Mediación familiar en situaciones de dependencia.

Aplicaciones de la mediación familiar a los conflictos derivados de la atención a situaciones de dependencia.

Artículo publicado en Revista de Mediación Volumen 9 Nº 1. Por Inmaculada Asensio Fernández y Francisco Góngora Gómez

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Resumen:  

A lo largo de este artículo se presentan los profundos cambios sociales que se han producido en las últimas décadas y que están afectando a la gestión familiar de los cuidados a las personas en situación de dependencia. Esta circunstancia está provocando importantes conflictos y desavenencias en las redes naturales de apoyo necesarias para la normalización de los cauces de ayuda fundados en los vínculos de afecto que caracterizan a las sociedades. Se exponen, así mismo, los beneficios de la mediación a través de la ejemplificación de situaciones de conflicto habituales relacionadas con el ámbito de la dependencia, poniendo especial hincapié en las herramientas y técnicas que la persona mediadora ha de emplear para la resolución pacífica de las mismas.

Para leer el texto completo pincha este enlace directo al artículo en la revista: https://revistademediacion.com/articulos/aplicaciones-la-mediacion-familiar-los-conflictos-derivados-la-atencion-situaciones-dependencia/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mediación escolar en casos de Bullying.

bullying

En los últimos años estamos asistiendo a un aumento en el número de casos de acoso escolar. Según los datos recogidos en el informe Acoso escolar y ciberacoso: propuestas para la acción, llevado a cabo por la organización Save the Children en el año 2014,  un porcentaje muy alto de niños han sido víctimas de acoso escolar (en torno al 40%) y más de la mitad han observado alguna situación de este tipo. El acoso escolar y el ciberacoso representan formas de violencia que viven millones de niños en España y en el mundo, y que tienen repercusiones negativas en su bienestar, su desarrollo y el ejercicio de sus derechos. El caso de  la menor de 16 años que recientemente decidió quitarse la vida tras sufrir ‘bullying’ en su instituto, nos hace plantearnos qué medidas se deben de adoptar para que en nuestros centros educativos dejen de ocurrir episodios tan lamentables. En este espacio quiero aportar algunas conclusiones sobre si es factible o no emplear la mediación escolar en situaciones de acoso o violencia.

El acoso escolar (también denominado bullying), es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. En términos generales, se trata de la asunción de poder a través del uso de la agresión, la amenaza y el chantaje, en un intento de hacer daño de forma deliberada. La persona que está siendo intimidada, en general siente que no puede hacer nada para  que se detenga el abuso y existe un claro desequilibrio de poder entre el autor y la víctima.

Este polémico videoclip del grupo de música Indochine, refleja de forma explicita una situación de acoso escolar.

El comportamiento de intimidación puede tomar varias formas, incluyendo ataques psíquicos, amenazas verbales, insultos, agresión física, rechazo, extorsión, exclusión y una gama de conductas que atentan contra de la autonomía y la libertad de la víctima. Este comportamiento también adquiere formas más sofisticadas y en la actualidad muchos escolares son intimidados y  acosados a través de las redes sociales o por mensajería móvil, lo que se conoce como ciberacoso o acoso a través de Internet.

La Mediación escolar o mediación entre pares es una estrategia común que se emplea en los centros escolares para hacer frente a los conflictos que surgen entre el alumnado, y que forman parte de la cotidianidad en todas las escuelas. Para enseñar a los jóvenes las habilidades de resolución de conflictos y darles la posibilidad de resolverlos, los educadores de todo el mundo implantan programas de mediación. Décadas de investigación han demostrado la eficacia de estos programas y los beneficios que proporcionan a los estudiantes y al clima general de la escuela.

A pesar de los efectos positivos que tiene la implantación de programas de mediación para la resolución de los conflictos que surgen en los centros escolares, la gravedad que suelen llevar asociados los casos de acoso, nos hace preguntarnos acerca de la idoneidad de emplear la mediación en el abordaje de este tipo de problemáticas.

