El interés superior del menor en mediación familiar.

El interés superior del menor tras la separación. 

Los progenitores son esenciales para el desarrollo de los niños. Les proporcionan cariño, apoyo emocional, toman decisiones importantes para su educación y cubren todas sus necesidades básicas. En las familias “intactas”, son ambos progenitores de forma conjunta, los que toman las decisiones que repercuten en la vida de sus hijos. Normalmente no suele haber problema a la hora de decidir asuntos relacionados con las pautas educativas y de crianza que van a implantar, ya que conviven juntos y fácilmente pueden establecer las directrices que van a seguir en el cuidado de los hijos.

Sin embargo, esto no ocurre con muchas familias, cuyos padres se han separado y viven en domicilios diferentes. Aunque el hecho de no compartir vivienda no imposibilita la toma de decisiones sobre los asuntos relacionados con la crianza de los hijos, en muchas ocasiones las relaciones entre los progenitores quedan muy deterioradas tras el divorcio y son incapaces de ponerse de acuerdo para crear un  plan de crianza que  refleje los intereses y las necesidades de los menores.

El método tradicional para resolver los conflictos de los padres tras la separación, es el proceso judicial. Los progenitores contendientes ponen en manos de un juez la toma de decisiones acerca de los arreglos de custodia y educación de sus hijos, posteriores a la separación o el divorcio. En este contexto, el principio general que suele emplear el juez para resolver y  determinar el convenio regulador de las relaciones paternas filiales, es el interés superior del menor.

¿Qué significa el “interés superior del niño”?

Podemos determinar que “el interés superior del menor”, es la guía que se debe de tener en cuenta para disponer los arreglos de crianza después de la separación. Los elementos que se van a tomar en consideración para delimitar  el interés superior del menor a la hora de tomar decisiones sobre custodia y visitas, se basan en aspectos relacionados con el vínculo existente entre cada padre y su hijo, fruto de la participación positiva de ambos en la vida del niño y de la capacidad de satisfacer sus necesidades biológicas, psicológicas y sociales.

Aunque los factores en los que se basan los jueces para determinar el interés superior del menor son razonables, se trata de aspectos generales que en muchas ocasiones son difíciles de predecir a la hora de ser aplicados a una familia en particular. En relación a las pruebas que aportan las partes , en la mayoría de los casos fundamentadas en eventos pasados, el tribunal tiene que realizar una predicción sobre qué aspectos van a ser más beneficiosos para el futuro del menor. Aunque la Psicología  proporciona un marco general sobre las pautas de crianza que son más positivas para los niños después del divorcio, el pronostico sobre cómo va a evolucionar la vida de la  familia tras la separación es difícil de precisar. Estando de acuerdo en el principio general de que el interés superior del menor debe de ser determinante a la hora de tomar decisiones, los jueces no siempre podrán establecer una predicción precisa para cada situación concreta. A consecuencia de ello, en muchas ocasiones, las medidas adoptadas por los tribunales no responden de forma adecuada a la satisfacción de las necesidades de los menores, en el cumplimiento de sus derechos.  

A pesar de no poder determinar con exactitud qué arreglos de crianza son los más convenientes para cada situación particular, conocemos que determinados  aspectos, cómo son el hecho de que los menores no formen parte del conflicto de los progenitores, que les proporcionen una estabilidad emocional y una crianza adecuada, que el menor tenga una relación significativa con ambos padres y que reciba apoyo económico, van a resultar beneficiosos para los niños.

En la actualidad, sabemos que son los padres las personas más idóneas para determinar por si mismos qué arreglos de crianza van a ser más favorables para sus hijos, en lugar de depender de un juez, ajeno totalmente al sistema familiar, para que tome estas decisiones. Aún queda mucho por avanzar en este sentido, y es necesario que se produzca un cambio hacia una sociedad en la que los asuntos de índole familiar relacionados con la toma de decisiones relativas a los planes de crianza tras la separación o divorcio,  no tengan que ser dirimidos en los tribunales, quedando estos reservados para los casos en los que la seguridad y protección del menor se ven comprometidas.

 La disciplina que aboga por este cambio y que introduce el principio de la conciliación en la resolución de conflictos  derivados de la separación o divorcio, es la mediación familiar, que proporciona el espacio idóneo para que sean los padres los que de forma conjunta elaboren un plan de educación para sus hijos, en el que quede totalmente garantizado el interés superior de los mismos. Se ha demostrado que los padres son mucho más propensos a adherirse a los acuerdos de crianza cuando éstos han sido decididos por ellos mismos, ya que en definitiva reflejan las necesidades reales de la familia.

Las decisiones que incumben a la organización familiar tras la ruptura, suponen una gran complejidad, y lograr la mayor eficacia posible es vital para garantizar el interés superior de los menores. En este sentido, la mediación ha demostrado ser el instrumento idóneo para crear el espacio de diálogo necesario en el que los progenitores puedan solucionar sus controversias, salvaguardando en todo momento el bienestar de sus hijos. Es fundamental que los niños que pasan por esta situación sigan recibiendo el cariño y la seguridad que necesitan para que su desarrollo no se vea afectado negativamente.

La mediación, supone también una herramienta que permite a los menores ejercer su derecho a expresar sus opiniones libremente y conforme a sus capacidades, en los asuntos que les conciernen, sin verse afectados por los riesgos derivados de encontrarse sometidos a participar en un proceso judicial, que puede incrementar las situación estresante por la que están pasando.

El objetivo último es lograr que los  padres tomen conciencia sobre la necesidad de continuar ejerciendo la coparentalidad a pesar de la ruptura y provocar un cambio en sus actitudes y comportamientos, que los ayuden a enfrentar su situación, sin perder de vista el bienestar de sus hijos.

Francisco Góngora.

 

 

 

 

 

 

 

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Derecho de Familia para Mediadores.

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La resolución de conflictos en materia de familia, a través de la vía judicial, provoca en muchos casos la agudización del conflicto interpersonal de los adultos, el deterioro de las relaciones paterno- filiales, y numerosos incumplimientos de las sentencias dictadas en los juicios, y todo ello a consecuencia del papel tradicional que genera la dinámica del proceso civil contencioso de victima/culpable, ganador/perdedor. Los procesos judiciales, suelen generar una profunda insatisfacción en las personas que los protagonizan, que en la mayoría de los casos no ven cumplidas sus expectativas.

La mediación viene a salvar estos inconvenientes y desde el ámbito del Derecho de Familia, la podemos definir cómo “un proceso de construcción y reconstrucción del vínculo familiar sobre los ejes de la autonomía y de la responsabilidad de las partes afectadas por un conflicto, en cuyo proceso interviene un tercero imparcial, independiente y neutral, para facilitar, la reanudación de la comunicación entre las partes y la autogestión del conflicto dentro del ámbito privado familiar, teniendo en consideración la peculiaridad de las situaciones, su diversidad e idiosincrasia”.

