Coaching Familiar

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La convivencia familiar a veces no es fácil, y surgen problemas que hay que resolver. Gestionar una buena dinámica familiar requiere tiempo, paciencia y a veces ayuda profesional.

Las sesiones de coaching familiar están diseñadas para facilitar a las familias las herramientas y técnicas necesarias para resolver conflictos, llegar a compromisos y aprender a transformar las etapas del ciclo vital con más dificultades, en situaciones más cómodas y llevaderas.

¿Qué es el coaching familiar?

El Coaching es un método de entrenamiento a través un gran conjunto de herramientas para guiar a las persona desde dónde están ahora, a dónde quieren estar. Durante un proceso de coaching familiar, el entrenador o coach entrará  en el hogar para trabajar con todos los miembros de la familia, localizar el foco de los problemas y acompañarlos en los cambios que les posibilitarán alcanzar una convivencia funcional y armónica.

Las sesiones de coaching están planificadas para poner las situaciones problemáticas en perspectiva,  y que todos puedan ver la situación como un todo y aprender a aceptar y asumir la parte que juegan. Una vez que cada miembro de la familia acepta que las cosas necesitan cambiar, todos comenzarán a explorar nuevas formas de relacionarse más positivas que propiciarán una convivencia mucho más feliz.

A diferencia de la psicoterapia, el coaching familiar no trata de llegar a la raíz de los problemas. La idea es que el entrenamiento sirva para no culparse unos a los otros por lo ocurrido, ni entrar en discusiones eternas sin salida, sino avanzar configurando una nueva dinámica familiar, desarrollando nuevos patrones de interacción entre sus miembros y nuevos hábitos de conducta y vínculos compartidos.

A través del coaching se entrenan también las emociones, ayudando a las personas a entender sus emociones y aprender cómo estas podrían estar afectando a todos los demás. Todo ello procura una mejora de la comunicación, que permite aclarar malentendidos y comportarse de forma más justa los unos con los otros. Durante las sesiones de coaching todos tendrán la oportunidad de dar su opinión, de ser escuchados y tenidos en cuenta, propiciando el caldo de cultivo para la adopción y mantenimiento  de un compromiso duradero.

Recuerda: La vida familiar feliz y pacífica sólo puede lograrse realmente con la combinación perfecta de compromiso, orden, respeto mutuo y comprensión.

Francisco Góngora.

Mediación familiar en situaciones de dependencia.

Aplicaciones de la mediación familiar a los conflictos derivados de la atención a situaciones de dependencia.

Artículo publicado en Revista de Mediación Volumen 9 Nº 1. Por Inmaculada Asensio Fernández y Francisco Góngora Gómez

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Resumen:  

A lo largo de este artículo se presentan los profundos cambios sociales que se han producido en las últimas décadas y que están afectando a la gestión familiar de los cuidados a las personas en situación de dependencia. Esta circunstancia está provocando importantes conflictos y desavenencias en las redes naturales de apoyo necesarias para la normalización de los cauces de ayuda fundados en los vínculos de afecto que caracterizan a las sociedades. Se exponen, así mismo, los beneficios de la mediación a través de la ejemplificación de situaciones de conflicto habituales relacionadas con el ámbito de la dependencia, poniendo especial hincapié en las herramientas y técnicas que la persona mediadora ha de emplear para la resolución pacífica de las mismas.

Para leer el texto completo pincha este enlace directo al artículo en la revista: https://revistademediacion.com/articulos/aplicaciones-la-mediacion-familiar-los-conflictos-derivados-la-atencion-situaciones-dependencia/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cómo educar la inteligencia emocional.

