Mediación Familiar Intergeneracional.

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Hoy, 21 de enero, se celebra el Día Europeo de la Mediación, coincidiendo con la fecha de aprobación del primer texto legislativo sobre mediación familiar en Europa. Desde “Resuelve Ahora” queremos contribuir a la tarea de difundir la cultura de la Mediación con este nuevo post sobre la capacidad de la mediación para facilitar a las familias un instrumento para que todos sus integrantes, recuperen la competencia sobre el control de los problemas y puedan continuar manteniendo relaciones positivas entre ellos sin necesidad de que se produzca una ruptura familiar.

La familia constituye un contexto social, educativo y de aprendizaje, que puede contribuir, de darse las condiciones adecuadas, al desarrollo humano y personal de todos sus componentes, ya sean niños, jóvenes o adultos, en todas las etapas de su desarrollo biológico, evolutivo y social, dada su importante función socializadora, a través de la educación.

La familia va atravesando una serie de estadios en su desarrollo evolutivo que están previstos. Entre las fases del ciclo vital por las que suelen atravesar las familias podemos mencionar las siguientes: formación de la pareja, la paternidad y maternidad, la etapa escolar de los hijos/as, la etapa de la adolescencia, la partida de los hijos/as, el cuidado de los nietos/as y el cuidado de los mayores. La transición de una etapa a otra influye en las interacciones que se producen en los miembros de la familia y las transforma, lo que supone una situación de riesgo a la que se tiene que dar respuesta. Cada uno de los integrantes de la familia tiene que realizar una serie de tareas y el hecho de que aparezcan tareas nuevas supone un reajuste que a veces puede suponer un desequilibrio. Muchas de las problemáticas de convivencia que surgen tienen que ver con una falta de habilidades para dar respuestas adecuadas que permitan afrontar con éxito los retos evolutivos de la dinámica familiar.

La mediación intergeneracional constituye una de las técnicas más útiles en la actualidad para  dar una respuesta eficaz a las diferentes dificultades por las que atraviesan las familias, resaltando principalmente dos de las etapas que consideramos más problemáticas y que más conflictos generan, como son la etapa de la adolescencia de los hijos/as y la etapa del cuidado de los mayores.

Muchas familias se ven desbordadas ante situaciones y conductas de los hijos/as cuando comienza la etapa de la adolescencia. La convivencia durante este periodo no suele ser fácil ya que se trata de un momento de transición entre la niñez y la edad adulta, en la que la primordial tarea del adolescente es encontrar su propia identidad y adquirir autonomía. Para lograrlo, tienen que comenzar a separarse de los padres y esto no es sencillo, ya que aún carecen de la madurez suficiente. El adolescente, suele vivir un conflicto interno entre la fuerte dependencia que aún tiene de sus progenitores y la necesidad de independencia. Este conflicto interno se expresa a menudo en forma de luchas y discusiones, especialmente con los padres, ya que constituyen para el/la adolescente un apoyo que necesita pero del que desea desprenderse, una fuente de seguridad y a la vez de rechazo. Es durante esta etapa, cuando  comienzan a plantearse cuestiones que anteriormente no suponían un problema, tales como el uso del teléfono o el ordenador, los estudios, los horarios de llegada a casa, la ropa, el manejo de dinero, las tareas domésticas, el consumo de alcohol y/o drogas, y que son el origen de autenticas batallas o enfrentamientos.

Estos cambios desconciertan a menudo a los padres/madres, que luchan por recuperar la autoridad perdida y no saben muy bien cómo afrontar los problemas permanentes con sus hijos/as. Los métodos que anteriormente utilizaban con ellos/as ya no funcionan y es necesario que se produzca un reajuste al nuevo momento evolutivo e ir cambiando las normas rígidas por límites flexibles, negociados y acordados. Esto suele generar en los padres mucha inseguridad ya que no es fácil encontrar un equilibrio entre mantener un control y una autoridad sobre el/la adolescente y, al mismo tiempo, concederle una mayor confianza e incluirlos en la toma de decisiones, dándoles así  mayores cotas de responsabilidad.

La mediación intergeneracional supone un instrumento de gran utilidad para resolver este tipo de disputas que se producen en el funcionamiento familiar al llegar esta etapa, ayudando a los padres y madres que se ven desbordados por los problemas de relación, el establecimiento de normas, las discusiones, la falta de comunicación y  el distanciamiento del adolescente.