Una pareja en proceso de ruptura que acude a mediación familiar, no sólo debe de gestionar los aspectos patrimoniales de la separación, sino que han de gestionar sus relaciones futuras con los hijos/as y todo lo que ello conlleva. Uno de los derechos básicos de los menores que forman parte de la familia en la que se produce la ruptura, es no verse obligados a romper el vínculo con ninguno de sus progenitores o cuidadores, ni sufrir las consecuencias negativas de la separación. En mediación, el bienestar de los menores tiene que protegerse y el mediador velará siempre porque los acuerdos a los que lleguen las partes no vulneren su derechos fundamentales.

En este artículo voy a exponer de forma breve  la normativa que regula las relaciones paterno filiales en casos de separación y divorcio y que recogen los distintos ámbitos de actuación que deben de ser tenidos en cuenta en el proceso de negociación de la mediación familiar, es decir, los diferentes acuerdos a los que tienen que llegar los progenitores y que responden a los derechos que adquieren los hijos/as tras la ruptura familiar.

La patria potestad – En el art. 154 del Código Civil se estipula textualmente que “los hijos no emancipados estarán bajo la potestad de los progenitores” y se ejercerá siempre en beneficio de los menores, de acuerdo con su personalidad y con respeto a su integridad física y psicológica.

La patria potestad es ejercida por los dos progenitores tras el cese de la convivencia en los casos de separación o divorcio. Esto conlleva que una de las funciones del ejercicio de la misma, enumerada en el art. 154 del C.C, relativa a tener en su compañía a los hijos/as, se establezca en función de que se le atribuya a uno de ellos la guarda y custodia o se le asigne  a los dos si se acuerda que la custodia sea compartida. Otro de los aspectos a regular es el establecimiento de un régimen de comunicaciones, visitas y estancias, que permita a los menores estar con ambos progenitores.

Las medidas sobre el cuidado de los hijos/as siempre se adoptarán en beneficio de estos, y es aconsejable que sean los propios progenitores los que propongan el régimen de custodia. La mediación familiar se convierte por tanto en el mejor escenario para llegar a un consenso sobre la adopción de estas medidas, siendo la familia la protagonista de estructurar su convivencia tras la separación.

La vivienda familiar: El art. 96 del Código Civil contiene que “en defecto de acuerdo de los cónyuges aprobado por el juez, el uso de la vivienda familiar y de los objetos de uso ordinario en ella, corresponde a los hijos/as y al cónyuge en cuya compañía queden. Este artículo establece un uso limitado de la vivienda familiar ya que llegará un momento en el que los hijos/as alcancen la mayoría de edad y con ello una independencia económica.

Este es un campo de trabajo importante, ya que la atribución de la vivienda familiar o los derechos sobre la misma a uno de los cónyuges suele provocar un agravamiento del conflicto. La mediación familiar ofrece la posibilidad de que sean  las partes las que adopten un acuerdo que sea beneficioso para ambos y no provoque situaciones desigualitarias.

La pensión  alimenticia: El art. 154 del C.C incluye entre otras, la obligación de los progenitores de velar por sus hijos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral. Se entiende por alimentos todo lo indispensable para el sustento, habitación, vestido, asistencia médica y educación e instrucción del menor de edad.

El art. 146, habla de la proporcionalidad entre las cantidades establecidas como pensión de alimentos y las posibilidades económicas del progenitor que ha de abonarla. La pensión normalmente se fija mediante una cuantía periódica mensual que debe de satisfacer el progenitor que no tiene la custodia. En el supuesto de custodia compartida también se fijara una cantidad que irá destinada al menor y que proporcionarán ambos padres. La cuantía dada como pensión de alimentos es provisional, ya que es susceptible de modificación si cambia alguna de las circunstancias tenida en cuenta a la hora de establecerla.

Son los progenitores los que mejor conocen su poder adquisitivo, cuales son sus ingresos y los gastos que les producen sus hijos/as, estando en mejor situación para determinar la cantidad atribuida a la pensión que mejor se ajuste a sus circunstancias y a las necesidades del menor. Una vez más la mediación adopta aquí un papel fundamental para ayudar a las partes a tomar decisiones y llegar a acuerdos a la hora de determinar la pensión alimentaria de sus hijos/as.

Aspectos patrimoniales del divorcio: Los mayores conflictos surgen en relación a la división del patrimonio adquirido durante el matrimonio. Debido a las dificultades que puede causar esta cuestión, sería aconsejable que las partes reciban asesoramiento jurídico sobre cómo hacer la liquidación del reparto de bienes. El proceso de mediación admite la colaboración de otros profesionales para aconsejar a las partes a la hora tomar sus propias decisiones.

El derecho de visita de los abuelos a sus nietos: Los abuelos tienen derecho a un régimen de visitas con sus nietos, independientemente de las relación que puedan tener con los padres de estos. El régimen de visitas de los nietos con los abuelos, venía siendo reconocido por la jurisprudencia, pero fue expresamente introducido en el C.C por la Ley 42/2003, de 21 de noviembre, de modificación del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de relaciones familiares de los nietos con los abuelo.

La mediación se erige como un sistema eficaz para establecer un sistema de visitas entre abuelos y nietos que garantice un contacto mutuo, e impida la interrupción de las relaciones de los menores con sus familiares. En mediación se trabajará en todo momento para disolver las hostilidades, evitar las confrontaciones y orientar a los interesados hacia un horizonte de colaboración que resulte en beneficio del desarrollo y estabilidad del menor, evitando que sean los tribunales los que decidan.

Tras analizar brevemente los asuntos que tienen que resolver las partes tras la separación, llegamos a la conclusión de que son los progenitores los más capacitados para tomar decisiones acerca de como estructurar su vida familiar. Para ello, estimamos necesario que la mediación sea considerada como una alternativa de orden prioritario para ayudar a las familias a aclarar sus problemas, posibilitando acudir a los juzgados con el conflicto personal resuelto, o al menos parcialmente, sin perjuicio de que se le pueda someter al juzgador algún asunto puntual, por un verdadero desacuerdo que ha sido imposible solucionar.

Hagamos de la Familia el mejor lugar para crecer.

Francisco Góngora.

La Mediación como instrumento de conciliación familiar.

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En el año 1981 se vuelve a admitir de forma legal en España el fin del matrimonio, tras ser derogada la primera ley de divorcio en 1932. En 2005, entraba en vigor la Ley del divorcio express y las cifras de parejas que interponen una demanda judicial de separación o divorcio según el Instituto Nacional de Esatadistica, se disparan en un 42% con respecto al periodo anterior.

En la actualidad, el número de parejas que deciden separarse va en aumento. Las demandas de disolución matrimonial crecieron el 6,9% en 2014 con respecto a 2013. Los últimos datos del Consejo general del poder Judicial (CGPJ), muestran que los divorcios, separaciones y nulidades pasaron de 124.975 en el año 2013 a 133.643 en el año 2014. Aunque no es la primera vez que la cifra sube de un año a otro, sí es la más alta desde 2007, justo antes del inicio de la crisis económica en España, cuando se registraron 141.280 demandas de disolución.