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La inteligencia emocional es una cuestión esencial en el desarrollo de una persona, y muy especialmente de un niño/a. Los niños/as con capacidades emocionales adecuadas serán más competentes para manejar el estrés y podrán desenvolverse mejor en la vida y ser más felices. Si una vida agitada y apresurada ha vuelto a su hijo/a propenso a la irritabilidad y a la ira, podrás enseñarle a reconocer y controlar estos sentimientos, así como a enfrentarse y superar las nuevas situaciones que se va a encontrar a lo largo de su crecimiento. Es tarea de los padres y madres constituirse como un modelo de madurez emocional para poder ayudar a sus hijos/as a reconocer y gestionar sus emociones de manera adecuada y así lograr un equilibrio personal y unas buenas relaciones con su entorno.  El conocimiento, comprensión y control de las emociones son básicos para que los niños/as se desenvuelvan de forma adecuada en la sociedad, de ahí la importancia de que desarrollen su inteligencia emocional.

¿Podemos entrenar a nuestros hijos/as para que tengan inteligencia emocional?

Totalmente. Algunos niños/as de forma instintiva son más capaces de manejar sus emociones y están preparados para hacer frente a situaciones nuevas y enfrentarse a nuevas personas con mayor facilidad. Otros/as desde el principio tienen más dificultades a la hora de reconocer y controlar sus emociones, y por tanto, les cuenta más adaptarse a situaciones nuevas, requiriendo más apoyo por parte de los adultos para regular su mundo emocional a medida que van creciendo.

El sistema educativo, desde siempre se ha centrado de forma prioritaria en el desarrollo de las capacidades intelectuales de los alumnos/as. No es hasta la aparición del concepto de inteligencia emocional difundido por Daniel Goleman en 1996, cuando se le empezó a dar la importancia que requiere esta faceta del desarrollo humano, y muchas escuelas comenzaron a establecer programas educativos para enseñar a los alumnos/as a identificar sus propias emociones y a percibir y tener en cuenta  las emociones de los demás. A pesar de ello, aún queda un largo camino por recorrer en el ámbito educativo y es tarea de los padres y madres, teniendo en cuenta el papel fundamental que desempeñan en la educación de sus hijos/as, fomentar su inteligencia emocional.

¿Cómo conseguir que nuestros hijos/as desarrollen su inteligencia emocional?.

   1. Enseñando a reconocer sus propias emociones.

El primer paso es ayudar a tus hijos/as a identificar y nombrar sus propias emociones, ya sean de ira, decepción, miedo o alegría, para que empiecen a ser conscientes de sus diferentes sensaciones y aprendan a reconocerlas. Aquí no solo les vas a explicar lo que están experimentando sino también cómo sus reacciones emocionales afectan a las personas que están alrededor. Cuándo estén molestos o desanimados, pedirles que expresen lo que están sintiendo, incluso que lo escriban o hagan un dibujo, es una buena idea para enseñarlos a examinar y aceptar sus emociones. Es importante no olvidar hacerlo también con las emociones positivas. Así, ayudas a tus hijos/as a reflexionar sobre su experiencia y lo que desencadena sus sentimientos. Para los más pequeños, el hecho de saber que hay una palabra para nombrar sus sentimientos es una buena herramienta para aprender a manejar las emociones que les inundan.

     2. Hablando de forma abierta sobre las emociones.

La mejor manera de fomentar la inteligencia emocional es mostrándola. Diles a menudo a tus hijos/as cómo te sientes y no solo cuando se trate de emociones intensas y difíciles de gestionar, como cuando estás decepcionado, triste o enfadado. Demostrar a tus hijos que haces frente a tus emociones y las resuelves de forma eficaz, siendo capaz de superar la ira o el enfado, es una de las formas más poderosas de enseñarles inteligencia emocional. Cuando te sientas feliz y estés alegre, házselo saber a tus hijos/as y háblales del porqué. Como padres, muchas de nuestras emociones son provocadas por algo que nuestro hijo/as han hecho, ya sea bueno o malo. Aquí es importante recordar que no debemos de culparlos de las emociones negativas que nos han provocado su comportamiento. Si algo tienen que corregir ,  es el comportamiento negativo, no la emoción que éste ha despertado en ti. No hay ninguna razón para la culpa o el castigo, sólo debes de poner un límite claro utilizando la empatía.