Si tenemos en cuenta los siguientes factores podemos llegar a la conclusión de que la mediación en casos de intimidación o acoso escolar no siempre es recomendable:

  • La intimidación y el acoso no es un conflicto, es una forma de victimización. Al igual que los menores que sufren abuso infantil o violencia doméstica, los niños que son intimidados o acosados, son victimizados.
  • El empleo de la mediación para abordar el acoso puede transmitir un mensaje erróneo tanto a la victima como al agresor. La propia naturaleza de la mediación implica el establecimiento de puentes en común para resolver una situación conflictiva, y mediante su uso  se correría el riesgo de que la víctima entienda que ambos (agresor y victima) tienen parte de razón y parte de culpa y que los dos tienen que trabajar para solucionar el problema, cuando el mensaje real que tiene que recibir es que en ningún caso merece ser intimidado y que se hará todo posible para detener el acoso. Por otro lado, el mensaje contundente que tiene que recibir el agresor es que su comportamiento es intolerable y debe de interrumpirlo.
  • La mediación puede resultar muy molesta para el menor víctima de acoso. El tener que enfrentarse con su agresor durante el proceso puede hacerle sentir peor.

En conjunto, las características de las situaciones que involucran acoso, como son los potenciales problemas legales y disciplinarios que conllevan, la necesidad de evitar una revictimización y los desequilibrios de poder que existen entre agresor y víctima, hacen que la mediación no sea recomendable en estos casos. Teniendo en cuenta los factores que hemos mencionado, es necesario estudiar cuidadosamente los casos y evaluar si una disputa o controversia  es apropiada para tratarse en mediación o no.

Las cuestiones relacionadas con la idoneidad o no de tratar un posible caso a través de la mediación, por lo general no están claras antes de realizar la entrevista de admisión al programa. Los coordinadores siempre deben de evitar sacar conclusiones precipitadas sobre un caso hasta que ambas partes sean entrevistadas. Es en esta reunión inicial cuando se hace evidente si una de las partes está acosando y la otra es principalmente la víctima.

Cuando el coordinador o la persona responsable del programa es consciente de que se trata de un “conflicto de acoso” debe de proceder rápidamente activando el protocolo de actuación en casos de acoso o violencia escolar. Al haber tenido la oportunidad de establecer una relación con la victima, el coordinador intervendrá a través de tres ejes fundamentales:

  • Proporcionándole apoyo, demostrándole confianza y asegurándole que la situación que está padeciendo va a terminar. Hacerle ver que no es culpable de lo que le está pasando y que a cualquier persona podría sucederle lo mismo.
  • Darle información sobre cuáles son sus derechos y los procedimientos que tiene que seguir para iniciar una reclamación en el sistema escolar o presentar una demanda.
  • Es esencial que las víctimas sientan que su situación se puede resolver y también que aunque la  mediación puede que no sea el método más idóneo para ello y que probablemente no solucione el problema, siempre existe la posibilidad, si ambas partes se muestran de acuerdo y colaboradoras y siempre que el experto lo considere conveniente, de iniciar un proceso de mediación antes de iniciar procesos disciplinarios formales.

Desde un enfoque preventivo, podemos decir que a través de la mediación escolar, la participación en la resolución de conflictos se convierte en una oportunidad de aprendizaje, ya que el alumnado entrenado adquiere formación en resolución de disputas y la experiencia necesaria para reconocer las situaciones de gravedad que requieren la intervención de un adulto.

Los alumnos mediadores adquieren conocimientos de su formación y la posterior aplicación de las habilidades que han adquirido, y los alumnos que participan en el proceso de mediación, aprenden a cómo resolver los conflictos de forma pacífica.Todo ello hace que si se dan casos de acoso escolar en un centro, estos sean más fácilmente detectables y no se produzca el fenómeno de los espectadores o testigos pasivos ante el bullying, ya que el alumnado cuenta con más herramientas para poder denunciar y hacer frente a este tipo de situaciones.

Francisco Góngora.

La Neurociencia aplicada al proceso de Mediación.

