Mediación familiar en situaciones de dependencia.

Aplicaciones de la mediación familiar a los conflictos derivados de la atención a situaciones de dependencia.

Artículo publicado en Revista de Mediación Volumen 9 Nº 1. Por Inmaculada Asensio Fernández y Francisco Góngora Gómez

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Resumen:  

A lo largo de este artículo se presentan los profundos cambios sociales que se han producido en las últimas décadas y que están afectando a la gestión familiar de los cuidados a las personas en situación de dependencia. Esta circunstancia está provocando importantes conflictos y desavenencias en las redes naturales de apoyo necesarias para la normalización de los cauces de ayuda fundados en los vínculos de afecto que caracterizan a las sociedades. Se exponen, así mismo, los beneficios de la mediación a través de la ejemplificación de situaciones de conflicto habituales relacionadas con el ámbito de la dependencia, poniendo especial hincapié en las herramientas y técnicas que la persona mediadora ha de emplear para la resolución pacífica de las mismas.

Para leer el texto completo pincha este enlace directo al artículo en la revista: https://revistademediacion.com/articulos/aplicaciones-la-mediacion-familiar-los-conflictos-derivados-la-atencion-situaciones-dependencia/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La perspectiva de género en mediación familiar

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El género impregna la dinámica de nuestras interacciones personales diarias. Los conceptos de género van más allá de las diferencias biológicas de ser hombre o mujer. Los términos femenino y masculino implican características psicológicas y conductuales que definen los roles culturales de cada uno. Estos roles diferenciados, se asignan a las personas en función de su sexo y se conocen como estereotipos de género. Se trata de modelos o patrones de conducta que definen cómo deben ser, actuar, pensar y sentir los hombres y las mujeres en una sociedad y representan un conjunto de atributos o características que las personas asumen como propios, trasmitiéndose de generación en generación. Esta diferenciación de funciones se ha instaurado tan sólidamente en nuestra forma de interactuar que aquellos que se salen fuera de sus patrones son vistos de manera negativa. En este sentido, es parte de la función del mediador, actuar como un facilitador neutral, ayudando a que las partes no se relacionen por medio de patrones estereotipados, sino a través de reconocer los puntos de vita diferentes y reflexionar sobre las acciones y responsabilidades de cada uno.

En mediación familiar, resulta fundamental conocer y entender la evolución y los cambios que se han producido en las familias a lo largo del tiempo y entender el papel que el género ha jugado en dichos cambios. La mediación familiar, como disciplina basada en la filosofía del pacto, la tolerancia y la equidad, debe de cuestionar los roles tradicionales y las limitaciones que los mismos imponen en todos los miembros de la familia, e integrar en su teoría y en su práctica un instrumento tan poderoso para cambiar y entender la realidad familiar como es la perspectiva de género. Sin dicha perspectiva seguiremos manteniendo situaciones de discriminación en la estructura familiar que nos impedirá ver formas diferentes de abordar los conflictos.

Uno de los puntos en los que suele haber controversia, es en el relativo a la asunción de una crianza basada en la igualdad, en la que el padre y la madre admitan de forma equitativa la responsabilidad en el cuidado de los hijos/as. Durante la mediación de asuntos relacionados con la coparentalidad , es a veces difícil evitar los problemas asociados con los roles de género que traen las partes y que impregnan su forma de concebir sus experiencias de vida y sus interacciones dentro de la familia y la comunidad. Siempre teniendo en cuenta su papel neutral e imparcial, el mediador deberá de hacer un esfuerzo  a lo largo de su intervención para contrarrestar los efectos negativos de la diferenciación de roles basados en estereotipos, evitando en su  lenguaje y su discurso los prejuicios de género y facilitando a través de la formulación de preguntas y el empleo de técnicas, un cambio positivo en la mentalidad de los participantes que les posibilite alcanzar acuerdos desde una posición de igualdad de condiciones.

 La mediación tiene el potencial de crear un ambiente acogedor para los participantes de ambos sexos, para ello los mediadores deben de ser conscientes de los problemas que pueden ocasionar los sesgos de género y facilitar el equilibrio en el proceso de negociación. Resulta  necesario poner de manifiesto la conexión que tienen los problemas de la familia con los estereotipos culturales relativos a los papeles asignados a los hombres y mujeres y con las relaciones de poder.

El objetivo de este post es concienciar sobre la importancia de contemplar el enfoque de género en los procesos de negociación, evitando los estereotipos y posibilitando una resolución neutral y equitativa. Abordar los asuntos familiares desde una perspectiva de género es esencial para ofrecer soluciones que tengan en cuenta las realidades de todos los miembros de la familia de un modo más justo.

Francisco Góngora.

 

El interés superior del menor en mediación familiar.

El interés superior del menor tras la separación. 

Los progenitores son esenciales para el desarrollo de los niños. Les proporcionan cariño, apoyo emocional, toman decisiones importantes para su educación y cubren todas sus necesidades básicas. En las familias “intactas”, son ambos progenitores de forma conjunta, los que toman las decisiones que repercuten en la vida de sus hijos. Normalmente no suele haber problema a la hora de decidir asuntos relacionados con las pautas educativas y de crianza que van a implantar, ya que conviven juntos y fácilmente pueden establecer las directrices que van a seguir en el cuidado de los hijos.

Sin embargo, esto no ocurre con muchas familias, cuyos padres se han separado y viven en domicilios diferentes. Aunque el hecho de no compartir vivienda no imposibilita la toma de decisiones sobre los asuntos relacionados con la crianza de los hijos, en muchas ocasiones las relaciones entre los progenitores quedan muy deterioradas tras el divorcio y son incapaces de ponerse de acuerdo para crear un  plan de crianza que  refleje los intereses y las necesidades de los menores.

El método tradicional para resolver los conflictos de los padres tras la separación, es el proceso judicial. Los progenitores contendientes ponen en manos de un juez la toma de decisiones acerca de los arreglos de custodia y educación de sus hijos, posteriores a la separación o el divorcio. En este contexto, el principio general que suele emplear el juez para resolver y  determinar el convenio regulador de las relaciones paternas filiales, es el interés superior del menor.

¿Qué significa el “interés superior del niño”?

Podemos determinar que “el interés superior del menor”, es la guía que se debe de tener en cuenta para disponer los arreglos de crianza después de la separación. Los elementos que se van a tomar en consideración para delimitar  el interés superior del menor a la hora de tomar decisiones sobre custodia y visitas, se basan en aspectos relacionados con el vínculo existente entre cada padre y su hijo, fruto de la participación positiva de ambos en la vida del niño y de la capacidad de satisfacer sus necesidades biológicas, psicológicas y sociales.

