Conflictos familiares en la tercera edad.

Mediación familiar en casos de dependencia.

 

A consecuencia de la gestión que el gobierno está haciendo de la crisis económica, nuestro sistema de bienestar ha quedado muy debilitado, y a medida que disminuyen los recursos sociales proporcionados por el estado, las responsabilidades de la asistencia a las personas mayores recaen cada vez más sobre los familiares. La mayoría de las familias con el tiempo tendrán que hacer frente a este desafío que por lo general provoca tensiones que pueden conducir a conflictos y crear obstáculos en la toma de decisiones.

Los padres cuando llegan a una edad avanzada y sus facultades comienzan a verse mermadas, requieren de la ayuda de los/as hijos/as, volviéndose dependientes de estos para realizar las tareas básicas del día a día. Esta nueva situación puede provocar el surgimiento de conflictos entre los hermanos adultos o que vuelvan a aparecer enfrentamientos que han estado ocultos durante años. Las controversias y disputas acerca del cuidado de los padres hace que las relaciones familiares se compliquen, apareciendo tensión, posturas encontradas y dificultad a la hora de dialogar y tomar decisiones. Todo ello ocasiona que se pierda de vista el objetivo principal, que es garantizar que los progenitores dependientes reciban una atención adecuada.

A pesar de las particularidades que tiene cada familia, podemos extraer dos asuntos que suelen aparecer en la mayoría de las disputas entre hermanos/as relacionadas con el cuidado de los padres, que son, el sentimiento de injusticia y los asuntos económicos o de herencias.

Cuando uno de los/as hermanos/as tiene la sensación de estar haciéndose responsable de forma desigual de la atención de los padres y cree estar asumiendo sin ayuda la carga que supone esta tarea, el sentimiento de injusticia que experimenta le puede fomentar resentimiento y resquemor hacia el resto, que no se están haciendo responsables de una labor que también les pertenece. Suele ocurrir que los/as hijos/as que se encuentran a mayor distancia se desvinculen de la situación y sean los que están más cercanos a sus padres los que se ven obligados a adoptar el compromiso, a veces sin contar con apoyo y sin que se les reconozca la labor que están realizando.

Otro de los asuntos que suele ser con bastante frecuencia foco de generación de conflictos es el relativo a los temas económicos y la  herencia.  Cuando un/a hermano/a siente que está asumiendo en gran parte el cuidado de los padres, y tiene que renunciar a su tiempo y su bienestar para llevar a cabo esta labor, puede creerse en el derecho de merecer una mayor parte de la herencia como pago por su sacrificio. Otras veces los/as hermanos/as se enfrentan porque discrepan en cómo emplear el dinero en el cuidado de los padres, resistiéndose algunos a buscar atención profesional, como el ingreso en una residencia, con el fin de preservar la herencia. Esto puede ocasionar que sea uno de ellos el que finalmente se vea forzado a cumplir con un papel de cuidador para el cual no está preparado, y esto va a repercutir directamente en la calidad de la asistencia que van a recibir los progenitores ancianos.

La atención y el cuidado de las personas mayores es una tarea difícil que genera estrés y requiere de mucha dedicación y buena voluntad. Si a ello le añadimos los problemas de injusticia y los enfrentamientos por los asuntos económicos, tenemos el caldo de cultivo idóneo para el desarrollo de conflictos intrafamiliares que puede llevar a una situación insostenible y difícil de resolver sin una intervención por parte de profesionales.

Ventajas de la Mediación Familiar para resolver conflictos relacionados con el cuidado de los progenitores.

En ocasiones las relaciones entre los hermanos están muy deterioradas y apenas tienen comunicación entre ellos, es por ello que la intervención de una tercera parte  es necesaria y puede ayudar a apaciguar la controversia. Un profesional que tiene mucho que decir en este asunto es el mediador familiar, experto en impulsar a las personas a construir un acuerdo que les lleve a solucionar su disputa.

La mediación familiar es una herramienta adecuada para facilitar la toma de decisiones y acercar las posiciones que en principio parecían insalvables. El proceso va a facilitar la toma de conciencia de los implicados en la necesidad de salvaguardar en todo momento el bienestar de las personas mayores, proporcionando un lugar seguro en el que trabajar de manera conjunta en la búsqueda de una estrategia que funcione para todos los miembros de la familia. Colaborar en la construcción de un acuerdo de reparto justo de responsabilidades preservando sus relaciones fraternales, es posible.

Un mediador familiar es un profesional neutral que ayuda a la familia a que alcancen por si mismos un acuerdo sobre las decisiones relativas al cuidado de sus padres ancianos. Es importante dejar claro, que todos los temas que aparecen en el proceso de mediación son totalmente confidenciales, siendo necesario que los participantes sientan plena confianza para poder expresarse de forma abierta y exponer cuáles son sus inquietudes y sus intereses.

La mediación ayuda a aclarar malentendidos, al predisponer a todos los participantes a escuchar  el punto de vista de los demás sin interrupciones, facilita la expresión de sentimientos y guía a la familia hacia la búsqueda de soluciones nuevas que no habían sido capaces de contemplar antes y además posibilita futuras modificaciones en el acuerdo en caso de cambiar las circunstancias familiares. Permite desarrollar soluciones creativas a los retos a los que tiene que hacer frente.

Si la disputa se estuviera resolviendo en los juzgados, el proceso sería muy diferente. En los tribunales no se exploran las diferentes opciones para obtener la mejor solución que refleje el mejor interés para las personas mayores.  El juez toma las decisiones basándose en una interpretación de las leyes, y estas decisiones con frecuencia no son satisfactorias para nadie de la familia. Otra de las consecuencias perjudiciales de la resolución de disputas de índole familiar en los juzgados es que las relaciones acaban totalmente destruidas y el coste emocional de todos los implicados suele ser bastante alto.

Autor: Francisco Góngora.

 

¿En qué consiste la Mediación Terapéutica?

Mediación Terapéutica.

En la última década hemos asistido al avance prometedor de la mediación como herramienta de efectividad probada en la resolución de disputas derivadas de separación o divorcio de familias con hijos/as menores. Aunque el empleo de la mediación, en términos generales ha demostrado su eficacia en su aplicación al ámbito de las relaciones familiares, hay situaciones que podemos llamar de “alto conflicto”, en las que comenzar un proceso de mediación no resulta de utilidad. Estas situaciones, se dan en familias que se caracterizan por permanecer en un conflicto prolongado a lo largo del tiempo y por su incapacidad para resolver las disputas, tanto a través de la mediación como por vía judicial. El surgimiento de continuas desavenencias e incumplimientos del convenio regulador de las relaciones paterno filiales ordenadas por el juez, los lleva a acudir incesantemente a los tribunales, entrando en una dinámica de litigio permanente que suele repercutir de forma bastante negativa en el adecuado desarrollo de los hijos/as.

Dada la complejidad de este tipo de casos, investigadores dedicados a la intervención con familias en proceso de separación o divorcio con alta conflictividad, desarrollan un modelo denominado “Mediación terapéutica”, definido como un proceso de intervención intensiva que emplea las habilidades de resolución de problemas y de negociación que se utilizan para casos de Mediación estándar, a las que se incorpora una perspectiva terapéutica. Este estilo de intervención permite a las partes en conflicto evaluar su situación presente y mirar hacia la transformación que necesitan realizar para lograr un beneficio en todos los miembros involucrados de la familia.

Principios de la Mediación terapéutica.

El modelo de mediación terapéutica fue desarrollado por Saposnek, mediador familiar y autor de diversas publicaciones relacionadas con la intervención con progenitores separados que presentan una alta conflictividad. Este modelo, tiene como principales características, en primer lugar, que las intervenciones son intensivas, lo que implica un elevado número de sesiones de mediación, diseñadas para centrarse íntegramente en las dificultades específicas que los progenitores tienen para poner fin a sus disputas. Debido a la prolongación en el tiempo de la conflictividad, se establecen patrones de comportamiento adversos difíciles de eliminar, con lo cual se hace necesaria un tipo de intervención intensiva que les haga romper ésta dinámica y salir del círculo negativo en el que se encuentran. En segundo lugar, las intervenciones tienen una intención terapéutica, con el objetivo de abordar los numerosos problemas de conducta, emocionales y de dinámica relacional que experimentan este tipo de familias, y ayudarlas a resolver las controversias que les impide reestructurar su vida tras la separación y educar a sus hijos/as de forma conjunta y colaborativa.

Componentes terapéuticos.

El modelo incorpora cuatro componentes terapéuticos:

Un componente educativo, que incluye proporcionar a los progenitores asesoramiento sobre cómo gestionar su conflicto e información en relación a las repercusiones negativas que tiene para el desarrollo de los hijos/as el hecho de verse involucrados en la disputa de los padres. Se establecerá una discusión acerca de la imposibilidad de atender a las necesidades de los hijos/as de forma adecuada si el conflicto continúa y sobre los efectos positivos de acabar con los enfrentamientos. El componente educativo incluye también entrenamiento en habilidades sociales, en comunicación positiva y modelado de habilidades de crianza adecuadas.

El segundo componente terapéutico consiste en la adopción de estrategias para fomentar la cooperación y la negociación entre los progenitores. Este componente emplea entre otras técnicas, la de hacer un reencuadre de la historia de las partes y la conversión de acusaciones en peticiones (una acusación basada en el pasado se puede reconvertir en un deseo para el futuro, lo que disminuye el riesgo de una contra acusación de la otra parte, y favorece la escucha reflexiva).

En tercer lugar, se trata de romper el estancamiento en el que se encuentra inmersa la familia a través del empleo de técnicas terapéuticas que provoquen cambios en sus estructuras y dinámicas relacionales.