La separación o divorcio en la mayoría de los casos supone una ruptura de la unidad familiar establecida y una reorganización de la vida de las personas implicadas. Si este proceso, que suele ser largo y doloroso, no se realiza de forma adecuada, puede tener consecuencias muy negativas, sobre todo para la vida de los hijos/as menores.

El sistema tradicional, el juridico-legal, que se ha venido empleando para resolver este tipo de litigios familiares ha demostrado sobradamente su ineficacia y las razones que podemos exponer son las siguientes:

  • Existe una clara inadecuación entre el instrumento que se emplea (proceso contencioso) y el problema a resolver (conflicto familiar) y ello se manifiesta en una agudización del conflicto interpersonal de los adultos, deterioro de las relaciones paterno- filiales, y en numerosos incumplimientos de la sentencia, consecuencia del papel tradicional que genera la dinámica del proceso civil contencioso de victima/culpable, ganador/perdedor.
  • Todo ello origina una profunda insatisfacción con el resultado final de los procesos litigantes en las personas que los protagonizan, que en la mayoría de los casos no ven cumplidas las expectativas que habían depositado en él.
  • Por otro lado, la naturaleza del conflicto en si, es incompatible con este tipo de procedimiento, ya que tienen como base relaciones de carácter muy personal con una fuerte carga emocional y su desconocimiento hace incurrir en soluciones irreales, que no se ajustan a las características o idiosincrasia de la familia a la que va destinada, por no mencionar el impacto que tiene en los hijos el hecho de que sus padres no puedan resolver sus desavenencias mediante la vía del dialogo, que es más pacífica y ofrece mayores alternativas dada su flexibilidad.
  • Los conflictos familiares tienen como singularidad que se van modificando a lo largo del tiempo en función de los cambios que se van produciendo en las personas implicadas y por tanto se dan numerosos casos de resoluciones judiciales que en el momento de ser dictadas, nada tienen que ver con la realidad del conflicto al que se refieren.

Atendiendo a esta perspectiva, desde hace varios años y cada vez con más fuerza, se esta estableciendo la Mediación Familiar cómo un método alternativo para la resolución consensuada de los conflictos, que viene a mejorar la calidad de la respuesta jurídico-legal a los ciudadanos, planteando como objetivo último la pacificación de las disputas familiares.

En este ámbito, la mediación se ha mostrado especialmente eficaz sobre todo en el diseño de mecanismos tendentes a evitar la ruptura familiar o a que ésta se lleve a cabo con el menor dolor posible para todos los implicados.

Para ello se establecen en España diferentes Leyes Autonómicas como la Ley 1/2009, de 27 de febrero, reguladora de la Mediación Familiar en la Comunidad Autónoma de Andalucía, que regula esta práctica, con el fin de reducir las consecuencias negativas derivadas de la separación o divorcio para todos los miembros de la familia, de mantener una comunicación y un dialogo provechoso y en especial garantizar el interés primordial de los hijos, y que estos puedan integrar el cambio y adaptarse a la nueva situación de manera adecuada.

Creemos totalmente en el poder de la Mediación como un instrumento social de inestimable valor y por ello vamos a exponer los beneficios que supone la elección de esta vía en la resolución de los litigios familiares derivados del proceso de separación o divorcio.

  • La mediación tiene como esencia la participación activa y responsable en la toma de decisiones de los implicados, ya que permite que sean ellos mismos los que resuelvan sus diferencias. Durante la misma se cimentaran las bases para que las partes se sientan protagonistas tanto del proceso como de los resultados.
  • Supone una mejora de la comunicación entre las partes. Con la ayuda del mediador que reconduce la comunicación, los participantes pueden volver a hablarse y escucharse. El proceso de mediación permite que todas las personas del núcleo familiar puedan hablar y se escuchadas, incluso los hijos si se considera conveniente.
  • Permite generar acuerdos creativos, ya que el mediador trabaja con las partes para producir todas las soluciones posibles, buscando y proponiendo acuerdos que solucionen el problema planteado. Con esto, no solo nos referimos a los acuerdos que quedarán recogidos posteriormente en el convenio regulador de separación, como son, el tipo de custodia o el régimen de visitas que se va a establecer , sino acuerdos que también consideramos de vital importancia, como son el establecimiento de pautas comunes en la educación de los hijos/as, cómo va a ser la necesaria comunicación que se va a establecer entre los progenitores, y en definitiva todos aquellos aspectos importantes que giran en torno a la vida de sus hijos/as y que sean necesarios determinar. Supone por tanto la posibilidad de elaborar un plan de coparentalidad que les permita ejercer su labor como progenitores en igualdad de condiciones, desarrollando el mejor entorno de convivencia posible dada la situación de separación, estableciéndose así un estado de idoneidad que les permita ejercer con responsabilidad sus derechos y responsabilidades sobre sus hijos/as.

Estimamos necesario que la mediación familiar sea ampliamente conocida y  las personas tengan la oportunidad de poder elegir autónomamente cómo desean resolver sus conflictos familiares, en caso de considerarlo necesario, pudiendo optar por la mediación familiar como un recurso voluntario al alcance de las personas, para la solución de litigios familiares por la vía del mutuo acuerdo, con la intervención de un equipo mediador imparcial y neutral.

Francisco Góngora.

 

¿En qué consiste la Mediación Terapéutica?

Mediación Terapéutica.

En la última década hemos asistido al avance prometedor de la mediación como herramienta de efectividad probada en la resolución de disputas derivadas de separación o divorcio de familias con hijos/as menores. Aunque el empleo de la mediación, en términos generales ha demostrado su eficacia en su aplicación al ámbito de las relaciones familiares, hay situaciones que podemos llamar de “alto conflicto”, en las que comenzar un proceso de mediación no resulta de utilidad. Estas situaciones, se dan en familias que se caracterizan por permanecer en un conflicto prolongado a lo largo del tiempo y por su incapacidad para resolver las disputas, tanto a través de la mediación como por vía judicial. El surgimiento de continuas desavenencias e incumplimientos del convenio regulador de las relaciones paterno filiales ordenadas por el juez, los lleva a acudir incesantemente a los tribunales, entrando en una dinámica de litigio permanente que suele repercutir de forma bastante negativa en el adecuado desarrollo de los hijos/as.

Dada la complejidad de este tipo de casos, investigadores dedicados a la intervención con familias en proceso de separación o divorcio con alta conflictividad, desarrollan un modelo denominado “Mediación terapéutica”, definido como un proceso de intervención intensiva que emplea las habilidades de resolución de problemas y de negociación que se utilizan para casos de Mediación estándar, a las que se incorpora una perspectiva terapéutica. Este estilo de intervención permite a las partes en conflicto evaluar su situación presente y mirar hacia la transformación que necesitan realizar para lograr un beneficio en todos los miembros involucrados de la familia.