Por otro lado, ahora, cada vez nos encontramos con más situaciones de mediación relacionadas con aspectos derivados del cuidado de las personas mayores. El ámbito dónde se van a presentar situaciones conflictivas relacionadas con las personas mayores es en el hogar dónde estos residan. Una de las circunstancias que tiende a provocar y acentuar los conflictos es la situación de dependencia y la necesidad de cuidado del mayor. Si tenemos en cuenta la situación de tensión y estrés que provoca la relación cuidador y dependiente, podemos entender la facilidad con la que surgen los conflictos en este contexto. Así mismo nos encontramos también cada vez con un mayor número de problemáticas relacionadas con la aparición de conflictos entre hermanos/as, vinculados a la toma de decisiones sobre cómo van a hacerse cargo del cuidado de los padres en situación de dependencia

Otra de las situaciones susceptibles de mediación intergeneracional es la que tiene que ver con el derecho de los abuelos a ver a sus nietos cuando se produce una separación o divorcio o incluso cuando no habiendo separación de pareja se dificulta la relación de los abuelos con sus nietos por el mero desinterés de los padres. En este sentido, la Ley 42/2003, de 21 de noviembre, de modificación de Código Civil y de la Ley de enjuiciamiento Civil en materia de relaciones familiares de los nietos con los abuelos, persigue como objetivo reforzar el régimen de relaciones entre los abuelos y los nietos, tanto en caso de ruptura familiar, como en el caso de dejación de obligaciones por parte de los progenitores. Por tanto la mediación en este caso sería de gran utilidad cuando existen dificultades de relación y se ve interrumpido el contacto, como alternativa a  acudir a los juzgados para que se reconozca algo tan básico como que un abuelo/a quiera y pueda ver a su nieto/a.

Hay una amplia variedad de situaciones conflictivas susceptibles de pasar por un proceso de mediación. La casuística mencionada es la que más suele hacer uso de este servicio, no obstante, cualquier tipo de desavenencia, conflicto o problema entre padres e hijos donde se desea una solución, pues ser apoyado, guiado y resuelto con este procedimiento.

Autor: Francisco Góngora.

 

Prevención del sexting entre adolescentes.

Consejos para padres. Sexting

La mayoría de los adolescentes se sienten cómodos y viven con total naturalidad la exposición de sus vidas a través de las redes sociales o las App de mensajería instantánea. Publicar fotos, compartir comentarios y actualizar sus mensajes de estado, está totalmente normalizado en el día a día de menores y jóvenes. Este tipo de comportamientos no tiene  por qué conllevar riesgos, siempre que se lleve a cabo una buena gestión de la privacidad y de la identidad digital. La habilidad de gestionar con éxito la propia visibilidad, reputación y privacidad en la red tiene que formar parte del aprendizaje de los menores de forma paralela a la adquisición de las destrezas en el uso de las nuevas tecnologías, las cuales se han convertido en fundamentales para vivir en la actual sociedad de la información.

El problema comienza cuando los menores carecen de la información y de la madurez suficiente para administrar de forma segura su vida digital. Los adolescentes en muchas ocasiones pueden tomar decisiones impulsivas, sin pensar en las consecuencias negativas que les traerá después. Un ejemplo de este tipo de comportamientos que se pueden volver contra ellos es el sexting, del cual hablaremos a lo largo de este post, dando una serie de consejos a padres y educadores, para la actuación y prevención.

¿Qué es el sexting?

El sexting consiste en enviar imágenes o vídeos con contenido sexual sobre el propio remitente, o mensajes de carácter sexual explícito a través de mensajes de texto o de voz, ya sea a través del teléfono, ordenador, web cam u otro dispositivo. El envío de contenido sugerente y explicito combinado con la tecnología, hace que esta información pueda ser transmitida y distribuida al instante y de forma viral, así como la posibilidad de que quede almacenada en los medios digitales de forma permanente. El sexting es una realidad  presente en la vida de los adolescentes, y lo utilizan para atraer, para autoafirmarse, para sentirse sexys, para mostrar interés por alguien, para sentirse aceptado/a o porque se sienten presionados a enviarlo.