Por último, este modelo incluye el seguimiento y monitorización de los cambios que se van produciendo. Este componente consiste en ayudar a los progenitores en la elaboración de planes de crianza, en la práctica diaria de la coparentalidad y en la resolución de los problemas que vayan surgiendo.

Fases del proceso.

El modelo de mediación terapéutica se divide en cinco fases:

1. Fase de admisión al programa, en la cual se realiza una evaluación de la problemática familiar.

2. Una fase denominada de “construcción de puentes” dónde se proporcionan a los progenitores las habilidades necesarias para colaborar con sus ex-cónyuges en la tarea común de crianza de sus hijos/as.

3. De preparación para la negociación. Aquí los padres se reúnen para resolver las controversias que impiden la negociación.

4. Fase de resolución de controversias y de negociación de planes de crianza. Los progenitores negocian la elaboración de un plan de crianza para sus hijos/as.

5. Fase de implementación, dónde los padres reciben apoyo en la ejecución de su plan de crianza.

Para finalizar podemos señalar que este tipo de intervención mediadora persigue fomentar la comprensión del conflicto y de los efectos que puede suponer a largo plazo para los hijos/as y el resto de los miembros de la familia, la adquisición de habilidades de afrontamiento de situaciones difíciles y el aprendizaje de técnicas de negociación saludables. Este modelo de mediación,  permite a las familias alcanzar y mantener una buena relación a pesar de las numerosas dificultades que puedan tener.

Francisco Góngora.

Custodia compartida y conflictividad entre los progenitores.

Alta conflictividad entre los progenitores y custodia compartida.

Los profesionales que nos dedicamos a la intervención y a la mediación con familias , hemos podido confirmar lo perjudicial que es para los hijos/as el mantenimiento de una  una alta conflictividad entre los progenitores a lo largo del tiempo. En este sentido, uno de los asuntos que genera más controversia  es el tipo de acuerdo sobre custodia que resulta más beneficiosa para los menores cuando existe conflicto abierto y manifiesto entre los padres.

Los expertos durante mucho tiempo han desaconsejado el establecimiento de una custodia compartida cuando se constata que existe una  falta de entendimiento entre los progenitores  y una alta conflictividad que perjudica el interés del menor. Una sentencia reciente emitida por la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo (TS)  ha rechazado conceder a una pareja de hecho de Sevilla la custodia compartida sobre la hija menor de edad de ambos porque existe entre los padres “una situación de conflicto que dificulta gravemente el normal desarrollo” de dicha custodia compartida. Ver mas sobre la noticia: http://goo.gl/ywDUuA.

Sin embargo, muchos estudios han demostrado que a pesar del conflicto entre los padres, la custodia compartida puede ser más positiva para los menores que la custodia única. Hay análisis que demuestran que el aumento del contacto con el padre no residente podría neutralizar el efecto negativo que el conflicto entre los progenitores tiene en los menores. Investigaciones centradas en el estudio de los efectos del tipo de custodia sobre el bienestar de los menores, han realizado un examen sobre el tiempo que los hijos/as pasan con cada progenitor, demostrando que los menores que permanecían el mismo tiempo con ambos padres y disminuían las frecuencias de alternancia con uno y con otro, se veían menos afectados por la alta conflictividad de estos.

Robert Bauserman, en su investigación [Adaptación del niño en regímenes de custodia conjunta y de custodia exclusiva: meta-análisis] en Marzo de 2002; realizó un análisis de 33 estudios en los que se comparaba la adaptación de los niños/as en contextos de custodia compartida y custodia única, llegando a la conclusión de que independientemente del conflicto entre los padres,  los niños/as en régimen de custodia compartida estaban mejor adaptados que los que tenían una custodia exclusiva. En todas las medidas de ajuste, los/as niños/as de padres que compartían la custodia obtenían mejores resultados que los hijos/as de padres con custodia única, observándose en los primeros menos número y gravedad de comportamientos problemáticos, emociones más ajustadas, una mejor autoestima, mejores relaciones afectivas con el resto de sus familiares y un adecuado rendimiento escolar. Una de las principales conclusiones del meta-análisis de Bauserman fue la observación de resultados positivos en los progenitores que compartían custodia, ya que informaban que los niveles de conflictividad en sus relaciones de coparentalidad habían disminuido con el tiempo, aumentando la cooperación entre ambos, en contraposición con los resultados hallados en los padres con custodia única, que  continuaban teniendo enfrentamientos y la cooperación entre ambos disminuía a lo largo del tiempo. De estos resultados podemos deducir que “las soluciones de custodia conjunta (tanto legal como física) no parecen, como promedio, resultar perjudiciales para ningún aspecto del bienestar de los hijos y pueden, de hecho, ser beneficiosas”.

Otro estudio llevado a cabo por Joan B. Nelly,(Adaptación de los hijos en matrimonios y divorcios conflictivos. Análisis de un decenio de investigaciones – 2000), en el cual realizó un análisis de las investigaciones llevadas a cabo durante la década de los 90, sobre el efecto del divorcio en la adaptación de los menores, obtuvo resultados parecidos a los de Bauserman, deduciendo que la custodia conjunta da lugar a mejores resultados en general en el desarrollo del niño.

En  2007, Fabricio y Luecken concluyeron, desde la propia perspectiva de los menores, que la paternidad compartida es beneficiosa para los niños/as, tanto en situaciones de bajo y alto conflicto. Por lo tanto la investigación no es compatible con la presunción de que la cantidad de tiempo de crianza debe ser limitada en casos de alto conflicto. La alta conflictividad entre los progenitores no debe utilizarse para justificar las restricciones en el contacto de los niños/as con cualquiera de sus padres.

Otras investigaciones han comprobado que cuando uno de los progenitores adquiere la custodia única, el padre no custodio suele sentir un gran malestar y una gran frustración, ante un sistema  en el que el que obtiene la custodia, “se lo lleva todo”. Esto suele generar altos niveles de hostilidad a lo que se une el miedo al sentirse amenazado por la posible pérdida de sus hijos/as. Estudios muestran que cuando se ponen límites en la participación de alguno de los padres en la vida de sus hijos/as, aumentan los niveles de conflictividad y de hostilidad de este hacia el progenitor que obtiene la custodia. Cuando ninguno de los padres se siente amenazado por la pérdida de sus hijos/as y sienten que pueden participar plenamente en la vida de estos, el conflicto suele aminorar.

El ejercicio de una corresponsabilidad parental proporciona por tanto un estímulo para que los progenitores se esfuercen en cooperar, negociar y llegar a acuerdos conjuntos sobre el desarrollo del plan de crianza de sus hijos/as. Esta necesidad de colaboración aporta un aliciente para disminuir los conflictos y adoptar posturas flexibles en beneficio del bienestar de los niños/as. Recientemente se ha instaurado en Cataluña la figura del coordinador parental cuyas funciones van dirigidas a intervenir para ayudar a los padres a superar sus enfrentamientos y centrarse en la educación y crianza de sus hijos/as a través del cumplimiento de acuerdos de coparentalidad.

A modo de conclusión y de forma general, podemos afirmar que el litigio y el sistema de custodia única suele generar confrontación, afectando de forma negativa al desarrollo y bienestar de los menores. Cuando dos progenitores que desean ejercer sus funciones parentales y estar al lado de sus hijos/as, no son capaces de ponerse de acuerdo sobre cómo gestionar la crianza de los mismos tras la separación y terminan acudiendo a los tribunales, y estos resuelven en muchos casos que sea uno de los progenitores el que adquiera la custodia, los resultados suelen ser nefastos para el interés y bienestar del menor cuyas necesidades se verían totalmente cubiertas cuando son ambos progenitores los que se dedican de forma activa y colaborativa a su educación, recurriendo si es necesario a la ayuda de profesionales que les apoyen y asesoren en la adquisición de las competencias adecuadas para el mejor cumplimiento de sus funciones.

Autor: Francisco Góngora.

Psicología para Mediadores.

Psicología para un mediador. manejo de las emociones.

El manejo de las emociones durante el proceso de mediación.

Lo primero que debemos de aprender los mediadores es, que cuando dos o más personas entran en conflicto, no se comportan de forma racional y normalmente se dejan llevar por factores emocionales que los empujan hacia posiciones cada vez más rígidas. Ya Aristóteles definía la emoción como una condición según la cual el individuo se transforma hasta tal punto que se queda con el juicio afectado. Otro de los filósofos clásicos, Séneca, consideraba las emociones como algo que puede convertir la razón en esclava.

Cuando un conflicto no se conduce y se resuelve de forma eficaz, puede resultar sumamente destructivo. Los involucrados pueden verse bastante afectados, invirtiendo tiempo, energía y dinero, en un proceso que en ocasiones puede ser devastador. Una de las tareas que debe de realizar el mediador, para que las partes finalmente puedan llegar a una solución mutuamente acordada, es animarles y proporcionarles el contexto adecuado para acercar sus posiciones. Esta labor no es fácil, ya que casi todos los conflictos implican daños morales, entrando en juego factores como la amenaza de las propias creencias y valores, pérdida de derechos que la persona cree legítimos o la merma de bienes económicos, entre muchos otros.

Desde esta perspectiva, no es de extrañar que la mayoría de los conflictos tengan un fuerte componente emocional. Las partes en disputa con frecuencia mantienen sus posiciones rígidas y son inflexibles durante largos periodos de tiempo. Sin un cambio de actitud, que los mueva hacia posiciones más flexibles que les permita acercar posturas, las partes permanecerán atrincheradas en su forma de percibir el conflicto y éste no se resolverá.