Principios de la Mediación terapéutica.

El modelo de mediación terapéutica fue desarrollado por Saposnek, mediador familiar y autor de diversas publicaciones relacionadas con la intervención con progenitores separados que presentan una alta conflictividad. Este modelo, tiene como principales características, en primer lugar, que las intervenciones son intensivas, lo que implica un elevado número de sesiones de mediación, diseñadas para centrarse íntegramente en las dificultades específicas que los progenitores tienen para poner fin a sus disputas. Debido a la prolongación en el tiempo de la conflictividad, se establecen patrones de comportamiento adversos difíciles de eliminar, con lo cual se hace necesaria un tipo de intervención intensiva que les haga romper ésta dinámica y salir del círculo negativo en el que se encuentran. En segundo lugar, las intervenciones tienen una intención terapéutica, con el objetivo de abordar los numerosos problemas de conducta, emocionales y de dinámica relacional que experimentan este tipo de familias, y ayudarlas a resolver las controversias que les impide reestructurar su vida tras la separación y educar a sus hijos/as de forma conjunta y colaborativa.

Componentes terapéuticos.

El modelo incorpora cuatro componentes terapéuticos:

Un componente educativo, que incluye proporcionar a los progenitores asesoramiento sobre cómo gestionar su conflicto e información en relación a las repercusiones negativas que tiene para el desarrollo de los hijos/as el hecho de verse involucrados en la disputa de los padres. Se establecerá una discusión acerca de la imposibilidad de atender a las necesidades de los hijos/as de forma adecuada si el conflicto continúa y sobre los efectos positivos de acabar con los enfrentamientos. El componente educativo incluye también entrenamiento en habilidades sociales, en comunicación positiva y modelado de habilidades de crianza adecuadas.

El segundo componente terapéutico consiste en la adopción de estrategias para fomentar la cooperación y la negociación entre los progenitores. Este componente emplea entre otras técnicas, la de hacer un reencuadre de la historia de las partes y la conversión de acusaciones en peticiones (una acusación basada en el pasado se puede reconvertir en un deseo para el futuro, lo que disminuye el riesgo de una contra acusación de la otra parte, y favorece la escucha reflexiva).

En tercer lugar, se trata de romper el estancamiento en el que se encuentra inmersa la familia a través del empleo de técnicas terapéuticas que provoquen cambios en sus estructuras y dinámicas relacionales.

Por último, este modelo incluye el seguimiento y monitorización de los cambios que se van produciendo. Este componente consiste en ayudar a los progenitores en la elaboración de planes de crianza, en la práctica diaria de la coparentalidad y en la resolución de los problemas que vayan surgiendo.

Fases del proceso.

El modelo de mediación terapéutica se divide en cinco fases:

1. Fase de admisión al programa, en la cual se realiza una evaluación de la problemática familiar.

2. Una fase denominada de “construcción de puentes” dónde se proporcionan a los progenitores las habilidades necesarias para colaborar con sus ex-cónyuges en la tarea común de crianza de sus hijos/as.

3. De preparación para la negociación. Aquí los padres se reúnen para resolver las controversias que impiden la negociación.

4. Fase de resolución de controversias y de negociación de planes de crianza. Los progenitores negocian la elaboración de un plan de crianza para sus hijos/as.

5. Fase de implementación, dónde los padres reciben apoyo en la ejecución de su plan de crianza.

Para finalizar podemos señalar que este tipo de intervención mediadora persigue fomentar la comprensión del conflicto y de los efectos que puede suponer a largo plazo para los hijos/as y el resto de los miembros de la familia, la adquisición de habilidades de afrontamiento de situaciones difíciles y el aprendizaje de técnicas de negociación saludables. Este modelo de mediación,  permite a las familias alcanzar y mantener una buena relación a pesar de las numerosas dificultades que puedan tener.

Francisco Góngora.

¿Qué es la coordinación parental?

coordinador parental

En España miles de menores se ven afectados cada año por el divorcio y la separación de sus progenitores. La mitad de estos niños/as crecerán en familias dónde padres y madres permanecen en continuo conflicto tras la separación. Los niños/as criados en un ambiente de conflicto persistente tienen entre cuatro y cinco veces más probabilidades de sufrir graves dificultades emocionales y de comportamiento. En consecuencia, los divorcios con una alta conflictividad plantean graves dificultades para los profesionales de la justicia ya que en España no se cuentan con las herramientas suficientes para garantizar plenamente el derecho de los menores a crecer en un ambiente familiar libre de disputas y para conseguir que se cumplan los regímenes de visita y el resto de los acuerdos recogidos en el convenio regulador de las relaciones paterno filiales.

Recientemente se ha instaurado en Cataluña, una iniciativa intrajudicial novedosa que consiste en adoptar un proyecto que lleva funcionando con éxito en Estados Unidos desde el año 2003 y que surgió por la necesidad de proteger y minimizar el impacto de una separación conflictiva en los hijos/as. Se trata de la implantación de la figura del coordinador parental, un profesional de la mediación en el ámbito familiar, que velará por el cumplimiento de las sentencias judiciales sobre custodia y régimen de visitas. Puedes leer aquí la noticia: Cataluña introducirá de forma piloto el coordinador parental en divorcios conflictivos.

Actualmente, la coordinación parental o de crianza, es reconocida en Estados Unidos como un recurso valioso para ayudar a separarse a las familias con graves conflictos. Es por ello, que implantar este programa de intervención, adaptándolo a las particularidades de la justicia española en materia de separación y divorcio, me parece una muy buena iniciativa.

A continuación vamos a explorar en que consiste esta figura profesional y las funciones que cumple, basándonos en la dilatada trayectoria que ha tenido en Estados Unidos, dónde lleva implantada más de 12 años.

¿Qué es la Coordinación Parental?

Se trata de una forma de resolución de conflictos que se aplica en los casos de progenitores con los que la mediación no ha resultado eficaz, debido a los altos niveles de conflicto que existe entre ambos. El coordinador parental llevaría a cabo un proceso educativo, de mediación y de gestión de cada caso particular, monitoreando el progreso de la familia para asegurar que los progenitores están cumpliendo con sus obligaciones parentales y con el convenio regulador establecido por el juez de familia. Con la aprobación previa de la familia o a imposición del juez, el coordinador parental puede tener la autoridad para tomar decisiones, en el ámbito de la orden judicial, con el objetivo de ayudar a los padres con un alto nivel de conflictividad y  que han demostrado una incapacidad o falta de voluntad para tomar decisiones de crianza en beneficio de los menores, a adoptar pautas tendentes a minimizar el conflicto y ejercer la coparentalidad. El papel del coordinador de padres se perfila por la facultad que le otorga la orden judicial o por la voluntariedad de las partes a ser ayudadas por un profesional en su proceso de reajuste familiar tras el divorcio.