El estudio sobre hábitos seguros en el uso de smartphones por niños y adolescentes españoles, realizado por Inteco y Orange, indica que casi el 40% de los menores entre 10 y 16 años conocen en qué consiste el sexting y admiten haberlo vivido en su entrono. En estos casos, el adolescente es reacio a confesar que ha participado directamente en una situación de sexting, no obstante, un 1,5% de los menores entre 10 y 16 años afirma haberse hecho a sí mismos y enviado fotos eróticas utilizando el móvil (sexting activo), mientras que el 4,3% declara haber recibido imágenes de contenido sexual de chicos o chicas conocidos (sexting pasivo).

Las consecuencias de la práctica del Sexting.

  • El envío de este tipo de contenido o mensajes puede causar muchos problemas, sobre todo si comienza a ser compartido. En el momento en el que el adolescente envía el mensaje, el destinatario está en posesión de una imagen muy comprometedora, que puede ser compartida con facilidad a través de mensajería instantánea e incluso ser publicada en las redes sociales y hacerse viral. El adolescente pierde totalmente el control del mensaje que envió de forma privada a otra persona, llegando a poder ser copiado, enviado, publicado y visto por audiencias enormes.
  • Cuando se produce una ruptura, una de las partes puede tomar represalias y difundir de forma malintencionada imágenes, mensajes o vídeos con contenido sexual. Este tipo de comportamiento parece ser muy común entre los adolescentes.
  • La humillación que tiene que soportar la persona al ver sus imágenes o vídeos con contenido comprometido circulando sin control, es devastadora. Saber que este contenido está siendo visto por cientos de personas y posiblemente incluyendo sus familiares, sus profesores, sus vecinos o sus compañeros de clase, es una situación angustiosa. En algunos casos trágicos el nivel de desesperación y vergüenza ha llevado a algunos adolescentes a provocarse autolesiones , e incluso al suicidio.
  • El menor puede ser objeto de sextorsión (combinación de las palabras “sexo” y “extorsión”), al enviar contenido privado a personas que posteriormente los chantajean con distribuirlo y hacerlo público si no acceden a sus pretensiones. Por miedo a que el contenido enviado sea compartido, terminan aceptando las peticiones del extorsionador/a que pueden ir desde obligarlos a mantener relaciones sexuales a continuar con el envío de imágenes o vídeos explícitos o al envío de una cantidad de dinero.

¿Qué hacer ante una situación de sexting?

  • Si a consecuencia del sexting tu hijo/a está sufriendo intimidación o ciberacoso, pide ayuda. Nadie merece ser intimidado o acosado. Puedes obtener información sobre los pasos a seguir a través de estos enlaces de plataformas web especializadas en el fenómeno del sexting y del ciberbullying, con consejos prácticos sobre como actuar en estos casos – www.sexting.eswww.ciberbullying.com, chaval.eswww.pantallasamigas.net/ – entre muchas otras que podemos encontrar a través de los buscadores.
  • Si sospechas que tu hijo/a esta siendo objeto de extorsión por haber mandado imágenes u otro tipo de material comprometido a una persona que le esta amenazando y chantajeando, debes hacerle saber que si accede a sus peticiones le esta dando vía libre para que continúe con la manipulación. Dándoles lo que piden no vamos a conseguir interrumpir su extorsión, sino al contrario, aumentar sus demandas. Este tipo de comportamiento es totalmente ilegal y es necesario implicar a la ley para su detención.
  • El principal cometido de los padres es generar la confianza suficiente para que su hijo/a acuda en su ayuda en caso de estar siendo objeto de chantaje, creando un ambiente en el que puedan estar seguros de acudir a ti sin miedo a ser juzgados o castigados. En ocasiones, los padres sienten la tentación de culpar a sus hijos por el comportamiento irresponsable, o los castigan retirándoles los privilegios que tenían. Debes saber que tu hijo está siendo victima de un delito y que en este momento necesita tu ayuda. El porqué cometió  la imprudencia de compartir fotos o vídeos comprometedoras debe de ser tratado en otro momento y con tranquilidad.

Consejos para la prevención del sexting.