Neurociencia y mediación.

La Neurociencia, es la ciencia que se dedica al estudio del sistema nervioso, permitiendo avances en la comprensión del pensamiento, las emociones y el comportamiento. En este post, voy a tratar de describir la forma en la que podemos aplicar algunos hallazgos recientes en neurociencias, a algunas situaciones comunes en un proceso de mediación.

El mediador actúa como un motor para el cambio en el pensamiento y la conducta de las partes envueltas en el conflicto. Crea una serie de cambios a través de las preguntas que va formulando a lo largo de las sesiones. Cuando el mediador hace una pregunta, hace responsable a la persona que tiene que responder, de esta forma mantiene el poder de las partes y los prepara para la toma de decisiones. El lenguaje en general y la formulación de preguntas en particular, son herramientas fundamentales para un mediador. Es por ello que desafiarnos a nosotros mismos y encontrar nuevas formas de hacer preguntas es fundamental para nuestro trabajo como mediadores.

Tener conocimientos básicos de cómo funciona el cerebro humano, cómo percibe los acontecimientos, cómo se desarrollan los procesos emocionales y cognitivos y qué partes de nuestro cerebro están implicadas en la toma de decisiones, resulta un área de conocimiento bastante relevante, que nos puede facilitar herramientas de utilidad para aplicar durante el proceso de mediación. Los hallazgos ofrecidos por la neurociencia, nos aportan información valiosa sobre cómo nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos están implicados de forma directa en el ciclo de desarrollo y resolución de un conflicto. En este contexto, los neurocientíficos, están explorando el papel central de las inteligencias emocionales y sociales en la toma de decisiones, negociación y resolución de conflictos

El secuestro emocional.

Para simplificar, podemos afirmar que tenemos tres formaciones o cerebros independientes, el racional o neocortex, el emocional o límbico y el reptiliano. Los tres cerebros están interconectados a nivel neuronal y bioquímico y trabajan juntos para apoyar las inteligencias múltiples, de manera que tienen implicaciones importantes para las personas en conflicto.

Las emociones son un aspecto integral de la llamada toma de decisiones “racionales”. Todas las decisiones a nivel cognitivo, se hacen en un contexto emocional. El pensamiento racional implica el aporte de los cerebros racional y emocional, que pasan mucho tiempo conectados  y trabajando juntos. De hecho, es el cerebro emocional el  que nos permite tomar decisiones inteligentes con rapidez, ya que busca en su base de datos de experiencias anteriores. Si tuviéramos que confiar únicamente en nuestro cerebro racional (neocórtex), tardaríamos una eternidad para tomar decisiones simples, debido a que el cerebro racional tendría que seleccionar a través de todos los datos disponibles sobre un asunto concreto, y meticulosamente sopesar las ventajas y desventajas de cada opción. Por lo tanto los procesos emocionales y cognitivos no pueden ser separados los unos de los otros, ya que se producen de forma simultanea.

Las emociones están presentes siempre y son cruciales para la toma de decisiones inteligentes y para conseguir buenos resultados. Sin embargo, también pueden provocar el efecto contrario. Una situación de enfrentamiento puede desencadenar emociones negativas que inhiben nuestra capacidad para hacer frente a los conflictos de una manera constructiva. Cuando estamos enfrascados en un conflicto, se producen cambios en nuestro cableado neuronal y a veces no somos capaces de comportarnos de manera racional. Lo que sucede es que la amígdala, núcleo cerebral encargado de hacer que la toma de decisiones se produzca con las aportaciones de los diferentes centros cerebrales, se bloquea. Esto puede ocurrir cuando estamos nerviosos, estresados o en una situación conflictiva. Nuestra amígdala puede quedar bloqueada, de modo que se interrumpe la comunicación entre las diferentes partes de nuestro cerebro, sobre todo el emocional y el racional. Cuando estamos en un estado defensivo, de miedo, en conflicto, la información entra al cerebro emocional, pero se interrumpe el acceso al cerebro racional.  Esto se conoce como secuestro emocional o inundación emocional.