Aunque los factores en los que se basan los jueces para determinar el interés superior del menor son razonables, se trata de aspectos generales que en muchas ocasiones son difíciles de predecir a la hora de ser aplicados a una familia en particular. En relación a las pruebas que aportan las partes , en la mayoría de los casos fundamentadas en eventos pasados, el tribunal tiene que realizar una predicción sobre qué aspectos van a ser más beneficiosos para el futuro del menor. Aunque la Psicología  proporciona un marco general sobre las pautas de crianza que son más positivas para los niños después del divorcio, el pronostico sobre cómo va a evolucionar la vida de la  familia tras la separación es difícil de precisar. Estando de acuerdo en el principio general de que el interés superior del menor debe de ser determinante a la hora de tomar decisiones, los jueces no siempre podrán establecer una predicción precisa para cada situación concreta. A consecuencia de ello, en muchas ocasiones, las medidas adoptadas por los tribunales no responden de forma adecuada a la satisfacción de las necesidades de los menores, en el cumplimiento de sus derechos.  

A pesar de no poder determinar con exactitud qué arreglos de crianza son los más convenientes para cada situación particular, conocemos que determinados  aspectos, cómo son el hecho de que los menores no formen parte del conflicto de los progenitores, que les proporcionen una estabilidad emocional y una crianza adecuada, que el menor tenga una relación significativa con ambos padres y que reciba apoyo económico, van a resultar beneficiosos para los niños.

En la actualidad, sabemos que son los padres las personas más idóneas para determinar por si mismos qué arreglos de crianza van a ser más favorables para sus hijos, en lugar de depender de un juez, ajeno totalmente al sistema familiar, para que tome estas decisiones. Aún queda mucho por avanzar en este sentido, y es necesario que se produzca un cambio hacia una sociedad en la que los asuntos de índole familiar relacionados con la toma de decisiones relativas a los planes de crianza tras la separación o divorcio,  no tengan que ser dirimidos en los tribunales, quedando estos reservados para los casos en los que la seguridad y protección del menor se ven comprometidas.

 La disciplina que aboga por este cambio y que introduce el principio de la conciliación en la resolución de conflictos  derivados de la separación o divorcio, es la mediación familiar, que proporciona el espacio idóneo para que sean los padres los que de forma conjunta elaboren un plan de educación para sus hijos, en el que quede totalmente garantizado el interés superior de los mismos. Se ha demostrado que los padres son mucho más propensos a adherirse a los acuerdos de crianza cuando éstos han sido decididos por ellos mismos, ya que en definitiva reflejan las necesidades reales de la familia.

Las decisiones que incumben a la organización familiar tras la ruptura, suponen una gran complejidad, y lograr la mayor eficacia posible es vital para garantizar el interés superior de los menores. En este sentido, la mediación ha demostrado ser el instrumento idóneo para crear el espacio de diálogo necesario en el que los progenitores puedan solucionar sus controversias, salvaguardando en todo momento el bienestar de sus hijos. Es fundamental que los niños que pasan por esta situación sigan recibiendo el cariño y la seguridad que necesitan para que su desarrollo no se vea afectado negativamente.

La mediación, supone también una herramienta que permite a los menores ejercer su derecho a expresar sus opiniones libremente y conforme a sus capacidades, en los asuntos que les conciernen, sin verse afectados por los riesgos derivados de encontrarse sometidos a participar en un proceso judicial, que puede incrementar las situación estresante por la que están pasando.

El objetivo último es lograr que los  padres tomen conciencia sobre la necesidad de continuar ejerciendo la coparentalidad a pesar de la ruptura y provocar un cambio en sus actitudes y comportamientos, que los ayuden a enfrentar su situación, sin perder de vista el bienestar de sus hijos.

Francisco Góngora.

 

 

 

 

 

 

 

Mediación en contextos interculturales.

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En tanto que herramienta de resolución y pacificación de conflictos, la mediación se emplea en muchos ámbitos para responder a distintas necesidades. El conflicto es consustancial a la naturaleza humana y, por tanto, está presente en todas las situaciones habituales de la convivencia y las relaciones entre las personas. Uno de los contextos en los que se aplica la mediación es, en la gestión de los conflictos surgidos en entornos multiculturales. En este sentido, la mediación intercultural es definida como, “un recurso profesionalizado que pretende contribuir a una mejora de la comunicación, relación e integración entre personas o grupos presentes en un territorio y pertenecientes a una o varias culturas” (Desenvolupament  comunitari y Andalucia Acoge, 2002:101). Atendiendo a aspectos relacionados con la prevención de los conflictos y el establecimiento de una mejor comunicación e interacción, Carlos Giménez  (1997) defiende una definición más amplia de mediación, que no se limita a la resolución de conflictos sino a mejorar las relaciones humanas entre los grupos culturalmente distintos.

España en la actualidad es una sociedad plural y multicultural, en la que conviven personas de muy diversas culturas. Esta realidad social, en la que existen diferencias culturales y lingüísticas, influye de manera significativa en la integración y convivencia de las personas que coexisten en un mismo territorio. Los inmigrantes que llegan a un país de acogida, en el que pretenden establecerse, se encuentran con muchos obstáculos que tienen que sortear, como son el desconocimiento de la sociedad  y su entramado, las limitaciones de acceso a los servicios públicos por desconocimiento de su funcionamiento o las limitaciones lingüísticas.  En este contexto surge la mediación intercultural, como un servicio especializado cuyo objetivo es compensar estas desigualdades, que afectan de manera crucial a la adaptación e integración de las personas inmigrantes.

Por otro lado, la mediación intercultural facilita  la comunicación entre grupos con culturas diferentes, contribuyendo al conocimiento mutuo de las normas y costumbres. Ayuda a nativos e inmigrantes a comprenderse mejor , no solo en cuestiones idiomáticas, sino en sus particularidades culturales, con el fin de conseguir una interacción más efectiva y significativa. La mediación se constituye en una herramienta de gran valor, suponiendo un factor clave de conexión en situaciones en las que la comunicación está fuertemente influenciada por características culturales, construyendo un “puente” de unión necesario para el entendimiento. Con ello limita el afloramiento de conflictos, reduciendo el peso de los estereotipos y prejuicios que componen una de las principales barreras para la aproximación entre culturas y favorece actitudes de apertura, compromiso social y neutralidad en el abordaje de las disputas.

La persona mediadora deberá de estar constituida por un profesional con conocimientos teóricos y técnicos que le posibiliten orientar de la mejor manera posible su actuación. Para ello, deberá de haber superado  los estereotipos y prejuicios que le impiden aceptar a las personas como diferentes, en sus múltiples facetas y culturas. “El agente de mediación intercultural ha de ser una persona sin fronteras, que sabe reconocer y extraer de los “márgenes” lo más significativo para la construcción de seres plurales” (Accem, 2009:49)

Para el ejercicio ético y competente de la mediación, el mediador intercultural deberá de cumplir los siguientes principios:

  • Respetar la privacidad de los individuos con los que colabora.
  • Tiene que ser imparcial en cuanto a género, religión, origen étnico, nivel educativo y socioeconómico de las personas involucradas en la mediación.
  • El mediador ayudará a ambas partes a interpretar correctamente el comportamiento del otro, tanto verbal como no verbal, contribuyendo a generar un clima de confianza.
  • Asumirá un papel de asesoramiento si se le solicita, en el sentido de proporcionar información o ayudar en la cumplimentación de formularios, sin verter en esta tarea opiniones personales.
  • No tiene derecho a ocultar información durante una traducción.
  • Fomentará en la persona la toma de decisiones propias después de haber sido correctamente informada.
  • No ejercerá funciones de psicólogo o médico, ya que no entran dentro de sus cometidos.
  • Si observa que la persona inmigrantes es víctima de alguna situación injusta, deberá de ayudarlo a entender sus derechos con el fin de poder reivindicarlos.