  • Es importante no esperar a que se produzca el incidente para hablar de las consecuencias del sexting. Hablar de la seguridad y la privacidad en las redes y de la necesidad de preservar la intimidad es indispensable.
  • Insista a sus hijos/as en que una vez que se envía una imagen o vídeo, nunca se puede recuperar y perderán el control sobre la misma. Pregúntales cómo se sentirían si sus compañeros, sus profesores e incluso sus padres pudieran ver la fotografía, y háblales de casos de adolescentes que han sufrido las consecuencias del sexting.
  • Tienen que aprender a hacer frente a las presiones que pueden ejercer sobre ellos para enviar este tipo de imágenes. La clave está  en enseñarles a ser asertivos y rechazar este tipo de demandas, teniendo siempre presente la potencial humillación social de la que pueden ser objeto.
  • Tienen que conocer las consecuencias legales que tienen el envío y la distribución de fotos de contenido privado. Enséñeles a ser responsables y si alguien les envía alguna foto comprometedora, que la borren inmediatamente y no participen en su distribución.
  • Establece reglas. Al igual que no dejas a tu hijo/a montar en el coche sin ponerse el cinturón o que beba alcohol, ya que son comportamientos que pueden tener consecuencias negativas, no les des un teléfono móvil sin establecer reglas y sin enseñarles cómo usarlo de forma segura.
  • Es importante que investigues y utilices el material existente en la red a disposición de padres y educadores para trabajar con tu hijo/a sobre temas relacionados con la seguridad y la privacidad en el uso de las TIC. Puedes visualizar con ellos vídeos como éste, relacionado con sextorsión, proporcionado por la web Pantallas Amigas (http://www.pantallasamigas.net).

La mejor arma con la que contamos padres y educadores para luchar contra estos nuevos riesgos a los que se ven expuestos los menores es la educación. Educar es proteger.

Francisco Góngora.

El impacto del divorcio en niños/as y adolescentes.

Afrontar el divorcio El divorcio supone un cambio enorme en la vida de un niño o niña sin importar la edad. Ser testigo de la pérdida del amor entre los padres, de la ruptura del matrimonio, ajustarse a ir y venir entre dos hogares diferentes y la ausencia diaria de un padre mientras vive con el otro, suponen múltiples alteraciones que crean una nueva circunstancia familiar que conlleva un desafío para la vida del niño/a. En la historia personal del menor, el divorcio de los padres implica un acontecimiento decisivo. A partir de este momento, la vida que sigue cambia significativamente de cómo era antes.

Se producen diferentes respuestas a este acontecimiento en función de si el niño/a está todavía en la infancia  o ha entrado en la adolescencia . La propensión  general es que el divorcio tienda a intensificar la dependencia del niño y tienda a acelerar la independencia del adolescente. A menudo provoca una respuesta más regresiva en el niño/a y una respuesta más agresiva en el adolescente. Esto se debe a que  los/as niño/as están estrechamente vinculados a los progenitores, dependiendo fuertemente del cuidado de estos, y tienen a la familia como núcleo principal de su vida social. Los adolescentes son más independientes, suelen estar más separados y distantes de los padres, son más autosuficientes, los/as amigos/as son sus referentes y se han convertido en el núcleo principal de su vida social.

Para los/as niños/as  pequeños, el divorcio sacude la confianza en la protección que les proporcionan los progenitores, que ahora se comportan de una manera poco segura. La unidad familiar se divide en dos hogares diferentes, entre los que el niño/a debe aprender a ir y venir. No poder estar con uno de los padres sin tener que estar lejos del otro les genera inestabilidad e inseguridad. Convencer a un niño pequeño de la permanencia del divorcio, de que es algo definitivo y no hay vuelta atrás, puede ser difícil ya que suelen fantasear con que de alguna manera, mamá y papá van a vivir juntos de nuevo algún día. Se trata de una ilusión para ayudar a aliviar el dolor de la pérdida. El adolescente es mucho más rápido en aceptar el carácter definitivo de este cambio.