Los coordinadores para padres ayudan a los progenitores a establecer y mantener una coparentalidad sana que les posibilite reducir los  conflictos y evitar aquellas situaciones que suponen factores de riesgo que van a  influir en la adaptación de los menores. El énfasis general es ofrecer a los niños la oportunidad de crecer en un ambiente familiar libre del estrés devastador de estar atrapados en medio de un  conflicto que no les pertenece.

La coordinación parental, a diferencia de la mediación, es un proceso no confidencial. Los coordinadores parentales documentan e informan sobre las conductas de los padres y el cumplimiento o no  de las órdenes judiciales. Los coordinadores para padres pueden compartir sus preocupaciones con respecto a los comportamientos de cada uno de los padres y hacer recomendaciones sobre las cuestiones no resueltas.

Podemos resumir las funciones de este profesional en los siguientes puntos:

  1. Educar a los padres, haciéndolos conscientes del impacto que su comportamiento está provocando en el desarrollo de sus hijos.
  2. Reducir el conflicto entre los padres a través de manejo de la ira, de la mejora de la comunicación y proporcionándoles habilidades de resolución de conflictos.
  3. Disminuir las conductas parentales inadecuadas para reducir el estrés que esto le provoca al hijo/a.
  4.  Trabajar con los padres en el desarrollo de un plan detallado de cuestiones tales como la disciplina, la toma de decisiones, la comunicación. Elaborar un plan de crianza detallada.
  5. Crear un ambiente relajado que permita al niño/a ajustarse más efectivamente a la nueva estructura familiar.
  6. Colaborar con los profesionales que están trabajando con la familia a fin de ofrecer servicios coordinados.
  7. Monitorear las conductas de los padres para asegurarse que están cumpliendo con sus obligaciones.

Los beneficios de este trabajo de intervención para los menores son claramente visibles y se traducen en:

  • Una mejora de la confianza y la autoestima mediante la creación de un entorno óptimo para su crecimiento.
  • La reducción de los síntomas de estrés del niño/a cuando los conflictos entre los padres disminuyen.
  • La disminución del conflicto de lealtades.
  • El aumento de la probabilidad de mantener dos progenitores activos e implicados en su educación en la vida del niño/a.
  • La creación de un ambiente relajado que permite al niño/a ajustarse de manera más efectiva a la nueva situación familiar.

Por nuestra parte estaremos muy atentos a todo lo relacionado con este proyecto y los resultados que se obtienen en su implantación de prueba en la Comunidad de Cataluña. Como siempre seguiremos trabajando en la lucha por lograr que se garanticen plenamente los derechos de los menores, interviniendo y difundiendo información a través de nuestro blog.

En el próximo post ofreceremos pautas a los progenitores separados para mejorar su comunicación, aspecto crucial en la tarea educativa común con sus hijos/as.

Francisco Góngora.

El impacto del divorcio en niños/as y adolescentes.

Afrontar el divorcio El divorcio supone un cambio enorme en la vida de un niño o niña sin importar la edad. Ser testigo de la pérdida del amor entre los padres, de la ruptura del matrimonio, ajustarse a ir y venir entre dos hogares diferentes y la ausencia diaria de un padre mientras vive con el otro, suponen múltiples alteraciones que crean una nueva circunstancia familiar que conlleva un desafío para la vida del niño/a. En la historia personal del menor, el divorcio de los padres implica un acontecimiento decisivo. A partir de este momento, la vida que sigue cambia significativamente de cómo era antes.

Se producen diferentes respuestas a este acontecimiento en función de si el niño/a está todavía en la infancia  o ha entrado en la adolescencia . La propensión  general es que el divorcio tienda a intensificar la dependencia del niño y tienda a acelerar la independencia del adolescente. A menudo provoca una respuesta más regresiva en el niño/a y una respuesta más agresiva en el adolescente. Esto se debe a que  los/as niño/as están estrechamente vinculados a los progenitores, dependiendo fuertemente del cuidado de estos, y tienen a la familia como núcleo principal de su vida social. Los adolescentes son más independientes, suelen estar más separados y distantes de los padres, son más autosuficientes, los/as amigos/as son sus referentes y se han convertido en el núcleo principal de su vida social.

Para los/as niños/as  pequeños, el divorcio sacude la confianza en la protección que les proporcionan los progenitores, que ahora se comportan de una manera poco segura. La unidad familiar se divide en dos hogares diferentes, entre los que el niño/a debe aprender a ir y venir. No poder estar con uno de los padres sin tener que estar lejos del otro les genera inestabilidad e inseguridad. Convencer a un niño pequeño de la permanencia del divorcio, de que es algo definitivo y no hay vuelta atrás, puede ser difícil ya que suelen fantasear con que de alguna manera, mamá y papá van a vivir juntos de nuevo algún día. Se trata de una ilusión para ayudar a aliviar el dolor de la pérdida. El adolescente es mucho más rápido en aceptar el carácter definitivo de este cambio.

La reacción a corto plazo  va a depender de cómo los progenitores gestionen el proceso de divorcio. Las investigaciones demuestran que en las familias que han tenido muchos conflictos antes y después de la separación y han involucrado a sus hijos/as en ellos, la evolución de la adaptación psicológica y emocional de los hijos/as es bastante más negativa, que en aquellas familias que gestionan la separación de manera pacifica. Lo normal es que ante todos los cambios y los nuevos acontecimientos que se producen en esta situación, el niño/a se muestre ansioso ante lo desconocido y se empiece a hacer preguntas acerca de lo que va a suceder a continuación, quién va a cuidar de el/ella, con cuál de los padres va a vivir, cuándo va a poder ver al otro/a…etc.  Todo ello les genera temor y preocupación y la respuesta se puede manifestar a través de comportamientos regresivos. El niño/a desea volver a su vida anterior y puede manifestar ansiedad de separación, volver a no controlar esfínteres, tener lloriqueos y rabietas constantes y pérdida de las habilidades de autocuidado establecidas. La regresión a la dependencia anterior puede ser en parte un esfuerzo para provocar preocupación de los padres, e intentar acercarlos. Todo ello requiere de una especial atención por parte de los progenitores, que en demasiadas ocasiones están enfrascados en su propio dolor, intentando encajar la separación.

El adolescente es más independiente y tiende a reaccionar de manera más agresiva al divorcio, a menudo responden con rebeldía , ignorando la disciplina familiar y cuidando de sí mismos, ya que los padres no han podido mantener los compromisos con la familia que se hicieron originalmente. Ahora el adolescente puede actuar de forma agresiva para tomar el control de su vida comportándose aún más distante y desafiante, más decididos a vivir su vida a su manera, y más dedicado a su propio interés que antes. Se siente cada vez más autónomo de una situación familiar de la que se encentra desconectado.

¿Qué debo hacer?