   3. Empatizando con tu hijo/a.

Cuando el malestar de tu hijo/a parece estar fuera de proporción con la situación, empatizar con él/ella le ayudará a calmarse y liberarse de sus emociones perturbadoras. Debes de recordar que todos/as alguna vez hemos acumulado emociones hasta darles rienda suelta una vez que nos encontramos en un refugio seguro. Ser empáticos con nuestro hijo/a en una situación así no significa que le estemos dando la razón ni que aprobemos su comportamiento, sino que le hacemos ver que entendemos cómo se está sintiendo en ese momento. Aunque tu hijo/a finalmente tenga que hacer lo que le dices, tiene derecho a tener su propia perspectiva, a que sea reconocida y a no sentirse frustrado. Si le envías a tu hijo/a mensajes como -“Sé que te gustaría seguir jugando más rato, pero ha llegado la hora de la cena y tienes que sentarte a la mesa”-, le estarás haciendo ver que entiendes su malestar. Sentirse comprendido desencadena sustancias bioquímicas que le ayudan a calmarse, y esta vía neurológica saldrá fortalecida cada vez que se sienta aliviado y utilizará la misma estrategia para calmarse a sí mismo/a a medida que va creciendo.

    4. Permitiendo la expresión de las emociones.

Si desaprobamos los sentimientos de miedo e ira que puedan experimentar nuestros hijos/as, estaremos impidiendo que los expresen y es posible que acaben por reprimirlos. Los sentimientos que son reprimidos y no se han gestionado de manera adecuada, no desaparecen como los que han sido expresados libremente, sino que quedan atrapados y buscan una salida. Debido a que este tipo de emociones no están bajo control consciente, podrán aparecer en forma de pesadillas, fobias o algún tic nervioso. Es fundamental explicarles que todas las emociones son legítimas y forman parte de nuestra naturaleza. Tenemos que enseñarles a controlarlas  y para ello debemos de ponerles límites a sus acciones. Aceptar las emociones de ira y miedo de tu hijo, le ayudará a su vez a aceptar el mismo sus propias emociones y por tanto a resolverlas y seguir adelante, haciéndolo cada vez más capaz de regular sus estados emocionales.Los niños/as necesitan expresar sus emociones sin ser censurados, pero también necesitan adquirir herramientas para solucionar los problemas, y para ello necesitan entrenamiento y un buen modelado por nuestra parte.

Para concluir, decir que la inteligencia emocional es una habilidad que su hijo/a va a ir desarrollando con el tiempo a través de su interacción con la familia y con el mundo. Como progenitores, tenemos el deber de educar a nuestros hijos/as para que desarrollen su inteligencia emocional y contribuir a formar personas más sociables, felices y responsables.

El medio mejor para hacer buenos a los niños/as es hacerlos felices.

Francisco Góngora.

Mediación Familiar Intergeneracional.

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Hoy, 21 de enero, se celebra el Día Europeo de la Mediación, coincidiendo con la fecha de aprobación del primer texto legislativo sobre mediación familiar en Europa. Desde “Resuelve Ahora” queremos contribuir a la tarea de difundir la cultura de la Mediación con este nuevo post sobre la capacidad de la mediación para facilitar a las familias un instrumento para que todos sus integrantes, recuperen la competencia sobre el control de los problemas y puedan continuar manteniendo relaciones positivas entre ellos sin necesidad de que se produzca una ruptura familiar.

La familia constituye un contexto social, educativo y de aprendizaje, que puede contribuir, de darse las condiciones adecuadas, al desarrollo humano y personal de todos sus componentes, ya sean niños, jóvenes o adultos, en todas las etapas de su desarrollo biológico, evolutivo y social, dada su importante función socializadora, a través de la educación.