La reacción a corto plazo  va a depender de cómo los progenitores gestionen el proceso de divorcio. Las investigaciones demuestran que en las familias que han tenido muchos conflictos antes y después de la separación y han involucrado a sus hijos/as en ellos, la evolución de la adaptación psicológica y emocional de los hijos/as es bastante más negativa, que en aquellas familias que gestionan la separación de manera pacifica. Lo normal es que ante todos los cambios y los nuevos acontecimientos que se producen en esta situación, el niño/a se muestre ansioso ante lo desconocido y se empiece a hacer preguntas acerca de lo que va a suceder a continuación, quién va a cuidar de el/ella, con cuál de los padres va a vivir, cuándo va a poder ver al otro/a…etc.  Todo ello les genera temor y preocupación y la respuesta se puede manifestar a través de comportamientos regresivos. El niño/a desea volver a su vida anterior y puede manifestar ansiedad de separación, volver a no controlar esfínteres, tener lloriqueos y rabietas constantes y pérdida de las habilidades de autocuidado establecidas. La regresión a la dependencia anterior puede ser en parte un esfuerzo para provocar preocupación de los padres, e intentar acercarlos. Todo ello requiere de una especial atención por parte de los progenitores, que en demasiadas ocasiones están enfrascados en su propio dolor, intentando encajar la separación.

El adolescente es más independiente y tiende a reaccionar de manera más agresiva al divorcio, a menudo responden con rebeldía , ignorando la disciplina familiar y cuidando de sí mismos, ya que los padres no han podido mantener los compromisos con la familia que se hicieron originalmente. Ahora el adolescente puede actuar de forma agresiva para tomar el control de su vida comportándose aún más distante y desafiante, más decididos a vivir su vida a su manera, y más dedicado a su propio interés que antes. Se siente cada vez más autónomo de una situación familiar de la que se encentra desconectado.

¿Qué debo hacer?

Para los padres que se divorcian, la prioridad es establecer un sentido de orden familiar y previsibilidad. La relación de un niño/a con sus padres después de un divorcio es fundamental para su adaptación. Aunque la angustia de no estar con ambos padres es una de las partes más dolorosas del divorcio, es la relación continuada que tienen los niños con sus progenitores lo que resulta esencial para su adaptación a largo plazo.

Los/as niños/as tienen un mejor ajuste cuando las visitas con el padre no custodio son regulares, predecibles y ocurren en un ambiente “libre de conflictos”. La calidad de la relación es más importante que la cantidad. Si el contacto frecuente se da en circunstancias adversas, el niño puede tener problemas de adaptación. El ajuste del menor al divorcio será mejor cuando los padres logran establecer una rutina y la vida del niño/a se ve interrumpida lo menos posible.

Los progenitores con hijos/as adolescentes, deben de ser conscientes de los posibles problemas que la inestabilidad del divorcio puede ocasionar y deben de estar preparados  para dar a sus hijos el apoyo que necesitan para desarrollarse de manera saludable en su camino a la edad adulta. Las investigaciones demuestran que una educación basada en el apoyo sostenido de los progenitores, puede ayudar a reducir el impacto psicológico y emocional  negativo del divorcio en los adolescentes.

Es importante que los especialistas puedan transmitir a los progenitores que acuden en busca de asesoramiento, la necesidad de gestionar el divorcio de manera que afecte lo menos posible a la vida de sus hijos/as. Una de las herramientas más valiosas para tratar este tipo de asuntos familiares es la mediación , un incomparable espacio en el que con la ayuda de un profesional especializado podrán discutir y llegar a un consenso sobre cómo van a reconstruir su nueva vida familiar tras la separación, y digo su nueva vida familiar, porque aunque su relación sentimental ha finalizado, lo que sigue perdurando es su relación como progenitores. En próximas entradas seguiremos profundizando en aspectos relativos a cómo separarse de la manera más ecológica posible para la vida de todos los integrantes de la familia.

Francisco Góngora.

Taller: Claves para mejorar la comunicación con mi hijo/a adolescente

Taller: Claves para mejorar la comunicación con mi hijo/a adolescente

El equipo RESUELVE AHORA pone en marcha este espacio de reflexión entre padres y madres en el que se abordarán las respuestas a situaciones e interrogantes que se presentan en los padres en el momento de educar a sus hijos adolescentes, proporcionando soluciones y explicaciones a ciertos tipos de conductas y aspectos de sus hijos, orientado a facilitar la labor de ser padres – madres.

Conflictos intergeneracionales. Mediación entre padres y adolescentes.

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Los conflictos intergeneracionales son algo consustancial al propio proceso de desarrollo y aprendizaje por los que necesariamente tiene que pasar el adolescente. No existe crecimiento y adolescencia sin conflictos intergeneracionales.

Estos conflictos pueden ser resueltos dentro del seno familiar de forma positiva siempre que se afronten mediante el diálogo, de hecho, muchas familias lo consiguen, pero en ocasiones, los padres fracasan en su intento por establecer una comunicación con sus hijos/as y seguir ejerciendo control sobre ellos.

