiciones, desarrollando el mejor entorno de convivencia posible dada la situación de separación, estableciéndose así un estado de idoneidad que les permita ejercer con responsabilidad sus derechos y responsabilidades sobre sus hijos/as.

Estimamos necesario que la mediación familiar sea ampliamente conocida y  las personas tengan la oportunidad de poder elegir autónomamente cómo desean resolver sus conflictos familiares, en caso de considerarlo necesario, pudiendo optar por la mediación familiar como un recurso voluntario al alcance de las personas, para la solución de litigios familiares por la vía del mutuo acuerdo, con la intervención de un equipo mediador imparcial y neutral.

Francisco Góngora.

 

Mediación Familiar Intergeneracional.

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Hoy, 21 de enero, se celebra el Día Europeo de la Mediación, coincidiendo con la fecha de aprobación del primer texto legislativo sobre mediación familiar en Europa. Desde “Resuelve Ahora” queremos contribuir a la tarea de difundir la cultura de la Mediación con este nuevo post sobre la capacidad de la mediación para facilitar a las familias un instrumento para que todos sus integrantes, recuperen la competencia sobre el control de los problemas y puedan continuar manteniendo relaciones positivas entre ellos sin necesidad de que se produzca una ruptura familiar.

La familia constituye un contexto social, educativo y de aprendizaje, que puede contribuir, de darse las condiciones adecuadas, al desarrollo humano y personal de todos sus componentes, ya sean niños, jóvenes o adultos, en todas las etapas de su desarrollo biológico, evolutivo y social, dada su importante función socializadora, a través de la educación.

La familia va atravesando una serie de estadios en su desarrollo evolutivo que están previstos. Entre las fases del ciclo vital por las que suelen atravesar las familias podemos mencionar las siguientes: formación de la pareja, la paternidad y maternidad, la etapa escolar de los hijos/as, la etapa de la adolescencia, la partida de los hijos/as, el cuidado de los nietos/as y el cuidado de los mayores. La transición de una etapa a otra influye en las interacciones que se producen en los miembros de la familia y las transforma, lo que supone una situación de riesgo a la que se tiene que dar respuesta. Cada uno de los integrantes de la familia tiene que realizar una serie de tareas y el hecho de que aparezcan tareas nuevas supone un reajuste que a veces puede suponer un desequilibrio. Muchas de las problemáticas de convivencia que surgen tienen que ver con una falta de habilidades para dar respuestas adecuadas que permitan afrontar con éxito los retos evolutivos de la dinámica familiar.

La mediación intergeneracional constituye una de las técnicas más útiles en la actualidad para  dar una respuesta eficaz a las diferentes dificultades por las que atraviesan las familias, resaltando principalmente dos de las etapas que consideramos más problemáticas y que más conflictos generan, como son la etapa de la adolescencia de los hijos/as y la etapa del cuidado de los mayores.

Muchas familias se ven desbordadas ante situaciones y conductas de los hijos/as cuando comienza la etapa de la adolescencia. La convivencia durante este periodo no suele ser fácil ya que se trata de un momento de transición entre la niñez y la edad adulta, en la que la primordial tarea del adolescente es encontrar su propia identidad y adquirir autonomía. Para lograrlo, tienen que comenzar a separarse de los padres y esto no es sencillo, ya que aún carecen de la madurez suficiente. El adolescente, suele vivir un conflicto interno entre la fuerte dependencia que aún tiene de sus progenitores y la necesidad de independencia. Este conflicto interno se expresa a menudo en forma de luchas y discusiones, especialmente con los padres, ya que constituyen para el/la adolescente un apoyo que necesita pero del que desea desprenderse, una fuente de seguridad y a la vez de rechazo. Es durante esta etapa, cuando  comienzan a plantearse cuestiones que anteriormente no suponían un problema, tales como el uso del teléfono o el ordenador, los estudios, los horarios de llegada a casa, la ropa, el manejo de dinero, las tareas domésticas, el consumo de alcohol y/o drogas, y que son el origen de autenticas batallas o enfrentamientos.

Estos cambios desconciertan a menudo a los padres/madres, que luchan por recuperar la autoridad perdida y no saben muy bien cómo afrontar los problemas permanentes con sus hijos/as. Los métodos que anteriormente utilizaban con ellos/as ya no funcionan y es necesario que se produzca un reajuste al nuevo momento evolutivo e ir cambiando las normas rígidas por límites flexibles, negociados y acordados. Esto suele generar en los padres mucha inseguridad ya que no es fácil encontrar un equilibrio entre mantener un control y una autoridad sobre el/la adolescente y, al mismo tiempo, concederle una mayor confianza e incluirlos en la toma de decisiones, dándoles así  mayores cotas de responsabilidad.

La mediación intergeneracional supone un instrumento de gran utilidad para resolver este tipo de disputas que se producen en el funcionamiento familiar al llegar esta etapa, ayudando a los padres y madres que se ven desbordados por los problemas de relación, el establecimiento de normas, las discusiones, la falta de comunicación y  el distanciamiento del adolescente.

Por otro lado, ahora, cada vez nos encontramos con más situaciones de mediación relacionadas con aspectos derivados del cuidado de las personas mayores. El ámbito dónde se van a presentar situaciones conflictivas relacionadas con las personas mayores es en el hogar dónde estos residan. Una de las circunstancias que tiende a provocar y acentuar los conflictos es la situación de dependencia y la necesidad de cuidado del mayor. Si tenemos en cuenta la situación de tensión y estrés que provoca la relación cuidador y dependiente, podemos entender la facilidad con la que surgen los conflictos en este contexto. Así mismo nos encontramos también cada vez con un mayor número de problemáticas relacionadas con la aparición de conflictos entre hermanos/as, vinculados a la toma de decisiones sobre cómo van a hacerse cargo del cuidado de los padres en situación de dependencia

Otra de las situaciones susceptibles de mediación intergeneracional es la que tiene que ver con el derecho de los abuelos a ver a sus nietos cuando se produce una separación o divorcio o incluso cuando no habiendo separación de pareja se dificulta la relación de los abuelos con sus nietos por el mero desinterés de los padres. En este sentido, la Ley 42/2003, de 21 de noviembre, de modificación de Código Civil y de la Ley de enjuiciamiento Civil en materia de relaciones familiares de los nietos con los abuelos, persigue como objetivo reforzar el régimen de relaciones entre los abuelos y los nietos, tanto en caso de ruptura familiar, como en el caso de dejación de obligaciones por parte de los progenitores. Por tanto la mediación en este caso sería de gran utilidad cuando existen dificultades de relación y se ve interrumpido el contacto, como alternativa a  acudir a los juzgados para que se reconozca algo tan básico como que un abuelo/a quiera y pueda ver a su nieto/a.