La familia va atravesando una serie de estadios en su desarrollo evolutivo que están previstos. Entre las fases del ciclo vital por las que suelen atravesar las familias podemos mencionar las siguientes: formación de la pareja, la paternidad y maternidad, la etapa escolar de los hijos/as, la etapa de la adolescencia, la partida de los hijos/as, el cuidado de los nietos/as y el cuidado de los mayores. La transición de una etapa a otra influye en las interacciones que se producen en los miembros de la familia y las transforma, lo que supone una situación de riesgo a la que se tiene que dar respuesta. Cada uno de los integrantes de la familia tiene que realizar una serie de tareas y el hecho de que aparezcan tareas nuevas supone un reajuste que a veces puede suponer un desequilibrio. Muchas de las problemáticas de convivencia que surgen tienen que ver con una falta de habilidades para dar respuestas adecuadas que permitan afrontar con éxito los retos evolutivos de la dinámica familiar.

La mediación intergeneracional constituye una de las técnicas más útiles en la actualidad para  dar una respuesta eficaz a las diferentes dificultades por las que atraviesan las familias, resaltando principalmente dos de las etapas que consideramos más problemáticas y que más conflictos generan, como son la etapa de la adolescencia de los hijos/as y la etapa del cuidado de los mayores.

Muchas familias se ven desbordadas ante situaciones y conductas de los hijos/as cuando comienza la etapa de la adolescencia. La convivencia durante este periodo no suele ser fácil ya que se trata de un momento de transición entre la niñez y la edad adulta, en la que la primordial tarea del adolescente es encontrar su propia identidad y adquirir autonomía. Para lograrlo, tienen que comenzar a separarse de los padres y esto no es sencillo, ya que aún carecen de la madurez suficiente. El adolescente, suele vivir un conflicto interno entre la fuerte dependencia que aún tiene de sus progenitores y la necesidad de independencia. Este conflicto interno se expresa a menudo en forma de luchas y discusiones, especialmente con los padres, ya que constituyen para el/la adolescente un apoyo que necesita pero del que desea desprenderse, una fuente de seguridad y a la vez de rechazo. Es durante esta etapa, cuando  comienzan a plantearse cuestiones que anteriormente no suponían un problema, tales como el uso del teléfono o el ordenador, los estudios, los horarios de llegada a casa, la ropa, el manejo de dinero, las tareas domésticas, el consumo de alcohol y/o drogas, y que son el origen de autenticas batallas o enfrentamientos.

Estos cambios desconciertan a menudo a los padres/madres, que luchan por recuperar la autoridad perdida y no saben muy bien cómo afrontar los problemas permanentes con sus hijos/as. Los métodos que anteriormente utilizaban con ellos/as ya no funcionan y es necesario que se produzca un reajuste al nuevo momento evolutivo e ir cambiando las normas rígidas por límites flexibles, negociados y acordados. Esto suele generar en los padres mucha inseguridad ya que no es fácil encontrar un equilibrio entre mantener un control y una autoridad sobre el/la adolescente y, al mismo tiempo, concederle una mayor confianza e incluirlos en la toma de decisiones, dándoles así  mayores cotas de responsabilidad.

La mediación intergeneracional supone un instrumento de gran utilidad para resolver este tipo de disputas que se producen en el funcionamiento familiar al llegar esta etapa, ayudando a los padres y madres que se ven desbordados por los problemas de relación, el establecimiento de normas, las discusiones, la falta de comunicación y  el distanciamiento del adolescente.

Por otro lado, ahora, cada vez nos encontramos con más situaciones de mediación relacionadas con aspectos derivados del cuidado de las personas mayores. El ámbito dónde se van a presentar situaciones conflictivas relacionadas con las personas mayores es en el hogar dónde estos residan. Una de las circunstancias que tiende a provocar y acentuar los conflictos es la situación de dependencia y la necesidad de cuidado del mayor. Si tenemos en cuenta la situación de tensión y estrés que provoca la relación cuidador y dependiente, podemos entender la facilidad con la que surgen los conflictos en este contexto. Así mismo nos encontramos también cada vez con un mayor número de problemáticas relacionadas con la aparición de conflictos entre hermanos/as, vinculados a la toma de decisiones sobre cómo van a hacerse cargo del cuidado de los padres en situación de dependencia