La adolescencia es una etapa que conlleva muchos cambios, tanto a nivel físico, como psicológico y a nivel de relaciones sociales. Se trata de un momento de transición entre la niñez y la edad adulta, en la que la principal tarea del adolescente es encontrar su propia identidad, y adquirir autonomía, y para ello es necesario que se produzca una separación progresiva de las figuras paternas.

Con la adolescencia aparecen en las familias nuevas problemáticas y los padres tienen que poner en práctica nuevas habilidades para hacerles frente ya que las estrategias que utilizaban anteriormente en la educación con sus hijos/as ya no les funcionan.

El adolescente desea iniciar su camino hacia la independencia sin supervisión excesiva por parte de los padres. Necesita explorar el mundo que le rodea y empezar a tomar decisiones propias y cometer errores para aprender de ellos. Tiene sus propias ideas y en muchas ocasiones desecha la influencia  de sus padres, ya que se siente más atraído por todo lo nuevo que esta apareciendo en su vida. Se identifica con la pandilla de adolescentes de la que forma parte, por líderes e ídolos de bandas de música..etc. Comienza a ver que existen nuevas posibilidades en las que quiere participar.

Todo ello lleva a que el adolescente conozca gente nueva, tenga nuevos grupos de amistades y se lance a experimentar nuevos horizontes antes desconocidos. Comienza a descubrir su sexualidad y a tener sus primeras relaciones sexuales, a salir por lugares de ocio nocturno y llegar tarde a casa y a adoptar nuevas formas de vestir y de comunicarse.

Estos cambios que se producen en el comportamiento y actitud de los jóvenes, suelen chocar frontalmente con lo que los padres esperan de la vida de sus hijos/as. Empiezan a sentir que no controlan a sus hijos/as como lo hacían antes y ya no les pueden proporcionar la misma seguridad. Tienen miedo de sus nuevas compañías, de que empiecen a mantener relaciones sexuales, que escojan caminos peligrosos o que empiecen a consumir drogas. Comienzan a no entender la actitud distante y de acritud hacia ellos, el porque prefieren pasar más tiempo con sus amigos o porque rechazan cualquier consejo que les puedan brindar.

Normalmente, estos miedos que experimentan los padres, que se traducen en disgusto y falta de comprensión, no suele plantearse de forma abierta en el núcleo familiar. Los padres no suelen dialogar con sus hijos/as sobre cuales son sus preocupaciones.

Los adolescentes por su parte, cada vez se aíslan más, sienten que sus padres no los entienden y por lo tanto no quieren dar explicaciones. Pasan el menor tiempo posible con ellos ya que no consienten que invadan su intimidad.

Los padres a su vez, se muestran cada vez más irritados y desconfiados.  Esta situación genera conflictos diarios que si se dilatan en el tiempo pueden desembocar en una pérdida de la relación, ya que ni los padres ni los adolescentes hacen esfuerzos por entenderse.

Tras esta breve reseña de cómo puede verse afectada la dinámica de la familia en esta fase de su ciclo vital, desde nuestra experiencia en la intervención con este tipo de situaciones, proponemos la Mediación como un método adecuado para gestionar este tipo de conflictos. El objetivo de la Mediación es llegar a acuerdos entre padres e hijos/as que posibiliten una mejora de la comunicación entre ambas partes y por tanto una mejora de la convivencia familiar. Padres e hijos/as deberán hacerse conscientes durante el proceso de que las diferencias que los separan son normales, ya que están pasando por etapas de la vida totalmente distintas. Esto les ayudara a ser más flexibles en sus posturas, empezar a entenderse mutuamente e iniciar el camino hacia una convivencia respetuosa.

Por último, quiero hacer hincapié acerca de la importancia de resolver los problemas que aparecen en el núcleo familiar, ya que a menudo muchos de los conflictos entre padres e hijos/as adultos se deben a conductas, actitudes y formas de comunicación, no resueltos en la etapa adolescente.

Pautas para relacionarme eficazmente con mi hijo-a.

Pautas para mejorar la comunicación con adolescentes.

Los principios básicos de unos padres razonables son querer a tu hijo y confiar en el, establecer límites razonables y claros, combinar control con independencia, ser firme y justo y aceptar a tu hijo como individuo.