El conocimiento de cómo se comporta el ser humano en una situación de conflicto y cuáles son los factores psicológicos implicados, juega un papel esencial en el desarrollo del proceso de mediación. A través de la comprensión de estos mecanismos, el mediador estará en mejores condiciones para llevar a cabo la difícil tarea de cambiar la percepción que traen las partes sobre la controversia y resolver los obstáculos emocionales que impiden el razonamiento necesario para alcanzar una solución.

Podemos afirmar que todas las disputas tienen en común que una de las partes exige algo que la otra parte no está dispuesta a entregar, generándose así una lucha sin tregua que requiere de intervención profesional para alcanzar un término. En muchas ocasiones los implicados llegan a la mediación con razones encubiertas que los hacen permanecer en la disputa. Los motivos subyacentes al conflicto no son revelados y las partes no reconocen que el problema real está oculto y es muy diferente a lo que se ha expresado y manifestado. Con frecuencia no son capaces de admitir sus verdaderas motivaciones.Puede que en mediación la controversia trate sobre temas de reparto de bienes materiales cuando en realidad lo que están reflejando los participantes no es tanto un interés económico sino la ira y el dolor que sienten y el deseo de ver a la otra parte castigada y humillada por estar obligado a pagar una gran suma de dinero. Lo que realmente persiguen es salvaguardar su dignidad y su autoestima y quedar resarcidos del daño que ellos sienten que les ha causado el otro.

Es importante que el mediador cuente con estrategias que le ayuden a provocar un cambio de actitud, es decir, una nueva forma de ver la disputa. El mediador impulsa a los litigantes a percibir el problema desde una nueva perspectiva despojada de aspectos emocionales que bloquean su razonamiento y les impide alcanzar la solución. Solo cuando se logra este cambio de postura, las partes estarán preparadas para aceptar soluciones que desde sus posiciones rígidas iniciales habían rechazado.

¿Qué puede hacer el mediador para manejar las emociones y cambiar la actitud de los participantes?.

Uno de los aspectos fundamentales que aporta la psicología a la mediación son las técnicas de comunicación y las habilidades para tratar a las personas. La escucha activa y la empatía son dos de las habilidades que todo mediador debe de aplicar en el proceso de resolución de conflictos. La escucha activa se refiere a la capacidad para escuchar plenamente y de forma global a las partes, así como la capacidad de demostrar que se ha escuchado realmente. Las partes tienen que recibir un feedback por parte del mediador de que están siendo escuchadas y también sentir que están siendo comprendidas, es decir, que el mediador está siendo empático y les está demostrando confianza. La apreciación de estar siendo escuchado y comprendido tiene un gran poder para activar el cambio actitudinal que buscamos.

Las investigaciones en neurociencia han demostrado que la expresión de aspectos negativos desencadena un ciclo de escalada de emociones que hacen que la resolución del problema sea más complicada. Es por ello que comenzar la mediación enfocando a las partes hacia lo positivo en lugar de hacia lo negativo, posibilita la creación de alianzas. Una de las técnicas que suelo emplear en los procesos de mediación es invitar a las partes a centrarse y expresar cuales son los aspectos positivos que consideran que tiene el otro. Escuchar las opiniones positivas que los demás tienen de ti, genera una respuesta que facilita el comportamiento social, y crea un mayor estado de predisposición, determinación, atención y energía, que posibilita una interacción más fluida y enfocada en la solución y no en las descalificaciones al otro. El mediador debe de alentarlos en todo momento a trabajar juntos, uno al lado del otro, atacando el problema y no atacándose mutuamente.

Otra de las aportaciones de la psicología al proceso de mediación es establecer un enfoque centrado en las soluciones y no en la disputa. Uno de los procedimientos que puede emplear el mediador para orientar a las partes y crear el escenario propicio que los lleve a adoptar una conducta colaborativa, es a través de la formulación de preguntas orientadas a generar cambios. La exposición de preguntas que se centran en las habilidades y fortalezas que posee el individuo para afrontar el problema, propicia que se active el tipo de pensamiento positivo necesario para disminuir el enfrentamiento. Hacer frente al proceso desde aspectos más positivos, generando buenas sensaciones en los implicados, desencadena la actitud  creativa y colaborativa necesaria, para reorientarlos desde las dificultades y el establecimiento de posturas rígidas en el pasado, hacia una resolución centrada en el futuro.

Con el objetivo de generar posibles soluciones, el mediador podría preguntar- ¿Cuál es el resultado más positivo que puede esperar de manera realista de esta mediación?, ¿Qué haría falta para que esto ocurra?, ¿Puedes imaginar cómo será vuestra relación en el futuro cuando la disputa se haya resuelto?, ¿Qué cosas podrías hacer que contribuirían  positivamente a la resolución del conflicto?. Estas preguntas tienen el poder de afectar a la emociones de las partes de una manera positiva, motivándolos a dar un paso hacia delante. Ambos van a ser más capaces de ampliar su perspectiva del problema y aumentar su compromiso de colaboración en la búsqueda de las posibles soluciones.

Este enfoque centrado en lo positivo y en la solución del problema, que nos aporta la Psicología, lo que pretende es potenciar rasgos individuales positivos como son  las fortalezas del carácter, los  talentos, los intereses y los valores, y puede ser empleado en todas las fases del proceso de mediación ya que resulta un método enormemente valioso y eficaz en la resolución de disputas.

La habilidad para manejar las emociones es una de las herramientas más poderosas con las que cuenta un mediador para lograr el objetivo de ayudar a las personas a resolver sus diferencias.

Autor: Francisco Góngora.

Prevención del sexting entre adolescentes.

Consejos para padres. Sexting

La mayoría de los adolescentes se sienten cómodos y viven con total naturalidad la exposición de sus vidas a través de las redes sociales o las App de mensajería instantánea. Publicar fotos, compartir comentarios y actualizar sus mensajes de estado, está totalmente normalizado en el día a día de menores y jóvenes. Este tipo de comportamientos no tiene  por qué conllevar riesgos, siempre que se lleve a cabo una buena gestión de la privacidad y de la identidad digital. La habilidad de gestionar con éxito la propia visibilidad, reputación y privacidad en la red tiene que formar parte del aprendizaje de los menores de forma paralela a la adquisición de las destrezas en el uso de las nuevas tecnologías, las cuales se han convertido en fundamentales para vivir en la actual sociedad de la información.

El problema comienza cuando los menores carecen de la información y de la madurez suficiente para administrar de forma segura su vida digital. Los adolescentes en muchas ocasiones pueden tomar decisiones impulsivas, sin pensar en las consecuencias negativas que les traerá después. Un ejemplo de este tipo de comportamientos que se pueden volver contra ellos es el sexting, del cual hablaremos a lo largo de este post, dando una serie de consejos a padres y educadores, para la actuación y prevención.

¿Qué es el sexting?

El sexting consiste en enviar imágenes o vídeos con contenido sexual sobre el propio remitente, o mensajes de carácter sexual explícito a través de mensajes de texto o de voz, ya sea a través del teléfono, ordenador, web cam u otro dispositivo. El envío de contenido sugerente y explicito combinado con la tecnología, hace que esta información pueda ser transmitida y distribuida al instante y de forma viral, así como la posibilidad de que quede almacenada en los medios digitales de forma permanente. El sexting es una realidad  presente en la vida de los adolescentes, y lo utilizan para atraer, para autoafirmarse, para sentirse sexys, para mostrar interés por alguien, para sentirse aceptado/a o porque se sienten presionados a enviarlo.

El estudio sobre hábitos seguros en el uso de smartphones por niños y adolescentes españoles, realizado por Inteco y Orange, indica que casi el 40% de los menores entre 10 y 16 años conocen en qué consiste el sexting y admiten haberlo vivido en su entrono. En estos casos, el adolescente es reacio a confesar que ha participado directamente en una situación de sexting, no obstante, un 1,5% de los menores entre 10 y 16 años afirma haberse hecho a sí mismos y enviado fotos eróticas utilizando el móvil (sexting activo), mientras que el 4,3% declara haber recibido imágenes de contenido sexual de chicos o chicas conocidos (sexting pasivo).

Las consecuencias de la práctica del Sexting.

  • El envío de este tipo de contenido o mensajes puede causar muchos problemas, sobre todo si comienza a ser compartido. En el momento en el que el adolescente envía el mensaje, el destinatario está en posesión de una imagen muy comprometedora, que puede ser compartida con facilidad a través de mensajería instantánea e incluso ser publicada en las redes sociales y hacerse viral. El adolescente pierde totalmente el control del mensaje que envió de forma privada a otra persona, llegando a poder ser copiado, enviado, publicado y visto por audiencias enormes.
  • Cuando se produce una ruptura, una de las partes puede tomar represalias y difundir de forma malintencionada imágenes, mensajes o vídeos con contenido sexual. Este tipo de comportamiento parece ser muy común entre los adolescentes.
  • La humillación que tiene que soportar la persona al ver sus imágenes o vídeos con contenido comprometido circulando sin control, es devastadora. Saber que este contenido está siendo visto por cientos de personas y posiblemente incluyendo sus familiares, sus profesores, sus vecinos o sus compañeros de clase, es una situación angustiosa. En algunos casos trágicos el nivel de desesperación y vergüenza ha llevado a algunos adolescentes a provocarse autolesiones , e incluso al suicidio.
  • El menor puede ser objeto de sextorsión (combinación de las palabras “sexo” y “extorsión”), al enviar contenido privado a personas que posteriormente los chantajean con distribuirlo y hacerlo público si no acceden a sus pretensiones. Por miedo a que el contenido enviado sea compartido, terminan aceptando las peticiones del extorsionador/a que pueden ir desde obligarlos a mantener relaciones sexuales a continuar con el envío de imágenes o vídeos explícitos o al envío de una cantidad de dinero.