Otra de las situaciones susceptibles de mediación intergeneracional es la que tiene que ver con el derecho de los abuelos a ver a sus nietos cuando se produce una separación o divorcio o incluso cuando no habiendo separación de pareja se dificulta la relación de los abuelos con sus nietos por el mero desinterés de los padres. En este sentido, la Ley 42/2003, de 21 de noviembre, de modificación de Código Civil y de la Ley de enjuiciamiento Civil en materia de relaciones familiares de los nietos con los abuelos, persigue como objetivo reforzar el régimen de relaciones entre los abuelos y los nietos, tanto en caso de ruptura familiar, como en el caso de dejación de obligaciones por parte de los progenitores. Por tanto la mediación en este caso sería de gran utilidad cuando existen dificultades de relación y se ve interrumpido el contacto, como alternativa a  acudir a los juzgados para que se reconozca algo tan básico como que un abuelo/a quiera y pueda ver a su nieto/a.

Hay una amplia variedad de situaciones conflictivas susceptibles de pasar por un proceso de mediación. La casuística mencionada es la que más suele hacer uso de este servicio, no obstante, cualquier tipo de desavenencia, conflicto o problema entre padres e hijos donde se desea una solución, pues ser apoyado, guiado y resuelto con este procedimiento.

Autor: Francisco Góngora.

 

¿En qué consiste la Mediación Terapéutica?

Mediación Terapéutica.

En la última década hemos asistido al avance prometedor de la mediación como herramienta de efectividad probada en la resolución de disputas derivadas de separación o divorcio de familias con hijos/as menores. Aunque el empleo de la mediación, en términos generales ha demostrado su eficacia en su aplicación al ámbito de las relaciones familiares, hay situaciones que podemos llamar de “alto conflicto”, en las que comenzar un proceso de mediación no resulta de utilidad. Estas situaciones, se dan en familias que se caracterizan por permanecer en un conflicto prolongado a lo largo del tiempo y por su incapacidad para resolver las disputas, tanto a través de la mediación como por vía judicial. El surgimiento de continuas desavenencias e incumplimientos del convenio regulador de las relaciones paterno filiales ordenadas por el juez, los lleva a acudir incesantemente a los tribunales, entrando en una dinámica de litigio permanente que suele repercutir de forma bastante negativa en el adecuado desarrollo de los hijos/as.

Dada la complejidad de este tipo de casos, investigadores dedicados a la intervención con familias en proceso de separación o divorcio con alta conflictividad, desarrollan un modelo denominado “Mediación terapéutica”, definido como un proceso de intervención intensiva que emplea las habilidades de resolución de problemas y de negociación que se utilizan para casos de Mediación estándar, a las que se incorpora una perspectiva terapéutica. Este estilo de intervención permite a las partes en conflicto evaluar su situación presente y mirar hacia la transformación que necesitan realizar para lograr un beneficio en todos los miembros involucrados de la familia.

Principios de la Mediación terapéutica.

El modelo de mediación terapéutica fue desarrollado por Saposnek, mediador familiar y autor de diversas publicaciones relacionadas con la intervención con progenitores separados que presentan una alta conflictividad. Este modelo, tiene como principales características, en primer lugar, que las intervenciones son intensivas, lo que implica un elevado número de sesiones de mediación, diseñadas para centrarse íntegramente en las dificultades específicas que los progenitores tienen para poner fin a sus disputas. Debido a la prolongación en el tiempo de la conflictividad, se establecen patrones de comportamiento adversos difíciles de eliminar, con lo cual se hace necesaria un tipo de intervención intensiva que les haga romper ésta dinámica y salir del círculo negativo en el que se encuentran. En segundo lugar, las intervenciones tienen una intención terapéutica, con el objetivo de abordar los numerosos problemas de conducta, emocionales y de dinámica relacional que experimentan este tipo de familias, y ayudarlas a resolver las controversias que les impide reestructurar su vida tras la separación y educar a sus hijos/as de forma conjunta y colaborativa.

Componentes terapéuticos.