A medio y largo plazo, la mediación intercultural aporta beneficios significativos en las siguientes áreas:

  • Facilita el acceso de los inmigrantes a los servicios públicos y los recursos comunitarios.
  • Contribuye a la lucha contra la discriminación, el racismo y la xenofobia.
  • Es un factor clave dentro de una estrategia de integración coherente de personas inmigrantes en nuestra sociedad.
  • Favorece la creación de conciencia social.
  • Promueve el desarrollo de capital humano y el enriquecimiento de la sociedad.

 

La falta de curiosidad o inapetencia por las culturas ajenas es, a mi entender, un índice de decadencia y pasividad, porque la cultura afectada por este síndrome se convierte en mero objeto de contemplación”. (Juan Goytisolo).

 

Por Francisco Góngora.

 

La Mediación como instrumento de conciliación familiar.

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En el año 1981 se vuelve a admitir de forma legal en España el fin del matrimonio, tras ser derogada la primera ley de divorcio en 1932. En 2005, entraba en vigor la Ley del divorcio express y las cifras de parejas que interponen una demanda judicial de separación o divorcio según el Instituto Nacional de Esatadistica, se disparan en un 42% con respecto al periodo anterior.

En la actualidad, el número de parejas que deciden separarse va en aumento. Las demandas de disolución matrimonial crecieron el 6,9% en 2014 con respecto a 2013. Los últimos datos del Consejo general del poder Judicial (CGPJ), muestran que los divorcios, separaciones y nulidades pasaron de 124.975 en el año 2013 a 133.643 en el año 2014. Aunque no es la primera vez que la cifra sube de un año a otro, sí es la más alta desde 2007, justo antes del inicio de la crisis económica en España, cuando se registraron 141.280 demandas de disolución.

La separación o divorcio en la mayoría de los casos supone una ruptura de la unidad familiar establecida y una reorganización de la vida de las personas implicadas. Si este proceso, que suele ser largo y doloroso, no se realiza de forma adecuada, puede tener consecuencias muy negativas, sobre todo para la vida de los hijos/as menores.

El sistema tradicional, el juridico-legal, que se ha venido empleando para resolver este tipo de litigios familiares ha demostrado sobradamente su ineficacia y las razones que podemos exponer son las siguientes:

  • Existe una clara inadecuación entre el instrumento que se emplea (proceso contencioso) y el problema a resolver (conflicto familiar) y ello se manifiesta en una agudización del conflicto interpersonal de los adultos, deterioro de las relaciones paterno- filiales, y en numerosos incumplimientos de la sentencia, consecuencia del papel tradicional que genera la dinámica del proceso civil contencioso de victima/culpable, ganador/perdedor.
  • Todo ello origina una profunda insatisfacción con el resultado final de los procesos litigantes en las personas que los protagonizan, que en la mayoría de los casos no ven cumplidas las expectativas que habían depositado en él.
  • Por otro lado, la naturaleza del conflicto en si, es incompatible con este tipo de procedimiento, ya que tienen como base relaciones de carácter muy personal con una fuerte carga emocional y su desconocimiento hace incurrir en soluciones irreales, que no se ajustan a las características o idiosincrasia de la familia a la que va destinada, por no mencionar el impacto que tiene en los hijos el hecho de que sus padres no puedan resolver sus desavenencias mediante la vía del dialogo, que es más pacífica y ofrece mayores alternativas dada su flexibilidad.
  • Los conflictos familiares tienen como singularidad que se van modificando a lo largo del tiempo en función de los cambios que se van produciendo en las personas implicadas y por tanto se dan numerosos casos de resoluciones judiciales que en el momento de ser dictadas, nada tienen que ver con la realidad del conflicto al que se refieren.

Atendiendo a esta perspectiva, desde hace varios años y cada vez con más fuerza, se esta estableciendo la Mediación Familiar cómo un método alternativo para la resolución consensuada de los conflictos, que viene a mejorar la calidad de la respuesta jurídico-legal a los ciudadanos, planteando como objetivo último la pacificación de las disputas familiares.

En este ámbito, la mediación se ha mostrado especialmente eficaz sobre todo en el diseño de mecanismos tendentes a evitar la ruptura familiar o a que ésta se lleve a cabo con el menor dolor posible para todos los implicados.

Para ello se establecen en España diferentes Leyes Autonómicas como la Ley 1/2009, de 27 de febrero, reguladora de la Mediación Familiar en la Comunidad Autónoma de Andalucía, que regula esta práctica, con el fin de reducir las consecuencias negativas derivadas de la separación o divorcio para todos los miembros de la familia, de mantener una comunicación y un dialogo provechoso y en especial garantizar el interés primordial de los hijos, y que estos puedan integrar el cambio y adaptarse a la nueva situación de manera adecuada.

Creemos totalmente en el poder de la Mediación como un instrumento social de inestimable valor y por ello vamos a exponer los beneficios que supone la elección de esta vía en la resolución de los litigios familiares derivados del proceso de separación o divorcio.

  • La mediación tiene como esencia la participación activa y responsable en la toma de decisiones de los implicados, ya que permite que sean ellos mismos los que resuelvan sus diferencias. Durante la misma se cimentaran las bases para que las partes se sientan protagonistas tanto del proceso como de los resultados.
  • Supone una mejora de la comunicación entre las partes. Con la ayuda del mediador que reconduce la comunicación, los participantes pueden volver a hablarse y escucharse. El proceso de mediación permite que todas las personas del núcleo familiar puedan hablar y se escuchadas, incluso los hijos si se considera conveniente.
  • Permite generar acuerdos creativos, ya que el mediador trabaja con las partes para producir todas las soluciones posibles, buscando y proponiendo acuerdos que solucionen el problema planteado. Con esto, no solo nos referimos a los acuerdos que quedarán recogidos posteriormente en el convenio regulador de separación, como son, el tipo de custodia o el régimen de visitas que se va a establecer , sino acuerdos que también consideramos de vital importancia, como son el establecimiento de pautas comunes en la educación de los hijos/as, cómo va a ser la necesaria comunicación que se va a establecer entre los progenitores, y en definitiva todos aquellos aspectos importantes que giran en torno a la vida de sus hijos/as y que sean necesarios determinar. Supone por tanto la posibilidad de elaborar un plan de coparentalidad que les permita ejercer su labor como progenitores en igualdad de condiciones, desarrollando el mejor entorno de convivencia posible dada la situación de separación, estableciéndose así un estado de idoneidad que les permita ejercer con responsabilidad sus derechos y responsabilidades sobre sus hijos/as.