¿Qué hacer ante una situación de sexting?

  • Si a consecuencia del sexting tu hijo/a está sufriendo intimidación o ciberacoso, pide ayuda. Nadie merece ser intimidado o acosado. Puedes obtener información sobre los pasos a seguir a través de estos enlaces de plataformas web especializadas en el fenómeno del sexting y del ciberbullying, con consejos prácticos sobre como actuar en estos casos – www.sexting.eswww.ciberbullying.com, chaval.eswww.pantallasamigas.net/ – entre muchas otras que podemos encontrar a través de los buscadores.
  • Si sospechas que tu hijo/a esta siendo objeto de extorsión por haber mandado imágenes u otro tipo de material comprometido a una persona que le esta amenazando y chantajeando, debes hacerle saber que si accede a sus peticiones le esta dando vía libre para que continúe con la manipulación. Dándoles lo que piden no vamos a conseguir interrumpir su extorsión, sino al contrario, aumentar sus demandas. Este tipo de comportamiento es totalmente ilegal y es necesario implicar a la ley para su detención.
  • El principal cometido de los padres es generar la confianza suficiente para que su hijo/a acuda en su ayuda en caso de estar siendo objeto de chantaje, creando un ambiente en el que puedan estar seguros de acudir a ti sin miedo a ser juzgados o castigados. En ocasiones, los padres sienten la tentación de culpar a sus hijos por el comportamiento irresponsable, o los castigan retirándoles los privilegios que tenían. Debes saber que tu hijo está siendo victima de un delito y que en este momento necesita tu ayuda. El porqué cometió  la imprudencia de compartir fotos o vídeos comprometedoras debe de ser tratado en otro momento y con tranquilidad.

Consejos para la prevención del sexting.

  • Es importante no esperar a que se produzca el incidente para hablar de las consecuencias del sexting. Hablar de la seguridad y la privacidad en las redes y de la necesidad de preservar la intimidad es indispensable.
  • Insista a sus hijos/as en que una vez que se envía una imagen o vídeo, nunca se puede recuperar y perderán el control sobre la misma. Pregúntales cómo se sentirían si sus compañeros, sus profesores e incluso sus padres pudieran ver la fotografía, y háblales de casos de adolescentes que han sufrido las consecuencias del sexting.
  • Tienen que aprender a hacer frente a las presiones que pueden ejercer sobre ellos para enviar este tipo de imágenes. La clave está  en enseñarles a ser asertivos y rechazar este tipo de demandas, teniendo siempre presente la potencial humillación social de la que pueden ser objeto.
  • Tienen que conocer las consecuencias legales que tienen el envío y la distribución de fotos de contenido privado. Enséñeles a ser responsables y si alguien les envía alguna foto comprometedora, que la borren inmediatamente y no participen en su distribución.
  • Establece reglas. Al igual que no dejas a tu hijo/a montar en el coche sin ponerse el cinturón o que beba alcohol, ya que son comportamientos que pueden tener consecuencias negativas, no les des un teléfono móvil sin establecer reglas y sin enseñarles cómo usarlo de forma segura.
  • Es importante que investigues y utilices el material existente en la red a disposición de padres y educadores para trabajar con tu hijo/a sobre temas relacionados con la seguridad y la privacidad en el uso de las TIC. Puedes visualizar con ellos vídeos como éste, relacionado con sextorsión, proporcionado por la web Pantallas Amigas (http://www.pantallasamigas.net).

La mejor arma con la que contamos padres y educadores para luchar contra estos nuevos riesgos a los que se ven expuestos los menores es la educación. Educar es proteger.

Francisco Góngora.

Educar a los menores en el uso seguro de las TIC.

Seguridad Tic y menores de edad

En la actualidad nadie pone en duda las excelentes oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías para toda la sociedad, incluidos los niños y los jóvenes. Cada vez se desarrollan más experiencias e investigaciones que demuestran la utilidad de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como herramientas pedagógicas. Todas las escuelas cuentan con dispositivos con acceso a Internet, a través del cual el alumnado prepara sus asignaturas, hace trabajos de investigación, participa en cursos, comunidades y foros, como parte de su proceso de aprendizaje. Hoy, el uso de Internet y las nuevas tecnologías, se ha convertido en una de las más importantes habilidades que todos/as tenemos que dominar para ser miembros exitosos de la sociedad. Las herramientas tecnológicas son uno de los medios más importantes con los que contamos para ayudar a nuestros hijos/as a aprender las competencias que van a necesitar en el futuro para desenvolverse en el mercado laboral.

Aunque los beneficios educativos son muchos, no podemos perder de vista, los peligros a los que se pueden exponer los menores con el uso de las TIC, es por ello que al igual que educamos a nuestros hijos/as sobre cuestiones relacionadas con el comportamiento, los modales y la seguridad en el mundo real, debemos de hacer lo mismo con el uso de las tecnologías. Es cierto que en este aspecto, existe una brecha digital generacional, y muchos padres no se sienten capacitados para gestionar los riesgos a los que se exponen sus hijos/as en el mundo digital, de la misma manera que lo hacen en el mundo real. Muchas veces se muestran inseguros en el conocimiento y la experiencia sobre las potencialidades de la red, a la vez que sus hijos/as manifiestan cada vez más habilidades en el uso de Internet, a pesar de que pueden no tener la madurez suficiente para hacerlo de modo fiable.

Los menores se conectan tanto desde casa cómo en el centro educativo e incluso en cualquier lugar a través de los teléfonos móviles, y todo ello en muchas ocasiones sin la supervisión de un adulto. Con frecuencia los padres entregan a sus hijos/as teléfonos móviles por motivos que van desde “todos sus amigos tienen uno” hasta “para contactar con ellos cuando están fuera de casa”, y la mayoría de las veces no les dan ninguna orientación sobre cómo usarlos de manera segura y responsable.

Enseñarlos a pensar y analizar de forma crítica su comportamiento en las redes, lo que dicen, lo que hacen y lo que comparten, resuelta esencial en la realidad presente. Con el incremento de los riesgos que se pueden encontrar los menores online, como son el ciberbullying, el grooming, el sexting, la exposición a contenidos sexuales inapropiados o el acceso a comunidades virtuales que pueden promover comportamientos dañinos, las familias se tienen que enfrentar cada vez más al reto de educar a sus hijos/as para que se desenvuelvan de forma segura en el mundo digital. Tienen un papel clave que desempeñar en el aprendizaje de los menores de las habilidades necesarias para navegar de forma segura. Todos los progenitores deberán de preguntarse, ¿Qué estamos haciendo para preparar a nuestros hijos/as para la vida en la era 2.0?. Con la tecnología totalmente arraigada en nuestras vidas, no podemos permitirnos ignorar esto. Si algún padre piensa que no tiene que informarse e involucrarse en cómo sus hijos/as están utilizando la tecnología, tiene que saber que  los está dejando desprotegidos en una parcela que está totalmente integrada en su día a día.

Una mayor información y educación que proporcione a los padres las habilidades necesarias para medir y gestionar los peligros a los que se enfrentan sus hijos/as, es necesaria. El gobierno, las autoridades, las escuelas y los servicios de atención a las familias, juegan un papel clave en la promoción y fomento de proyectos  destinados a prevenir y solucionar esta problemática.

Un ejemplo de este tipo de recursos a los que puede acceder cualquier progenitor interesado en adquirir conocimientos en materia de Seguridad TIC es el curso online “Seguridad TIC y menores de edad para educadores”. Esta acción formativa está incluida dentro del programa de “Capacitación en materia de seguridad en el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información para padres, madres, tutores y educadores de menores de edad” puesto en marcha por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo a través de Red.es. Esta iniciativa tiene como objetivo dotar de destrezas a los progenitores y educadores, de modo que sean capaces de acompañar a los menores de edad en el uso de las TIC de una forma responsable. A través de diferentes plataformas en la red podemos encontrar abundante material y recursos relacionados con la prevención, control e intervención en cuestiones vinculadas con la seguridad en el uso de las TIC por parte de menores de edad. Os facilito el enlace de algunos de estos sitios web especializados:

  • Chaval.es– Portal web de referencia centrado en el buen uso de las TIC.
  • Pantallas amigas– Iniciativa cuya misión es la promoción del uso seguro y saludable de las TIC.
  • Ciberbullying.com– Portal web especializado en ciberacoso.

Las Tic por si solas no conducen a ningún riesgo, es el uso que hacemos de ellas lo que puede ocasionar los peligros. La mejor herramienta con la que contamos para garantizar un uso adecuado por parte de los menores es la educación. Educar es proteger.

Francisco Góngora.

Ética para Mediadores.

Ética para un mediador

Para el ejercicio ético y competente de la Mediación, en cualquiera de las áreas donde se práctica en la actualidad, el mediador debe de cumplir una serie de normas o un modelo de conducta con el que se tiene que identificar,e interiorizarlo en su práctica profesional diaria.

La ética profesional debe de estar en la base de la intervención del mediador. Al igual que nos preocupamos por la formación y adquisición de habilidades y en promocionar nuestros servicios, debemos de incluir la ética en nuestra práctica cotidiana, trabajando en la adquisición de una visión personal y una idea clara de cuáles son las pautas o estándares profesionales apropiados que pretendemos seguir.