Para los padres que se divorcian, la prioridad es establecer un sentido de orden familiar y previsibilidad. La relación de un niño/a con sus padres después de un divorcio es fundamental para su adaptación. Aunque la angustia de no estar con ambos padres es una de las partes más dolorosas del divorcio, es la relación continuada que tienen los niños con sus progenitores lo que resulta esencial para su adaptación a largo plazo.

Los/as niños/as tienen un mejor ajuste cuando las visitas con el padre no custodio son regulares, predecibles y ocurren en un ambiente “libre de conflictos”. La calidad de la relación es más importante que la cantidad. Si el contacto frecuente se da en circunstancias adversas, el niño puede tener problemas de adaptación. El ajuste del menor al divorcio será mejor cuando los padres logran establecer una rutina y la vida del niño/a se ve interrumpida lo menos posible.

Los progenitores con hijos/as adolescentes, deben de ser conscientes de los posibles problemas que la inestabilidad del divorcio puede ocasionar y deben de estar preparados  para dar a sus hijos el apoyo que necesitan para desarrollarse de manera saludable en su camino a la edad adulta. Las investigaciones demuestran que una educación basada en el apoyo sostenido de los progenitores, puede ayudar a reducir el impacto psicológico y emocional  negativo del divorcio en los adolescentes.

Es importante que los especialistas puedan transmitir a los progenitores que acuden en busca de asesoramiento, la necesidad de gestionar el divorcio de manera que afecte lo menos posible a la vida de sus hijos/as. Una de las herramientas más valiosas para tratar este tipo de asuntos familiares es la mediación , un incomparable espacio en el que con la ayuda de un profesional especializado podrán discutir y llegar a un consenso sobre cómo van a reconstruir su nueva vida familiar tras la separación, y digo su nueva vida familiar, porque aunque su relación sentimental ha finalizado, lo que sigue perdurando es su relación como progenitores. En próximas entradas seguiremos profundizando en aspectos relativos a cómo separarse de la manera más ecológica posible para la vida de todos los integrantes de la familia.

Francisco Góngora.

Cómo elaborar un plan de crianza de los hijos/as tras la separación

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Un plan de crianza es un documento escrito que describe de forma detallada cómo los progenitores van a educar a sus hijos/as tras la separación o el divorcio. Este documento se centra en la descripción de las pautas educativas y de crianza que van a establecer los progenitores, dejando de lado terminologías jurídicas.

En el plan de crianza se van a considerar los siguientes aspectos:

  1. Acuerdos de  vivienda y horarios para los progenitores.
  • Arreglos residenciales. Decidir si el niño/a va a vivir principalmente en una residencia  o se irá trasladando de casa.
  • Las consideraciones geográficas. Considerar la distancia a la que viven los progenitores.
  • El movimiento del menor entre los hogares. Cuáles son los detalles acerca de dejar y recoger. Se deberá de considerar este aspecto,  especificando horas, días, la ubicación y la persona responsable de la recogida y regreso.
  • Acordar el servicios de guardería y cuidado de niños
  • Cómo se van a comunicar los con los hijos/as cuando están con el otro progenitor. Establecer el modo de comunicación y el horario.
  • Cambios en los horarios .Tener en cuenta circunstancias que podrían requerir cambios de horario como  enfermedad, retrasos, eventos sociales, ocasiones especiales, acontecimientos imprevistos. Dejar claro cómo se van a gestionar estos cambios.
  • Pertenencias del niño/a . Si el menor tendrá las mismas pertenencias o diferentes pertenencias en casa de cada uno de los progenitores.
  • La vida social del niño/a. Aquí se determinarán aspectos relacionados con las actividades sociales del menor. Cómo va el niño/a a pasar tiempo con amigos,  quién va a llevar al niño/a a eventos sociales como fiestas de cumpleaños o cuándo va a poder dormir fuera de casa.
  1. Vacaciones, días de fiesta, días especiales.
  • Los arreglos para fiestas (Considerar las vacaciones escolares, las vacaciones de verano, vacaciones de navidad, días festivos…)
  • Medidas relativas a otros días importantes (Considerar los cumpleaños, día de la Madre, día del Padre, y otros eventos, como bodas, graduaciones, funerales, etc.)
  1. Cuidado de la salud
  • Las decisiones sobre la atención médica o dental. Precisar cómo se tomarán las decisiones sobre el tratamiento médico o dental y acerca de las vacunas u otros tratamientos preventivos.
  • Acordar como van a gestionar las necesidades especiales que pueda tener el menor (considerar el tratamiento de ortodoncia, asesoramiento psicológico, fisioterapia,las gafas, los medicamentos con receta).
  1. Educación Escolar.
  • Las decisiones acerca de cualquier elección o cambio en la escuela, programa escolar, necesidades educativas especiales, tutorías, etc. Establecer criterios para tomar este tipo de decisiones.
  • La asistencia a las conferencias de padres y maestros y eventos de la escuela. Determinar quién va a asistir.
  • Los viajes escolares (considerar la firma de los formularios de permiso, el pago para los viajes, la asistencia de los padres)
  • Ausencias escolares ( avisar cuando el menor se tenga que ausentar del colegio y en que circunstancias).
  1. Pautas educativas.
  • Acordar cuales van a ser los métodos educativos a adoptar, la disciplina y el estilo de vida. Los asuntos relativos a las normas, horarios para dormir, hacer las tareas escolares, colaboración en las tareas domésticas..etc.
  • Considerar los asuntos relacionados con el uso del ordenador, incluyendo redes sociales, u otros dispositivos electrónicos tales como teléfonos móviles, tabletas, o sistemas de juego (establecer qué tipo de normas van a adoptar)
  1. Las actividades extraescolares
  • Acordar las actividades extraescolares a las que van a acudir los menores (tener en cuenta los horarios, cómo lo van a pagar..etc.)
  • Tomar decisiones sobre eventos culturales, la educación y las actividades que el menor realiza en la comunidad.
  • La enseñanza de idiomas.
  1. Religión
  • Tomar decisiones acerca de la educación religiosa y las actividades religiosas familiares como bautizo, comunión.
  1. Los abuelos y la familia extensa.
  • Determinar con qué frecuencia y cuándo van a visitar a la familia extensa y las labores de cuidado que esta puede ejercer con los niños/as.

       9. Viajes.

  • Avisar al otro progenitor de viajes con los hijos/as ( ¿Qué tipo de información se va a compartir? ¿Si deben de avisar antes de programar el viaje? ¿Cómo se van a comunicar con los hijos/as durante su estancia fuera?)
  • ¿El consentimiento por escrito para que el niño/a viaje fuera del país puede ser necesario?
  1. La comunicación entre los padres
  • Tipo de información que debe de ser comunicada (considerar la información médica, información escolar, cambio de dirección, números de teléfono, planes de viaje).
  • Si van a comunicarse información relativa a comportamiento, premios y sanciones de los hijos/as.
  • Qué medio van a utilizar para comunicarse (considerar el correo electrónico, mensajes de texto, teléfono…)
  • Frecuencia de la comunicación.
  • Cuando se produzca una situación de emergencia, ¿cómo lo comunican?
  1. Hacer cambios en el plan de crianza
  • Determinar cómo van a gestionar el proceso para realizar cambios en el horario de crianza de los hijos o de otras cuestiones relativas al cuidado de los mismos. Considerar la necesidad en el futuro de hacer una revisión de los acuerdos al cambiar las circunstancias de los progenitores e hijos/as.