Hay una amplia variedad de situaciones conflictivas susceptibles de pasar por un proceso de mediación. La casuística mencionada es la que más suele hacer uso de este servicio, no obstante, cualquier tipo de desavenencia, conflicto o problema entre padres e hijos donde se desea una solución, pues ser apoyado, guiado y resuelto con este procedimiento.

Autor: Francisco Góngora.

 

Conflictos familiares en la tercera edad.

Mediación familiar en casos de dependencia.

 

A consecuencia de la gestión que el gobierno está haciendo de la crisis económica, nuestro sistema de bienestar ha quedado muy debilitado, y a medida que disminuyen los recursos sociales proporcionados por el estado, las responsabilidades de la asistencia a las personas mayores recaen cada vez más sobre los familiares. La mayoría de las familias con el tiempo tendrán que hacer frente a este desafío que por lo general provoca tensiones que pueden conducir a conflictos y crear obstáculos en la toma de decisiones.

Los padres cuando llegan a una edad avanzada y sus facultades comienzan a verse mermadas, requieren de la ayuda de los/as hijos/as, volviéndose dependientes de estos para realizar las tareas básicas del día a día. Esta nueva situación puede provocar el surgimiento de conflictos entre los hermanos adultos o que vuelvan a aparecer enfrentamientos que han estado ocultos durante años. Las controversias y disputas acerca del cuidado de los padres hace que las relaciones familiares se compliquen, apareciendo tensión, posturas encontradas y dificultad a la hora de dialogar y tomar decisiones. Todo ello ocasiona que se pierda de vista el objetivo principal, que es garantizar que los progenitores dependientes reciban una atención adecuada.

A pesar de las particularidades que tiene cada familia, podemos extraer dos asuntos que suelen aparecer en la mayoría de las disputas entre hermanos/as relacionadas con el cuidado de los padres, que son, el sentimiento de injusticia y los asuntos económicos o de herencias.

Cuando uno de los/as hermanos/as tiene la sensación de estar haciéndose responsable de forma desigual de la atención de los padres y cree estar asumiendo sin ayuda la carga que supone esta tarea, el sentimiento de injusticia que experimenta le puede fomentar resentimiento y resquemor hacia el resto, que no se están haciendo responsables de una labor que también les pertenece. Suele ocurrir que los/as hijos/as que se encuentran a mayor distancia se desvinculen de la situación y sean los que están más cercanos a sus padres los que se ven obligados a adoptar el compromiso, a veces sin contar con apoyo y sin que se les reconozca la labor que están realizando.

Otro de los asuntos que suele ser con bastante frecuencia foco de generación de conflictos es el relativo a los temas económicos y la  herencia.  Cuando un/a hermano/a siente que está asumiendo en gran parte el cuidado de los padres, y tiene que renunciar a su tiempo y su bienestar para llevar a cabo esta labor, puede creerse en el derecho de merecer una mayor parte de la herencia como pago por su sacrificio. Otras veces los/as hermanos/as se enfrentan porque discrepan en cómo emplear el dinero en el cuidado de los padres, resistiéndose algunos a buscar atención profesional, como el ingreso en una residencia, con el fin de preservar la herencia. Esto puede ocasionar que sea uno de ellos el que finalmente se vea forzado a cumplir con un papel de cuidador para el cual no está preparado, y esto va a repercutir directamente en la calidad de la asistencia que van a recibir los progenitores ancianos.

La atención y el cuidado de las personas mayores es una tarea difícil que genera estrés y requiere de mucha dedicación y buena voluntad. Si a ello le añadimos los problemas de injusticia y los enfrentamientos por los asuntos económicos, tenemos el caldo de cultivo idóneo para el desarrollo de conflictos intrafamiliares que puede llevar a una situación insostenible y difícil de resolver sin una intervención por parte de profesionales.

Ventajas de la Mediación Familiar para resolver conflictos relacionados con el cuidado de los progenitores.

En ocasiones las relaciones entre los hermanos están muy deterioradas y apenas tienen comunicación entre ellos, es por ello que la intervención de una tercera parte  es necesaria y puede ayudar a apaciguar la controversia. Un profesional que tiene mucho que decir en este asunto es el mediador familiar, experto en impulsar a las personas a construir un acuerdo que les lleve a solucionar su disputa.

La mediación familiar es una herramienta adecuada para facilitar la toma de decisiones y acercar las posiciones que en principio parecían insalvables. El proceso va a facilitar la toma de conciencia de los implicados en la necesidad de salvaguardar en todo momento el bienestar de las personas mayores, proporcionando un lugar seguro en el que trabajar de manera conjunta en la búsqueda de una estrategia que funcione para todos los miembros de la familia. Colaborar en la construcción de un acuerdo de reparto justo de responsabilidades preservando sus relaciones fraternales, es posible.

Un mediador familiar es un profesional neutral que ayuda a la familia a que alcancen por si mismos un acuerdo sobre las decisiones relativas al cuidado de sus padres ancianos. Es importante dejar claro, que todos los temas que aparecen en el proceso de mediación son totalmente confidenciales, siendo necesario que los participantes sientan plena confianza para poder expresarse de forma abierta y exponer cuáles son sus inquietudes y sus intereses.

La mediación ayuda a aclarar malentendidos, al predisponer a todos los participantes a escuchar  el punto de vista de los demás sin interrupciones, facilita la expresión de sentimientos y guía a la familia hacia la búsqueda de soluciones nuevas que no habían sido capaces de contemplar antes y además posibilita futuras modificaciones en el acuerdo en caso de cambiar las circunstancias familiares. Permite desarrollar soluciones creativas a los retos a los que tiene que hacer frente.