A continuación voy a exponer una serie de normas o pautas de conducta cuyo propósito es servir de orientación general respecto a las cuestiones éticas que pueden surgir en la práctica diaria relacionadas con el proceso de mediación:

  • GARANTIZAR LA CALIDAD DEL PROCESO. El mediador deberá de fomentar durante el proceso el cumplimiento de unos estándares y normas de comportamiento necesarios para garantizar una mediación de calidad como son la puntualidad, la seguridad, la equidad, el respeto mutuo y la honestidad entre las partes. La tarea del mediador será la de facilitar la resolución del litigio, empoderando a las partes en la toma de decisiones. Un mediador facilita la comunicación, promueve la comprensión, ayuda a las partes a identificar sus necesidades e intereses y utiliza las técnicas necesarias que les permitan llegar a su propio acuerdo.
  • GARANTIZAR LA IGUALDAD. Es imprescindible que un mediador realice una evaluación inicial a través de una entrevista individual, para determinar que los participantes están capacitados para cooperar en igualdad de condiciones, sin que se den desequilibrios de poder, en la consecución de un acuerdo mutuamente aceptado.
  • AUTONOMÍA. El mediador llevará a cabo una mediación basada en un enfoque no directivo, fomentando la determinación y autonomía de las partes en el acto de toma de decisiones y en la elección de forma voluntaria y sin coacción de los términos del acuerdo que van a firmar.
  • CONFLICTOS DE INTERESES. Evitar un conflicto de interés o la aparición de este durante y después de una mediación. Un conflicto de intereses puede surgir si el mediador ha sido de alguna manera participe de la controversia objeto de la mediación o cuando existe cualquier relación entre el mediador y cualquiera de los  participantes en la mediación, ya sea en el pasado o presente, personal o profesional, y que perjudica la imparcialidad necesaria durante el proceso.
  • INFORMACIÓN. Un mediador deberá de asegurarse de que todas las partes estén debidamente informadas sobre el papel que va a desempeñar como mediador y sobre la naturaleza del proceso de mediación, es decir, en que consiste el proceso, así como que los implicados entiendan los términos del acuerdo que van a firmar al finalizar. Debe de proporcionar información sobre el proceso, ayudando a las partes a identificar sus preocupaciones reales y todas sus opciones.
  • VOLUNTARIEDAD. La voluntariedad de las partes en la participación en la mediación es fundamental. Es esencial que los implicados lleguen a la mediación dispuestos y capaces de participar de forma colaborativa en la negociación y resolución del conflicto, con la ayuda del mediador.
  • COMPETENCIA. Es responsabilidad del mediador estar preparado, es decir, poseer las competencias necesarias para mediar en el asunto particular de que se trate. Esto incluiría la formación, la experiencia en la mediación, habilidades, conocimientos culturales…etc. Sería también aconsejable que el mediador esté dispuesto a retirarse de una mediación si determina que carece de las habilidades necesarias para hacer frente a la situación.
  • CONFIDENCIALIDAD. Es indispensable mantener la confidencialidad del proceso. Las partes tienen que tener claro que todo lo que ocurre durante la mediación es confidencial. El mediador tiene que explicarles que cualquier información, declaraciones o documentos aportados durante el proceso, no podrán ser divulgados ni utilizados posteriormente en otro medio de resolución de conflictos. Es fundamental que tengan claro  el principio de confidencialidad en el que se basa la mediación ya que propicia que se expresen libremente durante la tarea de alcanzar por si mismos un acuerdo que resuelva el litigio que los trajo a la negociación, siendo necesario que el mediador genere la confianza necesaria para que expresen sus necesidades e intereses. Nuca se desvelará información confidencial sin el permiso de las partes, ni se utilizará la información obtenida durante la mediación para obtener ventajas personales, o para perjudicar los intereses de los demás. Además, las notas de un mediador, las comunicaciones de las partes y otros documentos que contengan información confidencial o sensible, se almacenarán en un lugar seguro, y cuando se utilizan materiales procedentes de una mediación para fines de investigación, supervisión, o de formación, el mediador debe de eliminar cualquier información identificativa de los mismos.
  • Si el mediador tiene la intención de celebrar sesiones privadas o caucus con las partes, dejará claro antes, la confidencialidad asociada a estas sesiones. El mediador no podrá utilizar la información desvelada en esas sesiones sin el consentimiento de los participantes.
  • IMPARCIALIDAD. Un mediador será imparcial durante todo el proceso de mediación, valorando antes del inicio si se considera capaz de llevar a cabo la mediación con independencia y neutralidad. Tiene que tener mucho cuidado y evitar la posibilidad de caer en sesgos basados en características personales de las partes, su conducta durante la sesión, o en base al conocimiento de aspectos o comportamientos de los participantes en relación a la disputa que se está mediando. Deberá de prescindir de hacer cualquier tipo de comentario de aprobación o desaprobación, o sobre el comportamiento de los participantes. Es su cometido esforzarse por proporcionarle a cada uno la oportunidad adecuada para expresarse y participar en el proceso en igualdad de condiciones. Un mediador tiene la responsabilidad de abandonar el proceso si es incapaz de ser imparcial debido a cuestiones personales, intereses materiales o morales. Por tanto, mediará solo en aquellos asuntos en los que pueda ser imparcial y ecuánime, evitando cualquier conducta que tenga connotaciones de parcialidad o prejuicio.
  • Un mediador debe de ABSTENERSE DE PROPORCIONAR ASESORAMIENTO LEGAL. Es importante por tanto, que entiendan que el papel del mediador es el de intermediario neutral, el de un facilitador de la comunicación que los guía en su cometido de conseguir un acuerdo. En el caso de que el mediador ofrezca una valoración sobre la situación de una de las partes, sobre el resultado probable si recurren a la resolución vía judicial o sobre una recomendación con respecto a la solución, debe de asegurarse que ambos entienden que no está actuando como abogado ni ofreciendo asesoramiento jurídico.
  • Un mediador podrá FINALIZAR UNA MEDIACIÓN si considera que: cualquiera de las partes está abusando del proceso; si se llega a un acuerdo que al mediador considera ilegal teniendo en cuenta las circunstancias de la controversia; el mediador considera que es poco probable la continuación de la mediación para dar lugar a un acuerdo; si el mediador se hace consciente de la existencia en el momento en que se está desarrollando la mediación, de violencia doméstica o violencia entre las partes.
  • DIVULGACIÓN Y PROMOCIÓN. Debe de estar entre los objetivos del mediador promover la confianza pública en la mediación como un proceso para resolver disputas, participando en actividades de divulgación y educación para ayudar a los ciudadanos en el desarrollo de una mejor comprensión de la mediación. En esta linea, los mediadores también tratarán de aprender de otros profesionales, de respetar los  diferentes puntos de vista y trabajar para mejorar la profesión y servir mejor a las personas en conflicto.

Para finalizar, reseñar que el mediador siempre tendrá que atenerse a la legislación vigente en materia de mediación que rija en la comunidad autónoma o país donde la ejerza. Todo mediador debe de ser consciente y conocer las leyes aplicables o las reglas que pueden aplicarse a las mediaciones que están llevando a cabo, cumpliendo con las directrices u orientaciones normativas de las mismas.

Un buen mediador, cultiva su desempeño profesional poniendo la ética a la vanguardia de lo que hace.

Autor: Francisco Góngora.

Mediación laboral en casos de acoso sexual.

Mediación en casos de acoso sexual laboral

En España el ámbito laboral sigue estando muy masculinizado en sus prácticas, esquemas de organización y modelos de profesionalidad. Los hombres siguen viviendo la incorporación de las mujeres al trabajo como una situación de riesgo, percepción que se ha incrementado en la actualidad  debido a la escasez de puestos de trabajo disponibles en el mercado laboral, como resultado de la ardua crisis económica y la mala gestión gubernamental que está sufriendo nuestro país. Todo ello ocasiona el caldo de cultivo en el que se asienta la violencia sexista o acoso sexual en el trabajo. Podemos considerar el acoso sexual más como un abuso de poder, que como una conducta sexual, pues aunque tenga la forma de acercamiento sexual, su finalidad no es otra que el ejercicio de poder.

Dada la naturaleza delicada de las denuncias por acoso sexual, los profesionales de Recursos Humanos, que son normalmente los encargados de recoger las quejas por acoso que se producen en la organización, a menudo se encuentran con el problema de cómo investigar la situación de forma rápida y por otro lado mantener la neutralidad. Una opción que ofrece el cumplimiento de estos criterios sería el uso de un mediador externo. Inclinarse por la alternativa de la mediación para resolver los casos de acoso que se producen en las empresas, además de los beneficios que aportaría de reducción del litigio, eximiría al empresario de la obligación de tomar la decisión del tipo de medidas a adoptar para resolver la situación, ya que en el proceso de mediación son las propias partes las que toman estas decisiones, llegando a acuerdos sobre comportamientos futuros, cambios de puesto de trabajo para que haya menos interacción entre ambos, compromisos de detener los comportamientos de acoso y disculpas por el perjuicio provocado a la víctima, entre muchos otros.

Las denuncias de acoso sexual deben de ser mediadas por profesionales que cuenten con una sólida experiencia en mediación de conflictos y con conocimientos en derecho laboral, derechos civiles, gestión de personal y en las leyes que prohíben el acoso sexual y la discriminación por razón de sexo.  Por otro lado, para conocer exactamente en qué terreno vamos a mediar, es imprescindible tener una visión clara del tipo de comportamientos que caracterizan el acoso. Dos definiciones de este fenómeno, diferenciando entre acoso sexual y acoso por razón de sexo que han sido extraídas de la legislación vigente en materia de igualdad serían las siguientes:

“Constituye acoso sexual cualquier comportamiento verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo.” (Art 7.1 LOIEMH).

“Constituye acoso por razón de sexo cualquier comportamiento realizado en función del sexo de una persona, con el propósito o el efecto de atentar contra su dignidad y de crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo” (Art. 7.2 LOIEMH)

Los intereses de las partes.