Si eres de los padres que tienen la costumbre de fijarse solo en lo que tu hijo hace mal y criticarle por ello debes saber que este modelo de atención a lo negativo no hace mas que empeorar las cosas, ya que los adolescentes empiezan a tener la sensación de que lo hacen todo mal y llega un momento en el que están hartos de que sus padres solo se dirijan a ellos para quejarse, y comienzan a ignorarlos. La frustración y el enfado de los padres van en aumento a medida que todos sus esfuerzos por lograr un cierto desarrollo en sus hijos no tienen fruto. El comportamiento y la comunicación siguen deteriorándose y mientras tanto, los adolescentes buscan la atención positiva y el apoyo de otras personas que en ciertos casos, no son las más recomendables.

 ¿Cómo puedo hacer para que esto cambie?

El primer paso es evaluar los buenos comportamientos de tu hijo. Cualquier cosa de carácter positivo que haga tu hijo. En definitiva centrarse en lo positivo.

Aunque tu hijo aparente en ocasiones que no le importan tus apoyos o elogios, en realidad si le afectan. Las palabras agradables tienen una gran importancia. Proponte hacerle ver a tu hijo que eres consciente de sus esfuerzos y que estos son recompensados de algún modo.

Si mezclas los elogios con la crítica, provocas en tu hijo la desmotivación y una posible actitud de sospecha hacia ti. Cuando seas positivo y le prestes tu apoyo, tu hijo puede temer que la felicitación venga seguida de la crítica y la sugerencia. Por ejemplo, imagínate que  tu hija recupera las asignaturas que tenía pendientes. Enseguida le haces ver lo orgullosa que estas de ella, pero no debes acompañar este comentario con frases como, si hubieras estudiado antes, ¿no crees que hubieras aprobado sin tener que ir a recuperación? En lugar de este comentario, muéstrele tu apoyo por un trabajo bien hecho y deja las sugerencias para otro momento. Si mezclas elogios con crítica, es posible que a tu hija no le guste nada esta actitud.

Con el objetivo de practicar una actitud positiva, proponte decirle algo positivo a cada miembro de la familia todos los días. Si la rutina matutina ha ido bien, podrías decir algo como: Esta mañana ha sido fantástico, estoy muy contenta, sin añadir ¿crees que esto se repetirá mañana? Se breve, conciso y sobre todo, completamente positivo.

Los adolescentes que escuchan las cosas positivas que hacen, en lugar de las negativas, aprenden a creer en ellos mismos. Empiezan a darse cuenta poco a poco que pueden hacer grandes cosas y que no siempre cometen errores. Cuando se acostumbran a escuchar elogios de sus padres, ellos mismos empiezan a animarse.

Convivir día a día con mi hijo adolescente de forma positiva.

  • Empieza el día con una actitud positiva. Es importante tener una mañana tranquila y sin problemas. Desearles un buen día a tus hijos cuando se van, es un buen detalle.
  • Muestra interés por ver que tal han pasado el día. Evita los interrogatorios y las inquisiciones y en su lugar, escucha y muestra interés.
  • Proponte que ese rato sea el momento de tu hija/o y mantente siempre dispuesto a escuchar, ya compartáis el silencio, una broma o una conversación absurda, al estar juntos y reconoceros mutuamente de una forma positiva, os estáis uniendo y comunicando eficazmente. Para construir y fortalecer la relación con tu hijo, es una buena idea empezar por temas circunstanciales y carentes de conflicto, para luego pasar a los más conflictivos y emotivos.
  • Haz las comidas gratificantes. Os recomiendo que comáis siempre juntos y tratéis de hacer que ese momento sea placentero. No pongas a nadie en una situación desagradable, ni insistas en que tu hijo/a te cuente como le ha ido el día. Si lo acosas para que hable provocaras el efecto contrario. Puedes probar a iniciar una conversación, siempre que estés dispuesto a debatir opiniones contrarias a las tuyas. También puede ser un momento para que tú comentes como te ha ido el día, de esta forma tu hijo se da cuenta de que tú también tienes días buenos y malos como todo el mundo
  • Termina el día bien. El final del día es una buena oportunidad para comunicarte con tu hijo y darle las buenas noches.
  • Si planificas alguna actividad para realizar con tu hijo, lo importante es que disfrute del tiempo que pasa contigo. No sacar problemas a relucir durante este tiempo.