Si la disputa se estuviera resolviendo en los juzgados, el proceso sería muy diferente. En los tribunales no se exploran las diferentes opciones para obtener la mejor solución que refleje el mejor interés para las personas mayores.  El juez toma las decisiones basándose en una interpretación de las leyes, y estas decisiones con frecuencia no son satisfactorias para nadie de la familia. Otra de las consecuencias perjudiciales de la resolución de disputas de índole familiar en los juzgados es que las relaciones acaban totalmente destruidas y el coste emocional de todos los implicados suele ser bastante alto.

Autor: Francisco Góngora.

 

¿En qué consiste la Mediación Terapéutica?

Mediación Terapéutica.

En la última década hemos asistido al avance prometedor de la mediación como herramienta de efectividad probada en la resolución de disputas derivadas de separación o divorcio de familias con hijos/as menores. Aunque el empleo de la mediación, en términos generales ha demostrado su eficacia en su aplicación al ámbito de las relaciones familiares, hay situaciones que podemos llamar de “alto conflicto”, en las que comenzar un proceso de mediación no resulta de utilidad. Estas situaciones, se dan en familias que se caracterizan por permanecer en un conflicto prolongado a lo largo del tiempo y por su incapacidad para resolver las disputas, tanto a través de la mediación como por vía judicial. El surgimiento de continuas desavenencias e incumplimientos del convenio regulador de las relaciones paterno filiales ordenadas por el juez, los lleva a acudir incesantemente a los tribunales, entrando en una dinámica de litigio permanente que suele repercutir de forma bastante negativa en el adecuado desarrollo de los hijos/as.

Dada la complejidad de este tipo de casos, investigadores dedicados a la intervención con familias en proceso de separación o divorcio con alta conflictividad, desarrollan un modelo denominado “Mediación terapéutica”, definido como un proceso de intervención intensiva que emplea las habilidades de resolución de problemas y de negociación que se utilizan para casos de Mediación estándar, a las que se incorpora una perspectiva terapéutica. Este estilo de intervención permite a las partes en conflicto evaluar su situación presente y mirar hacia la transformación que necesitan realizar para lograr un beneficio en todos los miembros involucrados de la familia.

Principios de la Mediación terapéutica.

El modelo de mediación terapéutica fue desarrollado por Saposnek, mediador familiar y autor de diversas publicaciones relacionadas con la intervención con progenitores separados que presentan una alta conflictividad. Este modelo, tiene como principales características, en primer lugar, que las intervenciones son intensivas, lo que implica un elevado número de sesiones de mediación, diseñadas para centrarse íntegramente en las dificultades específicas que los progenitores tienen para poner fin a sus disputas. Debido a la prolongación en el tiempo de la conflictividad, se establecen patrones de comportamiento adversos difíciles de eliminar, con lo cual se hace necesaria un tipo de intervención intensiva que les haga romper ésta dinámica y salir del círculo negativo en el que se encuentran. En segundo lugar, las intervenciones tienen una intención terapéutica, con el objetivo de abordar los numerosos problemas de conducta, emocionales y de dinámica relacional que experimentan este tipo de familias, y ayudarlas a resolver las controversias que les impide reestructurar su vida tras la separación y educar a sus hijos/as de forma conjunta y colaborativa.

Componentes terapéuticos.

El modelo incorpora cuatro componentes terapéuticos:

Un componente educativo, que incluye proporcionar a los progenitores asesoramiento sobre cómo gestionar su conflicto e información en relación a las repercusiones negativas que tiene para el desarrollo de los hijos/as el hecho de verse involucrados en la disputa de los padres. Se establecerá una discusión acerca de la imposibilidad de atender a las necesidades de los hijos/as de forma adecuada si el conflicto continúa y sobre los efectos positivos de acabar con los enfrentamientos. El componente educativo incluye también entrenamiento en habilidades sociales, en comunicación positiva y modelado de habilidades de crianza adecuadas.

El segundo componente terapéutico consiste en la adopción de estrategias para fomentar la cooperación y la negociación entre los progenitores. Este componente emplea entre otras técnicas, la de hacer un reencuadre de la historia de las partes y la conversión de acusaciones en peticiones (una acusación basada en el pasado se puede reconvertir en un deseo para el futuro, lo que disminuye el riesgo de una contra acusación de la otra parte, y favorece la escucha reflexiva).

En tercer lugar, se trata de romper el estancamiento en el que se encuentra inmersa la familia a través del empleo de técnicas terapéuticas que provoquen cambios en sus estructuras y dinámicas relacionales.

Por último, este modelo incluye el seguimiento y monitorización de los cambios que se van produciendo. Este componente consiste en ayudar a los progenitores en la elaboración de planes de crianza, en la práctica diaria de la coparentalidad y en la resolución de los problemas que vayan surgiendo.

Fases del proceso.

El modelo de mediación terapéutica se divide en cinco fases:

1. Fase de admisión al programa, en la cual se realiza una evaluación de la problemática familiar.

2. Una fase denominada de “construcción de puentes” dónde se proporcionan a los progenitores las habilidades necesarias para colaborar con sus ex-cónyuges en la tarea común de crianza de sus hijos/as.

3. De preparación para la negociación. Aquí los padres se reúnen para resolver las controversias que impiden la negociación.

4. Fase de resolución de controversias y de negociación de planes de crianza. Los progenitores negocian la elaboración de un plan de crianza para sus hijos/as.

5. Fase de implementación, dónde los padres reciben apoyo en la ejecución de su plan de crianza.

Para finalizar podemos señalar que este tipo de intervención mediadora persigue fomentar la comprensión del conflicto y de los efectos que puede suponer a largo plazo para los hijos/as y el resto de los miembros de la familia, la adquisición de habilidades de afrontamiento de situaciones difíciles y el aprendizaje de técnicas de negociación saludables. Este modelo de mediación,  permite a las familias alcanzar y mantener una buena relación a pesar de las numerosas dificultades que puedan tener.