En un proceso de mediación por acoso sexual en el trabajo, cada parte involucrada trae a la mesa diferentes asuntos a abordar. Normalmente los participantes en el proceso son la persona demandante, la persona acusada y el empresario/a. Es útil incluir al empresario ya que al estar familiarizado con las políticas de la organización en materia de acoso sexual y otras conductas inapropiadas, será capaz de supervisar cualquier acuerdo hecho en la mediación.

Entre las cuestiones que van a aparecer en el proceso y tienen que ser debidamente abordadas, están la necesidad de la persona demandante de exponer los sentimientos que le han generado la situación de abuso, por otro lado la necesidad de que ese comportamiento se detenga y el miedo a sufrir represalias, poniendo en peligro su carrera profesional. Su deseo es que cese el comportamiento de acoso y poder seguir haciendo su trabajo. La mayoría de la veces, las personas que denuncian una situación de acoso sexual, lo que más desean es que la situación se detenga. El objetivo que se persigue con la denuncia no es castigar o hacer que despidan al acosador, sino que la situación deje de producirse.

El acusado quiere proteger la confidencialidad de los cargos de los que se le acusa y poder mantener su trabajo. A menudo el acusado, cuando el acoso no ha sido perpetrado de forma intencionada,  desea saber lo que hizo mal y tener la oportunidad de reparar el daño.

El empresario normalmente quiere evitar las responsabilidades derivadas del asunto. Quiere mantener la productividad y el compromiso de su empresa y pagar lo menos posible para rectificar la situación.

Beneficios de la mediación en casos de acoso sexual.

Podemos afirmar que la mediación es menos hostil que los procesos más formales de resolución de conflictos. Al tratarse de un proceso voluntario, no contencioso, de naturaleza no coercitiva, ofrece la oportunidad de explorar las preocupaciones y problemáticas de cada parte, y les permite trabajar conjuntamente para llegar a una solución que satisfaga las necesidades de ambos. Brinda una mayor flexibilidad en lo que respecta a los temas a tratar y las posibilidades de acuerdo. Las partes pueden centrarse en aclarar lo que realmente ocurrió, cómo cada uno se sentía, lo que podrían haber hecho de otra manera, y lo que pueden hacer para resolver la situación, desarrollando soluciones que respondan a sus preocupaciones. A menudo, las soluciones que se imponen por un tercero son vistas como injustas, inútiles, ambiguas, o simplemente inaceptables. De este modo se cumplen la mayor parte de los objetivos que pretenden los participantes y los intereses del empresario también se ven favorecidos.

Es importante señalar que el proceso de mediación permite a la víctima expresar su frustración y elaborar una solución que le permita restituir el daño causado por la situación de acoso.  Normalmente las soluciones acordadas en mediación tenderán a centrarse más en la corrección de las desigualdades que han provocado la situación de acoso y menos en la asignación de una suma de dinero a la víctima. La mediación puede proporcionar el espacio ideal para que el demandante pueda lograr su objetivo principal de detener el comportamiento no deseado.

La mediación también cumple con los objetivos del acusado. El acusado a través del proceso tendrá la oportunidad de aclarar su versión de los hechos. La confidencialidad del procedimiento permite que pueda resolver la situación sin hacerse pública. Si la denuncia se debió a un malentendido, la mediación es el espacio idóneo para resolver esa falta de comunicación sin que las posiciones de las partes se polaricen y no se pueda llegar a un entendimiento. La mediación también permite que el acosador pueda descubrir como su comportamiento ha afectado a la otra parte, aprenda de sus errores y repare el daño causado. La mediación le ofrece la oportunidad de pedir disculpas por su comportamiento, aclarar sus intenciones, y comprometerse al cumplimiento del acuerdo. Si finalmente no se llega a un acuerdo, deberá de aceptar la acción disciplinaria apropiada dictada por la empresa.

La mediación ofrece a la persona demandante un contexto seguro y confidencial en el que poder lograr el objetivo de detener el comportamiento de acoso y al acusado un contexto en el que poder corregir su comportamiento injurioso y humillante. Ambas partes tiene la oportunidad de crear acuerdos sobre la naturaleza de su relación de trabajo en el futuro.

Para los empresarios también es más ventajosa la resolución de los conflictos que se producen en su empresa a través del proceso de mediación, ya que es mucho menos costoso que la resolución por la vía judicial. Debido a la confidencialidad del proceso, la armonía y la productividad del lugar de trabajo en la empresa no se verán afectadas. Normalmente un proceso de mediación no implica la asistencia de testigos, evitando comprometer en el asunto a otros trabajadores/as, que no tendrán que tomar partido. Un proceso de mediación es un espacio más cordial, más personal y mucho menos estresante que tener que asistir a los juzgados. Al preservarse la situación de forma privada y confidencial, las partes y sus compañeros de trabajo no tienen que batallar con las repercusiones negativas de una investigación formal. Si finalmente la mediación no tiene éxito y no se llega a ningún acuerdo favorable para ambas partes, las otras opciones siguen estando disponibles.

La resolución del conflicto en los juzgados es mucho más costosa que la mediación. Una vez que las partes se han enfrentado en los juzgados, la relación de trabajo ha quedado destruida, y el empresario es probable que pierda a uno o a los dos empleados. El resto de los compañeros es probable que tomen partido, creándose una atmósfera en el centro de trabajo que puede perjudicar la productividad y el trabajo en equipo.

¿Cuándo no es aconsejable la mediación en una situación de acoso sexual?

Aunque la mediación es una buena opción como alternativa a un proceso judicial para resolver muchas de las situaciones de acoso sexual que se dan en los lugares de trabajo, existen algunas situaciones en las que la mediación no sería conveniente. Por ejemplo, si tras una investigación se revela que en el lugar de trabajo se dan muchas situaciones de desigualdad y la actividad de acoso sexual implica a un elevado número de víctimas, la mediación no proporcionaría la forma más apropiada de solución.

Como cualquier otro proceso de resolución de conflictos, no es adecuado para aplicar en todas las situaciones. Cuándo una persona se siente amenazada físicamente, forzada o es incapaz de expresar sus preocupaciones y negociar una solución para resolver el problema, participar en la mediación la haría estar en una situación clara de desventaja e inseguridad. Es por ello que los mediadores a los que les llegan casos de acoso sexual laboral deben de ser prudentes a la hora de determinar si hay circunstancias que justifiquen que la mediación es inapropiada.

La mediación también falla como una opción cuando una de las partes se niega a participar de forma voluntaria. Tampoco es aconsejable cuando existen grandes desequilibrios de poder entre los implicados, aunque es cierto que un buen mediador debe de ser capaz de superar estos desequilibrios mediante la asignación de asesores para cada parte y el uso de herramientas claves para equilibrar posiciones entre ambos.

Cuando la persona que ha sido demandada no está dispuesta a hacer concesiones o asumir la responsabilidad de la conducta hostil, es probable que la mediación no sea la alternativa, ya que no es apropiada cuando el acosador trivializa sus acciones o cree que no debe haber consecuencias para su conducta de acoso o existe algún indicio de que pueda utilizar el proceso para humillar a la otra parte en cualquier forma.

En resumen, cuando el acoso sexual es un fenómeno generalizado dentro de la empresa, una o las dos partes se niegan a participar, o existen grandes desequilibrios de poder, la mediación no supondría una alternativa factible.

¿Cuándo es adecuada la mediación para resolver una disputa por acoso sexual?

Si el denunciante es capaz de negociar con la persona  que la acosó sin temor a represalias o a perder su trabajo, el proceso de mediación pueden ofrecer una poderosa oportunidad para describir lo que pasó, cómo se sentía en ese momento y después, y lo que necesita para poder resolver el daño que le ha provocado la situación. Uno de los aspectos más humillantes del acoso sexual y otras formas de acoso es que las personas que lo sufren no tienen oportunidades seguras para expresar su humillación, ira, vergüenza, decepción o miedo.

Para poder determinar si un caso es apropiado para la mediación, el mediador debe de revisar el protocolo o políticas en materia de acoso sexual que existen en la empresa. Debe de investigar si el demandado ha estado involucrado en un incidente aislado o si tiene una historia de acoso sexual, evaluar la capacidad de la persona demandante para negociar sin medio, si ha habido una contra acusación por parte del demandado y si la organización ha informado a todos/as sus empleados sobre las políticas de acoso sexual y los protocolos existentes en la empresa.

La mediación es más eficaz cuando forma parte integral del sistema de resolución de conflictos y cuando la empresa tiene unas claras políticas que indican que la organización no tolerará ninguna forma de acoso, incluido el acoso sexual. Estas políticas deben de precisar que un supervisor o mando superior que acosa o solicita favores sexuales a cambio de una promoción, el aumento de salarios, la seguridad en el empleo o cualquier otro motivo, será sancionado o cesado de su puesto. También deben indicar que las proposiciones sexuales no deseadas o comportamiento hostil o amenazante entre compañeros de equipo constituyen acoso y no será tolerada. El mediador también necesita saber si esta política se aplica de forma consistente y llega a todos los niveles de la organización, ya que en caso contrario, sería imposible que el acuerdo al que se ha llegado tras el proceso de mediación se aplique y cuente con el apoyo de los responsables.

Herramientas para el mediador durante el proceso.

En la entrevista inicial que el mediador mantiene con la persona demandante, este deberá de plantear preguntas abiertas para descubrir la naturaleza y el grado de acoso. Se deberá de garantizar en todo momento un ambiente confidencial y la seguridad que permita a la víctima hablar con libertad de su situación. Es necesario que hable sobre lo ocurrido y que exprese sus sentimientos de vergüenza, ira y miedo.