Lo principal es que el plan de crianza refleje los intereses y las necesidades de los hijos/as. Por otro lado, es un documento de bastante utilidad, ya que puede ayudar a reducir los conflictos entre los progenitores al establecer directrices y expectativas claves que pueden evitar malentendidos en el futuro.

Las investigaciones demuestran que las posibilidades de que los hijos/as afronten con éxito el divorcio o separación de los progenitores son mas elevadas si estos cooperan entre si.  La reducción de los conflictos por parte de los adultos va a suponer una garantía para el bienestar de los menores.

Un plan de crianza debe de tener el suficiente detalle para ser útil y a la vez ser lo suficientemente flexible para ser realista. Una de las consideraciones a tener en cuenta a la hora de elaborarlo va a ser la edad de los hijos/as y lo capacitados que estén los progenitores para colaborar mutuamente.

Si existe acuerdo y una buena comunicación, el plan de crianza se puede elaborar de forma conjunta. En otros casos, van a necesitar ayuda para llegar a acuerdos a la hora de establecer cuales son las pautas educativas que van a seguir y cómo van a llevarlas a cabo y la mediación familiar puede ser la herramienta más útil para ello.

Recuerda, lo mejor que podéis hacer por vuestros hijos/as es respetaros mutuamente.

Francisco Góngora.

 

 

Pautas de actuación con los/as hijos/as en una situación de ruptura

separación padres hijos

Cuándo se produce una situación de ruptura los más vulnerables suelen ser los menores, por este motivo, los progenitores deben de tener claro cómo deben de actuar con sus hijos/as. Para ello, exponemos ocho sencillas pautas que pueden servir de guía a  todas las personas que se encuentren inmersas en una etapa similar.

  1. Deben de permitirles expresar sus sentimientos.
  2. Dejar claro cuales son los cambios que se van a producir y que estos son de carácter permanente.
  3. Eliminar los sentimientos de culpa, ya que a veces pueden sentir que son ellos/as los culpables de la separación.
  4. No discutir en presencia del niño/a, y mucho menos sobre custodia, visitas o manutención.
  5. No introducir más cambios que los necesarios ( vivienda, colegio, amigos)
  6. No separarle de hermanos, abuelos u otros familiares importantes para ellos/as.
  7. Informar al colegio de la nueva situación.
  8. No expresar sentimientos de tristeza delante de ellos/as, ya que no tienen que percibir la situación como algo negativo.

Francisco Góngora.

La historia de un divorcio, contada 20 años después

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Víctor acude a nosotros para solicitar información acerca del servicio de mediación, pues tiene un hijo de 30 años con el que mantiene un grave conflicto, prácticamente desde que éste hijo llegó a la etapa de la adolescencia. Le gustaría mejorar la relación con él sobre todo porque no entiende cómo se le ha podido ir la situación de las manos hasta este punto, llegando a semejante nivel de deterioro.

Víctor nos comenta que estuvo casado durante 15 años y fruto de ese matrimonio tuvo 3 hijos, una chica y dos chicos. Se separó de su esposa hace más de 20 años, aunque la sentencia de divorcio data de 2006.

Las relaciones con sus hijos no han sido fáciles. La guarda y custodia la ha tenido la madre, mientras él ha acudido a visitarlos siempre que podía, aunque reconoce que dadas las disputas que tenía con su ex mujer, y por circunstancias económicas y laborales, no los ha visitado tanto como le hubiera gustado. Señala haber sufrido mucho por esta circunstancia y haber tenido depresiones.

La separación de la pareja supuso un brusco antes y después en la relación entre el padre y los hijos, así como en la dinámica familiar establecida. La pareja no se separó de mutuo acuerdo. Ella no aceptaba la separación, en un principio, y quería a toda costa forzar a su marido a continuar con ella, por los niños y por los años compartidos. El caso es que la convivencia era insostenible y además Víctor reconoce que ya no estaba enamorado, por tanto quería romper y encaminarse en otra dirección.

Para Víctor fue muy difícil tomar la decisión, pues amaba a sus hijos y no quería separarse de ellos, pero por su estilo de vida y por los roles educaciones que había recibido, no se planteaba compartir la custodia, con la clara idea de que sus hijos estarían mejor conviviendo con la madre; sin embargo siempre tuvo claro que él se haría cargo de su manutención y los visitaría cada vez que pudiera.

En el momento que Victor abandona el domicilio, la vida de sus hijos cambia por completo. Apenas ven a su padre, y la madre cae en depresión; llora y habla mal de él todo el tiempo, utilizando expresiones del tipo:: “papá nos ha abandonado”, “vuestro padre no me quiere”, “me ha engañado”… y así un largo etcétera. Su ex mujer sufríó mucho también y el impacto de todo este dolor lo recibieron directa o indirectamente los hijos.

Los hijos siempre han hecho de intermediarios entre su padre y su madre (con el consiguiente desgaste para ellos), y además han hecho frente al padre en nombre de la madre por cuestiones económicas, lo han culpado de la desdicha de su madre y de la gran cantidad de problemas y sinsabores con los que se han criado desde muy pequeños.

Con el paso del tiempo, las relaciones entre padre e hijos se van tornando cada vez más distantes, pero existe una relación. Víctor siempre ha ayudado a sus hijos en todo lo que ha podido, sobre todo a nivel económico. Les ha facilitado estudiar y les apoyado para acceder al mundo laboral en todo lo que ha podido.

Sin embargo, con uno de sus hijos la relación es muy mala desde que éste entró en la etapa de la adolescencia, de manera que para Víctor la comunicación con su hijo siempre ha sido una lucha.

Víctor no sabe reconocer con exactitud donde está el punto de inflexión en el que la relación con su hijo se fue al garete, pero si que tiene recuerdos positivos con su hijo cuando era niño. Jugaba con él y se divertían juntos, pero la marcha de Víctor marcó una barrera importante entre ellos. En general, los hijos de Víctor le reprochan que no se ha portado bien con ellos, ni con su madre. Tienen mucha rabia. Los hijos han desarrollado muchas carencias y problemas psicológicos (todos han acudido a servicios psicológicos en algún momento) y señalan que por culpa de sus padres sus infancias han sido infelices.