Estimamos necesario que la mediación familiar sea ampliamente conocida y  las personas tengan la oportunidad de poder elegir autónomamente cómo desean resolver sus conflictos familiares, en caso de considerarlo necesario, pudiendo optar por la mediación familiar como un recurso voluntario al alcance de las personas, para la solución de litigios familiares por la vía del mutuo acuerdo, con la intervención de un equipo mediador imparcial y neutral.

Francisco Góngora.

 

Mediación Familiar Intergeneracional.

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Hoy, 21 de enero, se celebra el Día Europeo de la Mediación, coincidiendo con la fecha de aprobación del primer texto legislativo sobre mediación familiar en Europa. Desde “Resuelve Ahora” queremos contribuir a la tarea de difundir la cultura de la Mediación con este nuevo post sobre la capacidad de la mediación para facilitar a las familias un instrumento para que todos sus integrantes, recuperen la competencia sobre el control de los problemas y puedan continuar manteniendo relaciones positivas entre ellos sin necesidad de que se produzca una ruptura familiar.

La familia constituye un contexto social, educativo y de aprendizaje, que puede contribuir, de darse las condiciones adecuadas, al desarrollo humano y personal de todos sus componentes, ya sean niños, jóvenes o adultos, en todas las etapas de su desarrollo biológico, evolutivo y social, dada su importante función socializadora, a través de la educación.

La familia va atravesando una serie de estadios en su desarrollo evolutivo que están previstos. Entre las fases del ciclo vital por las que suelen atravesar las familias podemos mencionar las siguientes: formación de la pareja, la paternidad y maternidad, la etapa escolar de los hijos/as, la etapa de la adolescencia, la partida de los hijos/as, el cuidado de los nietos/as y el cuidado de los mayores. La transición de una etapa a otra influye en las interacciones que se producen en los miembros de la familia y las transforma, lo que supone una situación de riesgo a la que se tiene que dar respuesta. Cada uno de los integrantes de la familia tiene que realizar una serie de tareas y el hecho de que aparezcan tareas nuevas supone un reajuste que a veces puede suponer un desequilibrio. Muchas de las problemáticas de convivencia que surgen tienen que ver con una falta de habilidades para dar respuestas adecuadas que permitan afrontar con éxito los retos evolutivos de la dinámica familiar.

La mediación intergeneracional constituye una de las técnicas más útiles en la actualidad para  dar una respuesta eficaz a las diferentes dificultades por las que atraviesan las familias, resaltando principalmente dos de las etapas que consideramos más problemáticas y que más conflictos generan, como son la etapa de la adolescencia de los hijos/as y la etapa del cuidado de los mayores.

Muchas familias se ven desbordadas ante situaciones y conductas de los hijos/as cuando comienza la etapa de la adolescencia. La convivencia durante este periodo no suele ser fácil ya que se trata de un momento de transición entre la niñez y la edad adulta, en la que la primordial tarea del adolescente es encontrar su propia identidad y adquirir autonomía. Para lograrlo, tienen que comenzar a separarse de los padres y esto no es sencillo, ya que aún carecen de la madurez suficiente. El adolescente, suele vivir un conflicto interno entre la fuerte dependencia que aún tiene de sus progenitores y la necesidad de independencia. Este conflicto interno se expresa a menudo en forma de luchas y discusiones, especialmente con los padres, ya que constituyen para el/la adolescente un apoyo que necesita pero del que desea desprenderse, una fuente de seguridad y a la vez de rechazo. Es durante esta etapa, cuando  comienzan a plantearse cuestiones que anteriormente no suponían un problema, tales como el uso del teléfono o el ordenador, los estudios, los horarios de llegada a casa, la ropa, el manejo de dinero, las tareas domésticas, el consumo de alcohol y/o drogas, y que son el origen de autenticas batallas o enfrentamientos.

Estos cambios desconciertan a menudo a los padres/madres, que luchan por recuperar la autoridad perdida y no saben muy bien cómo afrontar los problemas permanentes con sus hijos/as. Los métodos que anteriormente utilizaban con ellos/as ya no funcionan y es necesario que se produzca un reajuste al nuevo momento evolutivo e ir cambiando las normas rígidas por límites flexibles, negociados y acordados. Esto suele generar en los padres mucha inseguridad ya que no es fácil encontrar un equilibrio entre mantener un control y una autoridad sobre el/la adolescente y, al mismo tiempo, concederle una mayor confianza e incluirlos en la toma de decisiones, dándoles así  mayores cotas de responsabilidad.

La mediación intergeneracional supone un instrumento de gran utilidad para resolver este tipo de disputas que se producen en el funcionamiento familiar al llegar esta etapa, ayudando a los padres y madres que se ven desbordados por los problemas de relación, el establecimiento de normas, las discusiones, la falta de comunicación y  el distanciamiento del adolescente.

Por otro lado, ahora, cada vez nos encontramos con más situaciones de mediación relacionadas con aspectos derivados del cuidado de las personas mayores. El ámbito dónde se van a presentar situaciones conflictivas relacionadas con las personas mayores es en el hogar dónde estos residan. Una de las circunstancias que tiende a provocar y acentuar los conflictos es la situación de dependencia y la necesidad de cuidado del mayor. Si tenemos en cuenta la situación de tensión y estrés que provoca la relación cuidador y dependiente, podemos entender la facilidad con la que surgen los conflictos en este contexto. Así mismo nos encontramos también cada vez con un mayor número de problemáticas relacionadas con la aparición de conflictos entre hermanos/as, vinculados a la toma de decisiones sobre cómo van a hacerse cargo del cuidado de los padres en situación de dependencia

Otra de las situaciones susceptibles de mediación intergeneracional es la que tiene que ver con el derecho de los abuelos a ver a sus nietos cuando se produce una separación o divorcio o incluso cuando no habiendo separación de pareja se dificulta la relación de los abuelos con sus nietos por el mero desinterés de los padres. En este sentido, la Ley 42/2003, de 21 de noviembre, de modificación de Código Civil y de la Ley de enjuiciamiento Civil en materia de relaciones familiares de los nietos con los abuelos, persigue como objetivo reforzar el régimen de relaciones entre los abuelos y los nietos, tanto en caso de ruptura familiar, como en el caso de dejación de obligaciones por parte de los progenitores. Por tanto la mediación en este caso sería de gran utilidad cuando existen dificultades de relación y se ve interrumpido el contacto, como alternativa a  acudir a los juzgados para que se reconozca algo tan básico como que un abuelo/a quiera y pueda ver a su nieto/a.

Hay una amplia variedad de situaciones conflictivas susceptibles de pasar por un proceso de mediación. La casuística mencionada es la que más suele hacer uso de este servicio, no obstante, cualquier tipo de desavenencia, conflicto o problema entre padres e hijos donde se desea una solución, pues ser apoyado, guiado y resuelto con este procedimiento.

Autor: Francisco Góngora.

 

Psicología del divorcio para mediadores.

Psicología del divorcio para mediadores.