Durante una mediación, la fase de recapitulación de la historia que tienen que llevar a cabo las partes, puede provocar una reacción emocional intensa. Normalmente los mediadores creen que este proceso tiene un efecto catártico importante, y una vez que las partes han expresado todos esos sentimientos reprimidos, están más preparados para comenzar a negociar de forma más racional. Como hemos visto, la neurociencia parece sugerir lo contrario. Hay muchas razones para creer que una persona que tiene que contar con detalle un suceso que es doloroso, revive plenamente el trauma a nivel neuronal, es decir, se activan los circuitos neuronales asociados con esas emociones negativas y nos bloqueamos. No podemos pensar de modo racional y tomar buenas decisiones cuando estamos inundados emocionalmente. Somos menos capaces de considerar nuevas opciones para la acción.

Podemos extraer que tras una sesión en la que se ha revivido la historia dolorosa, motivo de la demanda de mediación, se necesita un periodo de enfriamiento antes de estar preparados para negociar. Si esto no es posible, una técnica a tener en cuenta cuando alguna de las partes se encuentra “secuestrada”, es animarla a practicar técnicas de relajación a través de la respiración consciente.

El poder de la empatía y el contagio de emociones.

Trabajos recientes en neurociencia han demostrado que las emociones son contagiosas, es decir que pueden moverse entre nosotros sin que seamos conscientes de ello.  Esto es posible gracias a las neuronas espejo en el cerebro, que reaccionan de manera favorable a la expresión neuronal de las emociones de los demás. Estas neuronas “disparan” en nosotros lo que otros parecen estar experimentando.

El descubrimiento de las neuronas espejo, inició una revolución en nuestra comprensión del modo en el que al interactuar con los demás, usamos el lenguaje no verbal (gestos, expresiones, posturas corporales, el tono de voz…) para comunicar nuestras intenciones y nuestros sentimientos.  Son estas neuronas las que explican la imitación y la empatía.

La idea de que los seres humanos estamos “cableados para la empatía “es muy atractiva para los mediadores. Esto ayuda a explicar cómo en cierta medida es difícil sostener un comportamiento de confrontación hacia alguien que esta siendo respetuoso y empático contigo. Cuando nos demuestran empatía, las personas se sienten reconocidas y escuchadas, sus neuronas espejo empiezan a funcionar y responden con comportamientos de escucha, reconocimiento y empatía con el otro. Una vez que las partes son capaces de escucharse y reconocerse, se hace más sencillo seguir adelante de manera conjunta con el proceso de resolución del problema.

De este supuesto podemos extraer que los mediadores deben de abogar más por las sesiones conjuntas. Más contacto cara a cara en la resolución de conflictos podría ofrecer la oportunidad de demostrar sinceridad de una manera emocionalmente convincente. También puede ofrecer la oportunidad de evaluar la credibilidad de la otra parte. Puede que alguna de las partes prefiera la privacidad del caucus, aduciendo razones de confidencialidad, pero las mediaciones conducidas a través del caucus se pueden convertir en pruebas de desconfianza. Podemos concluir afirmando que la neurociencia ofrece datos empíricos que demuestran que las mediaciones conjuntas resultan más positivas.

 Equilibrio entre estabilidad y flexibilidad.

Cuando tenemos que comunicarnos o negociar con otros, nos basamos en lo que sabemos y en lo que creemos. Nuestros conocimientos se almacenan en estructuras neuronales dotadas de significado. Estas estructuras son relativamente estables y resistentes al cambio. En cierta medida, están sujetas al cambio a través del aprendizaje, produciéndose por tanto un equilibrio entre estabilidad y plasticidad. Si las estructuras son demasiado estables y rígidas, serían inmunes al aprendizaje, y por otro lado un exceso de plasticidad supondría una perdida de nuestra identidad, de nuestra estructura de conocimientos. Tenemos apego a nuestros conocimientos, ya que para cambiar nuestra mente, tenemos que perder una parte de nuestra identidad y esto nos resulta incomodo.