Francisco Góngora.

Psicología para Mediadores.

Psicología para un mediador. manejo de las emociones.

El manejo de las emociones durante el proceso de mediación.

Lo primero que debemos de aprender los mediadores es, que cuando dos o más personas entran en conflicto, no se comportan de forma racional y normalmente se dejan llevar por factores emocionales que los empujan hacia posiciones cada vez más rígidas. Ya Aristóteles definía la emoción como una condición según la cual el individuo se transforma hasta tal punto que se queda con el juicio afectado. Otro de los filósofos clásicos, Séneca, consideraba las emociones como algo que puede convertir la razón en esclava.

Cuando un conflicto no se conduce y se resuelve de forma eficaz, puede resultar sumamente destructivo. Los involucrados pueden verse bastante afectados, invirtiendo tiempo, energía y dinero, en un proceso que en ocasiones puede ser devastador. Una de las tareas que debe de realizar el mediador, para que las partes finalmente puedan llegar a una solución mutuamente acordada, es animarles y proporcionarles el contexto adecuado para acercar sus posiciones. Esta labor no es fácil, ya que casi todos los conflictos implican daños morales, entrando en juego factores como la amenaza de las propias creencias y valores, pérdida de derechos que la persona cree legítimos o la merma de bienes económicos, entre muchos otros.

Desde esta perspectiva, no es de extrañar que la mayoría de los conflictos tengan un fuerte componente emocional. Las partes en disputa con frecuencia mantienen sus posiciones rígidas y son inflexibles durante largos periodos de tiempo. Sin un cambio de actitud, que los mueva hacia posiciones más flexibles que les permita acercar posturas, las partes permanecerán atrincheradas en su forma de percibir el conflicto y éste no se resolverá.

El conocimiento de cómo se comporta el ser humano en una situación de conflicto y cuáles son los factores psicológicos implicados, juega un papel esencial en el desarrollo del proceso de mediación. A través de la comprensión de estos mecanismos, el mediador estará en mejores condiciones para llevar a cabo la difícil tarea de cambiar la percepción que traen las partes sobre la controversia y resolver los obstáculos emocionales que impiden el razonamiento necesario para alcanzar una solución.

Podemos afirmar que todas las disputas tienen en común que una de las partes exige algo que la otra parte no está dispuesta a entregar, generándose así una lucha sin tregua que requiere de intervención profesional para alcanzar un término. En muchas ocasiones los implicados llegan a la mediación con razones encubiertas que los hacen permanecer en la disputa. Los motivos subyacentes al conflicto no son revelados y las partes no reconocen que el problema real está oculto y es muy diferente a lo que se ha expresado y manifestado. Con frecuencia no son capaces de admitir sus verdaderas motivaciones.Puede que en mediación la controversia trate sobre temas de reparto de bienes materiales cuando en realidad lo que están reflejando los participantes no es tanto un interés económico sino la ira y el dolor que sienten y el deseo de ver a la otra parte castigada y humillada por estar obligado a pagar una gran suma de dinero. Lo que realmente persiguen es salvaguardar su dignidad y su autoestima y quedar resarcidos del daño que ellos sienten que les ha causado el otro.

Es importante que el mediador cuente con estrategias que le ayuden a provocar un cambio de actitud, es decir, una nueva forma de ver la disputa. El mediador impulsa a los litigantes a percibir el problema desde una nueva perspectiva despojada de aspectos emocionales que bloquean su razonamiento y les impide alcanzar la solución. Solo cuando se logra este cambio de postura, las partes estarán preparadas para aceptar soluciones que desde sus posiciones rígidas iniciales habían rechazado.

¿Qué puede hacer el mediador para manejar las emociones y cambiar la actitud de los participantes?.

Uno de los aspectos fundamentales que aporta la psicología a la mediación son las técnicas de comunicación y las habilidades para tratar a las personas. La escucha activa y la empatía son dos de las habilidades que todo mediador debe de aplicar en el proceso de resolución de conflictos. La escucha activa se refiere a la capacidad para escuchar plenamente y de forma global a las partes, así como la capacidad de demostrar que se ha escuchado realmente. Las partes tienen que recibir un feedback por parte del mediador de que están siendo escuchadas y también sentir que están siendo comprendidas, es decir, que el mediador está siendo empático y les está demostrando confianza. La apreciación de estar siendo escuchado y comprendido tiene un gran poder para activar el cambio actitudinal que buscamos.

Las investigaciones en neurociencia han demostrado que la expresión de aspectos negativos desencadena un ciclo de escalada de emociones que hacen que la resolución del problema sea más complicada. Es por ello que comenzar la mediación enfocando a las partes hacia lo positivo en lugar de hacia lo negativo, posibilita la creación de alianzas. Una de las técnicas que suelo emplear en los procesos de mediación es invitar a las partes a centrarse y expresar cuales son los aspectos positivos que consideran que tiene el otro. Escuchar las opiniones positivas que los demás tienen de ti, genera una respuesta que facilita el comportamiento social, y crea un mayor estado de predisposición, determinación, atención y energía, que posibilita una interacción más fluida y enfocada en la solución y no en las descalificaciones al otro. El mediador debe de alentarlos en todo momento a trabajar juntos, uno al lado del otro, atacando el problema y no atacándose mutuamente.

Otra de las aportaciones de la psicología al proceso de mediación es establecer un enfoque centrado en las soluciones y no en la disputa. Uno de los procedimientos que puede emplear el mediador para orientar a las partes y crear el escenario propicio que los lleve a adoptar una conducta colaborativa, es a través de la formulación de preguntas orientadas a generar cambios. La exposición de preguntas que se centran en las habilidades y fortalezas que posee el individuo para afrontar el problema, propicia que se active el tipo de pensamiento positivo necesario para disminuir el enfrentamiento. Hacer frente al proceso desde aspectos más positivos, generando buenas sensaciones en los implicados, desencadena la actitud  creativa y colaborativa necesaria, para reorientarlos desde las dificultades y el establecimiento de posturas rígidas en el pasado, hacia una resolución centrada en el futuro.