A lo largo de todo el proceso el mediador pondrá el énfasis en guiar a las partes para que puedan enfocarse en resolver sus diferencias y en desarrollar un conjunto de reglas de trabajo que les permita seguir colaborando juntos y avanzar más allá de la disputa.

El caucus, que implica la realización de reuniones privadas con cada una de las partes, es útil durante la mediación ya que antes de determinar si el caso es apropiado, el mediador puede evaluar la voluntad y la capacidad de negociación de cada parte. También durante el proceso, las reuniones privadas pueden ser una herramienta apropiada para hacer frente a los altos niveles de emoción o la integración de información inesperada. Si una de las partes está teniendo problemas para defender una propuesta, en el caucus el mediador está en mejor posición para entrenarlo en la forma en la que debe de presentar esa propuesta.

La mediación por separado se usa con frecuencia en casos de acoso. Las partes están en habitaciones separadas y el mediador se mueve entre ellos, escuchando y transmitiendo las propuestas entre ambos. Finalmente el mediador redacta un acuerdo de mediación cuando ambos están satisfechos con el acuerdo, cada uno recibe una copia y el proceso finaliza. El inconveniente es que las partes no se comunican entre sí de forma directa. Este método puede ser útil cuando las partes no están dispuestas a sentarse cara a cara y cuando la relación de trabajo entre los dos ha finalizado. Sin embargo, normalmente las partes continúan trabajando en la misma empresa, en ese caso la negociación cara a cara es la más recomendable, ya que supone también un proceso educativo en el que las partes aprenden a comunicarse de forma efectiva.

Cuando los implicados llegan a un punto muerto en sus negociaciones, se puede hacer una mediación de asesoramiento, en la que los mediadores pueden emitir una opinión consultiva respecto a cómo la disputa podría resolverse de una manera justa y razonable. Las partes pueden utilizar esta recomendación como base para futuras negociaciones, o rechazarla de plano y acudir a otro recurso para resolver sus diferencias. Esta recomendación solo puede realizarse al final del proceso ya que el mediador al emitirla, corre el riesgo de ser visto como menos imparcial y neutral.

Para finalizar, cuando la mediación está incluida cómo una opción dentro del sistema de resolución de disputas, puede satisfacer la responsabilidad de la empresa para responder de forma rápida y efectiva a cualquier queja sobre acoso sexual. Por ejemplo, la mediación puede contemplarse como una opción dentro del protocolo para la prevención y tratamiento del acoso sexual y por razón de sexo en las empresas. Para ello, es importante que la sociedad en general y el mundo empresarial en particular, entiendan lo que es la mediación, cómo funciona y cómo se relaciona con las otras opciones de resolución de conflictos disponibles.

Autor: Francisco Góngora.

Un ejemplo práctico y real de mediación familiar en una situación de dependencia

httpfabulas.infofabula-la-vieja-y-el-medico.html
Imagen tomada de http://goo.gl/9iVzNj

Nota previa: para asegurar el anonimato y confidencialidad respecto a los hechos relatados, se han utilizado nombres ficticios, tanto en las personas descritas como en las localizaciones geográficas mencionadas.

Presentación del caso

Cayetana (53) y María (44) son dos hermanas que se encargan de atender a su madre Josefina (80), que se encuentra en situación de gran dependencia: encamada y dependiente para todas las actividades básicas de la vida diaria (ABVD). Josefina es atendida por sus hijas en el domicilio de éstas; Cayetana vive en Almería-centro, y María en la localidad de Fiñana. Las hijas se turnan en los cuidados de manera que cada 2 meses trasladan a su madre para atenderla en sus casas.

La atención que recibe Josefina por parte de sus hijas es inmejorable. Hay lazos de afecto muy fuertes entre madre e hijas, con lo que el nivel de compromiso en los cuidados es muy alto.

A pesar de que todas las circunstancias son favorables para los cuidados a la madre, Cayetana y María no tienen buena relación, y en ocasiones ésto general malestar a Josefina, quién no sabe cómo apoyar a sus hijas en sus desavenencias y falta de acuerdo en algunos aspectos relacionados con la organización de los traslados de un domicilio a otro, así como en gestión de sus ingresos económicos, en especial de la ayuda económica que percibe Josefina a través de la conocida como “Ley de Dependencia“, por encontrarse atendida en su entorno familiar.

Cayetana considera que al no estar ella trabajando ni percibiendo ningún tipo de subsidio económico (al contrario que María, que trabaja como maestra en un colegio) ella tiene más derecho a percibir la totalidad de la citada ayuda por cuidar a su madre. Por esta cuestión de percepción de legitimidad, Cayetana se ha dirigido a la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia para realizar un cambio de número de cuenta, de manera que sea ella la que reciba el dinero en una cuenta que ha abierto con su madre, figurando ella como autorizada y la persona en situación de dependencia como titular.

María, al enterarse de que su hermana ha realizado un cambio de número de cuenta sin contar con ella, que también es cuidadora, acude a la citada Agencia de Servicios Sociales y Dependencia y realiza otro cambio de número de cuenta, en la que sólo aparecen la persona dependiente y esta hija -María- como única autorizada. Al siguiente mes, al comprobar Cayetana que no le ingresan el dinero, acude a la Agencia de Servicios Sociales para preguntar qué ha pasado, y detecta que su hermana ha realizado un cambio de número de cuenta.

Ambas hermanas y cuidadoras son guardadoras de hecho de su madre, por este motivo pueden actuar en su representación para este tipo de gestiones, como lo es el cambio de un número de cuenta. En este sentido, Cayetana vuelve a realizar un cambio de cuenta sin tratar el tema con la hermana, y el personal técnico de la Agencia comienza a sospechar que las relaciones familiares son tensas, y que merece la pena realizar un trámite de audiencia a ambas cuidadoras para valorar lo que está sucediendo, lo cual puede llevar aparejada la revisión de la propuesta individual de atención de Josefina, y un cambio de modalidad de intervención o recurso.

Las hermanas acuden a la cita programada y son recibidas por dos trabajadoras sociales, ambas formadas como mediadoras familiares. Durante el transcurso de la entrevista, se percibe claramente que la relación entre ambas está deteriorada, y que ésta circunstancia podría afectar a Josefina. Sin embargo, también se percibe que para las hermanas la madre es lo primero, de manera que incluso anteponen su atención y cuidados a sus propias necesidades personales y familiares.

El proceso de mediación

Estudiado el caso, previa consulta con el Jefe de Servicio correspondiente, se les ofrece la posibilidad de ser objeto de un proceso de mediación -gratuito- para alcanzar una serie de acuerdos mínimos respecto a todo lo relacionado con la atención a Josefina, a lo que ambas acceden de buen grado.

A este respecto se debe dejar claro que no existe ningún servicio de mediación a este fin en la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia de Andalucía; por tanto no existe la intención de generar la expectativa en la población para acceder a este tipo de servicio, pues no está contemplado dentro de la cartera de servicios de la citada Agencia. Sin embargo el buen hacer de las personas profesionales y el deseo de apoyar a la familia, facilitaron que dos profesionales se ofrecieran para realizar esta intervención.

Cuando se comienza a trabajar en esta línea, se percibe que el núcleo del conflicto se relaciona con el hecho de que ambas hermanas están casadas con dos hermanos, y Cayetana se ha divorciado de su marido en una situación muy conflictiva (ha habido una denuncia por malos tratos por parte de Cayetana). El marido de María, hermano del anterior, está muy enfadado por la denuncia que Cayetana ha interpuesto contra su hermano, y la considera totalmente injusta.

Desde este punto, todo lo que se ha venido generando entre las hermanas y los respectivos maridos han sido malos entendidos y desavenencias que han derivado en un distanciamiento de ambas hermanas, en el que ninguna de las dos sabe determinar dónde está el punto de inflexión.

El Objetivo común

Desde el objetivo común de ambas hermanas, que es la perfecta atención a su madre, se trata de mejorar la comunicación y la coordinación respecto a todo lo concerniente a la atención a la madre, de manera que ésta no reciba el impacto del conflicto.

La mediación facilita que cada una de las hermanas se pueda poner en el lugar de la otra, y averiguar lo que siente, desde el lugar que proporciona la escucha activa y abierta, cosa que sin la mediación no son capaces de conseguir.

Las Posiciones

Cayetana se siente no apoyada por su hermana, quién no se ha enfrentado al hermano de su marido y le sigue permitiendo la entrada a su casa. Se siente profundamente incomprendida por su hermana, incluso no respetada y no querida por ella.

A María le duele que su hermana no comprenda que ella no puede impedir a su marido que siga manteniendo una relación cercana con su hermano, ya que además ninguno de los dos hermanos tiene conciencia de que se hayan producido tales malos tratos. Reconoce abiertamente que quiere a su hermana, pero tampoco quiere que su conflicto matrimonial le cueste a ella su propio matrimonio, en el que lleva más de 18 años casada y tiene dos hijos.

Los intereses

Cayetana quiere que su hermana impida la entrada a su domicilio de su exmarido, que no vuelva a tener ningún tipo de relación con él y que la apoye de manera contundente.

Quiere que su hermana se haga cargo de sus dificultades económicas y que le permita disponer de la ayuda económica que percibe Josefina por ser atendida por sus hijas en su entorno a través de “Dependencia”, pues su ex marido no le pasa ningún dinero, a pesar de tener un hijo menor de edad en común, y tiene verdaderos apuros para cubrir las necesidades básicas los meses que Josefina se traslada al domicilio de María.

María quiere que su hermana reconozca que le está generando un grave conflicto matrimonial con su conducta; No quiere intromisiones en su hogar. Quiere que entienda que ella no puede enfrentarse al hermano de su marido, porque eso le puede costar el matrimonio.
Quiere que su hermana consulte con ella todo lo relacionado con la atención a la madre, y que la tenga más en cuenta en este sentido.

