La perspectiva de género en mediación familiar

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El género impregna la dinámica de nuestras interacciones personales diarias. Los conceptos de género van más allá de las diferencias biológicas de ser hombre o mujer. Los términos femenino y masculino implican características psicológicas y conductuales que definen los roles culturales de cada uno. Estos roles diferenciados, se asignan a las personas en función de su sexo y se conocen como estereotipos de género. Se trata de modelos o patrones de conducta que definen cómo deben ser, actuar, pensar y sentir los hombres y las mujeres en una sociedad y representan un conjunto de atributos o características que las personas asumen como propios, trasmitiéndose de generación en generación. Esta diferenciación de funciones se ha instaurado tan sólidamente en nuestra forma de interactuar que aquellos que se salen fuera de sus patrones son vistos de manera negativa. En este sentido, es parte de la función del mediador, actuar como un facilitador neutral, ayudando a que las partes no se relacionen por medio de patrones estereotipados, sino a través de reconocer los puntos de vita diferentes y reflexionar sobre las acciones y responsabilidades de cada uno.

En mediación familiar, resulta fundamental conocer y entender la evolución y los cambios que se han producido en las familias a lo largo del tiempo y entender el papel que el género ha jugado en dichos cambios. La mediación familiar, como disciplina basada en la filosofía del pacto, la tolerancia y la equidad, debe de cuestionar los roles tradicionales y las limitaciones que los mismos imponen en todos los miembros de la familia, e integrar en su teoría y en su práctica un instrumento tan poderoso para cambiar y entender la realidad familiar como es la perspectiva de género. Sin dicha perspectiva seguiremos manteniendo situaciones de discriminación en la estructura familiar que nos impedirá ver formas diferentes de abordar los conflictos.

Uno de los puntos en los que suele haber controversia, es en el relativo a la asunción de una crianza basada en la igualdad, en la que el padre y la madre admitan de forma equitativa la responsabilidad en el cuidado de los hijos/as. Durante la mediación de asuntos relacionados con la coparentalidad , es a veces difícil evitar los problemas asociados con los roles de género que traen las partes y que impregnan su forma de concebir sus experiencias de vida y sus interacciones dentro de la familia y la comunidad. Siempre teniendo en cuenta su papel neutral e imparcial, el mediador deberá de hacer un esfuerzo  a lo largo de su intervención para contrarrestar los efectos negativos de la diferenciación de roles basados en estereotipos, evitando en su  lenguaje y su discurso los prejuicios de género y facilitando a través de la formulación de preguntas y el empleo de técnicas, un cambio positivo en la mentalidad de los participantes que les posibilite alcanzar acuerdos desde una posición de igualdad de condiciones.

 La mediación tiene el potencial de crear un ambiente acogedor para los participantes de ambos sexos, para ello los mediadores deben de ser conscientes de los problemas que pueden ocasionar los sesgos de género y facilitar el equilibrio en el proceso de negociación. Resulta  necesario poner de manifiesto la conexión que tienen los problemas de la familia con los estereotipos culturales relativos a los papeles asignados a los hombres y mujeres y con las relaciones de poder.

El objetivo de este post es concienciar sobre la importancia de contemplar el enfoque de género en los procesos de negociación, evitando los estereotipos y posibilitando una resolución neutral y equitativa. Abordar los asuntos familiares desde una perspectiva de género es esencial para ofrecer soluciones que tengan en cuenta las realidades de todos los miembros de la familia de un modo más justo.

Francisco Góngora.

 

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