El interés superior del menor en mediación familiar.

El interés superior del menor tras la separación. 

Los progenitores son esenciales para el desarrollo de los niños. Les proporcionan cariño, apoyo emocional, toman decisiones importantes para su educación y cubren todas sus necesidades básicas. En las familias “intactas”, son ambos progenitores de forma conjunta, los que toman las decisiones que repercuten en la vida de sus hijos. Normalmente no suele haber problema a la hora de decidir asuntos relacionados con las pautas educativas y de crianza que van a implantar, ya que conviven juntos y fácilmente pueden establecer las directrices que van a seguir en el cuidado de los hijos.

Sin embargo, esto no ocurre con muchas familias, cuyos padres se han separado y viven en domicilios diferentes. Aunque el hecho de no compartir vivienda no imposibilita la toma de decisiones sobre los asuntos relacionados con la crianza de los hijos, en muchas ocasiones las relaciones entre los progenitores quedan muy deterioradas tras el divorcio y son incapaces de ponerse de acuerdo para crear un  plan de crianza que  refleje los intereses y las necesidades de los menores.

El método tradicional para resolver los conflictos de los padres tras la separación, es el proceso judicial. Los progenitores contendientes ponen en manos de un juez la toma de decisiones acerca de los arreglos de custodia y educación de sus hijos, posteriores a la separación o el divorcio. En este contexto, el principio general que suele emplear el juez para resolver y  determinar el convenio regulador de las relaciones paternas filiales, es el interés superior del menor.

¿Qué significa el “interés superior del niño”?

Podemos determinar que “el interés superior del menor”, es la guía que se debe de tener en cuenta para disponer los arreglos de crianza después de la separación. Los elementos que se van a tomar en consideración para delimitar  el interés superior del menor a la hora de tomar decisiones sobre custodia y visitas, se basan en aspectos relacionados con el vínculo existente entre cada padre y su hijo, fruto de la participación positiva de ambos en la vida del niño y de la capacidad de satisfacer sus necesidades biológicas, psicológicas y sociales.

Aunque los factores en los que se basan los jueces para determinar el interés superior del menor son razonables, se trata de aspectos generales que en muchas ocasiones son difíciles de predecir a la hora de ser aplicados a una familia en particular. En relación a las pruebas que aportan las partes , en la mayoría de los casos fundamentadas en eventos pasados, el tribunal tiene que realizar una predicción sobre qué aspectos van a ser más beneficiosos para el futuro del menor. Aunque la Psicología  proporciona un marco general sobre las pautas de crianza que son más positivas para los niños después del divorcio, el pronostico sobre cómo va a evolucionar la vida de la  familia tras la separación es difícil de precisar. Estando de acuerdo en el principio general de que el interés superior del menor debe de ser determinante a la hora de tomar decisiones, los jueces no siempre podrán establecer una predicción precisa para cada situación concreta. A consecuencia de ello, en muchas ocasiones, las medidas adoptadas por los tribunales no responden de forma adecuada a la satisfacción de las necesidades de los menores, en el cumplimiento de sus derechos.  

A pesar de no poder determinar con exactitud qué arreglos de crianza son los más convenientes para cada situación particular, conocemos que determinados  aspectos, cómo son el hecho de que los menores no formen parte del conflicto de los progenitores, que les proporcionen una estabilidad emocional y una crianza adecuada, que el menor tenga una relación significativa con ambos padres y que reciba apoyo económico, van a resultar beneficiosos para los niños.

En la actualidad, sabemos que son los padres las personas más idóneas para determinar por si mismos qué arreglos de crianza van a ser más favorables para sus hijos, en lugar de depender de un juez, ajeno totalmente al sistema familiar, para que tome estas decisiones. Aún queda mucho por avanzar en este sentido, y es necesario que se produzca un cambio hacia una sociedad en la que los asuntos de índole familiar relacionados con la toma de decisiones relativas a los planes de crianza tras la separación o divorcio,  no tengan que ser dirimidos en los tribunales, quedando estos reservados para los casos en los que la seguridad y protección del menor se ven comprometidas.