El modelo incorpora cuatro componentes terapéuticos:

Un componente educativo, que incluye proporcionar a los progenitores asesoramiento sobre cómo gestionar su conflicto e información en relación a las repercusiones negativas que tiene para el desarrollo de los hijos/as el hecho de verse involucrados en la disputa de los padres. Se establecerá una discusión acerca de la imposibilidad de atender a las necesidades de los hijos/as de forma adecuada si el conflicto continúa y sobre los efectos positivos de acabar con los enfrentamientos. El componente educativo incluye también entrenamiento en habilidades sociales, en comunicación positiva y modelado de habilidades de crianza adecuadas.

El segundo componente terapéutico consiste en la adopción de estrategias para fomentar la cooperación y la negociación entre los progenitores. Este componente emplea entre otras técnicas, la de hacer un reencuadre de la historia de las partes y la conversión de acusaciones en peticiones (una acusación basada en el pasado se puede reconvertir en un deseo para el futuro, lo que disminuye el riesgo de una contra acusación de la otra parte, y favorece la escucha reflexiva).

En tercer lugar, se trata de romper el estancamiento en el que se encuentra inmersa la familia a través del empleo de técnicas terapéuticas que provoquen cambios en sus estructuras y dinámicas relacionales.

Por último, este modelo incluye el seguimiento y monitorización de los cambios que se van produciendo. Este componente consiste en ayudar a los progenitores en la elaboración de planes de crianza, en la práctica diaria de la coparentalidad y en la resolución de los problemas que vayan surgiendo.

Fases del proceso.

El modelo de mediación terapéutica se divide en cinco fases:

1. Fase de admisión al programa, en la cual se realiza una evaluación de la problemática familiar.

2. Una fase denominada de “construcción de puentes” dónde se proporcionan a los progenitores las habilidades necesarias para colaborar con sus ex-cónyuges en la tarea común de crianza de sus hijos/as.

3. De preparación para la negociación. Aquí los padres se reúnen para resolver las controversias que impiden la negociación.

4. Fase de resolución de controversias y de negociación de planes de crianza. Los progenitores negocian la elaboración de un plan de crianza para sus hijos/as.

5. Fase de implementación, dónde los padres reciben apoyo en la ejecución de su plan de crianza.

Para finalizar podemos señalar que este tipo de intervención mediadora persigue fomentar la comprensión del conflicto y de los efectos que puede suponer a largo plazo para los hijos/as y el resto de los miembros de la familia, la adquisición de habilidades de afrontamiento de situaciones difíciles y el aprendizaje de técnicas de negociación saludables. Este modelo de mediación,  permite a las familias alcanzar y mantener una buena relación a pesar de las numerosas dificultades que puedan tener.

Francisco Góngora.

¿Qué factores inciden en el comportamiento delictivo de un menor?

Delincuencia juvenil.

Mi post anterior en Resuelve Ahora, trata sobre  la mediación como una herramienta de gran utilidad para intervenir con menores que han cometido algún delito y son juzgados por ello. Aquí nos vamos a centrar en exponer cuales son los factores que están presentes en el núcleo familiar y aumentan las probabilidades de que el menor tenga problemas de comportamiento ( factores de riesgo), así como los factores protectores, es decir, las pautas que deben de seguir los progenitores para disminuir esta probabilidad. Resuelta   fundamental conocer estas causas, ya que nos aportan material para poder así adoptar un enfoque preventivo en el área de intervención con familias en la que se centra nuestro principal ámbito de actuación.

Las investigaciones apuntan a varias circunstancias entre las determinantes del alcance de los problemas de conducta y la delincuencia que se manifiesta en un menor de edad. Las relaciones familiares, los deberes, las responsabilidades y los privilegios, y la cantidad de control que se ejerce sobre los menores, juegan un importante papel en la formación del carácter e influyen de un modo determinante en el comportamiento. Las actitudes y acciones de los progenitores influyen de manera decisiva en las actitudes y comportamientos de los hijos/as. Cualquier perturbación grave en uno o ambos padres puede producir un impacto negativo devastador en un joven. Los roles y las normas que los jóvenes siguen, las aprenden a través de las experiencias individuales que les brinda su pertenencia a una familia, suponiendo uno de los pilares básicos de su proceso de socialización. Cuando falla la familia, otros agentes socializadores asumirán un papel cada vez mayor en la vida de un niño, como puede ser un grupo de iguales que ejerzan una mala influencia.