Con el objetivo de generar posibles soluciones, el mediador podría preguntar- ¿Cuál es el resultado más positivo que puede esperar de manera realista de esta mediación?, ¿Qué haría falta para que esto ocurra?, ¿Puedes imaginar cómo será vuestra relación en el futuro cuando la disputa se haya resuelto?, ¿Qué cosas podrías hacer que contribuirían  positivamente a la resolución del conflicto?. Estas preguntas tienen el poder de afectar a la emociones de las partes de una manera positiva, motivándolos a dar un paso hacia delante. Ambos van a ser más capaces de ampliar su perspectiva del problema y aumentar su compromiso de colaboración en la búsqueda de las posibles soluciones.

Este enfoque centrado en lo positivo y en la solución del problema, que nos aporta la Psicología, lo que pretende es potenciar rasgos individuales positivos como son  las fortalezas del carácter, los  talentos, los intereses y los valores, y puede ser empleado en todas las fases del proceso de mediación ya que resulta un método enormemente valioso y eficaz en la resolución de disputas.

La habilidad para manejar las emociones es una de las herramientas más poderosas con las que cuenta un mediador para lograr el objetivo de ayudar a las personas a resolver sus diferencias.

Autor: Francisco Góngora.

Ética para Mediadores.

Ética para un mediador

Para el ejercicio ético y competente de la Mediación, en cualquiera de las áreas donde se práctica en la actualidad, el mediador debe de cumplir una serie de normas o un modelo de conducta con el que se tiene que identificar,e interiorizarlo en su práctica profesional diaria.

La ética profesional debe de estar en la base de la intervención del mediador. Al igual que nos preocupamos por la formación y adquisición de habilidades y en promocionar nuestros servicios, debemos de incluir la ética en nuestra práctica cotidiana, trabajando en la adquisición de una visión personal y una idea clara de cuáles son las pautas o estándares profesionales apropiados que pretendemos seguir.

A continuación voy a exponer una serie de normas o pautas de conducta cuyo propósito es servir de orientación general respecto a las cuestiones éticas que pueden surgir en la práctica diaria relacionadas con el proceso de mediación:

  • GARANTIZAR LA CALIDAD DEL PROCESO. El mediador deberá de fomentar durante el proceso el cumplimiento de unos estándares y normas de comportamiento necesarios para garantizar una mediación de calidad como son la puntualidad, la seguridad, la equidad, el respeto mutuo y la honestidad entre las partes. La tarea del mediador será la de facilitar la resolución del litigio, empoderando a las partes en la toma de decisiones. Un mediador facilita la comunicación, promueve la comprensión, ayuda a las partes a identificar sus necesidades e intereses y utiliza las técnicas necesarias que les permitan llegar a su propio acuerdo.
  • GARANTIZAR LA IGUALDAD. Es imprescindible que un mediador realice una evaluación inicial a través de una entrevista individual, para determinar que los participantes están capacitados para cooperar en igualdad de condiciones, sin que se den desequilibrios de poder, en la consecución de un acuerdo mutuamente aceptado.
  • AUTONOMÍA. El mediador llevará a cabo una mediación basada en un enfoque no directivo, fomentando la determinación y autonomía de las partes en el acto de toma de decisiones y en la elección de forma voluntaria y sin coacción de los términos del acuerdo que van a firmar.
  • CONFLICTOS DE INTERESES. Evitar un conflicto de interés o la aparición de este durante y después de una mediación. Un conflicto de intereses puede surgir si el mediador ha sido de alguna manera participe de la controversia objeto de la mediación o cuando existe cualquier relación entre el mediador y cualquiera de los  participantes en la mediación, ya sea en el pasado o presente, personal o profesional, y que perjudica la imparcialidad necesaria durante el proceso.
  • INFORMACIÓN. Un mediador deberá de asegurarse de que todas las partes estén debidamente informadas sobre el papel que va a desempeñar como mediador y sobre la naturaleza del proceso de mediación, es decir, en que consiste el proceso, así como que los implicados entiendan los términos del acuerdo que van a firmar al finalizar. Debe de proporcionar información sobre el proceso, ayudando a las partes a identificar sus preocupaciones reales y todas sus opciones.
  • VOLUNTARIEDAD. La voluntariedad de las partes en la participación en la mediación es fundamental. Es esencial que los implicados lleguen a la mediación dispuestos y capaces de participar de forma colaborativa en la negociación y resolución del conflicto, con la ayuda del mediador.
  • COMPETENCIA. Es responsabilidad del mediador estar preparado, es decir, poseer las competencias necesarias para mediar en el asunto particular de que se trate. Esto incluiría la formación, la experiencia en la mediación, habilidades, conocimientos culturales…etc. Sería también aconsejable que el mediador esté dispuesto a retirarse de una mediación si determina que carece de las habilidades necesarias para hacer frente a la situación.
  • CONFIDENCIALIDAD. Es indispensable mantener la confidencialidad del proceso. Las partes tienen que tener claro que todo lo que ocurre durante la mediación es confidencial. El mediador tiene que explicarles que cualquier información, declaraciones o documentos aportados durante el proceso, no podrán ser divulgados ni utilizados posteriormente en otro medio de resolución de conflictos. Es fundamental que tengan claro  el principio de confidencialidad en el que se basa la mediación ya que propicia que se expresen libremente durante la tarea de alcanzar por si mismos un acuerdo que resuelva el litigio que los trajo a la negociación, siendo necesario que el mediador genere la confianza necesaria para que expresen sus necesidades e intereses. Nuca se desvelará información confidencial sin el permiso de las partes, ni se utilizará la información obtenida durante la mediación para obtener ventajas personales, o para perjudicar los intereses de los demás. Además, las notas de un mediador, las comunicaciones de las partes y otros documentos que contengan información confidencial o sensible, se almacenarán en un lugar seguro, y cuando se utilizan materiales procedentes de una mediación para fines de investigación, supervisión, o de formación, el mediador debe de eliminar cualquier información identificativa de los mismos.
  • Si el mediador tiene la intención de celebrar sesiones privadas o caucus con las partes, dejará claro antes, la confidencialidad asociada a estas sesiones. El mediador no podrá utilizar la información desvelada en esas sesiones sin el consentimiento de los participantes.
  • IMPARCIALIDAD. Un mediador será imparcial durante todo el proceso de mediación, valorando antes del inicio si se considera capaz de llevar a cabo la mediación con independencia y neutralidad. Tiene que tener mucho cuidado y evitar la posibilidad de caer en sesgos basados en características personales de las partes, su conducta durante la sesión, o en base al conocimiento de aspectos o comportamientos de los participantes en relación a la disputa que se está mediando. Deberá de prescindir de hacer cualquier tipo de comentario de aprobación o desaprobación, o sobre el comportamiento de los participantes. Es su cometido esforzarse por proporcionarle a cada uno la oportunidad adecuada para expresarse y participar en el proceso en igualdad de condiciones. Un mediador tiene la responsabilidad de abandonar el proceso si es incapaz de ser imparcial debido a cuestiones personales, intereses materiales o morales. Por tanto, mediará solo en aquellos asuntos en los que pueda ser imparcial y ecuánime, evitando cualquier conducta que tenga connotaciones de parcialidad o prejuicio.
  • Un mediador debe de ABSTENERSE DE PROPORCIONAR ASESORAMIENTO LEGAL. Es importante por tanto, que entiendan que el papel del mediador es el de intermediario neutral, el de un facilitador de la comunicación que los guía en su cometido de conseguir un acuerdo. En el caso de que el mediador ofrezca una valoración sobre la situación de una de las partes, sobre el resultado probable si recurren a la resolución vía judicial o sobre una recomendación con respecto a la solución, debe de asegurarse que ambos entienden que no está actuando como abogado ni ofreciendo asesoramiento jurídico.
  • Un mediador podrá FINALIZAR UNA MEDIACIÓN si considera que: cualquiera de las partes está abusando del proceso; si se llega a un acuerdo que al mediador considera ilegal teniendo en cuenta las circunstancias de la controversia; el mediador considera que es poco probable la continuación de la mediación para dar lugar a un acuerdo; si el mediador se hace consciente de la existencia en el momento en que se está desarrollando la mediación, de violencia doméstica o violencia entre las partes.
  • DIVULGACIÓN Y PROMOCIÓN. Debe de estar entre los objetivos del mediador promover la confianza pública en la mediación como un proceso para resolver disputas, participando en actividades de divulgación y educación para ayudar a los ciudadanos en el desarrollo de una mejor comprensión de la mediación. En esta linea, los mediadores también tratarán de aprender de otros profesionales, de respetar los  diferentes puntos de vista y trabajar para mejorar la profesión y servir mejor a las personas en conflicto.