Cuando estas de acuerdo conmigo, confirmas mi identidad y mi comprensión de lo que es valido. Esto es tranquilizador. Cuando no estás de acuerdo conmigo, desafías mi identidad y mi comprensión de lo que es real. Esto es preocupante y lo experimento como una amenaza.

Las partes en disputa, en un proceso de mediación o negociación, vienen unidas a su visión de la realidad, ya que es parte de su identidad. Tenemos una tendencia natural a creer que la forma en la que nosotros vemos el mundo es la mejor. Necesitamos tener una sensación de confianza en nuestra percepción del mundo. De este modo, tenemos la tendencia a entablar negociaciones con lo que se conoce como el exceso de confianza optimista. Prevalecen la certeza de nuestras posiciones. Sabemos que estamos en lo correcto.

Llega un momento durante la negociación, que podemos empezar a ver que hay más en la historia que únicamente nuestra visión de las cosas. Puede que estemos ante un reconocimiento de la legitimidad de al menos parte del punto de vista del otro. La incertidumbre se cuela y me empiezo a preguntar si tal vez esté equivocado. En función de lo profundamente conectados que estemos a elementos primordiales de nuestra visión del mundo y de nuestra visión de nosotros mismos, de nuestra identidad, nos tendremos que enfrentan más o menos  a la perspectiva de tener que dejar de lado parte de nuestra comprensión de las cosas y  cambiar nuestra historia de los temas que se están negociando, y esto puede resultar amenazador. Estamos perdiendo una parte de nosotros mismos.

Si somos capaces de ver más allá de nuestra resistencia al cambio, si podemos aceptar una nueva historia, un relato ampliado que tenga en cuenta algunas de las informaciones que llegan desde nuestro interlocutor, si podemos dejar de lado algunos de nuestros esquemas previos, entraremos en la fase de resolución, que representaría la nueva realidad. Cuando llegamos a este estado, podemos decir que hemos cambiado y hemos ampliado nuestra percepción. Vamos a tener una nueva identidad, una nueva comprensión del mundo y un nuevo conjunto de redes neuronales dotadas de significado.

Isabel Bader fue la primera persona en identificar este ciclo de resistencia o narcisismo, apertura al punto de vista del otro y por último resolución realista, que se produce durante los procesos de mediación de conflictos. Este concepto está totalmente sostenido por estudios de las bases neuronales del conocimiento , el aprendizaje, la comprensión, la memoria y la identidad.

Para finalizar, decir que entender cómo funciona nuestro cerebro es uno de los grandes retos de la humanidad y sin duda un área apasionante cuyos estudios pueden ser aplicados a los procesos de mediación y negociación, ayudando a los  mediadores en su trabajo como intermediarios y conciliadores de conflictos.

Francisco Góngora.

Servicio de Mediación familiar

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DESCRIPCIÓN

La mediación familiar es una vía constructiva para resolver conflictos familiares que se pueden dar en las transiciones  difíciles de la vida, relacionadas con separaciones, divorcios, relaciones entre padres e hijos, cuestiones relacionadas  con la atención a personas dependientes en el seno de la familia, cuestiones de herencias, etc. La mediación familiar tiene como finalidad que las partes en conflicto alcancen acuerdos equitativos, justos, estables y duraderos, contribuyendo así a evitar la apertura de procedimientos judiciales, o, en su caso, contribuir a la resolución de los ya iniciados.

En el caso de una separación de pareja (casada o no) la mediación tiene como objetivo ayudar a la pareja a negociar sus desacuerdos y poder resolverlos de manera pacífica; y los puntos a discutir comprenden -al menos- el denominado Convenio Regulador, que es el documento necesario para poder tramitar judicialmente la separación o divorcio de manera amistosa.

La mediación en sí no es una terapia, pero no cabe duda de que tiene un enorme efecto terapéutico en las personas, pues está enfocada en el equilibrio de las relaciones, dado que en ella se abordan y se negocian aquellos aspectos de la relación que parecen estar estancados, producen sufrimiento e que impiden pasar página.