 La disciplina que aboga por este cambio y que introduce el principio de la conciliación en la resolución de conflictos  derivados de la separación o divorcio, es la mediación familiar, que proporciona el espacio idóneo para que sean los padres los que de forma conjunta elaboren un plan de educación para sus hijos, en el que quede totalmente garantizado el interés superior de los mismos. Se ha demostrado que los padres son mucho más propensos a adherirse a los acuerdos de crianza cuando éstos han sido decididos por ellos mismos, ya que en definitiva reflejan las necesidades reales de la familia.

Las decisiones que incumben a la organización familiar tras la ruptura, suponen una gran complejidad, y lograr la mayor eficacia posible es vital para garantizar el interés superior de los menores. En este sentido, la mediación ha demostrado ser el instrumento idóneo para crear el espacio de diálogo necesario en el que los progenitores puedan solucionar sus controversias, salvaguardando en todo momento el bienestar de sus hijos. Es fundamental que los niños que pasan por esta situación sigan recibiendo el cariño y la seguridad que necesitan para que su desarrollo no se vea afectado negativamente.

La mediación, supone también una herramienta que permite a los menores ejercer su derecho a expresar sus opiniones libremente y conforme a sus capacidades, en los asuntos que les conciernen, sin verse afectados por los riesgos derivados de encontrarse sometidos a participar en un proceso judicial, que puede incrementar las situación estresante por la que están pasando.

El objetivo último es lograr que los  padres tomen conciencia sobre la necesidad de continuar ejerciendo la coparentalidad a pesar de la ruptura y provocar un cambio en sus actitudes y comportamientos, que los ayuden a enfrentar su situación, sin perder de vista el bienestar de sus hijos.

Francisco Góngora.

 

 

 

 

 

 

 

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Custodia compartida y conflictividad entre los progenitores.

Alta conflictividad entre los progenitores y custodia compartida.

Los profesionales que nos dedicamos a la intervención y a la mediación con familias , hemos podido confirmar lo perjudicial que es para los hijos/as el mantenimiento de una  una alta conflictividad entre los progenitores a lo largo del tiempo. En este sentido, uno de los asuntos que genera más controversia  es el tipo de acuerdo sobre custodia que resulta más beneficiosa para los menores cuando existe conflicto abierto y manifiesto entre los padres.

Los expertos durante mucho tiempo han desaconsejado el establecimiento de una custodia compartida cuando se constata que existe una  falta de entendimiento entre los progenitores  y una alta conflictividad que perjudica el interés del menor. Una sentencia reciente emitida por la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo (TS)  ha rechazado conceder a una pareja de hecho de Sevilla la custodia compartida sobre la hija menor de edad de ambos porque existe entre los padres “una situación de conflicto que dificulta gravemente el normal desarrollo” de dicha custodia compartida. Ver mas sobre la noticia: http://goo.gl/ywDUuA.

Sin embargo, muchos estudios han demostrado que a pesar del conflicto entre los padres, la custodia compartida puede ser más positiva para los menores que la custodia única. Hay análisis que demuestran que el aumento del contacto con el padre no residente podría neutralizar el efecto negativo que el conflicto entre los progenitores tiene en los menores. Investigaciones centradas en el estudio de los efectos del tipo de custodia sobre el bienestar de los menores, han realizado un examen sobre el tiempo que los hijos/as pasan con cada progenitor, demostrando que los menores que permanecían el mismo tiempo con ambos padres y disminuían las frecuencias de alternancia con uno y con otro, se veían menos afectados por la alta conflictividad de estos.