Aplicar castigos de forma correcta.

Utiliza los castigos durante cortos periodos de tiempo. Los castigos funcionan mejor si se usan de forma ocasional y por poco tiempo. Hay muchos padres que recurren a largos castigos como no dejar salir a sus hijos durante un par de semanas. En estas circunstancias, muchos padres terminan levantando el castigo ante la insistencia de los hijos. Esto hace que el adolescente aprenda  que el castigo se pude levantar si se  pone pesado, y que ante este comportamiento que es negativo va a conseguir lo que quiere, que es salir de casa. Los castigos se deben reservar para situaciones graves, si se utilizan demasiado pierden su eficacia.

No importa lo enfadado que estés con tu hijo. No lo amenaces con violencia, ni abuses de el psíquicamente mediante la intimidación o las reprimendas. Aunque éstas tácticas parezcan funcionar a corto plazo, te estas engañando a ti mismo. A largo plazo, el uso de la fuerza, es contraproducente y provoca más problemas de los que solucionan, ya que se hieren sentimientos y el odio se intensifica en ambas partes. Los adolescentes pueden llegar a alejarse más de sus padres e incluso a ser mas rebeldes.

Los castigos imposibles y carentes de sentido, como eliminar eternamente algún privilegio, pueden dañar tu autoridad y hacer disminuir tu credibilidad. Cuando actúas sin reflexionar, tu castigo puede tener más que ver con el estado de animo que tienes que con la infracción o la gravedad real del delito. Cuando te sobrepasas, cosa que nos ocurre a todos, necesitas recomponerte, disculparte y esforzarte en llegar a una solución más razonable. Si te notas muy furioso, respira hondo y tomate el tiempo que necesitas para decidir el castigo adecuado. Puedes decir algo como, ahora estoy demasiado enfadado para poder razonar claramente, tengo que meditar sobre lo que has hecho y considerar el castigo que te voy a imponer. Esto servirá también para que él o ella reflexione sobre lo que ha hecho.

Nunca debes invadir la privacidad de tu hijo. Es mejor que hables con él sobre lo que te preocupa. No le acuses, limítate a comentarle que estás preocupado por un determinado aspecto y escucha atentamente lo que te dice. Cuanto más hables con tu hijo sobre asuntos problemáticos, mejor será para ti y para el.

En lugar de prohibir, muéstrate accesible para hablar con él/ella de los temas que le interesan. Debe estar a gusto cuando hable contigo, sobre todo cuando tratéis de los temas que le preocupan. Si tu hijo ve que sus padres son abiertos y cariñosos, se mostrará más comunicativo.

 Qué hacer cuando mi hijo/a ha cometido una infracción grave.

Si tu hijo comete alguna infracción grave, como fumar, beber alcohol, fumar hachis, robar; cuando te percates por primera vez de algo así, te recomiendo que sigas los siguientes consejos:

  • No te muestres excesivamente enfadado o alterado. Que lo haya hecho una vez no significa que lo vaya a hacer el resto de su vida.
  • Dile a tu hijo de una forma objetiva y práctica qué hizo mal. Te recomiendo que recurras a dejarle sin salir un fin de semana por lo que hizo mal.
  • Deja claro que no quieres que se vuelva a repetir y hazle saber lo decepcionado que estas por su actitud. Pregúntale si entiende tu enfado. Si  su respuesta es afirmativa, adopta una actitud positiva y muéstrale que confías en que no se volverá a repetir.
  • Si no entiende tu enfado, explícale la razón por la que consideras errónea su acción, pero no intentes convencerlo/a para que se muestre de acuerdo contigo.
  • Da una idea general de los castigos aplicables si se vuelve a repetir la infracción.
  • No lo sermonees, ni le apliques adjetivos negativos generalizados y nada específicos, como inmaduro, irresponsable, irrespetuoso o mentiroso. Sustituye estas palabras por frases calmadas en las que indiques la consecuencia que corresponde a la infracción cometida.

Confiamos que incluir esta forma de relacionaros en vuestra dinámica familiar os ayude a allanar el terreno para crear un clima familiar idóneo, en el que la comunicación con vuestros hijos/as sea positiva y efectiva.

Francisco Góngora.