Para finalizar, reseñar que el mediador siempre tendrá que atenerse a la legislación vigente en materia de mediación que rija en la comunidad autónoma o país donde la ejerza. Todo mediador debe de ser consciente y conocer las leyes aplicables o las reglas que pueden aplicarse a las mediaciones que están llevando a cabo, cumpliendo con las directrices u orientaciones normativas de las mismas.

Un buen mediador, cultiva su desempeño profesional poniendo la ética a la vanguardia de lo que hace.

Autor: Francisco Góngora.

Mediación laboral en casos de acoso sexual.

Mediación en casos de acoso sexual laboral

En España el ámbito laboral sigue estando muy masculinizado en sus prácticas, esquemas de organización y modelos de profesionalidad. Los hombres siguen viviendo la incorporación de las mujeres al trabajo como una situación de riesgo, percepción que se ha incrementado en la actualidad  debido a la escasez de puestos de trabajo disponibles en el mercado laboral, como resultado de la ardua crisis económica y la mala gestión gubernamental que está sufriendo nuestro país. Todo ello ocasiona el caldo de cultivo en el que se asienta la violencia sexista o acoso sexual en el trabajo. Podemos considerar el acoso sexual más como un abuso de poder, que como una conducta sexual, pues aunque tenga la forma de acercamiento sexual, su finalidad no es otra que el ejercicio de poder.

Dada la naturaleza delicada de las denuncias por acoso sexual, los profesionales de Recursos Humanos, que son normalmente los encargados de recoger las quejas por acoso que se producen en la organización, a menudo se encuentran con el problema de cómo investigar la situación de forma rápida y por otro lado mantener la neutralidad. Una opción que ofrece el cumplimiento de estos criterios sería el uso de un mediador externo. Inclinarse por la alternativa de la mediación para resolver los casos de acoso que se producen en las empresas, además de los beneficios que aportaría de reducción del litigio, eximiría al empresario de la obligación de tomar la decisión del tipo de medidas a adoptar para resolver la situación, ya que en el proceso de mediación son las propias partes las que toman estas decisiones, llegando a acuerdos sobre comportamientos futuros, cambios de puesto de trabajo para que haya menos interacción entre ambos, compromisos de detener los comportamientos de acoso y disculpas por el perjuicio provocado a la víctima, entre muchos otros.

Las denuncias de acoso sexual deben de ser mediadas por profesionales que cuenten con una sólida experiencia en mediación de conflictos y con conocimientos en derecho laboral, derechos civiles, gestión de personal y en las leyes que prohíben el acoso sexual y la discriminación por razón de sexo.  Por otro lado, para conocer exactamente en qué terreno vamos a mediar, es imprescindible tener una visión clara del tipo de comportamientos que caracterizan el acoso. Dos definiciones de este fenómeno, diferenciando entre acoso sexual y acoso por razón de sexo que han sido extraídas de la legislación vigente en materia de igualdad serían las siguientes:

“Constituye acoso sexual cualquier comportamiento verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo.” (Art 7.1 LOIEMH).

“Constituye acoso por razón de sexo cualquier comportamiento realizado en función del sexo de una persona, con el propósito o el efecto de atentar contra su dignidad y de crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo” (Art. 7.2 LOIEMH)

Los intereses de las partes.

En un proceso de mediación por acoso sexual en el trabajo, cada parte involucrada trae a la mesa diferentes asuntos a abordar. Normalmente los participantes en el proceso son la persona demandante, la persona acusada y el empresario/a. Es útil incluir al empresario ya que al estar familiarizado con las políticas de la organización en materia de acoso sexual y otras conductas inapropiadas, será capaz de supervisar cualquier acuerdo hecho en la mediación.