Para poder ayudar a las parejas a negociar de forma eficaz la ruptura de su relación, resulta esencial que el profesional encargado de ello, conozca la dinámica que subyace a la familia y cómo la crisis provocada por el proceso de separación y divorcio, repercute en las emociones de las personas involucradas. Es importante indicar que después del divorcio una familia no deja de existir, ya que aunque la relación conyugal haya terminado, las relaciones familiares continúan, sobre todo cuando hay niños/as involucrados.

El divorcio legal es un evento que ocurre cuando el juez emite la sentencia de disolución del matrimonio, sin embargo en la esfera emocional se trata de un proceso que ocurre a lo largo de varios años. Según la literatura sobre divorcio, en  un gran porcentaje de matrimonios que se separan, uno quiere la separación y el otro no, teniendo ésto importantes implicaciones en el proceso. El cónyuge que ha tomado la decisión comienza el proceso emocional mucho antes que el otro, lo que conlleva una discrepancia en los estados emocionales de ambos que va a tener una gran repercusión tanto en la duración del transcurso de la separación, como en el nivel de conflictividad que se produce y en las diferentes tácticas y estrategias que cada uno va a utilizar en las negociaciones para llegar a acuerdos fundamentales sobre la reestructuración de la nueva vida familiar.

Los investigadores en temas de divorcio, lo definen como un proceso que discurre por una serie de etapas que las familias van superando conforme se van adaptando a las nuevas situaciones que se van generando en sus vidas, y la mayoría de las personas en una situación similar pasan por este periodo de transición emocional.

Cómo profesionales dedicados a la mediación familiar, es realmente importante que pongamos un contexto a la naturaleza de la crisis y los conflictos que traen las partes a mediación, y para ello es necesario tener una visión sobre las etapas y las emociones que manifiestan las personas durante el desarrollo del divorcio. Antes de proceder a enumerar las fases características que experimentan las personas durante el divorcio, es importante señalar que se trata de una clasificación general, no lineal y que puede variar en función de muchos factores. Por ejemplo, mientras una pareja puede no pasar por alguna de las etapas o pasar por ella en un momento posterior, otras pueden tener sentimientos y comportamientos  característicos de dos etapas al mismo tiempo.

Etapas del proceso de divorcio.

1. Predivorcio o etapa de deliberación.

Esta etapa tiene lugar antes de la separación y se caracteriza porque uno de los cónyuges comienza a experimentar sentimientos de insatisfacción, de soledad y de desesperación. Esta fase puede durar un largo periodo, incluso años, en los que la persona delibera sobre cómo resolver sus sentimientos negativos acerca de su relación matrimonial. Antes de tomar la decisión de separarse, tratará de lidiar con estos sentimientos y estos intentos de afrontamiento pueden incluir confrontaciones, peleas con la pareja con la esperanza de hacerle cambiar, mal humor, incomunicación e intentos de evitar estar cerca de la pareja evadiéndose en el trabajo o con los amigos/as o manteniendo relaciones extramaritales. Como ninguna de estas tácticas funciona y los sentimientos negativos son cada vez más fuertes, finalmente termina tomando la decisión de separarse y se la comunica a su pareja. Esta declaración desencadena la primera reacción emocional  de la otra parte, que inicialmente puede responder con la negación, pero también puede retirarse emocionalmente para autoprotegerse. En esta etapa se produce un desfase entre el cónyuge que ha tomado la decisión y que ha avanzado emocionalmente en la transición que supone el proceso de divorcio, y el cónyuge que acaba de iniciar el recorrido. Esto va a tener importantes implicaciones en la manera que tienen ambos de afrontar la nueva situación y cómo se van a enfrentar a la negociación sobre la reestructuración familiar que implica la separación.

2. Negación.

Los sentimientos y comportamientos en esta etapa varían en función de si la persona ha iniciado el divorcio o no. El que toma la decisión de divorciarse, en esta etapa lo que busca es alivio tras una situación estresante y también experimenta sentimientos de culpa por haber tomado la determinación. El no iniciador sigue negando que la relación haya terminado y que sea algo definitivo. Pasa por un periodo de incredulidad al que le sigue una negación de la realidad de la separación. Suele experimentar impotencia y falta de control al sentir que él/ella no ha participado en la decisión de romper el matrimonio.

Esta etapa es la más complicada debido a los profundos cambios que aparecen en la vida de las personas y suelen manifestarse sentimientos de perdida y de miedo a lo desconocido. La crianza de los hijos/as se suele ver perjudicada ya que los cónyuges están inmersos en sus propios sentimientos y no están en condiciones de atender bien sus necesidades. En esta etapa no es aconsejable acudir a mediación , ya que el cónyuge que no ha tomado la decisión puede utilizar el proceso para recuperar al cónyuge perdido y negarse a colaborar en el desarrollo de las negociaciones, ya que aún no ha asumido la separación.

3. Duelo por la pérdida.

El objetivo de esta etapa es reconocer y asimilar que la relación ha finalizado. En esta fase las personas experimentan una intensa sensación de pena y pasan por un profundo duelo. El futuro se ve sin esperanza y sin sentido. La identidad de la persona puede quedar afectada , al verse dañado el rol que ejercía dentro de la relación, ya que cada uno de nosotros construimos nuestra identidad a través de los roles que desempeñamos en nuestra vida.

Durante esta etapa se suele necesitar apoyo emocional. Los individuos con frecuencia tienen dificultades para concentrarse en las tareas, ya que están inmersos en un mundo de sensaciones. La parentalidad aún se ve afectada, ya que los progenitores están más preocupados por sus propios sentimientos. En esta etapa la participación en mediación es más aconsejable que en la anterior ya que las partes han asimilado la ruptura y la ven como algo definitivo.

4. Ira.

La ira o el enfado en una emoción secundaria que aparece asociada a otros sentimientos más primarios como el dolor, el miedo, la humillación, la pérdida o el desamparo. El cónyuge rechazado suele experimentar ira y enfado asociados a sus sentimientos de abandono, que manifiesta en ocasiones a través de amenazas. Teniendo en cuenta que el divorcio es uno de los eventos más estresantes en la vida de una persona, es importante que los profesionales que intervienen en los procesos de separación sepan analizar los comportamientos de ira como reacciones comprensibles a la multitud de sentimientos primarios que puede estar experimentando la persona. Aunque la ira aparece en casi todas las etapas del proceso , en esta etapa es la emoción protagonista. La ira normalmente es dirigida hacia el otro cónyuge, al que culpa de todos sus males. Los mediadores tienen que estar preparados para tratar con las manifestaciones de ira de los protagonistas, utilizando estrategias para canalizar las emociones negativas y redireccionar esa energía en los aspectos concretos y específicos de los acuerdos.

En esta etapa las habilidades de crianza han mejorado y los padres son más capaces de atender las necesidades de los hijos/as. El nivel de energía del individuo es más alto y ha mejorado también la autoestima. Este es un buen momento para asistir a mediación ya que las partes tienen la fuerza suficiente para participar activamente.