CONFLICTOS TÍPICOS QUE SE LLEVAN A MEDIACIÓN

•     Situaciones de ruptura entre parejas: separación, divorcio y nulidad.

•     Reorganización de la familia como consecuencia de la situación la ruptura de la pareja.

•     Adopción de acuerdos respecto a la crianza y sostenimiento de los hijos.

•     Conflictos entre padres e hijos.

•     Situaciones problemáticas surgidas en caso de adopciones y/o acogimiento familiar.

•     Situaciones de falta de comunicación entre nietos y abuelos.

•     Cuando se produzca un conflicto familiar entre personas relacionadas entre sí por cualquier grado de parentesco (hermanos mayores de edad, padres e hijos mayores de edad), con el objetivo de alcanzar algún tipo de acuerdo.

•     Herencias y repartos patrimoniales.

•     Conflictos en situaciones de negocio familiar.

•     Conflictos respecto al cuidado de personas dependientes en la familia.

OBJETIVOS

GENERAL

•     Apaciguar el conflicto familiar y mejorar la relación interpersonal entre los participantes, y que todo ello posibilite la consecución de acuerdos creativos que se adapten a la realidad de la familia.

ESPECÍFICOS

•     Ayudar a las personas que se encuentran en conflicto a alcanzar acuerdos satisfactorios.

•     Reducir los costes emocionales que implica el proceso de separación y divorcio.

•     Apoyar a las partes en su proceso de reorganización familiar tras la separación.

•     Mejorar la comunicación entre las partes.

•     Construir nuevos nexos de unión entre las partes con respecto a su desempeño futuro como progenitores.

•     Favorecer que las partes se sientan protagonistas en la toma de decisiones sobre su vida.

EL PROCESO

El intervalo medio de sesiones se encuentra comprendido entre las 6 y 9 sesiones, aunque dependerá de cada situación.

1.  Pre-mediación:

Entrevista inicial, dónde se recaban los datos necesarios para evaluar el estado inicial en el que se encuentra la  situación familiar y/o el conflicto. En esta fase se informa a las partes sobre lo que consiste el proceso de mediación, así como todas aquellas cuestiones relacionadas con el proceso, honorarios, y demás.

2.  Negociación:

En la fase siguiente denominada “negociación” se van a abordar cada uno de los temas objeto de búsqueda de acuerdos, con la finalidad de llegar a un punto de encuentro consensuado entre ambos.

3.  Redacción del acuerdo final:

Si al final de la negociación se llegan a acuerdos en todos los aspectos tratados, se redactará un documento que les servirá para tramitar su separación o divorcio judicial.

En los casos en los que la mediación no tenga que ver con un proceso de separación o divorcio, igualmente los acuerdos quedarán recogidos por escrito y serán firmados por las partes, mostrando así su compromiso.

PRECIOS Y HORARIOS

Horarios: Tardes, salvo excepciones.

Precios: Reunión inicial: 40 euros. Reuniones sucesivas: 60 euros.

Pautas para relacionarme eficazmente con mi hijo-a.

Pautas para mejorar la comunicación con adolescentes.

Los principios básicos de unos padres razonables son querer a tu hijo y confiar en el, establecer límites razonables y claros, combinar control con independencia, ser firme y justo y aceptar a tu hijo como individuo.

Si eres de los padres que tienen la costumbre de fijarse solo en lo que tu hijo hace mal y criticarle por ello debes saber que este modelo de atención a lo negativo no hace mas que empeorar las cosas, ya que los adolescentes empiezan a tener la sensación de que lo hacen todo mal y llega un momento en el que están hartos de que sus padres solo se dirijan a ellos para quejarse, y comienzan a ignorarlos. La frustración y el enfado de los padres van en aumento a medida que todos sus esfuerzos por lograr un cierto desarrollo en sus hijos no tienen fruto. El comportamiento y la comunicación siguen deteriorándose y mientras tanto, los adolescentes buscan la atención positiva y el apoyo de otras personas que en ciertos casos, no son las más recomendables.