Las necesidades

Cayetana afirma que ella ha cuidado siempre de su hermana cuando eran pequeñas. De hecho afirma que ella renunció a estudiar para que pudiera hacerlo María, pues en la casa no había dinero para que estudiaran las dos. Se siente no reconocida por ella, y ésto le duele muchísimo. Necesita que su hermana expresamente le reconozca todo lo que ha hecho por ella, y que la quiere y la apoya a ella y a su hijo pequeño en el tema de los malos tratos. Quiere que se interese por su hijo, ya que a nivel psicológico está muy afectado por la separación de sus padres y por el tema de los malos tratos, estando incluso comenzando a somatizar (tartamudez, timidez extrema, inseguridad, pánicos nocturnos…).

Necesita, igualmente, que su hermana le permita hacer uso de la “ayuda de dependencia” hasta que encuentre un empleo.

María necesita que su hermana le dé tiempo para gestionar el tema de la entrada de su cuñado a casa, pues también quiere que comprenda que su propio matrimonio está en la cuerda floja. Necesita que entienda que -a pesar de que la quiere y que sufre por ella y su situación- toda la problemática que Cayetana ha tenido con su marido ha salpicado a su propio matrimonio, y ella también lo está pasando muy mal.
María se sorprende por los problemas que presenta su sobrino; señala que no tenía ni la menor idea de esta situación, y le comenta a su hermana que lamenta mucho todo lo que están sufriendo, dando muestras verbales de comprensión y apoyo.

El Acuerdo

El resultado final del proceso ha sido alcanzar una serie de acuerdos para mejorar la comunicación y coordinación en los cuidados a su madre, así como un acuerdo en el tema de la gestión de la ayuda económica que percibe Josefina a través de “Dependencia”.

A María no le importa que su hermana Cayetana haga uso del dinero hasta que encuentre un empleo, pues se hace cargo de su situación y dificultades -al no percibir ningún dinero por parte del padre de su hijo; sin embargo, no se compromete a impedir la entrada de su cuñado a su casa, por respeto a la relación de parentesco que lo une a su marido.

Cayetana se compromete a buscar activamente empleo, así como a comunicar a su hermana cualquier asunto de especial interés relacionado con la atención a su madre; sin embargo, asegura que una relación afectuosa y cercana como la que tuvieron no la va a tener en la actualidad, mientras su hermana permita la entrada de su exmarido en su casa.

El resultado

A los 4 meses se realizó una visita domiciliaria -sin previo aviso, detectando que la relación entre ambas hermanas había mejorado, de manera que -aunque no era especialmente cercana ni afectuosa, sí que había un mayor respeto entre ambas, y Josefina era completamente participe de esta mejora en las relaciones, lo que provocó que ella misma valorara positivamente nuestra intervención.

La atención a Josefina, como siempre, inmejorable.

*** Esto son sólo retazos de una intervención desde el ámbito social, a través de la mediación familiar.

Autora y mediadora interviniente en el proceso: Inmaculada Asensio Fernández    –     http://inmaculadasol.com/

Inteligencia emocional aplicada a la mediación de conflictos.

inteligencia emocional y mediación

Podemos afirmar que los conflictos están plenamente ligados a las emociones. Cuando dos o más personas no se ponen de acuerdo acerca de un determinado asunto, se va a generar un desequilibrio , y en función de lo que las partes involucradas sientan ante esa situación, se van a comportar de un modo u otro. Un conflicto no comienza hasta que se da una respuesta emocional ante una situación, antes de eso, no se trata más que de un problema a resolver.

Daniel Goleman, en su libro Inteligencia Emocional,  dice que, si bien la mayoría de nosotros pensamos que no tenemos elección sobre cómo nos sentimos, en realidad, los sentimientos que atribuimos a cualquier situación son una elección que hacemos nosotros mismos. Lo más importante para entender los sentimientos es aprender a verlos como opciones. Es por ello que ante la resolución de un conflicto, podemos “elegir” adoptar una actitud positiva y abierta y dejar la carga emocional negativa a un lado, o acometerlo cargados de odio y animadversión hacia la otra parte, lo que evidentemente hará más difícil el poder llegar a un consenso que resuelva el desacuerdo. A cualquier situación a la que nos enfrentamos, le atribuimos emociones de forma natural, y son la situación y las emociones que le asignamos, las que le dan al evento el significado que tiene para nosotros, y ese significado es el que va a determinar nuestras acciones, es decir, cómo nos vamos a comportar ante ese acontecimiento.

Los principales componentes de la inteligencia emocional son el desarrollo de una conciencia de sí mismo, la capacidad para regular la propia conducta y pensamientos y  la capacidad de automotivación después de experimentar vivencias negativas. Estos tres elementos van a ser claves para el desarrollo de la empatía, que va a resultar esencial durante el proceso de mediación. La empatía es nuestra capacidad para conectar con los demás, comprender sus emociones y sus percepciones y entender su punto de vista. Es ponernos en los zapatos del otro para comprender como se siente. La empatía tiene muchos aspectos positivos, ya que facilita la comunicación y la resolución de problemas, siendo un aspecto clave a potenciar en las sesiones de mediación. Una de las preguntas que suelo hacer a las partes cuando vienen muy posicionadas en sus intereses es que intenten ponerse en los zapatos del otro para descubrir cómo se siente y poder entrar en sintonía y adoptar una actitud más colaborativa.

La inteligencia emocional puede aportar un marco valioso a la hora de formular preguntas a las partes durante las sesiones de mediación. Por ejemplo, podemos ayudarlos a ubicar en el tiempo la presencia de las emociones negativas y facilitarles el reconocerlas, empleando las siguientes preguntas -¿Cuándo comenzaste a sentirte de esta manera? ¿Cómo te sentías antes de que comenzara todo?, ¿Cómo te sientes ahora y cómo te gustaría sentirte acerca de la situación?, ¿Cómo han cambiado tus sentimientos?.  También podemos ayudarlos a analizar cómo se sienten con respecto a las personas – ¿cómo te sientes con respecto a esta persona en esta situación?, ¿cómo te gustaría sentirte hacia esa persona?, ¿cómo te sientes sobre ti mismo?.

La inteligencia emocional nos dice que cuando las personas se sienten con bajo estado de ánimo y les cuesta conectar con los demás, experimentan pensamientos negativos que vienen a su mente con facilidad, provocando emociones negativas. Nuestra capacidad para tomar decisiones se ve perjudicada ya que en este estado no podemos pensar con claridad ni ser creativos. En muchas ocasiones, durante una sesión de mediación, los participantes experimentan un estado de alta agitación que les impide dialogar, escuchar y mucho menos tomar decisiones.

Podemos utilizar dos formas prácticas para manejar este tipo de situaciones emocionales. En primer lugar, utilizar el tiempo a su favor. Cuando las emociones empiezan a elevarse y descontrolarse, invitar a las partes a tomar un descanso para calmarse, de 15 a 30 minutos y pedirles que reflexionen sobre lo que esperan de la mediación, sería el mejor remedio. Este descanso  permitirá que  las sustancias químicas que ha segregado el cerebro provocando el estado de ánimo alterado, se vayan disipando y se produzca un estado de calma, que le va a posibilitar llegar a acuerdos dónde antes parecía casi imposible.

La segunda manera es hacer preguntas basadas en hechos. Cuando el mediador ve que una de las partes empieza a angustiarse o alterarse, se le formula una pregunta basada en el hecho, ¿Cuándo sucedió ? ¿Cuánto duró?. La intención es focalizar la atención en el hecho y que la emoción desaparezca. Hay que tener la precaución de no hacerlo antes de tiempo, de lo contrario la emoción se puede volver a disparar

Los pensamientos en la mente se asocian teniendo en cuenta el contenido y el estado de ánimo. Le damos sentido a cualquier situación por los sentimientos que le adjudicamos. Sin embargo, como vimos antes, nosotros tenemos la opción de elegir esos sentimientos. Para ayudar a las partes a reflexionar sobre cómo se sienten acerca de una situación difícil y que entiendan que pueden decidir sentirse mejor al respecto, podemos plantearles este ejercicio:

Se les plantea una situación relacionada con el asunto que les lleva a mediación y se les pide que hagan una declaración del tipo-  Yo me siento ———- cuando ———- porque ———- y por ello quiero preguntar ———–. En esta primera declaración suelen escribir los enfadados que están y lo que la otra persona debe de cambiar. Después de escribir este primer enunciado, les pedimos que decidan de forma deliberada sentirse mejor ante esa situación y que escriban una segunda declaración. Normalmente la segunda sentencia suele ser más positiva y les lleva a un mejor resultado.

Sabemos que el buen humor y los pensamientos positivos, mejoran la capacidad para pensar de manera más flexible. Si decidimos sentirnos mejor, vamos a ser capaces de pensar y actuar mejor. El sentido del humor es parte integral en la búsqueda de una respuesta creativa y debe de formar parte del proceso de mediación. Cuándo la gente empieza a reír las soluciones surgen de manera más fluida.

Para concluir, aludimos a  los beneficios que nos aporta la inteligencia emocional para ayudar a las personas a sentirse mejor  y a manejar sus emociones de forma eficaz, facilitándoles trabajar juntos en la búsqueda de una solución a su conflicto. Ser consciente de estos sencillos conceptos, nos va a facilitar  alcanzar mejores resultados en el manejo de las emociones intensas que en la mayoría de las ocasiones salen a relucir durante el proceso de mediación.

La manera que vemos el problema es el problema, Stephen R. Covey

Francisco Góngora.