5. Construyendo una nueva identidad.

Uno de los cambios más significativos que se experimentan en esta etapa es la sensación de ser una persona completa e independiente que no necesita al cónyuge para hacer su vida. Las personas comienzan a confiar en si mismas, a tomar sus propias decisiones y su autoestima y control emocional ha mejorado mucho. La parentalidad durante esta fase ha quedado reestablecida. Las personas son capaces de tomar decisiones con mayor facilidad y el nivel de energía es alto en comparación con las etapas anteriores. Este es el momento ideal para acudir a mediación, ya que las partes están en una buena situación para tomar parte activa en las negociaciones, principalmente debido a la actitud positiva que tienen hacia el cambio y hacia sí mismos. Puesto que el individuo se encuentra en una fase relativamente buena emocionalmente, la mediación es más eficiente y menos dolorosa.

6. Etapa final de reestructuración.

La emoción predominante en esta etapa es la sensación de tener de nuevo el control sobre sus vidas. Son capaces de hacer planes y adoptar compromisos a largo plazo. Si ambas partes se encuentran en esta etapa, es difícil que tomen la decisión de acudir a un proceso contencioso ya que normalmente han llegado a acuerdos satisfactorios para ambos. La mediación será relativamente suave en este punto, ya que el individuo está involucrado en una nueva vida y siente deseos de finalizar con el proceso de separación. Si uno de los cónyuges aún sienta fuertes sentimientos hacia el otro y estas sensaciones le estén afectando, el proceso de mediación le puede ayudar en este punto a aceptar el fin del matrimonio y seguir adelante con su nueva vida..

Para finalizar, decir que  las partes pueden acudir a mediación en cualquier momento durante el proceso de separación, por ello, es conveniente que el mediador entienda en que fase se encuentran cada uno de ellos y cuales son los sentimientos y comportamientos típicos durante estas etapas. El mediador utilizará las herramientas y habilidades adecuadas para facilitar la expresión de las emociones de forma constructiva y crear un marco para el debate que posibilite el logro de acuerdos beneficiosos para ambos.

Francisco Góngora.

 

 

Conflictos familiares en la tercera edad.

Mediación familiar en casos de dependencia.

 

A consecuencia de la gestión que el gobierno está haciendo de la crisis económica, nuestro sistema de bienestar ha quedado muy debilitado, y a medida que disminuyen los recursos sociales proporcionados por el estado, las responsabilidades de la asistencia a las personas mayores recaen cada vez más sobre los familiares. La mayoría de las familias con el tiempo tendrán que hacer frente a este desafío que por lo general provoca tensiones que pueden conducir a conflictos y crear obstáculos en la toma de decisiones.

Los padres cuando llegan a una edad avanzada y sus facultades comienzan a verse mermadas, requieren de la ayuda de los/as hijos/as, volviéndose dependientes de estos para realizar las tareas básicas del día a día. Esta nueva situación puede provocar el surgimiento de conflictos entre los hermanos adultos o que vuelvan a aparecer enfrentamientos que han estado ocultos durante años. Las controversias y disputas acerca del cuidado de los padres hace que las relaciones familiares se compliquen, apareciendo tensión, posturas encontradas y dificultad a la hora de dialogar y tomar decisiones. Todo ello ocasiona que se pierda de vista el objetivo principal, que es garantizar que los progenitores dependientes reciban una atención adecuada.

A pesar de las particularidades que tiene cada familia, podemos extraer dos asuntos que suelen aparecer en la mayoría de las disputas entre hermanos/as relacionadas con el cuidado de los padres, que son, el sentimiento de injusticia y los asuntos económicos o de herencias.

Cuando uno de los/as hermanos/as tiene la sensación de estar haciéndose responsable de forma desigual de la atención de los padres y cree estar asumiendo sin ayuda la carga que supone esta tarea, el sentimiento de injusticia que experimenta le puede fomentar resentimiento y resquemor hacia el resto, que no se están haciendo responsables de una labor que también les pertenece. Suele ocurrir que los/as hijos/as que se encuentran a mayor distancia se desvinculen de la situación y sean los que están más cercanos a sus padres los que se ven obligados a adoptar el compromiso, a veces sin contar con apoyo y sin que se les reconozca la labor que están realizando.

Otro de los asuntos que suele ser con bastante frecuencia foco de generación de conflictos es el relativo a los temas económicos y la  herencia.  Cuando un/a hermano/a siente que está asumiendo en gran parte el cuidado de los padres, y tiene que renunciar a su tiempo y su bienestar para llevar a cabo esta labor, puede creerse en el derecho de merecer una mayor parte de la herencia como pago por su sacrificio. Otras veces los/as hermanos/as se enfrentan porque discrepan en cómo emplear el dinero en el cuidado de los padres, resistiéndose algunos a buscar atención profesional, como el ingreso en una residencia, con el fin de preservar la herencia. Esto puede ocasionar que sea uno de ellos el que finalmente se vea forzado a cumplir con un papel de cuidador para el cual no está preparado, y esto va a repercutir directamente en la calidad de la asistencia que van a recibir los progenitores ancianos.

La atención y el cuidado de las personas mayores es una tarea difícil que genera estrés y requiere de mucha dedicación y buena voluntad. Si a ello le añadimos los problemas de injusticia y los enfrentamientos por los asuntos económicos, tenemos el caldo de cultivo idóneo para el desarrollo de conflictos intrafamiliares que puede llevar a una situación insostenible y difícil de resolver sin una intervención por parte de profesionales.

Ventajas de la Mediación Familiar para resolver conflictos relacionados con el cuidado de los progenitores.

En ocasiones las relaciones entre los hermanos están muy deterioradas y apenas tienen comunicación entre ellos, es por ello que la intervención de una tercera parte  es necesaria y puede ayudar a apaciguar la controversia. Un profesional que tiene mucho que decir en este asunto es el mediador familiar, experto en impulsar a las personas a construir un acuerdo que les lleve a solucionar su disputa.

La mediación familiar es una herramienta adecuada para facilitar la toma de decisiones y acercar las posiciones que en principio parecían insalvables. El proceso va a facilitar la toma de conciencia de los implicados en la necesidad de salvaguardar en todo momento el bienestar de las personas mayores, proporcionando un lugar seguro en el que trabajar de manera conjunta en la búsqueda de una estrategia que funcione para todos los miembros de la familia. Colaborar en la construcción de un acuerdo de reparto justo de responsabilidades preservando sus relaciones fraternales, es posible.

Un mediador familiar es un profesional neutral que ayuda a la familia a que alcancen por si mismos un acuerdo sobre las decisiones relativas al cuidado de sus padres ancianos. Es importante dejar claro, que todos los temas que aparecen en el proceso de mediación son totalmente confidenciales, siendo necesario que los participantes sientan plena confianza para poder expresarse de forma abierta y exponer cuáles son sus inquietudes y sus intereses.

La mediación ayuda a aclarar malentendidos, al predisponer a todos los participantes a escuchar  el punto de vista de los demás sin interrupciones, facilita la expresión de sentimientos y guía a la familia hacia la búsqueda de soluciones nuevas que no habían sido capaces de contemplar antes y además posibilita futuras modificaciones en el acuerdo en caso de cambiar las circunstancias familiares. Permite desarrollar soluciones creativas a los retos a los que tiene que hacer frente.