 ¿Cómo puedo hacer para que esto cambie?

El primer paso es evaluar los buenos comportamientos de tu hijo. Cualquier cosa de carácter positivo que haga tu hijo. En definitiva centrarse en lo positivo.

Aunque tu hijo aparente en ocasiones que no le importan tus apoyos o elogios, en realidad si le afectan. Las palabras agradables tienen una gran importancia. Proponte hacerle ver a tu hijo que eres consciente de sus esfuerzos y que estos son recompensados de algún modo.

Si mezclas los elogios con la crítica, provocas en tu hijo la desmotivación y una posible actitud de sospecha hacia ti. Cuando seas positivo y le prestes tu apoyo, tu hijo puede temer que la felicitación venga seguida de la crítica y la sugerencia. Por ejemplo, imagínate que  tu hija recupera las asignaturas que tenía pendientes. Enseguida le haces ver lo orgullosa que estas de ella, pero no debes acompañar este comentario con frases como, si hubieras estudiado antes, ¿no crees que hubieras aprobado sin tener que ir a recuperación? En lugar de este comentario, muéstrele tu apoyo por un trabajo bien hecho y deja las sugerencias para otro momento. Si mezclas elogios con crítica, es posible que a tu hija no le guste nada esta actitud.

Con el objetivo de practicar una actitud positiva, proponte decirle algo positivo a cada miembro de la familia todos los días. Si la rutina matutina ha ido bien, podrías decir algo como: Esta mañana ha sido fantástico, estoy muy contenta, sin añadir ¿crees que esto se repetirá mañana? Se breve, conciso y sobre todo, completamente positivo.

Los adolescentes que escuchan las cosas positivas que hacen, en lugar de las negativas, aprenden a creer en ellos mismos. Empiezan a darse cuenta poco a poco que pueden hacer grandes cosas y que no siempre cometen errores. Cuando se acostumbran a escuchar elogios de sus padres, ellos mismos empiezan a animarse.

Convivir día a día con mi hijo adolescente de forma positiva.

  • Empieza el día con una actitud positiva. Es importante tener una mañana tranquila y sin problemas. Desearles un buen día a tus hijos cuando se van, es un buen detalle.
  • Muestra interés por ver que tal han pasado el día. Evita los interrogatorios y las inquisiciones y en su lugar, escucha y muestra interés.
  • Proponte que ese rato sea el momento de tu hija/o y mantente siempre dispuesto a escuchar, ya compartáis el silencio, una broma o una conversación absurda, al estar juntos y reconoceros mutuamente de una forma positiva, os estáis uniendo y comunicando eficazmente. Para construir y fortalecer la relación con tu hijo, es una buena idea empezar por temas circunstanciales y carentes de conflicto, para luego pasar a los más conflictivos y emotivos.
  • Haz las comidas gratificantes. Os recomiendo que comáis siempre juntos y tratéis de hacer que ese momento sea placentero. No pongas a nadie en una situación desagradable, ni insistas en que tu hijo/a te cuente como le ha ido el día. Si lo acosas para que hable provocaras el efecto contrario. Puedes probar a iniciar una conversación, siempre que estés dispuesto a debatir opiniones contrarias a las tuyas. También puede ser un momento para que tú comentes como te ha ido el día, de esta forma tu hijo se da cuenta de que tú también tienes días buenos y malos como todo el mundo
  • Termina el día bien. El final del día es una buena oportunidad para comunicarte con tu hijo y darle las buenas noches.
  • Si planificas alguna actividad para realizar con tu hijo, lo importante es que disfrute del tiempo que pasa contigo. No sacar problemas a relucir durante este tiempo.

Aplicar castigos de forma correcta.