A veces las familias tienen una tendencia a contribuir a la conducta problemática y posteriormente  delictiva de los jóvenes. El conflicto prolongado entre los padres que demuestran  ideas opuestas o un  modelado negativo del tipo “No hagas lo que yo hago; pero haz lo que yo digo”, puede enseñar indirectamente lecciones completamente opuestas a las previstas. Esta forma de aprendizaje indirecto mediante la observación de modelos parentales negativos es uno de los principales factores que puede causar comportamientos infractores. Varios estudios explican el considerable impacto sobre el menor de un rol parental negativo.

La disciplina es otro de los elementos claves en la interrelación entre progenitores e hijos, que puede ser un factor de riesgo para comportamientos problemáticos o delictivos. Una supervisión inadecuada por  parte de los padres, el  establecimiento de una disciplina errática ( a veces estricta y otras veces laxa) o demasiado estricta o extremadamente laxa, y también la falta de coherencia entre los progenitores a la hora de aplicar pautas y normas disciplinarias, convierte a los menores en víctimas de fallas graves educativas. La consistencia y la persistencia en la aplicación de las normas son necesarias para que el menor aprenda a comportarse de forma conveniente. Las situaciones y los métodos de control y de aplicación de pautas educativas, deben de ocurrir con regularidad suficiente para que el menor sea capaz de distinguir entre el comportamiento adecuado y el inadecuado.

Las investigaciones demuestran que el comportamiento violento o agresivo a menudo se aprende temprano en la vida. Sin embargo, los padres, familiares o cuidadores pueden enseñar a los niños/as a lidiar con las emociones sin usar la violencia e ir adquiriendo autocontrol e inteligencia emocional. Al igual que la mala práxis educativa de los progenitores puede provocar en los hijos/as comportamientos delictivos a temprana edad, también tienen el poder de jugar un papel principal en la reducción de la violencia y comisión de infracciones, adoptando un modelo educativo coherente y basado en valores para la convivencia.

Orientaciones para padres.

A continuación expondré algunas sugerencias para padres o cuidadores que funcionan como factores protectores en la prevención del comportamiento violento y delictivo.

  • Aporta a tus hijos amor y atención constantes.

Cada niño/a necesita establecer una fuerte relación con un padre, madre u otro adulto para sentirse seguro y desarrollar un sentido de confianza. Los problemas de conducta y delincuencia se desarrollan con menos frecuencia en los menores cuyos padres participan de forma activa y consciente en sus vidas, especialmente a una edad temprana.

  • Proporciona a tus hijos/as control y supervisión.

Los niños/as dependen de sus padres y miembros de la familia para su desarrollo, protección y apoyo, a medida que aprenden a pensar por sí mismos y se van haciendo autónomos. Sin supervisión adecuada, no reciben la orientación y la guía que necesitan. Los estudios indican que sin un control adecuado a menudo tienen problemas de comportamiento que pueden derivar posteriormente en delincuencia.

  • Sé constante con las normas y la disciplina.

Los niños/as necesitan una estructura, en la que cuenten con  expectativas claras acerca de las consecuencias de su comportamiento. Es conveniente establecer normas y hacer que se cumplan de manera constante y firme. Establecer reglas y luego no hacerlas cumplir es confuso y configura en  los niños la imagen de que finalmente pueden salirse con la suya. Una buena idea es involucrar a los niños en el establecimiento de normas siempre que sea posible. Explique a sus hijos/as lo que usted espera, y cuales son  las consecuencias de no seguir las reglas. Esto les ayudará a aprender a comportarse de manera correcta y a ir adquiriendo control sobre su conducta.

  • Incentiva la realización de actividades saludables.