Robert Bauserman, en su investigación [Adaptación del niño en regímenes de custodia conjunta y de custodia exclusiva: meta-análisis] en Marzo de 2002; realizó un análisis de 33 estudios en los que se comparaba la adaptación de los niños/as en contextos de custodia compartida y custodia única, llegando a la conclusión de que independientemente del conflicto entre los padres,  los niños/as en régimen de custodia compartida estaban mejor adaptados que los que tenían una custodia exclusiva. En todas las medidas de ajuste, los/as niños/as de padres que compartían la custodia obtenían mejores resultados que los hijos/as de padres con custodia única, observándose en los primeros menos número y gravedad de comportamientos problemáticos, emociones más ajustadas, una mejor autoestima, mejores relaciones afectivas con el resto de sus familiares y un adecuado rendimiento escolar. Una de las principales conclusiones del meta-análisis de Bauserman fue la observación de resultados positivos en los progenitores que compartían custodia, ya que informaban que los niveles de conflictividad en sus relaciones de coparentalidad habían disminuido con el tiempo, aumentando la cooperación entre ambos, en contraposición con los resultados hallados en los padres con custodia única, que  continuaban teniendo enfrentamientos y la cooperación entre ambos disminuía a lo largo del tiempo. De estos resultados podemos deducir que “las soluciones de custodia conjunta (tanto legal como física) no parecen, como promedio, resultar perjudiciales para ningún aspecto del bienestar de los hijos y pueden, de hecho, ser beneficiosas”.

Otro estudio llevado a cabo por Joan B. Nelly,(Adaptación de los hijos en matrimonios y divorcios conflictivos. Análisis de un decenio de investigaciones – 2000), en el cual realizó un análisis de las investigaciones llevadas a cabo durante la década de los 90, sobre el efecto del divorcio en la adaptación de los menores, obtuvo resultados parecidos a los de Bauserman, deduciendo que la custodia conjunta da lugar a mejores resultados en general en el desarrollo del niño.

En  2007, Fabricio y Luecken concluyeron, desde la propia perspectiva de los menores, que la paternidad compartida es beneficiosa para los niños/as, tanto en situaciones de bajo y alto conflicto. Por lo tanto la investigación no es compatible con la presunción de que la cantidad de tiempo de crianza debe ser limitada en casos de alto conflicto. La alta conflictividad entre los progenitores no debe utilizarse para justificar las restricciones en el contacto de los niños/as con cualquiera de sus padres.

Otras investigaciones han comprobado que cuando uno de los progenitores adquiere la custodia única, el padre no custodio suele sentir un gran malestar y una gran frustración, ante un sistema  en el que el que obtiene la custodia, “se lo lleva todo”. Esto suele generar altos niveles de hostilidad a lo que se une el miedo al sentirse amenazado por la posible pérdida de sus hijos/as. Estudios muestran que cuando se ponen límites en la participación de alguno de los padres en la vida de sus hijos/as, aumentan los niveles de conflictividad y de hostilidad de este hacia el progenitor que obtiene la custodia. Cuando ninguno de los padres se siente amenazado por la pérdida de sus hijos/as y sienten que pueden participar plenamente en la vida de estos, el conflicto suele aminorar.

El ejercicio de una corresponsabilidad parental proporciona por tanto un estímulo para que los progenitores se esfuercen en cooperar, negociar y llegar a acuerdos conjuntos sobre el desarrollo del plan de crianza de sus hijos/as. Esta necesidad de colaboración aporta un aliciente para disminuir los conflictos y adoptar posturas flexibles en beneficio del bienestar de los niños/as. Recientemente se ha instaurado en Cataluña la figura del coordinador parental cuyas funciones van dirigidas a intervenir para ayudar a los padres a superar sus enfrentamientos y centrarse en la educación y crianza de sus hijos/as a través del cumplimiento de acuerdos de coparentalidad.

A modo de conclusión y de forma general, podemos afirmar que el litigio y el sistema de custodia única suele generar confrontación, afectando de forma negativa al desarrollo y bienestar de los menores. Cuando dos progenitores que desean ejercer sus funciones parentales y estar al lado de sus hijos/as, no son capaces de ponerse de acuerdo sobre cómo gestionar la crianza de los mismos tras la separación y terminan acudiendo a los tribunales, y estos resuelven en muchos casos que sea uno de los progenitores el que adquiera la custodia, los resultados suelen ser nefastos para el interés y bienestar del menor cuyas necesidades se verían totalmente cubiertas cuando son ambos progenitores los que se dedican de forma activa y colaborativa a su educación, recurriendo si es necesario a la ayuda de profesionales que les apoyen y asesoren en la adquisición de las competencias adecuadas para el mejor cumplimiento de sus funciones.

Autor: Francisco Góngora.