Si la disputa se estuviera resolviendo en los juzgados, el proceso sería muy diferente. En los tribunales no se exploran las diferentes opciones para obtener la mejor solución que refleje el mejor interés para las personas mayores.  El juez toma las decisiones basándose en una interpretación de las leyes, y estas decisiones con frecuencia no son satisfactorias para nadie de la familia. Otra de las consecuencias perjudiciales de la resolución de disputas de índole familiar en los juzgados es que las relaciones acaban totalmente destruidas y el coste emocional de todos los implicados suele ser bastante alto.

Autor: Francisco Góngora.

 

¿En qué consiste la Mediación Terapéutica?

Mediación Terapéutica.

En la última década hemos asistido al avance prometedor de la mediación como herramienta de efectividad probada en la resolución de disputas derivadas de separación o divorcio de familias con hijos/as menores. Aunque el empleo de la mediación, en términos generales ha demostrado su eficacia en su aplicación al ámbito de las relaciones familiares, hay situaciones que podemos llamar de “alto conflicto”, en las que comenzar un proceso de mediación no resulta de utilidad. Estas situaciones, se dan en familias que se caracterizan por permanecer en un conflicto prolongado a lo largo del tiempo y por su incapacidad para resolver las disputas, tanto a través de la mediación como por vía judicial. El surgimiento de continuas desavenencias e incumplimientos del convenio regulador de las relaciones paterno filiales ordenadas por el juez, los lleva a acudir incesantemente a los tribunales, entrando en una dinámica de litigio permanente que suele repercutir de forma bastante negativa en el adecuado desarrollo de los hijos/as.

Dada la complejidad de este tipo de casos, investigadores dedicados a la intervención con familias en proceso de separación o divorcio con alta conflictividad, desarrollan un modelo denominado “Mediación terapéutica”, definido como un proceso de intervención intensiva que emplea las habilidades de resolución de problemas y de negociación que se utilizan para casos de Mediación estándar, a las que se incorpora una perspectiva terapéutica. Este estilo de intervención permite a las partes en conflicto evaluar su situación presente y mirar hacia la transformación que necesitan realizar para lograr un beneficio en todos los miembros involucrados de la familia.

Principios de la Mediación terapéutica.

El modelo de mediación terapéutica fue desarrollado por Saposnek, mediador familiar y autor de diversas publicaciones relacionadas con la intervención con progenitores separados que presentan una alta conflictividad. Este modelo, tiene como principales características, en primer lugar, que las intervenciones son intensivas, lo que implica un elevado número de sesiones de mediación, diseñadas para centrarse íntegramente en las dificultades específicas que los progenitores tienen para poner fin a sus disputas. Debido a la prolongación en el tiempo de la conflictividad, se establecen patrones de comportamiento adversos difíciles de eliminar, con lo cual se hace necesaria un tipo de intervención intensiva que les haga romper ésta dinámica y salir del círculo negativo en el que se encuentran. En segundo lugar, las intervenciones tienen una intención terapéutica, con el objetivo de abordar los numerosos problemas de conducta, emocionales y de dinámica relacional que experimentan este tipo de familias, y ayudarlas a resolver las controversias que les impide reestructurar su vida tras la separación y educar a sus hijos/as de forma conjunta y colaborativa.

Componentes terapéuticos.

El modelo incorpora cuatro componentes terapéuticos:

Un componente educativo, que incluye proporcionar a los progenitores asesoramiento sobre cómo gestionar su conflicto e información en relación a las repercusiones negativas que tiene para el desarrollo de los hijos/as el hecho de verse involucrados en la disputa de los padres. Se establecerá una discusión acerca de la imposibilidad de atender a las necesidades de los hijos/as de forma adecuada si el conflicto continúa y sobre los efectos positivos de acabar con los enfrentamientos. El componente educativo incluye también entrenamiento en habilidades sociales, en comunicación positiva y modelado de habilidades de crianza adecuadas.

El segundo componente terapéutico consiste en la adopción de estrategias para fomentar la cooperación y la negociación entre los progenitores. Este componente emplea entre otras técnicas, la de hacer un reencuadre de la historia de las partes y la conversión de acusaciones en peticiones (una acusación basada en el pasado se puede reconvertir en un deseo para el futuro, lo que disminuye el riesgo de una contra acusación de la otra parte, y favorece la escucha reflexiva).

En tercer lugar, se trata de romper el estancamiento en el que se encuentra inmersa la familia a través del empleo de técnicas terapéuticas que provoquen cambios en sus estructuras y dinámicas relacionales.

Por último, este modelo incluye el seguimiento y monitorización de los cambios que se van produciendo. Este componente consiste en ayudar a los progenitores en la elaboración de planes de crianza, en la práctica diaria de la coparentalidad y en la resolución de los problemas que vayan surgiendo.

Fases del proceso.

El modelo de mediación terapéutica se divide en cinco fases:

1. Fase de admisión al programa, en la cual se realiza una evaluación de la problemática familiar.

2. Una fase denominada de “construcción de puentes” dónde se proporcionan a los progenitores las habilidades necesarias para colaborar con sus ex-cónyuges en la tarea común de crianza de sus hijos/as.

3. De preparación para la negociación. Aquí los padres se reúnen para resolver las controversias que impiden la negociación.

4. Fase de resolución de controversias y de negociación de planes de crianza. Los progenitores negocian la elaboración de un plan de crianza para sus hijos/as.

5. Fase de implementación, dónde los padres reciben apoyo en la ejecución de su plan de crianza.

Para finalizar podemos señalar que este tipo de intervención mediadora persigue fomentar la comprensión del conflicto y de los efectos que puede suponer a largo plazo para los hijos/as y el resto de los miembros de la familia, la adquisición de habilidades de afrontamiento de situaciones difíciles y el aprendizaje de técnicas de negociación saludables. Este modelo de mediación,  permite a las familias alcanzar y mantener una buena relación a pesar de las numerosas dificultades que puedan tener.

Francisco Góngora.

Ética para Mediadores.

Ética para un mediador

Para el ejercicio ético y competente de la Mediación, en cualquiera de las áreas donde se práctica en la actualidad, el mediador debe de cumplir una serie de normas o un modelo de conducta con el que se tiene que identificar,e interiorizarlo en su práctica profesional diaria.

La ética profesional debe de estar en la base de la intervención del mediador. Al igual que nos preocupamos por la formación y adquisición de habilidades y en promocionar nuestros servicios, debemos de incluir la ética en nuestra práctica cotidiana, trabajando en la adquisición de una visión personal y una idea clara de cuáles son las pautas o estándares profesionales apropiados que pretendemos seguir.