Anime a sus hijos en edad escolar o mayores a participar en actividades monitorizadas después de la escuela, tales como pertenecer a equipos deportivos u otras actividades de ocio que les gusten y les motiven. Es importante que acompañe a sus hijos/as en estas actividades de juego y ver cómo se comportan con su grupo de iguales. Enséñelos a responder adecuadamente cuando otros utilizan insultos, amenazas o agresiones físicas. Explique a sus hijos que no se trata de conductas apropiadas y como resolver esas situaciones de forma adecuada, utilizando otro tipo de comportamientos como el diálogo.

  • No incite a su hijo a tener comportamientos violentos.

En ocasiones algunos padres alientan la conducta agresiva sin saberlo. Por ejemplo, algunos padres piensan que es bueno para un niño/a que aprenda a defenderse empleando la fuerza física. Enseñe a sus hijos que es mejor resolver los problemas utilizando el diálogo y no con puñetazos, amenazas o armas.

  • Mantenga la violencia fuera de su hogar

La violencia en el hogar puede ser muy  perjudicial para los niños. Estos necesitan un hogar seguro y afectuoso. Un niño que ha visto la violencia en su casa no siempre se convierte en violento, pero tiene más probabilidades de tratar de resolver los conflictos con violencia. Tenga en cuenta también que las discusiones hostiles y agresivas entre los padres son mal ejemplo para ellos.

  • Enseña a tu hijo/a a respetar y a ser honesto.

A menudo los niños aprenden con el ejemplo. Los comportamientos, valores y actitudes de los padres y hermanos tienen una fuerte influencia en ellos. Los valores del respeto, la honestidad, la tolerancia y la solidaridad, pueden ser fuentes importantes de ejemplo para ellos, especialmente si se enfrentan a la presión negativa de los compañeros en el colegio o en el vecindario. Ayude a sus hijos a aceptar y llevarse bien con las personas de diversos orígenes raciales y étnicos. Enséñeles que criticar a la gente porque son diferentes puede hacer daño, y que los insultos son inaceptables. Asegúrate que entiendan que el uso de las palabras para incitar a la violencia – o aceptar en silencio el comportamiento violento – es perjudicial. Advierta a su hijo que el acoso y las amenazas hacia otros puede tener consecuencias muy graves. La mayoría de los niños a veces actúan de forma agresiva y pueden golpear a otra persona. Sea firme con sus hijos/as sobre los posibles peligros de un comportamiento violento. Recuerde también elogiarlos cuando resuelvan los  problemas de forma constructiva y sin agresividad. Son más propensos a repetir las buenas conductas cuando son recompensados con atención y elogios.

  “La educación es la vacuna contra la violencia” Olmos, Edward James

Francisco Góngora.

Interacción familiar y generación de conflictos.

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En todas las familias es frecuente y normal atravesar dificultades y tener problemas, en algún momento de su desarrollo y evolución. Una situación de tensión en la familia mantenida en el tiempo requiere de ciertos cambios y ajustes que ayuden a encontrar ese equilibrio perdido, con lo que será necesario revisar el sistema de relaciones entre los miembros (probablemente habrá que redefinirlo), así como los valores, roles y los objetivos del sistema familiar. Una cosa es lo que los miembros de la familia perciben como problema, y la otra es el problema en sí, los obstáculos reales, pues los más importantes y decisorios por lo general permanecen ocultos, y es con la ayuda de un profesional que pueden salir a flote, pues él será el encargado de llegar hasta la raíz del conflicto.

Es bastante común sentirse perdido, incluso desorientado en estas situaciones, y fruto de esta confusión es más difícil ver las diferentes opciones que se presentan ante nosotros… pues siempre hay opciones. La cuestión está en verlas y en saber aprovecharlas.

La vida en familia es un medio educativo para todos sus miembros. Todos los cambios pueden permitir a la familia crecer y madurar en su conjunto, así como preparar a sus miembros para afrontar, tanto en grupo como individualmente, los conflictos que le depare esta maravillosa experiencia que es la vida.  Sigue leyendo “Interacción familiar y generación de conflictos.”