Utiliza los castigos durante cortos periodos de tiempo. Los castigos funcionan mejor si se usan de forma ocasional y por poco tiempo. Hay muchos padres que recurren a largos castigos como no dejar salir a sus hijos durante un par de semanas. En estas circunstancias, muchos padres terminan levantando el castigo ante la insistencia de los hijos. Esto hace que el adolescente aprenda  que el castigo se pude levantar si se  pone pesado, y que ante este comportamiento que es negativo va a conseguir lo que quiere, que es salir de casa. Los castigos se deben reservar para situaciones graves, si se utilizan demasiado pierden su eficacia.

No importa lo enfadado que estés con tu hijo. No lo amenaces con violencia, ni abuses de el psíquicamente mediante la intimidación o las reprimendas. Aunque éstas tácticas parezcan funcionar a corto plazo, te estas engañando a ti mismo. A largo plazo, el uso de la fuerza, es contraproducente y provoca más problemas de los que solucionan, ya que se hieren sentimientos y el odio se intensifica en ambas partes. Los adolescentes pueden llegar a alejarse más de sus padres e incluso a ser mas rebeldes.

Los castigos imposibles y carentes de sentido, como eliminar eternamente algún privilegio, pueden dañar tu autoridad y hacer disminuir tu credibilidad. Cuando actúas sin reflexionar, tu castigo puede tener más que ver con el estado de animo que tienes que con la infracción o la gravedad real del delito. Cuando te sobrepasas, cosa que nos ocurre a todos, necesitas recomponerte, disculparte y esforzarte en llegar a una solución más razonable. Si te notas muy furioso, respira hondo y tomate el tiempo que necesitas para decidir el castigo adecuado. Puedes decir algo como, ahora estoy demasiado enfadado para poder razonar claramente, tengo que meditar sobre lo que has hecho y considerar el castigo que te voy a imponer. Esto servirá también para que él o ella reflexione sobre lo que ha hecho.

Nunca debes invadir la privacidad de tu hijo. Es mejor que hables con él sobre lo que te preocupa. No le acuses, limítate a comentarle que estás preocupado por un determinado aspecto y escucha atentamente lo que te dice. Cuanto más hables con tu hijo sobre asuntos problemáticos, mejor será para ti y para el.

En lugar de prohibir, muéstrate accesible para hablar con él/ella de los temas que le interesan. Debe estar a gusto cuando hable contigo, sobre todo cuando tratéis de los temas que le preocupan. Si tu hijo ve que sus padres son abiertos y cariñosos, se mostrará más comunicativo.

 Qué hacer cuando mi hijo/a ha cometido una infracción grave.

Si tu hijo comete alguna infracción grave, como fumar, beber alcohol, fumar hachis, robar; cuando te percates por primera vez de algo así, te recomiendo que sigas los siguientes consejos:

  • No te muestres excesivamente enfadado o alterado. Que lo haya hecho una vez no significa que lo vaya a hacer el resto de su vida.
  • Dile a tu hijo de una forma objetiva y práctica qué hizo mal. Te recomiendo que recurras a dejarle sin salir un fin de semana por lo que hizo mal.
  • Deja claro que no quieres que se vuelva a repetir y hazle saber lo decepcionado que estas por su actitud. Pregúntale si entiende tu enfado. Si  su respuesta es afirmativa, adopta una actitud positiva y muéstrale que confías en que no se volverá a repetir.
  • Si no entiende tu enfado, explícale la razón por la que consideras errónea su acción, pero no intentes convencerlo/a para que se muestre de acuerdo contigo.
  • Da una idea general de los castigos aplicables si se vuelve a repetir la infracción.
  • No lo sermonees, ni le apliques adjetivos negativos generalizados y nada específicos, como inmaduro, irresponsable, irrespetuoso o mentiroso. Sustituye estas palabras por frases calmadas en las que indiques la consecuencia que corresponde a la infracción cometida.

Confiamos que incluir esta forma de relacionaros en vuestra dinámica familiar os ayude a allanar el terreno para crear un clima familiar idóneo, en el que la comunicación con vuestros hijos/as sea positiva y efectiva.

Francisco Góngora.