A continuación voy a exponer una serie de normas o pautas de conducta cuyo propósito es servir de orientación general respecto a las cuestiones éticas que pueden surgir en la práctica diaria relacionadas con el proceso de mediación:

  • GARANTIZAR LA CALIDAD DEL PROCESO. El mediador deberá de fomentar durante el proceso el cumplimiento de unos estándares y normas de comportamiento necesarios para garantizar una mediación de calidad como son la puntualidad, la seguridad, la equidad, el respeto mutuo y la honestidad entre las partes. La tarea del mediador será la de facilitar la resolución del litigio, empoderando a las partes en la toma de decisiones. Un mediador facilita la comunicación, promueve la comprensión, ayuda a las partes a identificar sus necesidades e intereses y utiliza las técnicas necesarias que les permitan llegar a su propio acuerdo.
  • GARANTIZAR LA IGUALDAD. Es imprescindible que un mediador realice una evaluación inicial a través de una entrevista individual, para determinar que los participantes están capacitados para cooperar en igualdad de condiciones, sin que se den desequilibrios de poder, en la consecución de un acuerdo mutuamente aceptado.
  • AUTONOMÍA. El mediador llevará a cabo una mediación basada en un enfoque no directivo, fomentando la determinación y autonomía de las partes en el acto de toma de decisiones y en la elección de forma voluntaria y sin coacción de los términos del acuerdo que van a firmar.
  • CONFLICTOS DE INTERESES. Evitar un conflicto de interés o la aparición de este durante y después de una mediación. Un conflicto de intereses puede surgir si el mediador ha sido de alguna manera participe de la controversia objeto de la mediación o cuando existe cualquier relación entre el mediador y cualquiera de los  participantes en la mediación, ya sea en el pasado o presente, personal o profesional, y que perjudica la imparcialidad necesaria durante el proceso.
  • INFORMACIÓN. Un mediador deberá de asegurarse de que todas las partes estén debidamente informadas sobre el papel que va a desempeñar como mediador y sobre la naturaleza del proceso de mediación, es decir, en que consiste el proceso, así como que los implicados entiendan los términos del acuerdo que van a firmar al finalizar. Debe de proporcionar información sobre el proceso, ayudando a las partes a identificar sus preocupaciones reales y todas sus opciones.
  • VOLUNTARIEDAD. La voluntariedad de las partes en la participación en la mediación es fundamental. Es esencial que los implicados lleguen a la mediación dispuestos y capaces de participar de forma colaborativa en la negociación y resolución del conflicto, con la ayuda del mediador.
  • COMPETENCIA. Es responsabilidad del mediador estar preparado, es decir, poseer las competencias necesarias para mediar en el asunto particular de que se trate. Esto incluiría la formación, la experiencia en la mediación, habilidades, conocimientos culturales…etc. Sería también aconsejable que el mediador esté dispuesto a retirarse de una mediación si determina que carece de las habilidades necesarias para hacer frente a la situación.
  • CONFIDENCIALIDAD. Es indispensable mantener la confidencialidad del proceso. Las partes tienen que tener claro que todo lo que ocurre durante la mediación es confidencial. El mediador tiene que explicarles que cualquier información, declaraciones o documentos aportados durante el proceso, no podrán ser divulgados ni utilizados posteriormente en otro medio de resolución de conflictos. Es fundamental que tengan claro  el principio de confidencialidad en el que se basa la mediación ya que propicia que se expresen libremente durante la tarea de alcanzar por si mismos un acuerdo que resuelva el litigio que los trajo a la negociación, siendo necesario que el mediador genere la confianza necesaria para que expresen sus necesidades e intereses. Nuca se desvelará información confidencial sin el permiso de las partes, ni se utilizará la información obtenida durante la mediación para obtener ventajas personales, o para perjudicar los intereses de los demás. Además, las notas de un mediador, las comunicaciones de las partes y otros documentos que contengan información confidencial o sensible, se almacenarán en un lugar seguro, y cuando se utilizan materiales procedentes de una mediación para fines de investigación, supervisión, o de formación, el mediador debe de eliminar cualquier información identificativa de los mismos.
  • Si el mediador tiene la intención de celebrar sesiones privadas o caucus con las partes, dejará claro antes, la confidencialidad asociada a estas sesiones. El mediador no podrá utilizar la información desvelada en esas sesiones sin el consentimiento de los participantes.
  • IMPARCIALIDAD. Un mediador será imparcial durante todo el proceso de mediación, valorando antes del inicio si se considera capaz de llevar a cabo la mediación con independencia y neutralidad. Tiene que tener mucho cuidado y evitar la posibilidad de caer en sesgos basados en características personales de las partes, su conducta durante la sesión, o en base al conocimiento de aspectos o comportamientos de los participantes en relación a la disputa que se está mediando. Deberá de prescindir de hacer cualquier tipo de comentario de aprobación o desaprobación, o sobre el comportamiento de los participantes. Es su cometido esforzarse por proporcionarle a cada uno la oportunidad adecuada para expresarse y participar en el proceso en igualdad de condiciones. Un mediador tiene la responsabilidad de abandonar el proceso si es incapaz de ser imparcial debido a cuestiones personales, intereses materiales o morales. Por tanto, mediará solo en aquellos asuntos en los que pueda ser imparcial y ecuánime, evitando cualquier conducta que tenga connotaciones de parcialidad o prejuicio.
  • Un mediador debe de ABSTENERSE DE PROPORCIONAR ASESORAMIENTO LEGAL. Es importante por tanto, que entiendan que el papel del mediador es el de intermediario neutral, el de un facilitador de la comunicación que los guía en su cometido de conseguir un acuerdo. En el caso de que el mediador ofrezca una valoración sobre la situación de una de las partes, sobre el resultado probable si recurren a la resolución vía judicial o sobre una recomendación con respecto a la solución, debe de asegurarse que ambos entienden que no está actuando como abogado ni ofreciendo asesoramiento jurídico.
  • Un mediador podrá FINALIZAR UNA MEDIACIÓN si considera que: cualquiera de las partes está abusando del proceso; si se llega a un acuerdo que al mediador considera ilegal teniendo en cuenta las circunstancias de la controversia; el mediador considera que es poco probable la continuación de la mediación para dar lugar a un acuerdo; si el mediador se hace consciente de la existencia en el momento en que se está desarrollando la mediación, de violencia doméstica o violencia entre las partes.
  • DIVULGACIÓN Y PROMOCIÓN. Debe de estar entre los objetivos del mediador promover la confianza pública en la mediación como un proceso para resolver disputas, participando en actividades de divulgación y educación para ayudar a los ciudadanos en el desarrollo de una mejor comprensión de la mediación. En esta linea, los mediadores también tratarán de aprender de otros profesionales, de respetar los  diferentes puntos de vista y trabajar para mejorar la profesión y servir mejor a las personas en conflicto.

Para finalizar, reseñar que el mediador siempre tendrá que atenerse a la legislación vigente en materia de mediación que rija en la comunidad autónoma o país donde la ejerza. Todo mediador debe de ser consciente y conocer las leyes aplicables o las reglas que pueden aplicarse a las mediaciones que están llevando a cabo, cumpliendo con las directrices u orientaciones normativas de las mismas.

Un buen mediador, cultiva su desempeño profesional poniendo la ética a la vanguardia de lo que hace.

Autor: Francisco Góngora.