Entre las cuestiones que van a aparecer en el proceso y tienen que ser debidamente abordadas, están la necesidad de la persona demandante de exponer los sentimientos que le han generado la situación de abuso, por otro lado la necesidad de que ese comportamiento se detenga y el miedo a sufrir represalias, poniendo en peligro su carrera profesional. Su deseo es que cese el comportamiento de acoso y poder seguir haciendo su trabajo. La mayoría de la veces, las personas que denuncian una situación de acoso sexual, lo que más desean es que la situación se detenga. El objetivo que se persigue con la denuncia no es castigar o hacer que despidan al acosador, sino que la situación deje de producirse.

El acusado quiere proteger la confidencialidad de los cargos de los que se le acusa y poder mantener su trabajo. A menudo el acusado, cuando el acoso no ha sido perpetrado de forma intencionada,  desea saber lo que hizo mal y tener la oportunidad de reparar el daño.

El empresario normalmente quiere evitar las responsabilidades derivadas del asunto. Quiere mantener la productividad y el compromiso de su empresa y pagar lo menos posible para rectificar la situación.

Beneficios de la mediación en casos de acoso sexual.

Podemos afirmar que la mediación es menos hostil que los procesos más formales de resolución de conflictos. Al tratarse de un proceso voluntario, no contencioso, de naturaleza no coercitiva, ofrece la oportunidad de explorar las preocupaciones y problemáticas de cada parte, y les permite trabajar conjuntamente para llegar a una solución que satisfaga las necesidades de ambos. Brinda una mayor flexibilidad en lo que respecta a los temas a tratar y las posibilidades de acuerdo. Las partes pueden centrarse en aclarar lo que realmente ocurrió, cómo cada uno se sentía, lo que podrían haber hecho de otra manera, y lo que pueden hacer para resolver la situación, desarrollando soluciones que respondan a sus preocupaciones. A menudo, las soluciones que se imponen por un tercero son vistas como injustas, inútiles, ambiguas, o simplemente inaceptables. De este modo se cumplen la mayor parte de los objetivos que pretenden los participantes y los intereses del empresario también se ven favorecidos.

Es importante señalar que el proceso de mediación permite a la víctima expresar su frustración y elaborar una solución que le permita restituir el daño causado por la situación de acoso.  Normalmente las soluciones acordadas en mediación tenderán a centrarse más en la corrección de las desigualdades que han provocado la situación de acoso y menos en la asignación de una suma de dinero a la víctima. La mediación puede proporcionar el espacio ideal para que el demandante pueda lograr su objetivo principal de detener el comportamiento no deseado.

La mediación también cumple con los objetivos del acusado. El acusado a través del proceso tendrá la oportunidad de aclarar su versión de los hechos. La confidencialidad del procedimiento permite que pueda resolver la situación sin hacerse pública. Si la denuncia se debió a un malentendido, la mediación es el espacio idóneo para resolver esa falta de comunicación sin que las posiciones de las partes se polaricen y no se pueda llegar a un entendimiento. La mediación también permite que el acosador pueda descubrir como su comportamiento ha afectado a la otra parte, aprenda de sus errores y repare el daño causado. La mediación le ofrece la oportunidad de pedir disculpas por su comportamiento, aclarar sus intenciones, y comprometerse al cumplimiento del acuerdo. Si finalmente no se llega a un acuerdo, deberá de aceptar la acción disciplinaria apropiada dictada por la empresa.

La mediación ofrece a la persona demandante un contexto seguro y confidencial en el que poder lograr el objetivo de detener el comportamiento de acoso y al acusado un contexto en el que poder corregir su comportamiento injurioso y humillante. Ambas partes tiene la oportunidad de crear acuerdos sobre la naturaleza de su relación de trabajo en el futuro.

Para los empresarios también es más ventajosa la resolución de los conflictos que se producen en su empresa a través del proceso de mediación, ya que es mucho menos costoso que la resolución por la vía judicial. Debido a la confidencialidad del proceso, la armonía y la productividad del lugar de trabajo en la empresa no se verán afectadas. Normalmente un proceso de mediación no implica la asistencia de testigos, evitando comprometer en el asunto a otros trabajadores/as, que no tendrán que tomar partido. Un proceso de mediación es un espacio más cordial, más personal y mucho menos estresante que tener que asistir a los juzgados. Al preservarse la situación de forma privada y confidencial, las partes y sus compañeros de trabajo no tienen que batallar con las repercusiones negativas de una investigación formal. Si finalmente la mediación no tiene éxito y no se llega a ningún acuerdo favorable para ambas partes, las otras opciones siguen estando disponibles.

La resolución del conflicto en los juzgados es mucho más costosa que la mediación. Una vez que las partes se han enfrentado en los juzgados, la relación de trabajo ha quedado destruida, y el empresario es probable que pierda a uno o a los dos empleados. El resto de los compañeros es probable que tomen partido, creándose una atmósfera en el centro de trabajo que puede perjudicar la productividad y el trabajo en equipo.

¿Cuándo no es aconsejable la mediación en una situación de acoso sexual?

Aunque la mediación es una buena opción como alternativa a un proceso judicial para resolver muchas de las situaciones de acoso sexual que se dan en los lugares de trabajo, existen algunas situaciones en las que la mediación no sería conveniente. Por ejemplo, si tras una investigación se revela que en el lugar de trabajo se dan muchas situaciones de desigualdad y la actividad de acoso sexual implica a un elevado número de víctimas, la mediación no proporcionaría la forma más apropiada de solución.

Como cualquier otro proceso de resolución de conflictos, no es adecuado para aplicar en todas las situaciones. Cuándo una persona se siente amenazada físicamente, forzada o es incapaz de expresar sus preocupaciones y negociar una solución para resolver el problema, participar en la mediación la haría estar en una situación clara de desventaja e inseguridad. Es por ello que los mediadores a los que les llegan casos de acoso sexual laboral deben de ser prudentes a la hora de determinar si hay circunstancias que justifiquen que la mediación es inapropiada.