El hijo mayor es agresivo, es el único que sigue viviendo en casa de su madre y no es capaz de aceptar normas ni reglas, así como no acepta el mantener responsabilidad alguna. La hija que le sigue en edad sufre ansiedad desde los 15 años, circunstancia ésta de salud que le ha impedido llevar una vida con normalidad. El hijo menor está trabajando en una empresa hortofrutícola. Sin embargo, tiene frecuentes depresiones y no es capaz de mantener relación de pareja estable.

Ninguno de los hijos siente verdadero apego por la familia, de hecho apenas hay contactos familiares, aunque si que mantienen algún tipo de relación. Digamos que la historia familiar está cargada de dolor y sufrimiento, sobre todo por la guerra abierta que durante más de 20 años han tenido los padres, y cuyo impacto han recibido directamente los hijos.

Víctor reconoce que la relación con su ex mujer ha sido muy conflictiva, durante toda la vida, pero sobre todo tras separarse. Se divorciaron formalmente en 2006 y no mantienen relación alguna entre ellos, ni para bien ni para mal. Por lo menos la guerra no está activa ahora -asegura, pero las relaciones son inexistentes y sus hijos presentan muchos problemas de los que él, en alguna medida, se siente responsable. Reconoce que si le volviera a ocurrir de nuevo, o si pudiera volver atrás con lo que ahora sabe de la vida, intentaría por todos los medios que su separación afectara lo menos posible a sus hijos, recurriendo a los profesionales que hiciera falta. Señala que ahora hay mucha más información que antes, y que esto es una gran ventaja para las nuevas generaciones que se hayan en conflicto.

La historia de Víctor es el vivo retrato de las consecuencias de una crisis familiar no resuelta. Cuando los padres no son capaces de mantener a sus hijos al margen de sus conflictos, las consecuencias pueden ser demoledoras para todos los miembros de la familia, así como perdurar largamente en el tiempo.

Esta es la experiencia que Víctor ha compartido con nosotros, y sobre la cual vamos a intentar trabajar conjuntamente, para apoyarlo en la resolución pacífica de sus conflictos. Parece ser, según nos comenta, que su hijo está dispuesto a asistir a un proceso de mediación que los ayude a dejar atrás el pasado y a mejorar su relación.

Espero que este post os sirva para tomar conciencia de la importancia de pacificar las crisis y problemas familiares, de manera que los hijos puedan quedar al margen y ser protegidos de los asuntos de sus padres, que para nada son de su incumbencia, en cuanto a ámbito de decisión.

Los adultos son los que toman las decisiones, y las comunican de la manera más tranquila y cercana posible, así como resuelven sus conflictos entre ellos, no apoyándose en los hijos. Afortunadamente hoy día hay muchos profesionales que nos dedicamos a ayudar a las parejas y/o familias en estas situaciones.

Y os dejo con una pregunta para la reflexión:

¿Si los padres se apoyan en los hijos…. sobre quién se apoyan los hijos?”

Servicio de Mediación familiar

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DESCRIPCIÓN

La mediación familiar es una vía constructiva para resolver conflictos familiares que se pueden dar en las transiciones  difíciles de la vida, relacionadas con separaciones, divorcios, relaciones entre padres e hijos, cuestiones relacionadas  con la atención a personas dependientes en el seno de la familia, cuestiones de herencias, etc. La mediación familiar tiene como finalidad que las partes en conflicto alcancen acuerdos equitativos, justos, estables y duraderos, contribuyendo así a evitar la apertura de procedimientos judiciales, o, en su caso, contribuir a la resolución de los ya iniciados.

En el caso de una separación de pareja (casada o no) la mediación tiene como objetivo ayudar a la pareja a negociar sus desacuerdos y poder resolverlos de manera pacífica; y los puntos a discutir comprenden -al menos- el denominado Convenio Regulador, que es el documento necesario para poder tramitar judicialmente la separación o divorcio de manera amistosa.

La mediación en sí no es una terapia, pero no cabe duda de que tiene un enorme efecto terapéutico en las personas, pues está enfocada en el equilibrio de las relaciones, dado que en ella se abordan y se negocian aquellos aspectos de la relación que parecen estar estancados, producen sufrimiento e que impiden pasar página.

CONFLICTOS TÍPICOS QUE SE LLEVAN A MEDIACIÓN

•     Situaciones de ruptura entre parejas: separación, divorcio y nulidad.

•     Reorganización de la familia como consecuencia de la situación la ruptura de la pareja.

•     Adopción de acuerdos respecto a la crianza y sostenimiento de los hijos.

•     Conflictos entre padres e hijos.

•     Situaciones problemáticas surgidas en caso de adopciones y/o acogimiento familiar.

•     Situaciones de falta de comunicación entre nietos y abuelos.

•     Cuando se produzca un conflicto familiar entre personas relacionadas entre sí por cualquier grado de parentesco (hermanos mayores de edad, padres e hijos mayores de edad), con el objetivo de alcanzar algún tipo de acuerdo.

•     Herencias y repartos patrimoniales.

•     Conflictos en situaciones de negocio familiar.

•     Conflictos respecto al cuidado de personas dependientes en la familia.

OBJETIVOS

GENERAL

•     Apaciguar el conflicto familiar y mejorar la relación interpersonal entre los participantes, y que todo ello posibilite la consecución de acuerdos creativos que se adapten a la realidad de la familia.

ESPECÍFICOS

•     Ayudar a las personas que se encuentran en conflicto a alcanzar acuerdos satisfactorios.

•     Reducir los costes emocionales que implica el proceso de separación y divorcio.

•     Apoyar a las partes en su proceso de reorganización familiar tras la separación.

•     Mejorar la comunicación entre las partes.

•     Construir nuevos nexos de unión entre las partes con respecto a su desempeño futuro como progenitores.

•     Favorecer que las partes se sientan protagonistas en la toma de decisiones sobre su vida.

EL PROCESO

El intervalo medio de sesiones se encuentra comprendido entre las 6 y 9 sesiones, aunque dependerá de cada situación.

1.  Pre-mediación:

Entrevista inicial, dónde se recaban los datos necesarios para evaluar el estado inicial en el que se encuentra la  situación familiar y/o el conflicto. En esta fase se informa a las partes sobre lo que consiste el proceso de mediación, así como todas aquellas cuestiones relacionadas con el proceso, honorarios, y demás.

2.  Negociación:

En la fase siguiente denominada “negociación” se van a abordar cada uno de los temas objeto de búsqueda de acuerdos, con la finalidad de llegar a un punto de encuentro consensuado entre ambos.

3.  Redacción del acuerdo final:

Si al final de la negociación se llegan a acuerdos en todos los aspectos tratados, se redactará un documento que les servirá para tramitar su separación o divorcio judicial.

En los casos en los que la mediación no tenga que ver con un proceso de separación o divorcio, igualmente los acuerdos quedarán recogidos por escrito y serán firmados por las partes, mostrando así su compromiso.

PRECIOS Y HORARIOS

Horarios: Tardes, salvo excepciones.

Precios: Reunión inicial: 40 euros. Reuniones sucesivas: 60 euros.