La mediación también falla como una opción cuando una de las partes se niega a participar de forma voluntaria. Tampoco es aconsejable cuando existen grandes desequilibrios de poder entre los implicados, aunque es cierto que un buen mediador debe de ser capaz de superar estos desequilibrios mediante la asignación de asesores para cada parte y el uso de herramientas claves para equilibrar posiciones entre ambos.

Cuando la persona que ha sido demandada no está dispuesta a hacer concesiones o asumir la responsabilidad de la conducta hostil, es probable que la mediación no sea la alternativa, ya que no es apropiada cuando el acosador trivializa sus acciones o cree que no debe haber consecuencias para su conducta de acoso o existe algún indicio de que pueda utilizar el proceso para humillar a la otra parte en cualquier forma.

En resumen, cuando el acoso sexual es un fenómeno generalizado dentro de la empresa, una o las dos partes se niegan a participar, o existen grandes desequilibrios de poder, la mediación no supondría una alternativa factible.

¿Cuándo es adecuada la mediación para resolver una disputa por acoso sexual?

Si el denunciante es capaz de negociar con la persona  que la acosó sin temor a represalias o a perder su trabajo, el proceso de mediación pueden ofrecer una poderosa oportunidad para describir lo que pasó, cómo se sentía en ese momento y después, y lo que necesita para poder resolver el daño que le ha provocado la situación. Uno de los aspectos más humillantes del acoso sexual y otras formas de acoso es que las personas que lo sufren no tienen oportunidades seguras para expresar su humillación, ira, vergüenza, decepción o miedo.

Para poder determinar si un caso es apropiado para la mediación, el mediador debe de revisar el protocolo o políticas en materia de acoso sexual que existen en la empresa. Debe de investigar si el demandado ha estado involucrado en un incidente aislado o si tiene una historia de acoso sexual, evaluar la capacidad de la persona demandante para negociar sin medio, si ha habido una contra acusación por parte del demandado y si la organización ha informado a todos/as sus empleados sobre las políticas de acoso sexual y los protocolos existentes en la empresa.

La mediación es más eficaz cuando forma parte integral del sistema de resolución de conflictos y cuando la empresa tiene unas claras políticas que indican que la organización no tolerará ninguna forma de acoso, incluido el acoso sexual. Estas políticas deben de precisar que un supervisor o mando superior que acosa o solicita favores sexuales a cambio de una promoción, el aumento de salarios, la seguridad en el empleo o cualquier otro motivo, será sancionado o cesado de su puesto. También deben indicar que las proposiciones sexuales no deseadas o comportamiento hostil o amenazante entre compañeros de equipo constituyen acoso y no será tolerada. El mediador también necesita saber si esta política se aplica de forma consistente y llega a todos los niveles de la organización, ya que en caso contrario, sería imposible que el acuerdo al que se ha llegado tras el proceso de mediación se aplique y cuente con el apoyo de los responsables.

Herramientas para el mediador durante el proceso.

En la entrevista inicial que el mediador mantiene con la persona demandante, este deberá de plantear preguntas abiertas para descubrir la naturaleza y el grado de acoso. Se deberá de garantizar en todo momento un ambiente confidencial y la seguridad que permita a la víctima hablar con libertad de su situación. Es necesario que hable sobre lo ocurrido y que exprese sus sentimientos de vergüenza, ira y miedo.

A lo largo de todo el proceso el mediador pondrá el énfasis en guiar a las partes para que puedan enfocarse en resolver sus diferencias y en desarrollar un conjunto de reglas de trabajo que les permita seguir colaborando juntos y avanzar más allá de la disputa.

El caucus, que implica la realización de reuniones privadas con cada una de las partes, es útil durante la mediación ya que antes de determinar si el caso es apropiado, el mediador puede evaluar la voluntad y la capacidad de negociación de cada parte. También durante el proceso, las reuniones privadas pueden ser una herramienta apropiada para hacer frente a los altos niveles de emoción o la integración de información inesperada. Si una de las partes está teniendo problemas para defender una propuesta, en el caucus el mediador está en mejor posición para entrenarlo en la forma en la que debe de presentar esa propuesta.

La mediación por separado se usa con frecuencia en casos de acoso. Las partes están en habitaciones separadas y el mediador se mueve entre ellos, escuchando y transmitiendo las propuestas entre ambos. Finalmente el mediador redacta un acuerdo de mediación cuando ambos están satisfechos con el acuerdo, cada uno recibe una copia y el proceso finaliza. El inconveniente es que las partes no se comunican entre sí de forma directa. Este método puede ser útil cuando las partes no están dispuestas a sentarse cara a cara y cuando la relación de trabajo entre los dos ha finalizado. Sin embargo, normalmente las partes continúan trabajando en la misma empresa, en ese caso la negociación cara a cara es la más recomendable, ya que supone también un proceso educativo en el que las partes aprenden a comunicarse de forma efectiva.

Cuando los implicados llegan a un punto muerto en sus negociaciones, se puede hacer una mediación de asesoramiento, en la que los mediadores pueden emitir una opinión consultiva respecto a cómo la disputa podría resolverse de una manera justa y razonable. Las partes pueden utilizar esta recomendación como base para futuras negociaciones, o rechazarla de plano y acudir a otro recurso para resolver sus diferencias. Esta recomendación solo puede realizarse al final del proceso ya que el mediador al emitirla, corre el riesgo de ser visto como menos imparcial y neutral.

Para finalizar, cuando la mediación está incluida cómo una opción dentro del sistema de resolución de disputas, puede satisfacer la responsabilidad de la empresa para responder de forma rápida y efectiva a cualquier queja sobre acoso sexual. Por ejemplo, la mediación puede contemplarse como una opción dentro del protocolo para la prevención y tratamiento del acoso sexual y por razón de sexo en las empresas. Para ello, es importante que la sociedad en general y el mundo empresarial en particular, entiendan lo que es la mediación, cómo funciona y cómo se relaciona con las otras opciones de resolución de conflictos disponibles.

Autor: Francisco Góngora.